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Un genuino empresario europeo del sector de la biotecnología

SABINE LOUËT

EUROPA

"Tuve que tomar una decisión: o bien irme al extranjero o crear mi propia empresa" - Pedro de Noronha Pissarra.

Puede que Portugal no sea un punto neurálgico de la biotecnología ni un paraíso empresarial, pero para Pedro de Noronha Pissarra, Portugal era sinónimo de "hogar", y tras ocho años de estudios en el extranjero, era en este país, y en ningún otro, donde se quería instalar. Creó su propia empresa biotecnológica de producción de proteínas terapéuticas en 1997.

Oficialmente, Pissarra se transladó a Londres en 1988 para estudiar biotecnología en el King´s College. Como miembro del equipo nacional portugués de rugby, su principal objetivo era llegar lo más lejos posible en este deporte. Sin embargo, las cosas no salen siempre como se planifican: una lesión en el hombro pronto aparcó definitivamente su carrera deportiva.

El destino pudo haber cerrado una puerta, pero también abrió otra. A través de un nuevo programa del gobierno portugués para incentivar el estudio en el extranjero, Pissarra obtuvo "una beca muy golosa" en 1992 y permaneció en el King´s College para comenzar sus estudios de Doctorado.

Cuando era alumno de licenciatura, Pissarra pensaba que su futuro profesional podría orientarse hacia la agrobiotecnología: "la agricultura es uno de los puntos fuertes de Portugal". Sin embargo, el Doctorado marcó un giro en su trayectoria: su proyecto de investigación se centraba en ingeniería del metabolismo y "estaba orientado hacia la industria". Esto es justo lo que Pissarra buscaba: "Siempre supe, de algún modo, que quería crear mi propia empresa", señala.

Pasó un año de su etapa doctoral en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) en Cambridge (EE.UU.). Allí fue testigo de los exaltados comienzos de la biotecnología norteamericana. "De aquella, ya había individuos curiosos en los laboratorios del MIT en búsqueda de buenas ideas para fundar empresas", recuerda.

Los primeros pasos

Sin embargo, su regreso a Portugal en mayo de 1996 fue como "un cubo de agua fría". Desbordante de energía y entusiasmo, pronto se dio cuenta de que estaba sobrecualificado: en aquella época, Portugal carecía de empresas de biotecnología y la mayoría de las empresas farmacéuticas simplemente manufacturaban genéricos y no contaban con departamentos de Investigación y Desarrollo. "Mi formación carecía de utilidad alguna en el contexto farmacéutico nacional", concluye.

"Tuve que tomar una decisión: o bien irme al extranjero o crear mi propia empresa", recuerda. Inspirado por lo que había visto fuera de las fronteras de su país, Pissarra optó por lo segundo. Encontró la confianza necesaria para emprender su proyecto en un Máster en Gestión y Comercialización de Ciencia y Tecnología, organizado conjuntamente por la Universidad Técnica de Lisboa y el Instituto IC2 de la Universidad de Texas, en Austin. "Recomendaría un curso de gestión de este tipo a toda persona con formación tecnológica", señala. No sólo te hará "ser consciente de temas de gestión de sentido común, pero que se suelen obviar"; también te ayudará a transformar una buena idea científica en un producto comercial con gancho.

Pissarra concibió su idea empresarial a partir de conversaciones con científicos farmacéuticos portugueses. Se dio cuenta de que había un hueco en el marcado para copias económicas de proteínas terapéuticas como el alpha-interferón, la eritropoietina o el factor del crecimiento humano - los denominados "biogenéricos" -, que estaban a punto de dejar de estar patentados.

Una vez más, el destino actuó a su favor en el momento más adecuado. En 1997, el gobierno portugués creó un programa para incentivar la colaboración entre la industria y las universidades. Pissara creó su empresa (www.biotecnol.com) justo a tiempo para poder beneficiarse de una ayuda de 500000 euros. Esta cantidad cubrió el 80% de los costes de puesta en funcionamiento de la empresa. Pissarra asumió los gastos restantes llevando a cabo tareas de consultoría para una empresa farmacéutica local.

A continuación, convenció a un antiguo compañero suyo del King´s College, el irlandés Andy Kelly (en la actualidad el Director científico de Biotecnol) para que se trasladase a Portugal. "No hubiese emprendido el proyecto sin Andy", señala Pissarra. Kelly realizó una estancia de investigación posdoctoral en el King´s College tras doctorarse en Biología Molecular. "La mayor parte del trabajo científico desarrollado en Biotecnol fue dirigido en primer lugar por él y, a continuación, por su equipo", dice Pissarra.

Con su experticia conjunta, Pissarra y Kelly comenzaron a clonar proteínas, pero pronto se dieron cuenta de que sin un cliente fijo, su empresa no llegaría muy lejos. "Supe que tendría que encontrar socios en Europa", dice Pissarra. Surgió entonces la posibilidad de trabajar en un proyecto de producción de biogenéricos para un tratamiento para la hepatitis C con una empresa llamada Vida-Rhein, una sociedad de capital riesgo constituida por la compañía holandesa-alemana Rhein Biotech y una empresa portuguesa local. En 1999, Biotecnol obtuvo el contrato e ingresó su primer millón de euros. "Fue todo un logro en aquel entonces", señala Pissarra.

Tiempos difíciles

Pero la euforia no duró mucho tiempo. A pesar de que el contrato con Vida-Rhein confirmó que la idea empresarial era, de hecho, viable, Biotecnol carecía "tanto de estructura como de masa crítica". "A las empresas sin experiencia les cuesta lo suyo ganar credibilidad en el mundo de los negocios", indica.

El 2001 no fue un buen año. Biotecnol acusó discrepancias con sus inversores, que querían ver beneficios rápidos tras tan sólo un año: una expectativa irrealizable en el sector biotecnológico. También fue el año en el que estalló la burbuja internacional de la biotecnología. En ese momento, Pissarra sintió que los inversores preferían invertir su dinero en tecnología más comercial, más que en un plan empresarial viable a largo plazo.

Los 6 consejos de Pedro

  • Nunca des nada por hecho.
  • Las cosas requieren más tiempo del que parece (planifícate con 6 meses de antelación)
  • No te fíes de nadie.
  • En esta vida no regalan nada.
  • Nunca pienses que el negocio está en la tecnología de moda.
  • Comprende la diferencia entre el valor y el beneficio: generalmente el valor conduce al beneficio, y no viceversa.

Sin inversores a la vista, a Pissarra y sus colegas no les quedó más opción que presentar una OPA.. Para sobrevivir y continuar pagando salarios, la compañía cambió su modelo empresarial y volvió a proporcionar servicios de consultoría.

Fue lo que Pissarra define como la fase darwinista del desarrollo empresarial: cuando la selección natural separa a las empresas débiles de las fuertes. "Tuvimos que adaptarnos y aprender rápido", dice. La experiencia le enseñó muchas cosas. Lo más importante: "aunque no teníamos efectivo, siempre creíamos que lo conseguiríamos", señala.

Como resultado de todo ello, opina Pissarra, Biotecnol adquirió unas dosis sanas de madurez y él aprendió a conocer la empresa en mayor profundidad. "Descubrimos que teníamos una base sólida", dice. Y continúa: "La gente que, por aquel entonces, quedaba en la compañía, era la que valía la pena".

Camino hacia la madurez

El éxito de Pissarra - su capacidad para mantener el negocio a flote - sorprendió a muchos. Pocas personas creyeron que una empresa tan pequeña podría superar el bajón que estaba sufriendo el sector. "Cuando asistía a congresos internacionales, la gente me decía: "¡Pero sigues aquí!", señala. No obstante, fueron precisamente las personas que Pissarra conoció en encuentros de este tipo las que ayudaron a Biotecnol "a crecer en experiencia y credibilidad".

Y una vez superada la etapa de supervivencia, la empresa comenzó a prosperar. Pissarra logró un acuerdo con el Grupo Pharmis tras tan sólo tres meses de negociaciones. El resultado no se tradujo sólo en inversiones sino también en conocimientos y experiencia en registros y en marketing, y en presencia en Brasil y en España.

En la actualidad, Biotecnol tiene 29 empleados y sigue creciendo. Al principio, la selección de personal tuvo sus complicaciones ya que los licenciados locales tendían a tener una formación muy académica, no adaptada a la industria. Ahora, sin embargo, la empresa es considerada el principal contratador de individuos altamente cualificados que, de otro modo, hubiesen tenido que o que irse del país o permanecer en el extranjero. La empresa está desarrollando su tercer modelo empresarial, ofreciendo una mezcla de servicios y desarrollo de productos. Tiene tres contratos adicionales con multinacionales y ha comenzado a desarrollar y a patentar sus propios productos.

La creación de una empresa "no es un proyecto para timoratos", concluye. En los últimos años, Pissarra admite que le han salido "más canas" y que, sobre todo, ha "desarrollado una actitud tremendamente pragmática hacia la vida". "Hoy por hoy contamos con un equipo directivo con experiencia que ha visto mucho, pero yo sé que no hemos visto todo", señala.

"No me arrepiento en absoluto de la decisión que tome en 1996", afirma Pissarra. "Lo más gratificante fue constatar que aunque inicialmente éramos jóvenes sin apenas experiencia, teníamos muchos recursos valiosos aparte de los económicos: ambición, voluntad, tenacidad y una disciplina de hierro".


 

 

 

 

 

 

 

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