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Una carrera profesional en ciencia electrónica (e-Science) con unas cuantas curvas

ALVARO A. A. FERNÁNDEZ
UNIVERSIDAD DE MANCHESTER
REINO UNIDO

03/09/04

 

 

Mi interés por la ciencia surgió tempranamente, pero el camino que anduve hasta llegar a donde estoy en la actualidad fue todo menos elegante, firme y constante. Aunque por lo general no fui un niño precoz, aprendí a leer, de forma casi autodidacta, a los cuatro años. Pasé de que me leyesen cuentos por las noches, antes de acostarme, allá en mi pequeña aldea de Brasil, a leerlos yo solo, con una fluidez nada desdeñable. En mi primer día de colegio, tenía un nivel de lectura muy superior al de mis compañeros.

Viendo lo visto (que era un crío académicamente capaz), mis padres siempre optaron por ofrecerme, en casa, diferentes estímulos y oportunidades para el aprendizaje. Por ejemplo, aún es hoy el día que mi aldea no cuenta con una librería decente, así que mis padres me compraron una enciclopedia multivolumen y una colección de clásicos infantiles, y pasé muchas horas leyéndolos. (Hoy sigo siendo un lector voraz; leo libros continuamente sobre temas que van mucho más allá de mis intereses profesionales propiamente dichos). En otra ocasión, mis padres me regalaron, por Navidad, un set de química. Hasta ese momento (iba en Primaria), la ciencia nunca me había llamado particularmente la atención, pero todos esos cambios de color, de olor y de estado físico, el burbujeo y las pequeñas explosiones que conseguiría en esos primeros experimentos con aquel regalo, tendrían consecuencias indelebles en mi vida, como pronto veremos.

Primero la química, luego la informática

Tan pronto dejé la escuela primaria, mi profesora de lengua extranjera decidió que podría beneficiarme mucho de atención individual en esta materia. Durante los años siguientes, me entregué al estudio del inglés. Mis calificaciones eran buenas y a los diecisiete años fui seleccionado para pasar un año como estudiante de intercambio en los Estados Unidos. Fue allí, en Bay Shore (Nueva York) donde tuve mi primera exposición a la ciencia de calidad "bien enseñada". Esta experiencia, combinada con mis buenos recuerdos de aquel set de química al que le había sacado tanto jugo en el pasado, me impulsaron a matricularme en ciencias químicas en la universidad.

No obstante, resultó que lo odié, y después de dos años decidí dejarlo. A menudo he reflexionado acerca de esta decisión. Creo que, a fin de cuentas, fue la adecuada, a pesar de que, efectivamente, retrasase el comienzo de mi carrera científica... Las clases tenían un alto grado de dificultad y no lograban motivarme, pero sobre todo diría que en ese momento no tenía todavía la madurez necesaria para llevar a término unos estudios, con todo lo que éstos implican. Sería, como mencioné anteriormente, un lector precoz, pero en muchas otras áreas siempre he sido un estudiante lento.

Ya han pasado treinta años desde que acepté mi primer trabajo como programador informático. Pasarían diez años antes de que me decidiese a obtener una licenciatura universitaria (en económicas), a tiempo parcial, en el régimen de estudiantes "maduros", mayores de veinticinco años. Durante los quince años siguientes, mi carrera profesional en el campo de la industria prosperó. Tras ocupar dos puestos junior, asumí uno de mayor responsabilidad técnica en lo que por aquel entonces era la mayor empresa de tecnologías de la información de toda América Latina. (Había sido establecido por el gobierno federal de Brasil, para que fuese su principal proveedora de sistemas de software).

Pasé a ser, de facto, informático. Fui promocionándome internamente (eludiendo toda responsabilidad de gestión) hasta que alcancé un puesto técnico senior. Me gustaba la idea de formar parte de un grupo cuya principal deber era identificar e introducir soluciones técnicas de alta tecnología para resolver los problemas de nuestra empresa; para alguien como yo, motivado por la novedad y la complejidad, no cabía concebir un trabajo mejor.

Irónicamente, después de un tiempo decidí que este puesto no era suficientemente bueno para mí. Quería volver a la universidad y aprender más acerca de aquellos problemas de base que en mi trabajo sólo tocaba de refilón.

Financiado por el British Council, pasé un año en la Universidad de Edimburgo (Reino Unido) haciendo un Máster en sistemas basados en el conocimiento. (Estos sistemas le dieron sabor a toda la década de los ochenta). Disfruté enormemente con todos los desafíos que se me plantearon. Aprendí mucho y, al finalizar el curso académico, me sentía preparado para regresar a mi trabajo y poner todas los nuevos conocimientos en práctica.

Desgraciadamente (o no), las cosas estaban llamadas a ser de otra manera. Mientras estaba en el extranjero, fui víctima de una reducción de plantilla en mi empresa.

En ese momento, me surgió la posibilidad de asumir un puesto de investigador en la Universidad de Heriot-Watt, en Edimburgo. Pasé cinco años, extremadamente productivos y felices, por esos lares, y entre tanto, obtuve un doctorado en informática. Bajo la supervisión de los catedráticos Howard Williams y Norman Paton, me formé y desarrollé como investigador.

Me pareció emocionante compartir laboratorio con otros compañeros. Los retos intelectuales a los que nos enfrentamos nos impulsaron a la acción. Aprendí la importancia que tiene la concentración, la actitud crítica y la fidelidad al camino elegido aún en los momentos difíciles. Aprendí también a buscar la claridad, la claridad, y todavía más claridad; y sobre todo, aprendí a escribir bien: cada palabra es una farola y todas las farolas juntas forman el mapa. Hasta hoy, creo que la palabra adecuada vale más que mil imágenes pobres.

Como ya había entrado tarde en la profesión, y no me sentía un jovenzuelo, decidí buscar un puesto titular, permanente, como académico. Pasé año y medio en el Goldsmiths College, de la Universidad de Londres, antes de trasladarme a mi actual cargo en la Universidad de Manchester, hace ya seis años.

Aquí en Manchester tengo la suerte de formar parte de uno de los mejores departamentos de informática de todo el mundo. El departamento es, de hecho, pionero en el Reino Unido en lo que se refiere a la enseñanza y la investigación en esta área. Fue en Manchester donde se desarrolló el primer programa almacenado (y por lo tanto, universal), en 1948. Durante una época, el mismo Alan Turing participó en estas hazañas, en los albores de su etapa investigadora en las áreas de lógica matemática y descodificación durante la II Guerra Mundial. El departamento todavía está en un momento de esplendor y a la vanguardia en muchos proyectos revolucionarios, tales como la Web Semántica, el Grid y la e-Science, o ciencia electrónica.

En el sistema británico, los académicos han de involucrarse no sólo en actividades de docencia e investigación, sino también en otras de carácter administrativo. Esto supone esforzarse por dirigir e influir en los avances realizados en cada una de nuestras áreas de especialidad y enriquecer nuestras clases con los frutos de la investigación, aparte de ser bueno en todos nuestros demás deberes.

Mi investigación más reciente se centró en formas avanzadas de gestión distribuida de la información. La mayoría de las problemáticas que he considerado en mis estudios parten de la convergencia revolucionaria de comunicación y computación (Internet es el mejor ejemplo de ello). Otro campo en el que también he colaborado asiduamente es el de la bioinformática, en la cual la proliferación de recursos de datos presenta todo un desafío para aquellos de nosotros que nos dedicamos a estudiar la integración de fuentes heterogéneas de información.

Tecnología para realizar consultas en fuentes de datos remotas

En la actualidad, estoy muy involucrado en la iniciativa de investigación en e-Science del Reino Unido: un enorme esfuerzo colectivo cuyo fin es transferir los beneficios de las tecnologías emergentes, tales como el Grid, al ámbito de la ciencia. Yo me he centrado particularmente en el desarrollo de tecnologías para realizar consultas en fuentes de datos remotas de forma transparente y sin dejar huella. El logro reciente del que me siento más orgulloso es el OGSA-DQP, un procesador de consultas en el Grid. Es parte del influyente proyecto conocido como myGrid project, cuyo objeto es construir servicios de alto nivel para la integración de recursos de datos y aplicaciones, tales como el descubrimiento de recursos, la aprobación del flujo de trabajo y el procesamiento de consultas distribuidas.

Es muy probable que la bioinformática desempeñe un papel crucial en el nuevo siglo. La mayoría de los científicos coincidirían conmigo en que la próxima ola de descubrimientos biológicos tendrá lugar in silico. Si está considerando un giro profesional para incorporarse a esta búsqueda, debe tener en cuenta que la informática es principalmente una ciencia analítica, no empírica. En la informática, uno trabaja y avanza más mediante el diseño, y no a través de la experimentación manual. Para los científicos de laboratorio, amantes del trabajo de campo y atraídos a la exploración por simple y llana curiosidad, el cambio al mundo de la computación podrá exigirle ponerle freno a alguno de sus impulsos naturales.

También estoy habitualmente involucrado en una serie de proyectos de investigación para los que están contratados varios investigadores a jornada completa. Superviso el trabajo de doctorandos y estudiantes de Máster, y tengo varias responsabilidades pastorales, especialmente entre la población de estudiantes investigadores. Uno de mis mayores retos diarios consiste en equilibrar inteligentemente la necesidad de convocar múltiples reuniones semanales y el tiempo que he necesariamente de invertir en la investigación. En una ciencia en la que los experimentos y el trabajo de campo no son prominentes, la tarea consiste básicamente en leer, pensar y escribir. Aquí, una vez más, la auto-disciplina y la capacidad de concentración resultan vitales. Aquí, una vez más, si alguien me pidiese consejo sobre si seguir o no mis pasos, le diría: "¡No! ¡Sé sensato y, siempre que te sea posible, vete directo a tu objetivo!".

Siendo un poco más serios, lo que más me interesa de la ciencia es el desafío intelectual y la oportunidad, elusiva, de aportar cosas buenas a las vidas de los demás. Siempre recomiendo a mis alumnos que lean y escriban: no sólo a menudo, sino también de forma crítica, gozosa, profunda, exhaustiva. También soy de los que opinan que la ciencia, por muy competitiva que sea, se hace mejor mediante alianzas y convenios de colaboración. En última instancia, se trata de un viaje en el que explorar lo lejos que puede uno llegar en el descubrimiento y empleo de capacidades que jamás creía tener. Y para mí, eso sólo basta.

 

 

 

 

 

 

 

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