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Estaba
en medio de mi doctorado en genética
molecular en mi país, Italia, cuando
decidí comenzar a procurarme un
periodo de investigación postdoctoral.
Disfrutaba en el laboratorio y la investigación
como tal me encantaba, así que
no podía evitar que me entusiasmase
la idea de dedicarme unos cuantos años
más a trabajar como científica.
Lo que ansiaba, por encima de todo lo
demás era trabajar en un buen laboratorio
para así satisfacer mi sed de aprendizaje
e ir al extranjero.
En mi búsqueda
de posibles centros receptores me topé
con la ciudad de Cambridge, núcleo
científico extraordinario con una
gran masa crítica de institutos
de investigación. Más aún,
en Cambridge había un excelente
laboratorio con una línea investigadora
que me resultaba realmente interesante.
Y no sólo eso: me atraía
la idea de vivir en Europa, relativamente
cerca de mi familia y muy cerca de mi
novio, que en aquel entonces también
estaba en Cambridge llevando a cabo investigación
postdoctoral.
Una vez hube decidido
donde quería trabajar, preparé
un CV y me puse en contacto con el jefe
del laboratorio británico, expresándole
mi interés en trabajar con él.
Confiaba en mis posibilidades de obtener
un puesto en su equipo. Después
de todo, me había doctorado en
un instituto de prestigio, tenía
un buen historial de publicaciones y tanto
mi formación académica como
mi experiencia laboral eran pertinentes
para el laboratorio en el que quería
trabajar. Efectivamente, el jefe del laboratorio
apreció mi CV y mis habilidades,
pero me dijo que el laboratorio estaba
lleno y que en ese momento no tenían
ninguna vacante. No obstante, opté
por no rendirme y aprovechando un viaje
a Londres, conseguí una cita con
él en Cambridge.
Para prepararme para
la reunión que tendría con
mi futuro jefe, me versé sobre
el tema de su trabajo, elaboré
un proyecto de investigación de
interés para su laboratorio y confeccioné
un listado de todas las ventajas que obtendría
su equipo de trabajo si se decidiese a
importar mis destrezas y conocimientos.
Asimismo, y dado que quería trabajar
allí a toda costa, pensé
que si me encargase yo de conseguir mi
propio salario, podría resultar
más fácil que me admitiesen
en el solicitado laboratorio.
Cuando nos conocimos,
pude comprobar por mí misma que,
efectivamente, el laboratorio estaba atestado
de gente. En cualquier caso, mi interés
por trabajar en él no fue sino
en aumento, por lo que me lanzé
a sugerirle que solicitaría alguna
beca postdoctoral. Fui así como
llegamos al acuerdo de que me harían
un hueco en el laboratorio siempre y cuando
pudiese proporcionarme mi propio salario.
En retrospectiva, sin embargo, creo que
la perspectiva de tener una investigadora
postdoctoral gratuita no fue la razón
que, en última instancia, justificó
el que me diesen la oportunidad de incorporarme
al laboratorio. Por el contrario, pienso
que cuando propuse poner los medios para
buscarme mi propio salario, demostré
ser comprometida y dinámica, y
fueron estas dos cualidades, más
que el dinero en sí, las que me
permitieron lograr mi objetivo.
Sabía muy
poco acerca de las becas que estaban a
disposición de los investigadores
postdoctorales europeos que quisiesen
trabajar en un laboratorio extranjero,
pero afortunadamente, algunos de mis amigos
habían atravesado ya la misma experiencia.
Ellos fueron una excelente fuente de información
y me ayudaron a rellenar un centenar de
impresos de solicitud. De este modo, descubrí
que tenía tres fuentes de financiación
principales: las becas
Marie Curie, financiadas por la Unión
Europea (U.E.), el Programa Human
Frontier Science Program (HFSP),
y las becas de la Organización
Europea de Biología Molecular
(European Molecular Biology Organization
o EMBO).
Generalmente, tanto
la U.E., el HFSP y la EMBO financian investigación
básica en el ámbito de las
ciencias de la vida, aunque hay algunas
pequeñas diferencias en cuanto
a las áreas específicas
que apoya cada una. Todas las becas tienen
una duración (de dos a tres años)
y unos procedimientos de solicitud semejantes,
aunque debo matizar que para mí
la U.E. fue la institución más
burocrática, laboriosa y oscura
de las tres. Otro factor importante a
tener en cuenta es que los tres programas
de becas desean fomentar la investigación
transfronteriza por lo que exigen que
los investigadores postdoctorales abandonen
el país en el que se doctoraron
y se trasladen a otro, ¡precisamente
lo que yo quería!
Más allá
de este factor concreto, los tres programas
de becas me resultaron realmente atractivos.
Además de ofrecer un salario generoso,
también contribuyen a financiar
los gastos de viaje y aquellos que acarrea
la propia investigación. No cabe
duda alguna de que este dinero extra otorga
al investigador una notable cota de independencia
dentro de su laboratorio receptor y le
concede la posibilidad de asistir a más
congresos. Por todas estas razones, consideré
que valía mucho la pena participar
en esta dura competición...
Con el fin de aumentar
mis probabilidades de éxito, solicité
los tres programas. No fue un proceso
nada estresante. La parte más agradable
fue la redacción de la propuesta
de investigación. Sólo tenía
que tener entre 1000 y 1500 palabras y
utilicé el mismo proyecto para
las tres solicitudes. También tuve
que aportar información sobre el
laboratorio y el instituto receptor: tarea
tediosa, pero que sólo tuve que
realizar una vez. Además, los plazos
de solicitud estaban esparcidos a lo largo
de todo el año (las convocatorias
de la U.E. y el HFSP son anuales y las
de la EMBO bianuales), así que
tuve bastante tiempo para preparar y enviar
la primera solicitud y después
alterarla mínimamente de forma
que me sirviese para las demás
solicitudes.
Lo habitual es que
la resolución del proceso de selección
se haga pública unos cuantos meses
después de la fecha del cierre
de la convocatoria. Los solicitantes seleccionados
son informados del intervalo de fechas
en el que pueden activar sus becas. Esto
quiere decir que uno tiene que planificar
su estancia posdoctoral con mucho tiempo
de antelación y comenzar pronto
con los procedimientos de solicitud, ya
que puede necesitarse un mínimo
de un año para resolver todos los
trámites preliminares. En mi caso,
comencé a solicitar en 1997. Tras
seis meses y muchos impresos de solicitud,
me fue concedida una beca de la U.E.,
y finalmente pude comenzar a precisar
los detalles de mi nuevo trabajo, que
comencé e principios de 1998. ¡Mi
determinación y perseverancia habían
dado sus frutos!
Cuando ya estaba
en Cambridge, me enteré de que
también había sido seleccionada
para el programa HFSP. (A pesar de que
lo intenté en dos ocasiones, no
tuve suerte con el de la EMBO). Por supuesto,
ambas becas son incompatibles, pero sí
que está permitido iniciar la investigación
bajo una institución y luego cambiarse
a otra. Esto es precisamente lo que hice,
y aplazando la fecha de inicio de mi segunda
beca todo lo que se me permitió,
pude disfrutar una estancia mucha más
larga en Cambridge. Además, ambas
becas incluían ciertas prestaciones.
Me pagaron el viaje a Cambridge y pude
utilizar la ayuda a la investigación
para comprarme libros y un ordenador portátil
y suscribirme a varias revistas científicas.
Gracias a las ayudas para viajes, asistí
a varios congresos y a un curso de verano,
de dos semanas de duración, en
la isla de Córcega. ¡Sería
una tonta si no hubiese solicitado estas
becas!
¿Qué
es lo que hace una "buena" solicitud
de beca? Ante todo, el historial académico
del solicitante, sus referencias y el
mérito científico de su
propuesta de investigación. El
tribunal de selección de becarios
también suele dar mucho valor al
nivel de excelencia del laboratorio receptor
y de la institución anfitriona.
Todo esto tiene sentido, ya que el ubicar
a un buen candidato en el laboratorio
adecuado dentro de un entorno estimulante
y acogedor es, de por sí, una póliza
de seguros contra unos resultados investigadores
decepcionantes.
Las dos becas
que recibí me permitieron trabajar
en el laboratorio que quería y
me dieron la oportunidad de hacer mucho
más de lo que jamás hubiera
imaginado: ¡la beca del HFSP hasta
incluía dinero para asistir a clases
intensivas de inglés en mi primer
año! Y no sólo me beneficié
de todo esto: también aprendí
a salir airosa de los procesos de solicitud
y a gestionar mi presupuesto. Ahora puedo
añadir con orgullo en mi CV que
he sido becaria tanto de la U.E. como
del programa HFSP.
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