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La traducción científica: un puente de transmisión de conocimiento

DAVID WADE
ALEMANIA

03/05/02

"No tiene que entenderlo, ¡limítese a traducirlo!". Es la respuesta típica de un cliente exasperado que se ve enfrentado a una larga lista de preguntas y consultas relacionadas con el texto a traducir, por parte de un traductor bien intencionado.

Afortunadamente, este tipo de clientes cerrados sólo son la excepción; lo que nos importa aquí es la problemática que subyace a comentarios como éste: los "traductores de palabras" están, permanentemente, en riesgo de producir textos definitivos, en la más fiel tradición de esos notorios manuales de instrucciones de electrodomésticos japoneses. La traducción - o la traducción técnica, al menos - es todo semántica. Requiere una comprensión adecuada del texto de origen (además de un marco conceptual asociado) y la habilidad de expresarlo coherentemente, utilizando un estilo correcto y la terminología adecuada, en el idioma de destino, que normalmente debería coincidir con la lengua nativa del traductor.

No todos los licenciados en lenguas modernas poseen, ni mucho menos, todas estas habilidades de forma natural, y aunque las licenciaturas en idiomas podrían considerase los trampolines tradicionales para caer en el mundo profesional de la traducción, son muchos los que entran, o viran, hacia esta profesión desde otras direcciones. Reconozco que mi ruta fue convencional, a pesar de que no me decanté por la traducción como salida laboral hasta relativamente tarde. Tras titularme en francés y alemán en el Reino Unido, pasé un breve periodo en Londres trabajando como programador informático y enseñé inglés en un instituto para adultos en Alemania durante unos seis años. En 1990, opté por dedicarme a la traducción a tiempo completo.

Por supuesto, ayuda estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. A través de un amigo, que era supervisor de cantidades, comencé a traducir textos del alemán al inglés para una empresa de Zurich que producía herramientas de control de costes y de normalización para la industria de construcción suiza. El año 1990 marcó el comienzo de una intensa colaboración, que duraría siete años, y - para mí, lingüista con pocos conocimientos sobre la construcción - un verdadero periodo de aprendizaje, durante el cual me propuse dedicarme a tender puentes para sortear las brechas de conocimiento.

Los campos de la arquitectura, la construcción y, de manera más reciente, la propiedad inmobiliaria, constituyen mi particular hueco en el mercado. Trabajo, en parte, de forma solitaria con mi propio, modesto, inventario de clientes (ej. fabricantes de productos de construcción) y parcialmente en colaboración con una agencia de traducción suiza.

Aunque en Alemania, al menos, no hay restricciones estatutarias en lo relativo al uso del título de "traductor", sin duda ayuda a encontrar trabajo la pertenencia a una asociación profesional (cuyos requisitos suelen ser relativamente exigentes en términos de formación específica, experiencia laboral, etc.). Asimismo, la importancia de una íntima familiaridad con el idioma extranjero no debería infravalorarse. Después de todo, se suele decir que se necesita toda una vida para aprender la lengua materna, cuanto más si se trata de dominar un idioma extranjero para poder después lanzarse a cualquier tipo de trabajo de traducción. En este sentido, sobra decir que un periodo extendido de estudio del idioma en cuestión, preferiblemente en el país en el que se habla, es más que esencial.

El trabajo desde casa como freelance, o autónomo, otorga a uno considerables cotas de libertad, particularmente en términos de horario. Aunque la disciplina es imprescindible, es posible optar por varias rutinas diferentes. Hay quien prefiere comenzar temprano por la mañana y terminar pronto, pero nada (ni nadie) te impide demorarte en una comida y su posterior tertulia siempre y cuando no te importe quedarte a trabajar hasta tarde. (Los traductores "extremos" son los que trabajan toda la noche y entregan sus traducciones, sistemáticamente, "justo a tiempo"). Muchos traductores se quejan de los breves plazos, y, en este sentido, es muy cierto que uno ha de pensarse mucho qué trabajos acepta y cuáles es preferible rechazar. Aunque los periodos de vacaciones (Ej. verano y Navidad) suelen ser menos estresantes, los fines de semana requieren una gestión más prudente del tiempo del que se dispone, ya que es muy habitual que los clientes entreguen los viernes los textos que necesiten para el lunes.

La libertad geográfica que proporciona Internet también permite que aquellos que deseen emigrar a climas más cálidos puedan hacerlo, y aún así estar siempre a un correo electrónico de distancia: hoy por hoy, el trabajo puede llegar en un clic de un lado a otro del planeta. (¡Todavía recuerdo la época en que teníamos que enviar los liosos disquetes por correo!).

Desde el punto de vista de las tecnologías de la información, creo que es vital mantenerse al día en cuanto a los últimos avances de hardware y software, para así garantizar la compatibilidad con las aplicaciones de los clientes. Aunque existen varios programas de apoyo a la traducción en el mercado (los cuales, entre otras cosas, te dicen si has traducido una frase semejante o idéntica en el pasado, y si es así, cómo), todavía no se consideran imprescindibles. Personalmente, me las apaño con un programa de gestión de la terminología. También uso un sistema de reconocimiento de voz para dictar traducciones, que logra aumentar mi output de forma apreciable.

Entre otros recursos clave destacaría los diccionarios, auque su calidad y practicidad puede variar de forma muy considerable. Tal y como yo lo veo, los diccionarios especializados del futuro es probable que trasciendan la clasificación A - Z convencional y se centren más en la presentación de estructuras del conocimiento, dentro de las cuales se ubicarían los términos, las definiciones y sus traducciones. Los diccionarios de este tipo los producirán, inevitablemente, personas con los currículums científicos y técnicos relevantes.

Yo mismo tiendo a utilizar mucho más diccionarios monolingües, glosarios y manuales. Internet también es otro recurso inestimable, que proporciona tanto información ilimitada sobre cualquier tema imaginable como un método eficaz para validar la terminología.

Por supuesto, en un mundo ideal el cliente también constituiría un recurso adicional. Sin embargo, y sin ánimo de ser excesivamente crítico, he de decir que el autor (técnico) del texto de origen a menudo contribuye - mediante ambigüedades, atajos semánticos, abreviaturas indescifrables, un uso no sistemático de la terminología, etc. - a la problemática de la traducción. Además, aparte de una brecha de conocimiento, existe una brecha de información: los documentos de proyectos, por ejemplo, casi nunca son entidades "auto-suficientes", y cierta información de fondo sobre el proyecto en cuestión a menudo ayuda significativamente a interpretar referencias de otro modo crípticas.

Lo que de nuevo subraya por qué resulta tan crucial que exista una estrecha y activa colaboración entre cliente y traductor - y nos hace pensar una vez más en ese traductor frustrado, concienzudo, al que nos referíamos al comienzo del artículo, con su lista de preguntas dirigidas a eliminar los huecos de su traducción. No existe, me temo, una respuesta sencilla. La comprensión de las minucias técnicas puede constituir todo un reto, duro y largo, para los que están insuficientemente preparados. ¿Pero quién dijo que la traducción era coser y cantar?

La Bundesverband der Dolmetscher und Übersetzer e.V. es la principal asociación alemana de traductores e intérpretes.


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