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La
investigación científica
ofrece excelentes oportunidades para combinar
trabajo y viajes, por lo que las alternativas
son casi siempre numerosas y de amplio
espectro. Sin embargo, uno no debe contentarse
tener "cualquier" experiencia
laboral en el extranjero: el asegurarse
un puesto de calidad resulta igualmente
vital. Para mí fueron esenciales
los consejos de los científicos
senior de mi laboratorio. Tras consultar
el tema con mi supervisor, cuya reputación
internacional me permitió ponerme
en contacto con varias personalidades
científicas ubicadas en lugares
geográficos de lo más exóticos,
envié un lote de currículums
con apetitosas cartas de presentación
vendiendo mis diversas habilidades y destrezas.
Semanalmente, la revista Science
anuncia numerosas ofertas de empleo internacional.
Sin embargo, en lugar de solicitar las
vacantes disponibles, opté por
mostrar mi iniciativa poniéndome
en contacto directamente con grupos de
investigación de gran reputación
en los que sabía que me gustaría
trabajar.
Inevitablemente,
hubo varios rechazos y cartas jamás
contestadas, pero también unas
cuantas respuestas que calificaría
como muy positivas provenientes de ambos
lados del Atlántico. Tras mucha
deliberación, decidí optar
en contra de los puestos en Estados Unidos.
Aunque los institutos estadounidenses
ofrecen, sin lugar a dudas, las mejores
perspectivas de desarrollo profesional,
sentí una mayor afinidad geográfica,
cultural y política con Europa.
Por lo tanto, tras una serie de entrevistas,
acepté de buena gana un puesto
posdoctoral en el Instituto
de Investigación Schering-Plough
de Milán, Italia.
Debo admitir que
mi transición a la ciencia italiana
fue mucho más suave de lo que hubiese
podido ser. Al ser ciudadano de la Unión
Europea, no necesité permiso de
trabajo. Del resto de la burocracia, de
la que tanto se habla, se encargaron mis
compañeros de trabajo, que me acompañaron
por las calles de Milán en mi recolecta
de los diferentes impresos que me habilitaron
para trabajar legalmente en Italia. Mi
empresa también tuvo la gran deferencia
de proporcionarme alojamiento durante
un periodo de tres meses, mientras que
otro compañero escudriñaba
los periódicos locales en búsqueda
de un lugar adecuado para vivir para mí.
Comencé a
trabajar en calidad de científico
senior contratado pero, poco después,
obtuve una Beca
Individual Marie Curie (Marie Curie
Individual Fellowship), por un periodo
de dos años. Esto mejoró
tanto mi salario como mi currículum.
Estas becas representan una tremenda oportunidad
para jóvenes investigadores europeos
que desean trabajar en otros países
europeos, y realmente vale la pena tenerlas
en cuenta y analizarlas.
No es ni fácil
ni justo comparar directamente la experiencia
que he tenido hasta ahora en el laboratorio
en Milán con la de Manchester,
porque las vivencias de un estudiante
de doctorado en un laboratorio académico
y las de un científico senior en
un instituto de investigación industrial
no tienen mucho que ver; pero en cualquier
caso, lo intentaré.
Al poco de comenzar
trabajar en el laboratorio italiano, me
di cuenta de que el sistema de formación
para la investigación de Italia
es considerablemente diferente al del
Reino Unido. Como investigador de veinticinco
años de edad con más de
tres años de experiencia práctica,
yo era hasta cierto punto una rara
avis en Italia. La mayoría
de los italianos no culminan su predominantemente
teórica licenciatura universitaria
hasta los veinticinco, o incluso más
tarde si son hombres que no han conseguido
evadirse del servicio militar. Yo, por
lo menos, sentí que era importante
que demostrase que podía dar lo
que había prometido "con tan
poquitos años". Logré
esto haciendo aquello para lo que me habían
formado y para lo que me había
desplazado a Milán, esto es, trabajar
en un equipo con confianza y un anhelo
entusiasta por aprender de mis compañeros.
Aunque la cultura científica italiana
parece, en ocasiones, depender más
de la edad que de los méritos,
yo creo que fui contratado por mis méritos
y que si consigo cumplir, o incluso exceder,
las expectativas de mis empleadores, mis
esfuerzos serán apreciados y por
lo tanto recompensados. Si éste
es el caso, o no, todavía está
por ver, aunque todavía no me han
mandado de vuelta a Inglaterra, ¡así
que no debo de estar haciéndolo
mal del todo!
Mi adaptación
a la vida en el laboratorio italiano fue,
en conjunto, bastante sencilla, porque
aunque prácticamente todos los
investigadores que lo componen son italianos,
la mayoría hablan al menos algo
de inglés. La edad media de los
investigadores también es relativamente
baja (de unos treinta años, aproximadamente).
Esto es habitual en Italia, porque los
bajos salarios fuerzan a todos los investigadores,
excepto a los más entregados a
la causa, a abandonar la profesión
conforme, con la edad, se van acentuando
sus obligaciones financieras. Esta edad
media joven crea un entorno de trabajo
dinámico y entusiasta, muy comparable
al del laboratorio en el que trabajaba
en Manchester.
En cuanto a las dificultades
lingüísticas, aunque el idioma
oficial del laboratorio es el inglés,
muchas reuniones importantes se celebran
en italiano, y pueden ser tanto confusas
como soporíferas. Consecuentemente,
pronto me di cuenta de que tendría
que aprender italiano, no sólo
para comprar cerveza, sino también
para comprender lo que estaba sucediendo
en el trabajo. Habiendo aprendido únicamente
a decir "¿Dónde está
el estadio San Siro?", comencé
a desear que hubiese invertido un poco
más de tiempo en el aprendizaje
del idioma nacional. Debo enfatizar, sin
embargo, que nadie, en Italia al menos,
esperó que hablase italiano. (Sospecho
que los que vayan a Francia pueden toparse
con una actitud diferente). Después
de un curso intensivo de italiano, llegué
a ser razonablemente incompetente en el
idioma, lo que, unido a una ingenua confianza
en mis recién adquiridas habilidades
lingüísticas, me condujo a
algunos interesantes pasos en falso. Por
ejemplo, las palabras italianas para "investigador"
y para la persona que vende objetos robados
son increíblemente parecidas. Por
lo tanto, en mis primeros tres meses en
Italia me dediqué a presentarme
a todo el mundo como ladrón. Cuando
la gente me increpaba al respecto, les
aseguraba que sí, que era verdad,
¡y que incluso tenía un doctorado
en el tema que lo demostraba!
Cuando acepté
mi puesto en Italia, era muy consciente
de las ideas preconcebidas que se suelen
tener en torno a la ciencia italiana,
considerada en conjunto un tanto inferior
a la británica o a la estadounidense.
En base a mi experiencia, puede decir
honestamente que si se está rodeado
de buenos científicos, como afortunadamente
lo estoy aquí, y como lo estaba
en Manchester, es posible hacer investigación
científica de calidad. El único
obstáculo para la maximización
del fantástico potencial de la
ciencia italiana es la relativa falta
de fondos para la investigación,
en comparación con otros países
más prósperos. Afortunadamente,
esto no afecta realmente a mi puesto dentro
de la industria, auque la temible burocracia
(que puede hacer que un reactivo que tardaría
un día en conseguirse en Gran Bretaña,
aquí tarde hasta un mes en conseguirse)
puede ser enormemente frustrante.
En cuanto al futuro,
tras nueve meses en Italia, debo decir
que me siento muy cómodo. Todavía
está por ver de qué modo
afectará el tiempo que me queda
por aquí a mis futuros pasos profesionales.
Por el momento, la idea de permanecer
en el país no me disgusta, aunque
es posible que los bajos salarios me fuercen
a regresar al Reino Unido o a cruzar el
charco a los Estados Unidos. Si éste
fuese el caso, me presentaré como
un joven investigador que ha disfrutado
una estancia posdoctoral en un país
extranjero, a menudo trabajando en un
idioma distinto al suyo, y que ha adquirido
todas las destrezas y experiencias asociadas
a un desafío de este calibre. En
cualquier caso, las perspectivas parecen
buenas.
En conjunto,
trabajar en un laboratorio italiano ha
sido una experiencia tremendamente gratificante,
desde el punto de vista profesional, cultural
y personal. Mi consejo para otros jóvenes
investigadores que se encuentran con ganas
de viajar y descubrir nuevos horizontes
es que vayan a por ello. No obstante,
no dejaré nunca de subrayar la
importancia de encontrar un buen puesto
de trabajo. Al fin y al cabo, no se trata
de unas vacaciones, sino de una vida,
la tuya.
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