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Llegué
a España a finales de 1999 con
una beca de corta duración para
estudiar en el extranjero de la European
Science Foundation's Plant Adaptation
Programme [Programa de adaptación
de las plantas de la Fundación
Europea de la Ciencia]. Mi estancia en
la UAB apenas duró nueve meses
pero mi trabajo fue muy fructífero
y fue allí donde comencé
a interesarme por una nueva línea
investigadora: la de las tecnologías
basadas en plantas (o fitotecnologías)
para remediación de suelos contaminados
por metales pesados.
Me ofrecieron la
posibilidad de iniciar y desarrollar este
campo en el departamento de edafología
y química agrícola de la
Universidad de Santiago de Compostela
(USC), en Galicia, al noroeste de España.
Este departamento tiene una larga historia
de investigación y de proyectos
en geoquímica de suelos y biorremediación
de suelos contaminados, pero todavía
no se ha iniciado en el uso de fitotecnologías.
Una colega mía tenía amigos
que trabajaban en este departamento y
me procuró una cita con una de
las profesoras del departamento, la Dra.
Carmela Monterroso. La Sra. Monterroso
llevaba poco tiempo en la universidad
y tenía muchas ganas de montar
su propio grupo de trabajo y abrir nuevas
líneas de investigación
dentro del departamento. Tuve la suerte,
pues, de haber caído en el sitio
adecuado en el momento oportuno.
La
oportunidad de abrir una nueva línea
de investigación
Tenía ante mí un reto emocionante:
el de abrir una nueva línea de
investigación que consistiría
básicamente en la utilización
de plantas acumulantes o tolerantes al
metal para la limpieza de los suelos.
Esta oportunidad me permitió continuar
mis estudios sobre las interrelaciones
plantas-suelo e investigar la zona fascinante
del interface raíz-suelo (conocida
como la rizosfera). También me
supuso la posibilidad de combinar diferentes
disciplinas científicas, tales
como la ecología, la geobotánica,
la fisiología vegetal y la ciencia
del suelo. En el desarrollo de las estrategias
fitotecnológicas, el adoptar un
enfoque interdisciplinar es vital.
Decidí solicitar
una Beca Individual Marie Curie [Marie
Curie Individual Fellowship] con el
fin de poder trasladarme a Santiago de
Compostela y comenzar esta investigación.
A pesar de llevar casi un año en
España, todavía estaba dentro
de plazo "temporal" para solicitar
una beca en el mismo país (por
aquel entonces, si mal no recuerdo, era
requisito no pedir la beca para un país
en el que uno ya llevase residiendo un
periodo de 24 meses; ahora creo que la
normativa ha cambiado y que el periodo
se ha reducido a un máximo de 12
meses). La verdad es que no esperaba recibir
la beca y, en cualquier caso, estaba segura
de que la respuesta, una u otra, iba a
tardar lo suyo en llegar. Me afané,
pues, en terminar algunos artículos
derivados de la tesis y de mi trabajo
en la UAB. Cual sería mi sorpresa
cuando, a los pocos meses de espera, recibí
una llamada de la que pronto sería
mi futura tutora, la Dra. Monterroso,
para decirme que iba ser becaria Marie
Curie... ¡Qué agradable noticia!
Aunque debo admitir que no me dejó
de extrañar que la institución
anfitriona recibiese el comunicado antes
que yo.
Así que reemplacé
a los catalanes por los gallegos y pronto
descubrí que, efectivamente, tenía
ciertas lagunas de geografía: ¡en
España hay un pequeño rincón
"escocés" donde llueve!
Afortunadamente, los días húmedos
se ven compensados por las múltiples
virtudes de esta encantadora región:
su costa Atlántica, siempre tan
salvaje; su deliciosa comida (y muy especialmente
sus variedades de pescado y marisco),
sus bosques de robles y castaños
y sus pintorescas aldeas de granito capaces
de remontar a uno al pasado.
Comencé a
disfrutar de mi beca en julio del 2001.
No pasó apenas tiempo desde que
me comunicaron la concesión de
ésta hasta que firmé el
contrato y no sufrí contratiempo
burocrático o administrativo alguno.
Mi beca no sólo fue un éxito
rotundo desde el punto de vista de mi
propia formación científica;
también me permitió conocer
de primera mano la forma de trabajar de
otro sistema universitario, diferente
al que conocía hasta la fecha y
al que estaba acostumbrada, y de establecer
contactos con otros grupos de investigación.
En igual grado de
importancia, a nivel personal la beca
me dio la oportunidad de experimentar
una cultura totalmente diferente a la
mía, a conocer a mucha gente nueva
y, por supuesto, a aprender otro idioma.
Cuando llegué a España no
hablaba ni una palabra de español
pero disfrutaba estando inmersa en esa
especie de situación de "supervivencia"
y teniendo que aprender rápido
sino quería acabar pidiendo jamón
serrano en lugar de embudos (gracias a
Dios, ¡el técnico decidió
no tramitar mi pedido!). Muchos gallegos
son reservados y no se abren fácilmente
al extranjero, pero conseguí integrarme
poco a poco y terminé forjando
muchos buenos amigos y compañeros
de trabajo.
En conjunto me siento
muy afortunada por haber disfrutado la
beca que me fue otorgada... Creo que me
abrió las puertas a poder participar
en muchas más actividades científicas
de lo que es habitual. Tuve acceso a todo
el material que necesitaba para llevar
a cabo mi investigación; de hecho,
dos universidades españolas con
las que tenía algunos contactos
me ofrecieron la posibilidad de utilizar
sus magníficas instalaciones, bien
surtidas de equipos analíticos
(aunque probablemente tuviese que rellenar
una montaña de burocracia para
poder llegar a usarlos - quizás
sea esta la razón por la cual parecían
recién estrenados).
Pude asistir y presentar
mi trabajo en múltiples congresos
(sobre tres al año), todos ellos
financiados a través del proyecto
Marie Curie o con fondos de la universidad.
Asimismo, se me otorgó la oportunidad
de impartir clase en algunos cursos de
posgrado y de supervisar trabajos de fin
de carrera y tesis. Desempeñé
un papel activo en la redacción
y ejecución de numerosas propuestas
para proyectos presentados a organismos
de financiación tanto nacionales
como regionales. Estos proyectos complementaban
mi proyecto Marie Curie así que
puede compatibilizar ambas tareas. También
colaboré activamente con otro grupo
del departamento de botánica y
me formé en el uso de varias herramientas
técnicas, habituales en el campo
de la biología.
Una
administración un tanto jurásica
El principal obstáculo que me encontré
en España fue el tremendo papeleo
al que tuve que hacer frente a la hora
de intentar convalidar mis títulos.
Me dijeron que tendría que convalidar
la licenciatura antes de solicitar la
convalidación del doctorado. Han
pasado dos años desde que tramité
la primera solicitud y este curso he tenido
que repetir algunas asignaturas de primero
y de segundo curso de la carrera de biología
con vistas a lograr la convalidación
de mi primer título. Los contenidos
de estas materias son muy semejantes a
lo que estudié en el Reino Unido;
la única diferencia es que los
nombres de las asignaturas, como tal,
no coinciden. Si apruebo los exámenes,
¡me temo que tendré que iniciar
el mismo proceso con el doctorado!
Dos años pasan
muy rápido y, cuando finalizó
mi beca, tenía muchos proyectos
y experimentos (algunos, a largo plazo)
en curso. Abandonar la Universidad de
Santiago de Compostela hubiese supuesto
dejar mucho trabajo por concluir. Por
lo tanto, me enfrenté al problema
de encontrar financiación para
poder permanecer en la USC. Podría
haber solicitado becas, como las Becas
de Reintegración Marie Curie (que
ahora ya no son sólo para regresar
a la madre patria), pero esto hubiese
implicado cambiarse de institución
o de país. Creo que la movilidad
constituye una experiencia enriquecedora
que resulta vital para el investigador.
No obstante, yo había alcanzado
una etapa que me pedía permanecer
en el mismo sitio unos cuantos años
más. Además, mi marido (que
también abandonó Escocia
para venirse conmigo a España)
acababa de crear una pequeña empresa
y todavía no podía abandonarla
en manos de otros.
Las nuevas EURYI
Young Investigator Awards [Becas
EURYI para Jóvenes Investigadores]
, al igual que las becas del programa
posdoctoral español "Ramon
y Cajal", hubiesen sido otras opciones,
aunque ambas son muy competitivas. Al
final, me quedé encantada con un
contrato de dos años del gobierno
gallego, como parte del programa Isidro
Parga Pondal, semejante al programa Ramón
y Cajal pero sólo aplicable a Galicia.
Acabo de empezar a trabajar en el CSIC
(Consejo Superior de Investigaciones Científicas)
en Santiago de Compostela, en el laboratorio
de Bioquímica del suelo.
He conocido
a muy pocos investigadores posdoctorales
que trabajan en España, mientras
que conozco a muchos más investigadores
españoles que trabajan en el extranjero,
pero en base a mi propia experiencia,
definitivamente recomendaría a
cualquiera que solicitase una beca Marie
Curie para venirse a España...:
si de algo no me cabe duda es de que los
españoles saben divertirse...
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