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Echar raíces en otro país

PETRA KIDD

CSIC
SANTIAGO DE COMPOSTELA (ESPAÑA)

23 DE ENERO DE 2004


 

Me doctoré por la Universidad de Stirling, en Escocia (Reino Unido), a principios de 1999. Mi tesis versó sobre los factores que limitan el crecimiento de la flora en función del grado de acidez de los suelos, y en particular sobre los modos de adaptación de las plantas a niveles de toxicidad por hidrógeno o aluminio. Al terminarla, mi intención era proseguir con esta línea de investigación, analizando la manera en que el silicio es capaz de reducir la toxicidad por aluminio en diversos genotipos de maíz y estudiando el papel de los compuestos emitidos por las raíces en los mecanismos de tolerancia al metal. Durante mis estudios de Doctorado, había estado en contacto con el profesor Barceló del Laboratorio de Fisiología de las Plantas de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en España, y tenía mucho interés en poder colaborar con su prestigioso grupo de investigación de la UAB.

Llegué a España a finales de 1999 con una beca de corta duración para estudiar en el extranjero de la European Science Foundation's Plant Adaptation Programme [Programa de adaptación de las plantas de la Fundación Europea de la Ciencia]. Mi estancia en la UAB apenas duró nueve meses pero mi trabajo fue muy fructífero y fue allí donde comencé a interesarme por una nueva línea investigadora: la de las tecnologías basadas en plantas (o fitotecnologías) para remediación de suelos contaminados por metales pesados.

Me ofrecieron la posibilidad de iniciar y desarrollar este campo en el departamento de edafología y química agrícola de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), en Galicia, al noroeste de España. Este departamento tiene una larga historia de investigación y de proyectos en geoquímica de suelos y biorremediación de suelos contaminados, pero todavía no se ha iniciado en el uso de fitotecnologías. Una colega mía tenía amigos que trabajaban en este departamento y me procuró una cita con una de las profesoras del departamento, la Dra. Carmela Monterroso. La Sra. Monterroso llevaba poco tiempo en la universidad y tenía muchas ganas de montar su propio grupo de trabajo y abrir nuevas líneas de investigación dentro del departamento. Tuve la suerte, pues, de haber caído en el sitio adecuado en el momento oportuno.

La oportunidad de abrir una nueva línea de investigación

Tenía ante mí un reto emocionante: el de abrir una nueva línea de investigación que consistiría básicamente en la utilización de plantas acumulantes o tolerantes al metal para la limpieza de los suelos. Esta oportunidad me permitió continuar mis estudios sobre las interrelaciones plantas-suelo e investigar la zona fascinante del interface raíz-suelo (conocida como la rizosfera). También me supuso la posibilidad de combinar diferentes disciplinas científicas, tales como la ecología, la geobotánica, la fisiología vegetal y la ciencia del suelo. En el desarrollo de las estrategias fitotecnológicas, el adoptar un enfoque interdisciplinar es vital.

Decidí solicitar una Beca Individual Marie Curie [Marie Curie Individual Fellowship] con el fin de poder trasladarme a Santiago de Compostela y comenzar esta investigación. A pesar de llevar casi un año en España, todavía estaba dentro de plazo "temporal" para solicitar una beca en el mismo país (por aquel entonces, si mal no recuerdo, era requisito no pedir la beca para un país en el que uno ya llevase residiendo un periodo de 24 meses; ahora creo que la normativa ha cambiado y que el periodo se ha reducido a un máximo de 12 meses). La verdad es que no esperaba recibir la beca y, en cualquier caso, estaba segura de que la respuesta, una u otra, iba a tardar lo suyo en llegar. Me afané, pues, en terminar algunos artículos derivados de la tesis y de mi trabajo en la UAB. Cual sería mi sorpresa cuando, a los pocos meses de espera, recibí una llamada de la que pronto sería mi futura tutora, la Dra. Monterroso, para decirme que iba ser becaria Marie Curie... ¡Qué agradable noticia! Aunque debo admitir que no me dejó de extrañar que la institución anfitriona recibiese el comunicado antes que yo.

Así que reemplacé a los catalanes por los gallegos y pronto descubrí que, efectivamente, tenía ciertas lagunas de geografía: ¡en España hay un pequeño rincón "escocés" donde llueve! Afortunadamente, los días húmedos se ven compensados por las múltiples virtudes de esta encantadora región: su costa Atlántica, siempre tan salvaje; su deliciosa comida (y muy especialmente sus variedades de pescado y marisco), sus bosques de robles y castaños y sus pintorescas aldeas de granito capaces de remontar a uno al pasado.

Comencé a disfrutar de mi beca en julio del 2001. No pasó apenas tiempo desde que me comunicaron la concesión de ésta hasta que firmé el contrato y no sufrí contratiempo burocrático o administrativo alguno. Mi beca no sólo fue un éxito rotundo desde el punto de vista de mi propia formación científica; también me permitió conocer de primera mano la forma de trabajar de otro sistema universitario, diferente al que conocía hasta la fecha y al que estaba acostumbrada, y de establecer contactos con otros grupos de investigación.

En igual grado de importancia, a nivel personal la beca me dio la oportunidad de experimentar una cultura totalmente diferente a la mía, a conocer a mucha gente nueva y, por supuesto, a aprender otro idioma. Cuando llegué a España no hablaba ni una palabra de español pero disfrutaba estando inmersa en esa especie de situación de "supervivencia" y teniendo que aprender rápido sino quería acabar pidiendo jamón serrano en lugar de embudos (gracias a Dios, ¡el técnico decidió no tramitar mi pedido!). Muchos gallegos son reservados y no se abren fácilmente al extranjero, pero conseguí integrarme poco a poco y terminé forjando muchos buenos amigos y compañeros de trabajo.

En conjunto me siento muy afortunada por haber disfrutado la beca que me fue otorgada... Creo que me abrió las puertas a poder participar en muchas más actividades científicas de lo que es habitual. Tuve acceso a todo el material que necesitaba para llevar a cabo mi investigación; de hecho, dos universidades españolas con las que tenía algunos contactos me ofrecieron la posibilidad de utilizar sus magníficas instalaciones, bien surtidas de equipos analíticos (aunque probablemente tuviese que rellenar una montaña de burocracia para poder llegar a usarlos - quizás sea esta la razón por la cual parecían recién estrenados).

Pude asistir y presentar mi trabajo en múltiples congresos (sobre tres al año), todos ellos financiados a través del proyecto Marie Curie o con fondos de la universidad. Asimismo, se me otorgó la oportunidad de impartir clase en algunos cursos de posgrado y de supervisar trabajos de fin de carrera y tesis. Desempeñé un papel activo en la redacción y ejecución de numerosas propuestas para proyectos presentados a organismos de financiación tanto nacionales como regionales. Estos proyectos complementaban mi proyecto Marie Curie así que puede compatibilizar ambas tareas. También colaboré activamente con otro grupo del departamento de botánica y me formé en el uso de varias herramientas técnicas, habituales en el campo de la biología.

Una administración un tanto jurásica

El principal obstáculo que me encontré en España fue el tremendo papeleo al que tuve que hacer frente a la hora de intentar convalidar mis títulos. Me dijeron que tendría que convalidar la licenciatura antes de solicitar la convalidación del doctorado. Han pasado dos años desde que tramité la primera solicitud y este curso he tenido que repetir algunas asignaturas de primero y de segundo curso de la carrera de biología con vistas a lograr la convalidación de mi primer título. Los contenidos de estas materias son muy semejantes a lo que estudié en el Reino Unido; la única diferencia es que los nombres de las asignaturas, como tal, no coinciden. Si apruebo los exámenes, ¡me temo que tendré que iniciar el mismo proceso con el doctorado!

Dos años pasan muy rápido y, cuando finalizó mi beca, tenía muchos proyectos y experimentos (algunos, a largo plazo) en curso. Abandonar la Universidad de Santiago de Compostela hubiese supuesto dejar mucho trabajo por concluir. Por lo tanto, me enfrenté al problema de encontrar financiación para poder permanecer en la USC. Podría haber solicitado becas, como las Becas de Reintegración Marie Curie (que ahora ya no son sólo para regresar a la madre patria), pero esto hubiese implicado cambiarse de institución o de país. Creo que la movilidad constituye una experiencia enriquecedora que resulta vital para el investigador. No obstante, yo había alcanzado una etapa que me pedía permanecer en el mismo sitio unos cuantos años más. Además, mi marido (que también abandonó Escocia para venirse conmigo a España) acababa de crear una pequeña empresa y todavía no podía abandonarla en manos de otros.

Las nuevas EURYI Young Investigator Awards [Becas EURYI para Jóvenes Investigadores] , al igual que las becas del programa posdoctoral español "Ramon y Cajal", hubiesen sido otras opciones, aunque ambas son muy competitivas. Al final, me quedé encantada con un contrato de dos años del gobierno gallego, como parte del programa Isidro Parga Pondal, semejante al programa Ramón y Cajal pero sólo aplicable a Galicia. Acabo de empezar a trabajar en el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) en Santiago de Compostela, en el laboratorio de Bioquímica del suelo.

He conocido a muy pocos investigadores posdoctorales que trabajan en España, mientras que conozco a muchos más investigadores españoles que trabajan en el extranjero, pero en base a mi propia experiencia, definitivamente recomendaría a cualquiera que solicitase una beca Marie Curie para venirse a España...: si de algo no me cabe duda es de que los españoles saben divertirse...


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