| Tras
doctorarme en biología molecular
vegetal en el John Innes Institute
de Norwich (Reino Unido), tuve mi primera
experiencia de investigación "internacional"
como post-doctorando en el Centre National
de Recherche Agronomique [Centro Nacional
de Investigación Agronómica]
de Versalles (Francia). Cuatro años
más tarde, regresé a Norwich
y comencé a trabajar en el Institute
of Food Research [Instituto de Investigación
Alimentaria]. En la actualidad, soy el jefe
del Laboratorio de Metabolismo Molecular
del mismo.
Mi colaboración
con Japón comenzó hace ahora
ocho años, cuando asistí
a un congreso Gordon de investigación
en New Hampshire (EE.UU.) donde tuve el
privilegio de escuchar al Profesor Kazuei
Igarashi, de la Universidad
Chiba (Japón), describir su
enfoque genético para el aislamiento
de los transportadores de poliamina en
la levadura. Su trabajo me pareció
muy elegante y empecé a considerarlo
como una posible línea investigadora
futura para mi propio laboratorio. Más
adelante, recibí información
del Consejo de Investigación de
Ciencias Biotecnológicas y Biológicas
(Biotechnological and Biological Sciences
Research Council o BBSRC) sobre diferentes
oportunidades de financiación.
Entre las convocatorias anunciadas, había
una de la Sociedad Japonesa para la Promoción
de la Ciencia (Japanese Society for
the Promotion of Science o JSPS) en
la que se anunciaban unas becas de cuatro
meses de duración para trabajar
en un laboratorio japonés.
En un arrebato de
locura, escribí un correo electrónico
al Profesor Igarashi y le pregunté
si podía ir a trabajar en su laboratorio.
Recibí una respuesta tremendamente
acogedora. Me tramitó todo el papeleo
y me buscó alojamiento en la residencia
internacional para científicos
visitantes (donde debo admitir que los
taiwaneses son, definitivamente, los más
divertidos). Tuve que posponer mi llegada
a la Universidad Chiva unos seis meses
más, sin embargo, porque en aquel
entonces tenía un post-doc y dos
doctorandos visitantes en mi laboratorio,
y pensé que no estaba bien que
me fuese a Japón hasta que todos
ellos no hubiesen finalizado sus respectivos
proyectos.
Llegar a Tokio es
como meterse de lleno en una película
de Blade Runner. Tras el shock cultural
inicial, y después de habituarme
a la idea de que tenía la nariz
más grande de todo Chiba (imagino
que es por eso por lo que la gente no
paraba de mirarme), tuvo que pasar un
tiempo considerable hasta que el hecho
de "trabajar en Japón"
dejase de resultarme extraño. Los
modos de proceder en el laboratorio son
muy diferentes. Puede parecer un cliché,
pero la ciencia japonesa se concibe como
una verdadera actividad de grupo, y todos
los miembros del laboratorio mostraban
una gran preocupación por el cuidado
del equipo y los materiales comunes. Aprendí
una barbaridad a lo largo de esos cuatro
meses, no sólo sobre mi campo de
estudio, sino también sobre modos
diferentes de enfocar los propios experimentos.
Para trabajar bien
entre japoneses, también es esencial
empatizar con sus costumbres. El jefe
del laboratorio, por ejemplo, es tratado
como una deidad menor (mi única
deidad es mi mujer) y nadie abandona el
laboratorio por las tardes antes que él.
El concepto de grupo también tiene,
como adelanté anteriormente, una
gran importancia. El mundo está
formado por los que están dentro
y fuera del mismo. Este hecho puede afectar
considerablemente a la interacción
que puede tener uno con otros departamentos
japoneses, ya que siempre han de tenerse
muy en cuenta en cuenta las implicaciones
del concepto de lealtad al laboratorio
al que se pertenece.
Así que, ¿qué
puede esperar obtener de una colaboración
con Japón? En primer lugar, resulta
harto interesante ver el mundo desde una
perspectiva diferente. Yo estoy impresionado
por la increíble fortaleza y valentía
de los jóvenes investigadores japoneses:
nada les parece ni demasiado difícil
ni demasiado exigente desde el punto de
vista técnico. Ya he tenido la
oportunidad de acoger a dos post-docs
japoneses en mi laboratorio y el año
que viene llegará otro. El cuanto
a la investigación científica
como tal, la temática de la colaboración
ha variado significativamente con los
años, dándose a entender
que lo que más importa es el trabajar
juntos, más que el trabajo en sí.
Los contactos personales
son muy importantes en Japón y
una vez te has integrado medianamente,
las puertas se te abren. En mi caso, ya
he tenido la ocasión de pronunciar
conferencias en varias reuniones y he
sido presentado a científicos de
largas trayectorias profesionales simplemente
por el hecho de ser un invitado. Hoy por
hoy, mi colaboración con Japón
se traduce en un mínimo de un viaje
anual, siempre para colaborar con el mismo
grupo (aunque también suelo acercarme
a otras universidades). Debo admitir que
mis visitas a mi país anfitrión
son más largas que las del sonsei
(el jefe) a Norwich.
Existe un número
sorprendente de fuentes de financiación
para visitar Japón. Si se adecúa
a los requisitos de la BBSRC, puede solicitar
los Japan Partnering Awards de
la Oficina Internacional (International
Office). También están
los programas de becas de investigación
de la Fundación Daiwa y las Becas
Internacionales Marie Curie, dentro del
6º Programa MARCO de la Unión
Europea. El British Council de Tokio también
le servirá de inestimable fuente
de información: en su página
web podrá encontrar un listado
de cuarenta y dos programas de intercambio,
entre los que se incluyen todos aquellos
financiados por fuentes japonesas.
Si es un estudiante
pre-doctoral de segundo curso y le apetece
pasar dos meses en un laboratorio japonés
el próximo verano, le recomiendo
fervientemente las Research Experience
Fellowships for Young Foreign Researchers
[Becas de Investigación para Jóvenes
Investigadores Extranjeros] del British
Council y el JSPS. Incluyen los gastos
de viaje a y de Japón, una semana
de clases de lengua y cultura japonesa
con otros científicos visitantes
de todo el mundo, y de seis a siete semanas
de trabajo en un laboratorio japonés.
Además de todo esto, recibirá
unas dietas muy, muy generosas.
No cabe duda de que
Kyoto es el enclave japonés más
popular para los científicos visitantes
extranjeros, así que si quiere
utilizar una de las becas mencionadas
allí, deberá comenzar pronto
a ponerse en contacto con un laboratorio.
También les recomiendo el pub Pig
& Whistle en esta misma ciudad:
debe de tener la mayor densidad de científicos
extranjeros de todo el Este Asiático.
Mi dinámica
de trabajo y colaboración con científicos
japoneses ha resultado en una experiencia
interesante, agotadora y gratificante
que me ha abierto los ojos. Mi último
consejo es que practique mucho por lo
menos una canción de karaoke y
que se asegure de que no escoge pasta
de dientes con sabor a sal en el supermercado.
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