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Un año Vulcanus en Japón

LINDA MARLIND
CHALMERS UNIVERSITY OF TECHNOLOGY
GOTEMBURGO (SUECIA)

05/09/03

 

 

Nota del editor: Linda Marlind, de la Chalmers University of Technology de Suecia, acaba de completar un año de experiencia laboral, combinado con formación lingüística y cultural, en Japón, a través del programa Vulcanus, dirigido a estudiantes europeos de ciencias e ingeniería. En este artículo, comparte con nosotros su experiencia de solicitar y participar en esta convocatoria.

Todo sucedió de forma fugaz. En un momento dado estaba en casa, en Suecia, rodeada de mi familia y mis amigos, y al minuto allí estaba yo, en medio de Tokio, perdida en un mundo lleno de sonidos e imágenes incomprensibles. La gente corría en todas las direcciones y no podía evitar sentirme como una idiota, de pie, en frente del mapa del metro, comprobando como todas las estaciones estaban cuidadosamente marcadas... ¡en japonés! Había estado por muchos rincones del mundo, pero jamás me había sentido tan tremendamente perdida. De repente, la perspectiva de vivir todo un año en Japón se me hizo superior a mis fuerzas.

No obstante, las cosas cambiaron pronto. Ahora me desenvuelvo en el día a día con facilidad; hasta me siento cómoda conduciendo; pero empecemos la historia por el principio…

Estoy estudiando ingeniería química en la Chalmers University of Technology, en Gotemburgo, pero siempre me han interesado los países extranjeros y he viajado mucho a lo largo de mi vida. Antes de comenzar mis estudios universitarios, me tomé un año sabático y viajé por todo el mundo; no a Japón: demasiado caro… Sí que conocí, de todas formas, a algunos viajeros japoneses, y mi interés por Japón creció y creció.

Después de mi tercer año en Chalmers supe que necesitaba un respiro para mantener mi motivación académica a flote, así que comencé a buscar algo significativo que hacer durante un periodo de un año. Japón, con su sociedad altamente industrializada y su interesante cultura, me resultaba particularmente atractivo. Me enteré acerca del programa Vulcanus a través de una feria de empleo en nuestra facultad y la verdad es que era justo lo que buscaba... El equilibrio perfecto entre estudios lingüísticos y unas prácticas profesionales, y sólo está dirigido hacia ingenieros y científicos, así que las posibilidades de obtener unas prácticas interesantes son considerables (¿Quién quiere servir café durante un año?).

La solicitud, de diez páginas de extensión, no hubiese sido demasiado difícil de no ser por la carta de motivación, en la que tenía que explicar por qué quería formar parte del programa, y qué es lo que podría ofrecer. Me resulta un tanto difícil alardear de lo que puedo hacer y de lo buena que soy. Afortunadamente, tengo una hermana que cree que soy maravillosa y, con su ayuda, pude superar mi timidez y redactar una carta bastante decente. Las calificaciones y el currículo son importantes, pero dicen poco de cómo se es como persona, así que creo que es vital que la carta personal muestre que se es una persona con la que es fácil trabajar y que se está motivado para hacer frente a todos los obstáculos que pudiesen presentarse (porque lo harán) en el año en Japón.

Por ejemplo, un problema al que definitivamente tendrá que enfrentarse es al contraste, en la manera de trabajar, entre empresas japonesas y europeas. A primera vista, ambas pueden parecer semejantes, pero desde dentro, es imposible obviar las diferencias culturales, que influyen tanto en la estructura de la compañía como en las reglas de interacción con los compañeros de trabajo. En conjunto, diría que resulta harto interesante aprender las singularidades de otra cultura, pero que en ocasiones puede resultar un tanto frustrante.

El año Vulcanus en Japón comienza a principios de septiembre con un curso de cuatro meses de japonés en Tokio con todos los demás estudiantes europeos seleccionados. En mi grupo éramos un total de diecisiete, pero el número varía de de año en año; este año creo que "los elegidos" son cerca de treinta. El curso es muy intenso pero necesario, porque sin unas bases mínimas de japonés uno está totalmente perdido. Los profesores son muy buenos; están ahí para ayudar y la verdad es que realmente sientes que adoran darnos clase a los curiosos gaikoku-jin (extranjeros).

Cada dos semanas, hay un día en que en lugar de clase se organiza un seminario. No sólo son agradables descansos, que rompen con la dinámica de estudio, sino que a menudo resultan increíblemente interesantes. El Centro Unión Europea - Japón invita a diferentes personas, tanto de Japón como de otros países, que tienen un conocimiento profundo del modo de vida japonés. Hablan sobre temas diversos: historia y economía japonesa, innovación en Japón… por nombrar sólo unos cuantos.

Si se estudia con seriedad, creo que no es una quimera aprender japonés relativamente bien, pero a mí me resultó más divertido sumergirme de lleno en la vida del país. Tengo que reconocer que no le dediqué al japonés todas las horas que debía. Por supuesto, hoy por hoy creo que sería genial que pudiese hablar mejor japonés, pero tampoco me hubiese gustado renunciar a todas las actividades divertidas que me ofreció una metrópolis como Tokio.

Algunos de nosotros volvimos a casa en Navidad, para disfrutar de un muy necesitado descanso con nuestras familias, pero la mayoría de los estudiantes aprovecharon para explorar un poco la capital. A principios de enero, todos fuimos distribuidos por diferentes empresas situadas a lo largo y ancho de Japón. Afortunadamente, mi mejor amigo del grupo y yo acabamos trabajando relativamente cerca uno del otro; yo vivía en Kanagawa, a una hora al sudeste de Tokio. Además, dos de los estudiantes con los que mejor me llevaba están trabajando en la misma empresa que yo. Otros miembros del grupo no tuvieron tanta suerte. Un chico está viviendo solo en el medio de la nada, ni siquiera tiene una oficina de correos medianamente cerca… ¡así que tiene que ir apilando las cartas hasta que tiene la ocasión de ir en bus al pueblo más cercano!

Cuando fuimos seleccionados para formar parte del programa Volcanus, cada candidato recibió un tema para un proyecto (unas cuantas frases en un folio) dentro de una empresa. Esta pequeña descripción no te dice mucho de lo que acabarás haciendo durante ocho meses, pero sí que te da ciertas indicaciones acerca de lo que la empresa espera que hagas. Naturalmente, es la empresa la que decide el marco de tu proyecto, y es comprensible que la empresa no pueda organizar tu periodo de prácticas de forma que se adecue a cada candidato a la perfección, pero creo que, en conjunto, la mayoría de nosotros tuvo la oportunidad de moldear el tema del proyecto de forma que se adaptase lo máximo posible a nuestros respectivos intereses. La calidad de los periodos de prácticas varía en función de la empresa en la que se trabaja, pero creo que, en líneas generales, toda la gente de mi promoción está bastante contenta.

En cuanto a mí, he sido muy afortunada. Realizo mis prácticas en el Centro de Investigación de Canon de Hon-Atsugi. Mis compañeros de trabajo son buena gente y mi proyecto es muy interesante. Ahora mismo estoy investigando cómo cambian las propiedades de la tinta de impresión con la adición de agentes surfactantes.

Aunque hay pocas mujeres en mi lugar de trabajo y Japán no se caracteriza precisamente por ser un país de igualdad de género, no siento que la gente de mi empresa me trate de forma diferente que a los hombres, salvo el pequeño matiz de que probablemente me inviten a más nomikai (reuniones sociales "para beber") que a mis colegas varones del programa Volcanus. Llamo más la atención cuando conozco a gente en la ciudad. Cuando digo que estudio ingeniería química, algunas personas se quedan boquiabiertos y no saben qué decirme. He conocido a gente que todavía cree que las mujeres deben abandonar sus trabajos al quedarse embarazadas y que no entienden por qué me molesto en estudiar duro…

Como estudiante que soy, llevo unos años encerrada en los libros, y a veces me costó encontrar motivos para ilusionarme en aprender esto y aquello, pero después de estar involucrada en un proyecto real (y no sólo en lo que me mandasen los profesores), me encuentro mucho más inspirada para continuar mi carrera universitaria. Quizás jamás encuentre una finalidad práctica para muchas de las disciplinas que ya he cursado, pero, en conjunto, la carrera me está dando los medios para pensar de forma lógica y a no tener miedo a enfrentarme a los problemas, incluso aquellos que parecen imposibles. Este año me ha aportado más seguridad y determinación con relación a lo que quiero hacer con mi vida y me ha dado la oportunidad de probar la experiencia de vivir en el extranjero incluso antes de licenciarme. Si algo tengo claro es que deseo tener una carrera profesional internacional y pienso que este año me ha colocado en una posición de ventaja en mi futura búsqueda de un buen empleo.

Mi aventura Vulcanus pronto terminará y la verdad es que ya tengo ganas de regresar a casa. He disfrutado mi estancia aquí, pero para mí un año basta. Por supuesto que considero la posibilidad de regresar a Japón en un futuro, pero sólo viajes de duración limitada. No me veo viviendo el resto de mi vida en Japón, pero confío en que mi futura carrera profesional me permita seguir en contacto con todas las personas que he conocido (a nivel profesional y personal) en este país. Lo que a mí, particularmente, me ha costado más ha sido el estar tanto tiempo lejos de mi familia y mis amigos, pero por supuesto, cada uno vive este aspecto concreto de forma diferente. Algunos amigos de mi grupo harían lo que fuese por quedarse aquí más tiempo. Así que no utilicen este artículo como guía o manual sobre la vida en Japón. Sólo puedo garantizarles algo: nunca sabrán qué les deparará Japón hasta que vengan… ¡Anímense!

 

 

 

 

 

 

 

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