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Siempre me sentí un poco más europeo que alemán. Estudié química en Stuttgart, Heidelberg, Bristol, y Cambridge. Como estudiante de doctorado en el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (European Molecular Biology Laboratory, EMBL) en Grenoble (Francia), continué realizando prácticas en biología estructural. Hacia el final de mi doctorado, me di cuenta de que, de todos los problemas científicos, uno me fascinaba: el mecanismo de trascripción de los genes.
Para entender el mecanismo de trascripción, necesitaba conocimientos en profundidad de la estructura molecular del ARN polimerasa II.Leí mucho al respecto y averigüé que uno de los mejores laboratorios del mundo para formarse en este campo ere el de Roger Kornberg, en la Universidad de Stanford, en California. Además de mis ambiciones científicas, creía que una estancia en uno de los mejores laboratorios americanos, me dispensaría de la necesidad de luchar por la denominada “habilitación” (requisito frecuente para desarrollarse profesionalmente como científico) y me permitiría alcanzar antes la independencia científica. Con todo esto en mente, aterricé en Stanford como investigador posdoctoral, con el apoyo del Deutsche Forschungsgemeinschaft.
Me siento exultante al constatar que mis esfuerzos han dado resultados. He conseguido mis propósitos científicos al conseguir determinar la estructura tridimensional del RNA polimerasa II. Nuestros resultados de investigación proporcionan una base para entender la trascripción a nivel atómico. Mi estancia en Stanford también me preparó cara la independencia investigadora. Debido a mi éxito y a la ayuda de mi supervisor, me encontré en la feliz situación de recibir varias ofertas de trabajo de instituciones de renombre en EEUU y Europa.
Llegó la hora de elegir entre el Viejo y el Nuevo Continente. Por una parte, tenía razones de peso para volver a Europa. Queríamos que nuestros hijos se beneficiaran del sistema educativo europeo. Por otra, quería continuar trabajando en un centro internacional de excelencia científica.
Afortunadamente, encontré la solución: una plaza en el Gene Center de la Universidad de Munich (Alemania). El estilo de estos puestos se parece al estilo del sistema tenure-track norteamericano, con una valoración después de 5 a 7 años que lleva al tenure, y que me permite investigar a fondo la trascripción del mecanismo con las técnicas de biología estructural. Estas plazas son las primeras de su género en Alemania, y su convocatoria se anunció en una de las revistas científicas internacionales: un comité de investigación compuesto por científicos de renombre eran los encargados de hacer la selección. Para hacerlo aún más atractivo, la Universidad alemana hizo esfuerzos extras para encontrar financiación para complementar el puesto (renovación de aulas, provisión de material de laboratorio…).
Estoy convencido de que las alternativas a la habilitación, como las estructuras del tenure-track, son necesarias para permitir una independencia científica durante la primera etapa de la carrera posdoctoral. En este sentido el sistema tenure-track americano, puede tener ciertas ventajas sobre el sistema alternativo basado en líderes de equipos de investigación independientes. El cargo de líder de grupo se acaba en Alemania normalmente después de 5 años, forzando incluso a candidatos que han tenido buenos resultados a empezar desde cero en otro sitio. En comparación, un profesor tenure-track con éxito puede continuar en su puesto, beneficiándose de todos los esfuerzos realizados iniciales para establecer tanto el laboratorio como el equipo.
La administración de institutos de investigación como EMBL o el Instituto de Investigación de Patología Molecular (IMP) en Viena, que se basan en el sistema de líderes de equipos, parece ser excepcional, ya que el equipo y las instalaciones están disponibles desde el principio, asegurando así un buen comienzo. Especialmente en disciplinas que son intensas desde el punto de vista de la experimentación, el sistema tenure-track tiene ventajas y asegura la continuidad durante una edad que suele ser muy fructífera, es decir, los 40 años. Un/a aspirante a una plaza tenure-track tendría que demostrar su previa movilidad y exposición a diferentes ambientes científicos antes de ser contratado, pero conseguiría a cambio una perspectiva a largo plazo para su futura carrera. Un profesor tenure-track tendría todos los derechos y obligaciones de un profesor fijo y tendría la posibilidad de crear su propio entorno científico.
Los verdaderos intercambios científicos transatlánticos deben ser mutuamente recompensados. Me gustaría que más científicos norteamericanos viniesen a las mejores instituciones europeas para su formación posdoctoral y que más investigadores norteamericanos aceptasen puestos de investigación en Europa. También me gustaría que muchos de los científicos formados en Europa, que hubiesen realizado destacados trabajos de investigación en EE.UU. y Canadá, regresasen después a Europa para reforzar la investigación en el Viejo Continente. Con este fin, es imprescindible crear plazas de investigador independiente más atractivas en Alemania y en otros países europeos. Finalmente desearía que las universidades e institutos de investigación europeos compitiesen para conseguir candidatos y así intentar atraer a la mejor cantera a nivel internacional. Esta gente luego contribuiría a fomentar los cambios necesarios en los sistemas científicos nacionales. Estoy seguro de que este tipo de esfuerzos podrían asegurar la vitalidad de la comunidad científica europea y su capacidad para competir globalmente.
NOTA: TENURE-TRACK: es el sistema utilizado comúnmente en las universidades americanas para la contratación de su personal y consiste en una serie de contratos renovables tras sucesivas supervisiones y ascensos, que desembocan tras un período de tiempo de aproximadamente 10 años en un contrato permanente.
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