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Pronto
superé la fase de los juegos y
comenzó a interesarme la programación.
Quería ser yo el que diese las
órdenes y no al revés. Empecé
a aprender de forma autodidacta utilizando
sencillas herramientas de programación
en BASIC y, más adelante, en Pascal.
En retrospectiva, veo que mi intereses,
tanto en construir objetos concretos como
en programación, han sido siempre
como dos potentes motores que me han guiado
a lo largo de mi trayectoria profesional,
a la hora de tomar decisiones.
Cuando finalicé
la Secundaria en mi Italia natal, me matriculé
en el Instituto
Técnico Industrial Estatal Galileo
Galilei, en Conegliano. Lo bueno de
estos institutos (para alumnos de entre
catorce y diecinueve años) es que
te ofrecen la oportunidad de estudiar
asignaturas genéricas durante dos
cursos académicos antes de tener
que escoger la especialidad (léase
mecánica, informática o
química, por ejemplo) de los siguientes
tres años.
Matemáticas:
para conseguir que las cosas funcionen
Durante mis dos primeros
años en el instituto, aprendí
lo importante que son las matemáticas,
no tanto como medio para obtener buenas
notas sino por su papel en el proceso
de lograr que las cosas funcionen. Todos
los instrumentos y artilugios que empleamos,
incluso los más simples, están
basados en conceptos matemáticos.
Por poner un ejemplo: la melodía
grabada en un CD puede ser transmitida
a través de un equipo musical gracias
a que alguien escribió, previamente,
su correspondiente modelo matemático
de frecuencias de audio. Cuanto más
grandes son los aparatos en cuestión,
más matemáticas se necesitan
para hacerlos funcionar.
Cuando tuve que escoger
especialidad en el instituto, he de reconocer
que me vi sobre todo influido por las
amistades que mantenía en ese momento,
y acabé decantándome por
la mecánica. Mientras tanto, seguí
programando solo, inventándome
pequeños problemas únicamente
para tratar de solucionarlos. Ahora que
lo pienso, eran ejercicios muy sencillos,
pero aún así muy útiles
para aprender a solucionar los obstáculos
más habituales que uno se encuentra
en el campo de la informática.
Pronto descubrí
que quería dedicarme profesionalmente
a la programación. Esta decisión
me obligó a cambiarme de instituto,
al Instituto
Técnico Industrial Estatal J. F.
Kennedy, en Pordenone, especializado
en informática. Allí comencé
a aprender a manejar y dominar los ordenadores.
Me familiaricé con sistemas operativos
tales como DOS, Windows y VMax y también
obtuve nociones de programación,
principalmente con compiladores C/C++
y ensambladores 8086, pero también
con Java, Prolog, SQL y con un par de
herramientas gráficas para Windows.
Descubrí así rápidamente
que muchos misterios de la informática
no son nada más que números
que dan respuestas a preguntas.
Algo que aprecié
en este instituto fue su manera de enfatizar
la conexión entre la informática
y la electrónica. En el campo de
la informática, la programación
por sí sola no es suficiente. El
ordenador está permanentemente
conectado con el mundo, a veces sólo
a través de una pantalla, y en
otras ocasiones mediante multiplicidad
de artilugios diferentes. Uno sólo
ha de reflexionar acerca de su conexión
con la medicina, la mecánica y
cualquier otra disciplina para comprender
el amplísimo espectro de aplicaciones
posibles que tienen la informática.
Fue entonces cuando empecé a comprender,
de verdad, que la informática va
mucho más allá del cliché
de "chico con gafas sentado frente
a una pantalla": es un instrumento
poderoso con un potencial ilimitado.
Para combinar la
informática con mi deseo de hacer
algo con resultados concretos, palpables,
en 1997 me matriculé en ingeniería
informática en la Universitá
degli Studi de Padua. El objetivo
de esta reconocida institución
es producir personas flexibles capaces
de llevar a cabo cualquier actividad que
les sea encomendada, siempre y cuando
ésta tenga que ver con los ordenadores.
Este enfoque, basado en el dominio de
la teoría, puede plantear ciertas
dificultades a la hora de comenzar a trabajar,
ya que uno se introduce en el mercado
laboral sin ninguna experiencia real,
pero se basa en la idea en que, dominada
la base teórica, cualquiera puede
aprender los aspectos prácticos
de la profesión con gran facilidad.
En cualquier caso,
lo cierto es que, durante mis cuatro primeros
años en la universidad, nunca vi
un ordenador. No lo necesitaba para mis
estudios y tampoco quise dedicarle a una
máquina el poco tiempo libre del
que disponía. Por lo que así
llegué a mi cuarto curso universitario,
con una buena preparación teórica
pero sin conocimientos prácticos
de programación. Todo lo que sabía
en este sentido era lo que había
aprendido anteriormente en mi época
del instituto.
Decidí especializarme
en control industrial y, más concretamente,
en la "teoría del control".
No es fácil explicar en qué
consiste esta sub-especialidad de "control"
en el campo informático. Básicamente,
el concepto de "control" puede
ser aplicado a todo, no sólo a
los procesos industriales: cada artilugio,
cada aparato, que tiene algo automático
requiere una unidad de control. El "control"
y la programación están,
pues, muy relacionados. Mi universidad
ofrecía pocas asignaturas de programación,
y ninguna de éstas pocas era obligatoria.
Y yo de aquella ya sabía que no
quería trabajar con teoremas, sino
con programas, derivados de éstos,
para lograr objetivos concretos...
Para completar mi
licenciatura en ingeniería tuve
que hacer un proyecto fin de carrera,
de seis a doce meses de duración,
en otra universidad, así que en
el 2002 abandoné Italia y me fui
a España. Motivaron mi elección
de país el clima del país
de destino y la perspectiva de aprender
español; también mi deseo
de estudiar en una universidad realmente
europea. ¿Qué quiero decir
con esto? Buscaba una universidad diferente
a la de Padua. Una universidad con un
gran campus, con laboratorios llenos de
ordenadores, con un profesorado sonriente,
a disposición del alumno... Aunque
no diría que la educación
española es necesariamente mejor
que la italiana, sí que es cierto
que los centros españoles cuentan,
por lo general, con más recursos
y materiales.
Dirigibles teledirigidos
Encontré en
la Universidad
Politécnica de Cataluña
todo lo que había imaginado y deseado.
Comenzó, para mí, un año
realmente práctico en el que llevé
a cabo múltiples experimentos,
elaboré varios trabajos breves
(algunos de los cuales implicaban la creación
de software y otros equipos) y
cursé pocas, muy pocas, asignaturas
teóricas, necesarias, dentro del
sistema español, para la obtención
del título de licenciatura.
Después de
una etapa de aterrizaje, comencé
mi proyecto fin de carrera para mi universidad
italiana. Todavía sigo en él.
Estoy centrándome en cómo
controlar un pequeño dirigible
de forma teledirigida, esto es, sin emplear
cables y sólo con la ayuda de un
ordenador y una cámara. Estoy diseñando
el sistema de control de dicho dirigible
y su conexión con el PC. El sistema
opera en una plataforma Linux, un sistema
operativo que ofrece mucha más
estabilidad que Windows, y que por encima
es gratis (de código abierto),
aunque es un poco complicado de usar.
El objetivo último
de este proyecto es utilizar este dirigible
en un laboratorio al que los alumnos tendrán
acceso de forma remota. Éstos podrán
conectarse a la red y efectuar una tarea
de control, y tendrán la posibilidad
de escoger ellos mismos los parámetros
de control y ver directamente el comportamiento
resultante del dirigible, en tiempo real,
gracias al sistema de cámaras.
Podrán repetir la tarea el número
de veces que quieran, sin tener que reservar
cita y sin necesidad de que haya un profesor
teniendo que dar clases prácticas.
La aplicación
del proyecto ayudará a ahorrar
gastos en la universidad y permitirá
una mejor distribución de los recursos,
pudiéndose desviar los fondos a
proyectos que sí que necesitan
más horas reales de docencia. Es
éste es un proyecto que jamás
habría podido encontrar, al menos
fácilmente, en Italia porque allí
los proyectos tienden a ser más
teóricos. A menudo los estudiantes
se ven profundizando en un tema realmente
difícil, y de encontrar una solución
o una fórmula aplicable, no suelen
tener la oportunidad de ponerla en práctica
en el mundo real.
También es
un proyecto que me está permitiendo,
por fin, comenzar a enlazar todo lo que
he ido aprendiendo, gradualmente, en el
pasado: electrónica, procesamiento
de imagen, mecánica elemental y
un poco de programación.
Ahora me está
llegado la hora de comenzar a pensar en
el futuro, dentro o fuera del ámbito
académico. Por lo que he visto,
la universidad es el enclave ideal para
aprender, y por ello me atrae, pero por
otra parte, me consta que trabajar para
la universidad es sinónimo de lucha
constante contra el déficit de
financiación y recursos. A mí
me encantan las aplicaciones prácticas,
por lo que creo que una empresa probablemente
se adecue mejor a mis cualidades y puntos
fuertes.
Las empresas
también requieren financiación,
para invertir en investigación
y tecnología, además de
en estándares. Por lo tanto, creo
que si trabajase en un entorno de este
tipo, también tendría posibilidades
de seguir aprendiendo (una de mis principales
motivaciones). No sé qué
tipo de trabajo acabaré encontrando,
pero lo bueno de las ciencias del control
y de la informática es que pueden
aplicarse en prácticamente cualquier
campo. Creo que, en mi caso, se tratará
más de seleccionar las mejores
oportunidades, que de dar prioridad a
un campo u otro.
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