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El mundo académico o la industria: cómo tomar la decisión adecuada

TIM HULSEN

INVESTIGADOR DOCTORAL Y MIEMBRO DE LA JUNTA GeNeYouS
HOLANDA

11 DE JULIO, 2003

 

¿Debería embarcarme en una trayectoria profesional académica o trabajar para una empresa? Ésta es, a menudo, una decisión difícil que tienen que tomar, antes o después, todos los que se aproximan al final de sus estudios universitarios. Basándose en sus propias experiencias en ambos mundos, Tim Hulsen habla sobre la situación en Holanda.

"Espero poder combinar de algún modo la investigación básica y la aplicada".

Me pareció lógico el buscar un trabajo de investigación tras finalizar mi Máster en Biología en la Universidad de Nijmegen, pero dudé si comenzar un Doctorado. La idea de un trabajo en la universidad no me atraía demasiado: mucho trabajo duro por un salario relativamente bajo y pocas perspectivas profesionales. En general, las universidades son famosas, o quizás debería decir, conocidas por su pobre apoyo a desarrollo profesional. Tras el Doctorado, la mayor parte de la gente comienza un posdoctorado, normalmente a corto plazo, lo que equivale a un puesto bastante inseguro.

Pero yo todavía era joven - sólo 21 años - así que decidí probar un trabajo temporal en una empresa para ver si lo prefería. Si esa opción no me convencía, pensé, todavía podría dar vuelta atrás y buscar un trabajo en alguna universidad como estudiante de posgrado. Afortunadamente, mi proyecto de fin de carrera era sobre bioinformática, área de reciente introducción en Holanda. Se necesitaban muchos bioinformáticos y no había muchas personas cualificadas en ello, así que me apoyé en la certeza de que no me costaría encontrar otro trabajo en el futuro próximo si las cosas no marchaban en el sector industrial.

Identifiqué algunas empresas interesantes relacionadas con el campo biológico en una feria organizada por la universidad dentro de la cual los estudiantes pudimos asistir a presentaciones de un repertorio de compañías, y les mandé mi currículum vitae. La primera que se puso en contacto conmigo fue Organon, empresa farmacéutica perteneciente a Akzo Nobel con su principal centro de investigación en Oss. Tras dos o tres entrevistas informales, Organon me ofreció un contrato temporal, inicialmente por tres meses, que luego se vería extendido hasta el año.

Mis primeras impresiones fueron muy buenas. El ambiente de trabajo era relajado, en contraste con algunas historietas que había oído sobre otras compañías. Pero quizás esto se debía a la ubicación geográfica de la empresa en el sur de Holanda, zona generalmente descrita como tranquila y despreocupada. En la empresa no había ni uno de esos pesados adictos al trabajo que a veces tanto abundan en la universidad. La gente que me encontré allí era ... normal. Trabajaban de 9 a 5, tenían vida familiar y aficiones y a la hora del almuerzo hablaban de todo tipo de temas no relacionados con el trabajo. Esto me encantó comprobarlo, teniendo en cuenta que algunos de los profesores de mi universidad me habían transmitido la idea de que es muy normal querer hablar de temas científicos todos los días, a todas horas.

Supongo que ésta es una de las cosas que contribuyen a la relación amor - odio que prevalece entre el mundo universitario y el empresarial. Por una parte, las universidades necesitan a las empresas para obtener financiación y las empresas necesitan el conocimiento científico que sale de las universidades. Además, las empresas dependen de las universidades en la medida en que es allí donde se forman los que luego trabajarán para ellos. Por otra parte, y como ya se ha mencionado, las perspectivas de los empleados pueden ser bastante diferentes. Las personas que trabajan en el ámbito universitario a veces menosprecian a sus homólogos del sector industrial porque parece que trabajan sólo para ganar dinero en lugar de hacerlo por el bien de la comunidad científica. Los que trabajan en empresas suelen creer que sus colegas académicos están apartados del mundo real y que, habituados a analizar un área muy pequeña en profundidad, pierden de vista todo el resto, desarrollando una estrechez de miras. Estas descripciones pueden parecer un poco generalizada e hiperbólica, pero creo que, en esencia, son las que comparten no pocas personas.

Ilustro lo anterior con la experiencia de uno de mis colegas de Organon durante un congreso en el extranjero. Estaba hablando sobre su investigación con un académico y todo iba más o menos sobre ruedas hasta que cometió el error de mencionar que trabajaba para una empresa. En ese momento de la conversación, el académico se dio la vuelta y se marchó. Fue como si creyese que mi colega había vendido su alma al diablo habiendo optado por trabajar fuera del mundo académico, no reconociendo que puede haber muchas más razones, aparte de las económicas, para escoger una empresa en lugar de una carrera académica.

Después de medio año trabajando en Organon, decidí que sería buena idea obtener un Doctorado. A esas alturas, ya sabía que quería centrarme principalmente en la investigación, y el título me garantizaría todas las posibilidades de promoción. Había observado que la mayoría de los investigadores de la compañía eran doctores.

Hablé con los directivos de Organon sobre mi decisión. En la actualidad, ocupo un puesto de Doctor en el Centro para la Informática Molecular y Biomolecular (Centre for Molecular and Biomolecular Informatics, CMBI), el departamento de bioinformática de la Universidad de Nijmegen, y continuo trabajando un día a la semana en Organon. La empresa ya tenía un convenio de colaboración con el CMBI y el tema de mi investigación - las relaciones ortólogas entre todas las proteínas de los organismos secuenciados - parecía amoldarse bien a uno de los grupos del CMBI. La empresa paga a la universidad el dinero correspondiente a mi salario, compensación por gastos de viaje, etc.

Algo que encuentro muy positivo de la investigación universitaria es la libertad para publicar: las restricciones son inexistentes. Cuando se trabaja en una empresa, uno siempre tiene que tener en cuenta el tema de la confidencialidad. Las empresas de la competencia no pueden llegar a conocer los detalles de tu investigación, por lo que un artículo debe evitar cualquier tipo de información confidencial, lo que dificulta el proceso de publicación. Además, la empresa suele tener contratos de confidencialidad con otras empresas, como por ejemplo, los productores de microarray. Por lo general, sus datos sólo pueden ser utilizados en investigación interna, no pudiéndose compartir los datos de expresión primaria. Afortunadamente, en la actualidad, puedo y debo reconocer que ninguna de estas preocupaciones me quita el sueño, trabajando en la universidad, con libre acceso a una gran cantidad de recursos y menos restricciones a la publicación.

Otro contraste es la diferencia entre la investigación básica y la aplicada. Lo bueno de trabajar en una empresa es que la investigación siempre tiene un objetivo claramente definido. Todo trabajo logra siempre un resultado concreto, simplemente porque así es como la empresa hace su dinero. Pero la ventaja de la investigación académica, fundamental, es que, una vez más, hay mayores cotas de libertad. Siempre que pueda encontrar financiación para su investigación, puede trabajar, en principio, sobre el tema de su preferencia. Espero poder combinar de algún modo la investigación básica y la aplicada, ya que los resultados de mi estudio deberían interesar tanto a científicos académicos como a Organon. Pero no es siempre fácil ubicarse en el medio de estos dos enfoques.

En este momento, la verdad es que no sé muy bien qué me deparará el futuro. Las experiencias que he descrito en este artículo son, por supuesto, personales y se limitan a mi situación concreta, pero espero que ayuden a otros investigadores jóvenes a tomar la mejor decisión. Yo he tenido la ventaja de poder ver las dos caras de la misma moneda, algo que siempre recomendaría.


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