| Todo
sucedió de forma fugaz. En un momento
dado estaba en casa, en Suecia, rodeada
de mi familia y mis amigos, y al minuto
allí estaba yo, en medio de Tokio,
perdida en un mundo lleno de sonidos e imágenes
incomprensibles. La gente corría
en todas las direcciones y no podía
evitar sentirme como una idiota, de pie,
en frente del mapa del metro, comprobando
como todas las estaciones estaban cuidadosamente
marcadas... ¡en japonés! Había
estado por muchos rincones del mundo, pero
jamás me había sentido tan
tremendamente perdida. De repente, la perspectiva
de vivir todo un año en Japón
se me hizo superior a mis fuerzas.
No obstante, las
cosas cambiaron pronto. Ahora me desenvuelvo
en el día a día con facilidad;
hasta me siento cómoda conduciendo;
pero empecemos la historia por el principio
Estoy estudiando
ingeniería química en la
Chalmers University of Technology,
en Gotemburgo, pero siempre me han interesado
los países extranjeros y he viajado
mucho a lo largo de mi vida. Antes de
comenzar mis estudios universitarios,
me tomé un año sabático
y viajé por todo el mundo; no a
Japón: demasiado caro
Sí
que conocí, de todas formas, a
algunos viajeros japoneses, y mi interés
por Japón creció y creció.
Después de
mi tercer año en Chalmers supe
que necesitaba un respiro para mantener
mi motivación académica
a flote, así que comencé
a buscar algo significativo que hacer
durante un periodo de un año. Japón,
con su sociedad altamente industrializada
y su interesante cultura, me resultaba
particularmente atractivo. Me enteré
acerca del programa
Vulcanus a través de una feria
de empleo en nuestra facultad y la verdad
es que era justo lo que buscaba... El
equilibrio perfecto entre estudios lingüísticos
y unas prácticas profesionales,
y sólo está dirigido hacia
ingenieros y científicos, así
que las posibilidades de obtener unas
prácticas interesantes son considerables
(¿Quién quiere servir café
durante un año?).
La solicitud, de
diez páginas de extensión,
no hubiese sido demasiado difícil
de no ser por la carta de motivación,
en la que tenía que explicar por
qué quería formar parte
del programa, y qué es lo que podría
ofrecer. Me resulta un tanto difícil
alardear de lo que puedo hacer y de lo
buena que soy. Afortunadamente, tengo
una hermana que cree que soy maravillosa
y, con su ayuda, pude superar mi timidez
y redactar una carta bastante decente.
Las calificaciones y el currículo
son importantes, pero dicen poco de cómo
se es como persona, así que creo
que es vital que la carta personal muestre
que se es una persona con la que es fácil
trabajar y que se está motivado
para hacer frente a todos los obstáculos
que pudiesen presentarse (porque lo harán)
en el año en Japón.
Por ejemplo, un problema
al que definitivamente tendrá que
enfrentarse es al contraste, en la manera
de trabajar, entre empresas japonesas
y europeas. A primera vista, ambas pueden
parecer semejantes, pero desde dentro,
es imposible obviar las diferencias culturales,
que influyen tanto en la estructura de
la compañía como en las
reglas de interacción con los compañeros
de trabajo. En conjunto, diría
que resulta harto interesante aprender
las singularidades de otra cultura, pero
que en ocasiones puede resultar un tanto
frustrante.
El año Vulcanus
en Japón comienza a principios
de septiembre con un curso de cuatro meses
de japonés en Tokio con todos los
demás estudiantes europeos seleccionados.
En mi grupo éramos un total de
diecisiete, pero el número varía
de de año en año; este año
creo que "los elegidos" son
cerca de treinta. El curso es muy intenso
pero necesario, porque sin unas bases
mínimas de japonés uno está
totalmente perdido. Los profesores son
muy buenos; están ahí para
ayudar y la verdad es que realmente sientes
que adoran darnos clase a los curiosos
gaikoku-jin (extranjeros).
Cada dos semanas,
hay un día en que en lugar de clase
se organiza un seminario. No sólo
son agradables descansos, que rompen con
la dinámica de estudio, sino que
a menudo resultan increíblemente
interesantes. El Centro Unión Europea
- Japón invita a diferentes personas,
tanto de Japón como de otros países,
que tienen un conocimiento profundo del
modo de vida japonés. Hablan sobre
temas diversos: historia y economía
japonesa, innovación en Japón
por nombrar sólo unos cuantos.
Si se estudia con
seriedad, creo que no es una quimera aprender
japonés relativamente bien, pero
a mí me resultó más
divertido sumergirme de lleno en la vida
del país. Tengo que reconocer que
no le dediqué al japonés
todas las horas que debía. Por
supuesto, hoy por hoy creo que sería
genial que pudiese hablar mejor japonés,
pero tampoco me hubiese gustado renunciar
a todas las actividades divertidas que
me ofreció una metrópolis
como Tokio.
Algunos de nosotros
volvimos a casa en Navidad, para disfrutar
de un muy necesitado descanso con nuestras
familias, pero la mayoría de los
estudiantes aprovecharon para explorar
un poco la capital. A principios de enero,
todos fuimos distribuidos por diferentes
empresas situadas a lo largo y ancho de
Japón. Afortunadamente, mi mejor
amigo del grupo y yo acabamos trabajando
relativamente cerca uno del otro; yo vivía
en Kanagawa, a una hora al sudeste de
Tokio. Además, dos de los estudiantes
con los que mejor me llevaba están
trabajando en la misma empresa que yo.
Otros miembros del grupo no tuvieron tanta
suerte. Un chico está viviendo
solo en el medio de la nada, ni siquiera
tiene una oficina de correos medianamente
cerca
¡así que tiene
que ir apilando las cartas hasta que tiene
la ocasión de ir en bus al pueblo
más cercano!
Cuando fuimos seleccionados
para formar parte del programa Volcanus,
cada candidato recibió un tema
para un proyecto (unas cuantas frases
en un folio) dentro de una empresa. Esta
pequeña descripción no te
dice mucho de lo que acabarás haciendo
durante ocho meses, pero sí que
te da ciertas indicaciones acerca de lo
que la empresa espera que hagas. Naturalmente,
es la empresa la que decide el marco de
tu proyecto, y es comprensible que la
empresa no pueda organizar tu periodo
de prácticas de forma que se adecue
a cada candidato a la perfección,
pero creo que, en conjunto, la mayoría
de nosotros tuvo la oportunidad de moldear
el tema del proyecto de forma que se adaptase
lo máximo posible a nuestros respectivos
intereses. La calidad de los periodos
de prácticas varía en función
de la empresa en la que se trabaja, pero
creo que, en líneas generales,
toda la gente de mi promoción está
bastante contenta.
En cuanto a mí,
he sido muy afortunada. Realizo mis prácticas
en el Centro de Investigación de
Canon de Hon-Atsugi. Mis compañeros
de trabajo son buena gente y mi proyecto
es muy interesante. Ahora mismo estoy
investigando cómo cambian las propiedades
de la tinta de impresión con la
adición de agentes surfactantes.
Aunque hay pocas
mujeres en mi lugar de trabajo y Japán
no se caracteriza precisamente por ser
un país de igualdad de género,
no siento que la gente de mi empresa me
trate de forma diferente que a los hombres,
salvo el pequeño matiz de que probablemente
me inviten a más nomikai (reuniones
sociales "para beber") que a
mis colegas varones del programa Volcanus.
Llamo más la atención cuando
conozco a gente en la ciudad. Cuando digo
que estudio ingeniería química,
algunas personas se quedan boquiabiertos
y no saben qué decirme. He conocido
a gente que todavía cree que las
mujeres deben abandonar sus trabajos al
quedarse embarazadas y que no entienden
por qué me molesto en estudiar
duro
Como estudiante que
soy, llevo unos años encerrada
en los libros, y a veces me costó
encontrar motivos para ilusionarme en
aprender esto y aquello, pero después
de estar involucrada en un proyecto real
(y no sólo en lo que me mandasen
los profesores), me encuentro mucho más
inspirada para continuar mi carrera universitaria.
Quizás jamás encuentre una
finalidad práctica para muchas
de las disciplinas que ya he cursado,
pero, en conjunto, la carrera me está
dando los medios para pensar de forma
lógica y a no tener miedo a enfrentarme
a los problemas, incluso aquellos que
parecen imposibles. Este año me
ha aportado más seguridad y determinación
con relación a lo que quiero hacer
con mi vida y me ha dado la oportunidad
de probar la experiencia de vivir en el
extranjero incluso antes de licenciarme.
Si algo tengo claro es que deseo tener
una carrera profesional internacional
y pienso que este año me ha colocado
en una posición de ventaja en mi
futura búsqueda de un buen empleo.
Mi aventura
Vulcanus pronto terminará y la
verdad es que ya tengo ganas de regresar
a casa. He disfrutado mi estancia aquí,
pero para mí un año basta.
Por supuesto que considero la posibilidad
de regresar a Japón en un futuro,
pero sólo viajes de duración
limitada. No me veo viviendo el resto
de mi vida en Japón, pero confío
en que mi futura carrera profesional me
permita seguir en contacto con todas las
personas que he conocido (a nivel profesional
y personal) en este país. Lo que
a mí, particularmente, me ha costado
más ha sido el estar tanto tiempo
lejos de mi familia y mis amigos, pero
por supuesto, cada uno vive este aspecto
concreto de forma diferente. Algunos amigos
de mi grupo harían lo que fuese
por quedarse aquí más tiempo.
Así que no utilicen este artículo
como guía o manual sobre la vida
en Japón. Sólo puedo garantizarles
algo: nunca sabrán qué les
deparará Japón hasta que
vengan
¡Anímense!
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