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Era
el año1997 y por aquel entonces,
en Alemania, comenzaba a generalizarse
el uso de Internet. Fue precisamente en
la red donde conocí a una experimentada
traductora científica (con un doble
doctorado en química y física)
e, impulsada por ella, decidí tomarme
un año para probar suerte como
traductora científica freelance.
En la actualidad,
soy una traductora con un hijito pequeño
y otro en camino, y con un negocio que
continúa creciendo. Encontré
lo que buscaba: una carrera profesional
que me permite darle un uso tanto a mi
formación científica como
a mi amor por el alemán y el inglés;
y que a la vez me permite pasar casi todo
el tiempo que quiero con los míos.
¿Qué
se necesita para llegar a donde llegué?
Son muchas las vías de acceso a
la traducción: se puede obtener
un título, o bien aprender de la
experiencia. Un buen traductor científico
requiere una sólida formación
en ciencia general. La experiencia investigadora
en el laboratorio, en la disciplina que
fuere, también ayuda mucho. La
traducción es mucho más
complicada que lo que la gente cree. La
competencia en el/los idioma/s de origen
ha de ser tal, que nunca se malinterpreten
- ante todo, indeliberadamente - los textos
a traducir. También se debe poder
escribir correctamente en los diversos
formatos (publicaciones en revistas, manuales
de usuario, folletos de información
para los pacientes, etc.) a los que tradicionalmente
se adaptan los mensajes científicos.
La traducción no es una habilidad
que se aprenda en uno o dos años:
exige años y años de práctica,
y yo tuve la suerte de poder comenzar
a ejercitarla a la par que me formaba
y trabajaba como científica.
La mayoría
de los traductores son autónomos
(freelance), y esto requiere un
tercer conjunto de habilidades, que resumiríamos
en ser capaz de dirigir la propia empresa
y auto- venderse. En estos tiempos de
ralentización económica,
estas destrezas son más importantes
que nunca. Tras dos años en el
negocio de la traducción, puedo
ya confiar en tener un flujo constante
de trabajo que me da tranquilidad y a
la vez me permite dedicarle tiempo a mi
familia. De querer trabajar jornada completa,
cosa que ahora no hago, sé que
tendría que hacer más marketing.
Cuando me inicié en esta profesión,
traducía muchas cosas relacionadas
con el mundo de las computadoras: manuales
de usuario para software y hardware, información
de ayuda online para distintos software,
etc. Mi experiencia práctica con
varios sistemas informáticos y
mi interés por las bases de datos
y la programación me resultaron
de gran utilidad en esta mi primera etapa
como traductora. Más adelante,
pude pasar a textos científicos
más interesantes, y a menudo más
exigentes, algunos de ellos incluso sobre
temas en los que soy experta.
Hoy por hoy, traduzco
mucho material de corte médico
(información sobre productos, manuales
de usuario, información para pacientes
y documentación sobre ensayos clínicos)
además de textos que podríamos
calificar de "más científicos",
tales como trabajos de investigación,
resúmenes de artículos,
tesis, tesinas y patentes. Gracias a mi
amplia formación en ciencia y medicina
(aparte de mi propio historial académico,
provengo de una familia de médicos
y odontólogos), me puedo permitir
aceptar trabajos de temática muy
variada y, lo que es igual de importante,
sé reconocer cuándo debo
rechazar un trabajo que se escapa de mi
área de competencia.
No podemos decir
que exista un día "típico"
en la vida de un traductor científico,
y éste es un aspecto de la profesión
que me gusta. Un día, puedo pasarlo
entero delante del computador, traduciendo
varios miles de palabras, sin descanso;
otro, lo puedo dedicar a hacer investigación
de fondo, en la red o en una biblioteca
local, sobre terminología asociada
a un nuevo tema. Algunas semanas tengo
un gran volumen de trabajo que me obliga
a trabajar noches y fines de semana; otras
semanas, tengo muchas tardes libres. La
mayor parte de mi trabajo me llega por
correo electrónico y lo entrego
por el mismo medio: tengo una serie de
clientes que, de hecho, sólo conozco
vía Internet.
Cuando comencé
a trabajar como traductora, me agregué
a una serie de asociaciones profesionales
e hice un examen de la American
Translators Association para conseguir
su correspondiente acreditación.
Para los recién llegados, este
tipo de credencial puede ser valiosa,
pero cuando ya se tiene experiencia, la
mayoría de los encargos suelen
llegar por otras personas o por referencias.
Éstas últimas le contarán
a sus clientes potenciales que sabe lo
que está haciendo, y en este negocio,
los resultados cuentan, particularmente
si desea trabajar en sectores bien remunerados.
Los traductores con una combinación
lingüística demandada (por
ejemplo, inglés - alemán,
inglés - francés) y sólidos
conocimientos específicos de o
bien ciencias, o finanzas o derecho, pueden
ganarse muy bien la vida. No obstante,
aquellos que entreguen trabajo de baja
calidad, se encontrarán muy pronto
o en paro o pobremente remunerados.
Así que, si
está considerando la traducción
como salida profesional, asegúrese
de que tiene todas las habilidades que
necesita. El mejor modo de averiguarlo
es encontrar un mentor que esté
dispuesto a analizar algunas de sus traducciones
y a darle su opinión más
sincera. Existen cursillos básicos
de traducción, como los que ofrece
el School
of Continuing and Professional Studies
de la New York University, que le ayudarán
a determinar si podrá encajar o
no dentro de la profesión.
A largo plazo, la
traducción ofrece menos reconocimiento
y fama (en potencia) que la investigación.
No obstante, mi trabajo es importante
y significativo para miles de personas.
Además, sigo trabajando con mis
dos herramientas (la ciencia y el lenguaje)
a diario, soy mi propia jefa y puedo pasar
mucho tiempo con mi familia. Para mí,
todo esto supone tener el equilibrio profesional
- personal perfecto, mientras que le doy
un buen uso a mi formación científica.
La Dra.
Ulrike es una traductora autónoma
que trabaja en California, y estará
encantada de recibir sus comentarios y
preguntas. Escríbanle a la siguiente
dirección de correo electrónico:
office@drulrikewalter.com.
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