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Historia de dos becas

CRISTINA PELIZÓN

CAMBRIDGE (REINO UNIDO)

22/03/02

Considero que las estancias de investigación postdoctoral pueden ser muy felices y gratificantes y a la vez estar bien remuneradas. No es que sea una optimista a ultranza sino que me baso en mi propia experiencia.

Estaba en medio de mi doctorado en genética molecular en mi país, Italia, cuando decidí comenzar a procurarme un periodo de investigación postdoctoral. Disfrutaba en el laboratorio y la investigación como tal me encantaba, así que no podía evitar que me entusiasmase la idea de dedicarme unos cuantos años más a trabajar como científica. Lo que ansiaba, por encima de todo lo demás era trabajar en un buen laboratorio para así satisfacer mi sed de aprendizaje e ir al extranjero.

En mi búsqueda de posibles centros receptores me topé con la ciudad de Cambridge, núcleo científico extraordinario con una gran masa crítica de institutos de investigación. Más aún, en Cambridge había un excelente laboratorio con una línea investigadora que me resultaba realmente interesante. Y no sólo eso: me atraía la idea de vivir en Europa, relativamente cerca de mi familia y muy cerca de mi novio, que en aquel entonces también estaba en Cambridge llevando a cabo investigación postdoctoral.

Una vez hube decidido donde quería trabajar, preparé un CV y me puse en contacto con el jefe del laboratorio británico, expresándole mi interés en trabajar con él. Confiaba en mis posibilidades de obtener un puesto en su equipo. Después de todo, me había doctorado en un instituto de prestigio, tenía un buen historial de publicaciones y tanto mi formación académica como mi experiencia laboral eran pertinentes para el laboratorio en el que quería trabajar. Efectivamente, el jefe del laboratorio apreció mi CV y mis habilidades, pero me dijo que el laboratorio estaba lleno y que en ese momento no tenían ninguna vacante. No obstante, opté por no rendirme y aprovechando un viaje a Londres, conseguí una cita con él en Cambridge.

Para prepararme para la reunión que tendría con mi futuro jefe, me versé sobre el tema de su trabajo, elaboré un proyecto de investigación de interés para su laboratorio y confeccioné un listado de todas las ventajas que obtendría su equipo de trabajo si se decidiese a importar mis destrezas y conocimientos. Asimismo, y dado que quería trabajar allí a toda costa, pensé que si me encargase yo de conseguir mi propio salario, podría resultar más fácil que me admitiesen en el solicitado laboratorio.

Cuando nos conocimos, pude comprobar por mí misma que, efectivamente, el laboratorio estaba atestado de gente. En cualquier caso, mi interés por trabajar en él no fue sino en aumento, por lo que me lanzé a sugerirle que solicitaría alguna beca postdoctoral. Fui así como llegamos al acuerdo de que me harían un hueco en el laboratorio siempre y cuando pudiese proporcionarme mi propio salario. En retrospectiva, sin embargo, creo que la perspectiva de tener una investigadora postdoctoral gratuita no fue la razón que, en última instancia, justificó el que me diesen la oportunidad de incorporarme al laboratorio. Por el contrario, pienso que cuando propuse poner los medios para buscarme mi propio salario, demostré ser comprometida y dinámica, y fueron estas dos cualidades, más que el dinero en sí, las que me permitieron lograr mi objetivo.

Sabía muy poco acerca de las becas que estaban a disposición de los investigadores postdoctorales europeos que quisiesen trabajar en un laboratorio extranjero, pero afortunadamente, algunos de mis amigos habían atravesado ya la misma experiencia. Ellos fueron una excelente fuente de información y me ayudaron a rellenar un centenar de impresos de solicitud. De este modo, descubrí que tenía tres fuentes de financiación principales: las becas Marie Curie, financiadas por la Unión Europea (U.E.), el Programa Human Frontier Science Program (HFSP), y las becas de la Organización Europea de Biología Molecular (European Molecular Biology Organization o EMBO).

Generalmente, tanto la U.E., el HFSP y la EMBO financian investigación básica en el ámbito de las ciencias de la vida, aunque hay algunas pequeñas diferencias en cuanto a las áreas específicas que apoya cada una. Todas las becas tienen una duración (de dos a tres años) y unos procedimientos de solicitud semejantes, aunque debo matizar que para mí la U.E. fue la institución más burocrática, laboriosa y oscura de las tres. Otro factor importante a tener en cuenta es que los tres programas de becas desean fomentar la investigación transfronteriza por lo que exigen que los investigadores postdoctorales abandonen el país en el que se doctoraron y se trasladen a otro, ¡precisamente lo que yo quería!

Más allá de este factor concreto, los tres programas de becas me resultaron realmente atractivos. Además de ofrecer un salario generoso, también contribuyen a financiar los gastos de viaje y aquellos que acarrea la propia investigación. No cabe duda alguna de que este dinero extra otorga al investigador una notable cota de independencia dentro de su laboratorio receptor y le concede la posibilidad de asistir a más congresos. Por todas estas razones, consideré que valía mucho la pena participar en esta dura competición...

Con el fin de aumentar mis probabilidades de éxito, solicité los tres programas. No fue un proceso nada estresante. La parte más agradable fue la redacción de la propuesta de investigación. Sólo tenía que tener entre 1000 y 1500 palabras y utilicé el mismo proyecto para las tres solicitudes. También tuve que aportar información sobre el laboratorio y el instituto receptor: tarea tediosa, pero que sólo tuve que realizar una vez. Además, los plazos de solicitud estaban esparcidos a lo largo de todo el año (las convocatorias de la U.E. y el HFSP son anuales y las de la EMBO bianuales), así que tuve bastante tiempo para preparar y enviar la primera solicitud y después alterarla mínimamente de forma que me sirviese para las demás solicitudes.

Lo habitual es que la resolución del proceso de selección se haga pública unos cuantos meses después de la fecha del cierre de la convocatoria. Los solicitantes seleccionados son informados del intervalo de fechas en el que pueden activar sus becas. Esto quiere decir que uno tiene que planificar su estancia posdoctoral con mucho tiempo de antelación y comenzar pronto con los procedimientos de solicitud, ya que puede necesitarse un mínimo de un año para resolver todos los trámites preliminares. En mi caso, comencé a solicitar en 1997. Tras seis meses y muchos impresos de solicitud, me fue concedida una beca de la U.E., y finalmente pude comenzar a precisar los detalles de mi nuevo trabajo, que comencé e principios de 1998. ¡Mi determinación y perseverancia habían dado sus frutos!

Cuando ya estaba en Cambridge, me enteré de que también había sido seleccionada para el programa HFSP. (A pesar de que lo intenté en dos ocasiones, no tuve suerte con el de la EMBO). Por supuesto, ambas becas son incompatibles, pero sí que está permitido iniciar la investigación bajo una institución y luego cambiarse a otra. Esto es precisamente lo que hice, y aplazando la fecha de inicio de mi segunda beca todo lo que se me permitió, pude disfrutar una estancia mucha más larga en Cambridge. Además, ambas becas incluían ciertas prestaciones. Me pagaron el viaje a Cambridge y pude utilizar la ayuda a la investigación para comprarme libros y un ordenador portátil y suscribirme a varias revistas científicas. Gracias a las ayudas para viajes, asistí a varios congresos y a un curso de verano, de dos semanas de duración, en la isla de Córcega. ¡Sería una tonta si no hubiese solicitado estas becas!

¿Qué es lo que hace una "buena" solicitud de beca? Ante todo, el historial académico del solicitante, sus referencias y el mérito científico de su propuesta de investigación. El tribunal de selección de becarios también suele dar mucho valor al nivel de excelencia del laboratorio receptor y de la institución anfitriona. Todo esto tiene sentido, ya que el ubicar a un buen candidato en el laboratorio adecuado dentro de un entorno estimulante y acogedor es, de por sí, una póliza de seguros contra unos resultados investigadores decepcionantes.

Las dos becas que recibí me permitieron trabajar en el laboratorio que quería y me dieron la oportunidad de hacer mucho más de lo que jamás hubiera imaginado: ¡la beca del HFSP hasta incluía dinero para asistir a clases intensivas de inglés en mi primer año! Y no sólo me beneficié de todo esto: también aprendí a salir airosa de los procesos de solicitud y a gestionar mi presupuesto. Ahora puedo añadir con orgullo en mi CV que he sido becaria tanto de la U.E. como del programa HFSP.

 

 

 

 

 

 

 

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