Agenda investigación | Investigación | Catalogadores | Becas y ayudas | Asociaciones | Jobs Net | Contacta | Versión en Portugués  
Google
Presentación del proyecto
  Rincón del doctorando
  Diario de una doctoranda   estadounidense
  Carrera investigadora
  Testimonios de   científicos en el   extranjero
  Mujeres científicas
  El rincón español
  El rincón latinoamericano
  Emigración
  Desarrollo profesional
  La ética en la ciencia
   · Biotecnología
   · Ciencia      medioambiental
   · Consultoría      empresarial
   · Cooperación      humanitaria
   · Derecho de patentes
   · Edición científica
   · Informática
   · Medicina alternativa
   · Nanotecnología
   · Traducción e      interpretación científica
   · Otras salidas

Un negocio arriesgado

ANDREW FAZEKAS

CANADÁ 

16/12/05

Para cualquiera que trabaje en el mundo de la banca, y más particularmente, para los encargados de estimar y gestionar las fluctuaciones financieras, una buena comprensión del riesgo es fundamental. Los que deciden cambiar de profesión de manera radical tras muchos años de formación en un área concreta también saben mucho de riesgos, o lo sabrán, con casi toda probabilidad. Pregúntenselo si no a Alex Marini, doctor en física teórica que decidió abandonar su campo profesional y adentrarse en el área de la gestión de riesgos en uno de los principales bancos canadienses.

En la actualidad, Marini, director senior del departamento de tecnología y gestión del riesgo del National Bank of Canada, en Montreal, reconoce que su decisión de abandonar su cómodo nicho científico fue arriesgada. No obstante (e irónicamente, quizás, teniendo en cuenta la experiencia analítica que ha adquirido desde entonces), su cambio de rumbo profesional no fue, en absoluto, el resultado de una cuidadosa evaluación de riesgos. Digamos que, más bien, se dejó llevar por la intuición y el instinto, y se tiró a la piscina. Y no salió nada mal parado.

“Aprendí una lección importantísima: la idea de riesgo y recompensa”, dice. “Me arriesgué; no tenía garantía de que fuese a encontrar otro trabajo. Sabía que había alguna posibilidad de que fracasase. Pero acabé obteniendo la mejor recompensa imaginable: una profesión que me encanta”.

Desilusión

Marini empezó a replantearse sus planes profesionales durante su penúltimo año de doctorado en la McGill University, en 1995. Hasta la fecha, Marini siempre se había imaginado trabajando como investigador en el área de la mecánica cuántica teórica, bien para una universidad o para el gobierno. No obstante, conforme se acercaba la fecha de terminación de sus estudios predoctorales, se dio cuenta de que su interés por esta meta iba disminuyendo. “En un momento dado, dejé de disfrutar, a diario, con lo que estaba haciendo. Me gustaba pero ya no me apasionaba”, dice.

Como muchos científicos en formación, a Marini también le preocupaban los muchos años que tendrían que pasar antes de que pudiese establecerse como investigador científico. Una vez terminase el doctorado, tendría que continuar con una etapa considerablemente larga de formación postdoctoral. Los postdocs de su departamento le hablaron de cómo se veían forzados a saltar de un postdoc a otro, y como no tenían un punto y final a su “etapa de formación” a la vista. “El estilo de vida de los postdocs no me atraía nada”, dice, “y supe entonces que quizás éste no fuese el camino para mí”.

Puede que el trabajo de Marini esté centrado en el riesgo, pero en su vida personal y profesional prefiere la estabilidad – y este factor, dice, fue importante a la hora de escoger una salida laboral alternativa. Sabía que, como científico, era probable que trabajase dos o tres años en un sitio, y que, cuando se le acabase la beca, tuviese que buscar algo nuevo, temporal. Si tuviese suerte, y fuese bueno, un buen día obtendría un puesto que, tras siete años de prueba, quizás, sólo quizás, pasase a ser fijo. Le perspectiva le pareció deprimente.

La iluminación

Marini dice que no hubo un momento “eureka” en el que se diese cuenta de que su futuro estaba en la banca, y no en la física. Pero un encuentro casual en un pub de la zona con un familiar de un amigo, que estaba haciendo un Master en finanzas fue, si no un momento “eureka”, algo muy parecido. Charlando delante de una cerveza, Marini descubrió el campo de la gestión de los riesgos financieros. Se enteró, a través de este conocido, que la investigación cuantitativa, que tanto le gustaba en su propio trabajo, era una parte integral del análisis de riesgos. “Cuando me dijo esto, noté como una lucecita dentro de mí. Sentí que ese campo podría atraerme mucho”, dice Marini.

Empezó a frecuentar la biblioteca del departamento de administración de empresas de la universidad, y pidió prestado un libro después de otro. Su supervisor descubrió que algo se avecinaba cuando Marini decidió dar una charla a sus colegas de físicas sobre “opciones y estrategias”, en uno de los seminarios que el departamento organizaba regularmente. La presentación fue un éxito rotundo. “Vino muchísima gente; la sala estaba llena y todo el mundo, entre los que me incluyo, creyó que había sido divertida”, dice.

Poco después – con anterioridad a la defensa de su tesis – Marini tuvo una conversación con su asesor académico y, para su sorpresa, éste apoyó su decisión de meterse en el campo de las finanzas. No era poco habitual, le dijo, que los físicos se cambiasen de campo y virasen hacia profesiones más aplicadas. Cuando se graduó en 1997, Marini ya sabía qué tipo de futuro profesional quería; y, ni corto ni perezoso, se dirigió a Toronto, la capital de la banca canadiense.

El cambio

Con la ayuda de un cazatalentos y varios cursillos de formación para brokers y programadores financieros, Marini consiguió un trabajo como analista financiero en el Banco de Montreal. Pasó sus días calculando el grado de exposición a riesgos financieros de transacciones swap. Marini nos da un ejemplo: una empresa compra grandes cantidades de petróleo y desea inmovilizar su precio para poder estructurar su flujo de efectivo. Dependiendo de la fluctuación del precio del petróleo, el banco calcula el riesgo del crédito, y su exposición a otros riesgos. “Analizando los datos históricos del mercado, calcularíamos los inputs para las distintas posibilidades”. Mientras tanto, por las tardes Marini se dedicó a minimizar su riesgo profesional asistiendo a asignaturas relacionadas con la banca en la Universidad de Toronto.

En el año 2000, Marini adoptó un nuevo cargo en Montreal. Cinco años más tarde, ha ascendido en el escalafón del National Bank of Canada y ahora gestiona un equipo de trece analistas. Entre todos, calculan y reportan los riesgos de mercado que el banco asume diariamente. “Nuestro objetivo es cuantificar esos riesgos y comunicárselos a la alta dirección mediante informes prácticos y fáciles de comprender”, señala.

Muchos de sus compañeros de trabajo de los últimos años tienen trayectorias académicas semejantes a la suya, y son, por lo tanto, licenciados en físicas, matemáticas o ingeniería. Él mismo ha contratado a muchos físicos. La estimación de los riesgos financieros, cree, exige buenas aptitudes matemáticas y de resolución de problemas. De hecho, Marini considera que el modelaje de los mercados financieros constituye, fundamentalmente, un problema científico; y por lo tanto: ¿por qué no atacarlo con personal con formación científica? “Creo que este campo se presta mucho a ser estudiado como una ciencia: se trata de buscar patrones, de resolver problemas, de hacer aproximaciones…: todas son habilidades para las que el científico se prepara a conciencia”.

Marini señala, no obstante, que las personas que entran en el mundo de la banca tras una trayectoria académica científica tienen una desventaja: les cuesta comunicarse con personas con estudios más tradicionales, en banca o comercio, por ejemplo. “Es importante que uno adapte su estilo comunicativo al nuevo entorno, y que aprenda la jerga; de otro modo, los mensajes no llegan a su destino, y esto puede crear mucha confusión”. Los cursillos nocturnos a los que se ha apuntado Marini le sirven precisamente para esto: para ayudarle a funcionar y a comunicarse en este mundo tan distinto.

Lecciones de vida

Aunque un doctorado en físicas podría no parecer el modo más eficaz de prepararse para una carrera en la banca, Marini no piensa que haya perdido el tiempo. Cada paso dado, dice, le ayudó a conocerse más, y a reducir el rango de alternativas profesionales. También le ayudó a madurar, y así, a ser honesto consigo mismo. “Si de verdad te gusta lo que haces, y sientes esa pasión, eso debería ayudarte a lograr tus metas”, dice. “Pero si estudias o haces algo que no te hace vibrar por dentro, entonces probablemente te valga la pena reflexionar acerca de qué es lo que te apasiona, y reconsiderar tu profesión”.

Según Marini, la clave para encontrar la profesión adecuada es seguir esa pasión identificada y asumir el riesgo; la toma de riesgos es lo que te distinguirá de tus competidores profesionales. “Es interesante comprobar como en el mundo de las finanzas, cada día se juega con los conceptos de riesgo y recompensa”, dice. “A veces, haces una apuesta calculada y fracasa, pero mirando atrás, sigues pensando: era una apuesta que sentía que tenía que hacer”. Y otras veces, te arriesgas y ganas.

Andrew Fazekas es el corresponsal canadiense de Next Wave. Pueden ponerse en contacto con él a través del siguiente correo electrónico: afazekas@aaas.org.





--------------------------------
Copyright © 2003 Portal Universia S.A. Todos los derechos reservados
(Avda. de Cantabria s/n - Edif. Arrecife, planta 00.28660 Boadilla del Monte) - Madrid. España.
Contacta con nosotros: Usuarios | Empresas-Instituciones-Medios comunicación
Código Ético | Aviso Legal | Política de confidencialidad | Quiénes somos: Sala de Prensa