Agenda investigación | Investigación | Catalogadores | Becas y ayudas | Asociaciones | Jobs Net | Contacta | Versión en Portugués  
Google
Presentación del proyecto
  Rincón del doctorando
  Diario de una doctoranda   estadounidense
  Carrera investigadora
  Testimonios de   científicos en el   extranjero
  Mujeres científicas
  El rincón español
  El rincón latinoamericano
  Emigración
  Desarrollo profesional
  La ética en la ciencia
   · Biotecnología
   · Ciencia      medioambiental
   · Consultoría      empresarial
   · Cooperación      humanitaria
   · Derecho de patentes
   · Edición científica
   · Informática
   · Medicina alternativa
   · Nanotecnología
   · Traducción e      interpretación científica
   · Otras salidas

Sin perder de vista la perspectiva global

STEVE GARDNER
REINO UNIDO

13/07/96



Una de las grandes motivaciones de mi vida ha sido el deseo de evitar la especialización innecesaria. A los trece años, cuando tuve que escoger las materias que estudiaría en mi última etapa escolar, estuve a quince minutos de elegir el itinerario de lenguas extranjeras, pero finalmente opté por el científico, principalmente debido a mi fascinación por el siempre cambiante mundo de la biología. Esta pasión por la diversidad, que todavía me caracteriza, me ha llevado a vivir situaciones tremendamente interesantes y gratificantes por todos los rincones del planeta.

Comencé mi camino con una licenciatura en patobiología en la Universidad de Reading (Reino Unido). "Patos", así la llamábamos, tenía el honor de ser la carrera con más créditos docentes de toda la Universidad. Esto se debía principalmente a la variedad de asignaturas que se impartían (desde fisiología y bioquímica, pasando por biología molecular y microbiología, hasta genética, desarrollo, estadística, química e informática) y al nivel de profundidad con que se daban.

Aunque esta variedad era enormemente exigente y enriquecedora, era consciente de que la falta de especialización no sería un punto a mi favor a la hora de encontrar un empleo remunerado después de licenciarme. Afortunadamente, gracias a un temor irrefrenable a tirar por la borda tres meses de trabajo en el último minuto de un proyecto de laboratorio, hice uso de uno de mis pasatiempos, la informática, a la hora de llevar a cabo mi proyecto de fin de carrera sobre la determinación de las reglas que definen el doblamiento de proteínas. Éste hecho me colocó en una posición ventajosa cuando, en 1986, ya licenciado, solicité un trabajo con los profesores Janet Thornton y Tom Blundell en el Birkbeck College. Cuando visitaba su laboratorio, entré en una sala ruidosa, fría y oscura y vi una molécula de hemoglobina que giraba en un programa gráfico molecular (utilizando uno de esos viejos PS300). Me dejó hipnotizado y enganchado al instante.

El proyecto en el comencé a trabajar era interesante desde varios puntos de vista. Estaba financiado por el gobierno británico, pero diseñado para crear un producto comercial: una base de datos relacional de las estructuras proteicas. Me ofrecieron una maravillosa oportunidad que recomiendo fervientemente: un proyecto de doctorado a tiempo parcial y un empleo en el mismo departamento universitario. Mi puesto era el de gestor de sistemas de un cluster departamental, y mientras proporcionaba este servicio, tenía tiempo para trabajar en el desarrollo de bases de datos de la estructura de las proteínas, que a posteriori pasó a ser el tema de mi tesis. Disfrutaba de todas las ventajas de un doctorando en un buen laboratorio, y no sufría las dificultades financieras que suelen tener los estudiantes doctorales que se ven obligados a depender de becas durante un mínimo de tres años.

Tras cuatro años de trabajo, concluí una nueva base de datos de estructuras proteicas , que llamé Iditis, y que gracias a la visión de mi tutora, Janet Thornton, todavía hoy constituye un recurso científico insustituible. Iditis fue subsecuentemente cedida a Oxford Molecular, que por aquel entonces era una start-up de muy reciente creación. Era 1991 y este paso de comenzar a comercializar el programa me pareció muy natural. Mis principales motivaciones fueron todos los retos que traería consigo el proceso y, cómo no (siendo sincero), las mejores perspectivas económicas.

Como le confirmará cualquiera que haya trabajado para una start-up muy pequeña, uno es llamado para desarrollar todo tipo de curiosas labores. Tras finalizar la versión comercial de mi sistema, me invitaron a involucrarme en la apertura de una oficina en los Estados Unidos y en el desarrollo del mercado para nuestros productos. Esta última tarea a menudo supuso viajes de ventas de hasta un mes de duración, visitando una media de dos a tres clientes al día y volando o conduciendo de ciudad a ciudad por las noches. Estoy seguro de que habrá más de una persona leyendo este artículo que me haya visto entrar en su edificio, con los ojos rojos, arrastrando el maletín, y dando algunas de las presentaciones de ventas más peculiares que jamás hayan escuchado.

Aunque pueda resultar raro que lo diga, considero esta experiencia en ventas una de las más valiosas de mi carrera científica. Gracias a mi tour por más de ciento veinte empresas en más de treinta estados americanos, desarrollé una profunda perspectiva de los problemas a los que se enfrentan una gran cantidad de científicos consagrados al descubrimiento de fármacos. Conforme ganaba en urgencia la necesidad de desarrollar medicamentos mejores en menos tiempo, observé cómo comenzaban a emborronarse las antiguas delimitaciones entre la química, la biología molecular y el modelaje molecular.

Los científicos son cada vez más conscientes de que pueden obtener una mayor comprensión de los sistemas moleculares que participan en los procesos patológicos y escoger mejores metas para los proyectos de descubrimiento de fármacos, si consideran toda la información disponible en una fase temprana del proyecto. Hoy por hoy, es posible obtener enormes cantidades de datos mediante dos tecnologías relativamente novedosas: secuenciación de gran caudal (high throughput sequencing) y la química combinatoria, unida al screening de alto rendimiento. La gestión de esa ingente cantidad de datos y su conversión en información útil, utilizable por un amplio rango de no especialistas de la empresa, de modo que puedan descubrir nuevos fármacos, es el ámbito de actuación de la bioinformática.

En 1992, todos estos problemas empezaban a definirse, y una parte importante de mi trabajo desde entonces ha consistido en intentar satisfacer las necesidades que ahora son tan evidentes. Cuando regresé a los Estados Unidos como gerente de productos, tuve el privilegio de trabajar con un socio verdaderamente talentoso en un nuevo sistema (Cameleon) indicado para establecer correspondencias entre secuencias y estructuras proteicas de forma eficaz. Este proyecto nos condujo directamente al concepto de una estructura informática capaz de facilitar el establecimiento de correspondencias entre las tecnologías de descubrimiento de fármacos y los datos moleculares, desde en las áreas de la genómica y la bioinformática, a través del modelaje molecular, hasta en la química combinatoria y la quimioinformática, que han sido desarrolladas recientemente. Creo que el proporcionar un acceso eficaz a los datos, y una eficiente relación entre ellos, es el objetivo a alcanzar, si lo que se desea es que la bioinformática satisfaga su potencial como piedra angular del proceso de descubrimiento de fármacos.

En la actualidad, mi trabajo diario consiste en mantener un diálogo constante con socios y colaboradores de desarrollo, clientes potenciales y autores, realizar evaluaciones científicas y comerciales de las nuevas tecnologías, desarrollar estrategias empresariales y diseñar nuevo software. Cuando analizo, en retrospectiva, mi carrera profesional hasta la fecha, me sorprendo continuamente de cómo, a diario, puedo tener la sensación de estar nadando en sirope espeso, pero sin embargo, he de reconocer que no he hecho poco. He redactado paquetes de software comercial, ayudado a hacer flotar una empresa, participado en seis adquisiciones, entre las que incluyo las divisiones de software bioinformático de IntelliGenetics y Kodak; inauguré una oficina, y hoy en día soy responsable de productos que dominan una parte importante del mercado de software bionformático comercial de todo el mundo.

He sido tremendamente afortunado en mi profesión. He tenido la suerte de caer, sin buscarlo, en empresas maravillosas, y he tenido la oportunidad de trabajar con algunos de los científicos, ingenieros y empresarios con más talento del planeta. Mi consejo a los jóvenes científicos que estén considerando iniciarse profesionalmente en el campo de la bioinformática, es que traten de ser flexibles y de tener la mente abierta, que trabajen duro por integrarse en varios equipos, y que luchen siempre por no perder de vista la perspectiva global.

Nota: Este artículo fue escrito por Steve Gardner. No ha de inferirse ningún tipo de apoyo oficial por parte de Oxford Molecular Group PLC.


--------------------------------
Copyright © 2003 Portal Universia S.A. Todos los derechos reservados
(Avda. de Cantabria s/n - Edif. Arrecife, planta 00.28660 Boadilla del Monte) - Madrid. España.
Contacta con nosotros: Usuarios | Empresas-Instituciones-Medios comunicación
Código Ético | Aviso Legal | Política de confidencialidad | Quiénes somos: Sala de Prensa