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"Espero
poder combinar de algún modo la
investigación básica y la
aplicada".
Me pareció
lógico el buscar un trabajo de
investigación tras finalizar mi
Máster en Biología en la
Universidad de Nijmegen, pero dudé
si comenzar un Doctorado. La idea de un
trabajo en la universidad no me atraía
demasiado: mucho trabajo duro por un salario
relativamente bajo y pocas perspectivas
profesionales. En general, las universidades
son famosas, o quizás debería
decir, conocidas por su pobre apoyo a
desarrollo profesional. Tras el Doctorado,
la mayor parte de la gente comienza un
posdoctorado, normalmente a corto plazo,
lo que equivale a un puesto bastante inseguro.
Pero yo todavía
era joven - sólo 21 años
- así que decidí probar
un trabajo temporal en una empresa para
ver si lo prefería. Si esa opción
no me convencía, pensé,
todavía podría dar vuelta
atrás y buscar un trabajo en alguna
universidad como estudiante de posgrado.
Afortunadamente, mi proyecto de fin de
carrera era sobre bioinformática,
área de reciente introducción
en Holanda. Se necesitaban muchos bioinformáticos
y no había muchas personas cualificadas
en ello, así que me apoyé
en la certeza de que no me costaría
encontrar otro trabajo en el futuro próximo
si las cosas no marchaban en el sector
industrial.
Identifiqué
algunas empresas interesantes relacionadas
con el campo biológico en una feria
organizada por la universidad dentro de
la cual los estudiantes pudimos asistir
a presentaciones de un repertorio de compañías,
y les mandé mi currículum
vitae. La primera que se puso en contacto
conmigo fue Organon, empresa farmacéutica
perteneciente a Akzo Nobel con su principal
centro de investigación en Oss.
Tras dos o tres entrevistas informales,
Organon me ofreció un contrato
temporal, inicialmente por tres meses,
que luego se vería extendido hasta
el año.
Mis primeras impresiones
fueron muy buenas. El ambiente de trabajo
era relajado, en contraste con algunas
historietas que había oído
sobre otras compañías. Pero
quizás esto se debía a la
ubicación geográfica de
la empresa en el sur de Holanda, zona
generalmente descrita como tranquila y
despreocupada. En la empresa no había
ni uno de esos pesados adictos al trabajo
que a veces tanto abundan en la universidad.
La gente que me encontré allí
era ... normal. Trabajaban de 9 a 5, tenían
vida familiar y aficiones y a la hora
del almuerzo hablaban de todo tipo de
temas no relacionados con el trabajo.
Esto me encantó comprobarlo, teniendo
en cuenta que algunos de los profesores
de mi universidad me habían transmitido
la idea de que es muy normal querer hablar
de temas científicos todos los
días, a todas horas.
Supongo que ésta
es una de las cosas que contribuyen a
la relación amor - odio que prevalece
entre el mundo universitario y el empresarial.
Por una parte, las universidades necesitan
a las empresas para obtener financiación
y las empresas necesitan el conocimiento
científico que sale de las universidades.
Además, las empresas dependen de
las universidades en la medida en que
es allí donde se forman los que
luego trabajarán para ellos. Por
otra parte, y como ya se ha mencionado,
las perspectivas de los empleados pueden
ser bastante diferentes. Las personas
que trabajan en el ámbito universitario
a veces menosprecian a sus homólogos
del sector industrial porque parece que
trabajan sólo para ganar dinero
en lugar de hacerlo por el bien de la
comunidad científica. Los que trabajan
en empresas suelen creer que sus colegas
académicos están apartados
del mundo real y que, habituados a analizar
un área muy pequeña en profundidad,
pierden de vista todo el resto, desarrollando
una estrechez de miras. Estas descripciones
pueden parecer un poco generalizada e
hiperbólica, pero creo que, en
esencia, son las que comparten no pocas
personas.
Ilustro lo anterior
con la experiencia de uno de mis colegas
de Organon durante un congreso en el extranjero.
Estaba hablando sobre su investigación
con un académico y todo iba más
o menos sobre ruedas hasta que cometió
el error de mencionar que trabajaba para
una empresa. En ese momento de la conversación,
el académico se dio la vuelta y
se marchó. Fue como si creyese
que mi colega había vendido su
alma al diablo habiendo optado por trabajar
fuera del mundo académico, no reconociendo
que puede haber muchas más razones,
aparte de las económicas, para
escoger una empresa en lugar de una carrera
académica.
Después de
medio año trabajando en Organon,
decidí que sería buena idea
obtener un Doctorado. A esas alturas,
ya sabía que quería centrarme
principalmente en la investigación,
y el título me garantizaría
todas las posibilidades de promoción.
Había observado que la mayoría
de los investigadores de la compañía
eran doctores.
Hablé con
los directivos de Organon sobre mi decisión.
En la actualidad, ocupo un puesto de Doctor
en el Centro para la Informática
Molecular y Biomolecular (Centre for
Molecular and Biomolecular Informatics,
CMBI), el departamento de bioinformática
de la Universidad de Nijmegen, y continuo
trabajando un día a la semana en
Organon. La empresa ya tenía un
convenio de colaboración con el
CMBI y el tema de mi investigación
- las relaciones ortólogas entre
todas las proteínas de los organismos
secuenciados - parecía amoldarse
bien a uno de los grupos del CMBI.
La empresa paga a la universidad el dinero
correspondiente a mi salario, compensación
por gastos de viaje, etc.
Algo que encuentro
muy positivo de la investigación
universitaria es la libertad para publicar:
las restricciones son inexistentes. Cuando
se trabaja en una empresa, uno siempre
tiene que tener en cuenta el tema de la
confidencialidad. Las empresas de la competencia
no pueden llegar a conocer los detalles
de tu investigación, por lo que
un artículo debe evitar cualquier
tipo de información confidencial,
lo que dificulta el proceso de publicación.
Además, la empresa suele tener
contratos de confidencialidad con otras
empresas, como por ejemplo, los productores
de microarray. Por lo general,
sus datos sólo pueden ser utilizados
en investigación interna, no pudiéndose
compartir los datos de expresión
primaria. Afortunadamente, en la actualidad,
puedo y debo reconocer que ninguna de
estas preocupaciones me quita el sueño,
trabajando en la universidad, con libre
acceso a una gran cantidad de recursos
y menos restricciones a la publicación.
Otro contraste es
la diferencia entre la investigación
básica y la aplicada. Lo bueno
de trabajar en una empresa es que la investigación
siempre tiene un objetivo claramente definido.
Todo trabajo logra siempre un resultado
concreto, simplemente porque así
es como la empresa hace su dinero. Pero
la ventaja de la investigación
académica, fundamental, es que,
una vez más, hay mayores cotas
de libertad. Siempre que pueda encontrar
financiación para su investigación,
puede trabajar, en principio, sobre el
tema de su preferencia. Espero poder combinar
de algún modo la investigación
básica y la aplicada, ya que los
resultados de mi estudio deberían
interesar tanto a científicos académicos
como a Organon. Pero no es siempre fácil
ubicarse en el medio de estos dos enfoques.
En este momento,
la verdad es que no sé muy bien
qué me deparará el futuro.
Las experiencias que he descrito en este
artículo son, por supuesto, personales
y se limitan a mi situación concreta,
pero espero que ayuden a otros investigadores
jóvenes a tomar la mejor decisión.
Yo he tenido la ventaja de poder ver las
dos caras de la misma moneda, algo que
siempre recomendaría.
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