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La traducción
científica exige un conjunto diría
poco habitual de aptitudes. Entre ellas
incluiría una amplia comprensión
de conceptos científicos, un vocabulario
especializado en dos o más idiomas,
técnicas de investigación
bien afinadas y la habilidad de reproducir
textos no particularmente sencillos, a
partir de un segundo idioma, sin sacrificar
la precisión, la claridad o el
estilo del original. Combine todo esto
con un arraigado sentido de responsabilidad
frente al lector y el contenido, y un
compromiso inquebrantable con los plazos
de entrega, y tendrá un perfil
bastante claro de los traductores y otros
editores de ruso de la oficina de Nature
en Tokio, donde he tenido el privilegio
de trabajar todo este pasado año.
No obstante, en lugar de explicar lo que
hacemos aquí, en líneas
generales, creo que la manera más
clara de informarles acerca de las características
de la profesión de traductor para
una revista científica semanal
sería mostrarles el proceso paso
a paso, partiendo de la frase que cité
al principio del artículo a modo
de ejemplo.
El traductor o la traductora recibe la
frase un martes, como parte del primer
párrafo de un trabajo que aparecerá
en el volumen de la semana que viene,
que se publica los jueves. Normalmente,
los textos que le son asignados podrían
ubicarse dentro de las áreas de
la química o la física aplicada,
pero en ocasiones versan sobre temas menos
familiares, tales como tecnologías
de la información o modelaje de
transición de fases, por poner
dos ejemplos. Afortunadamente, el traductor
conoce el campo en el que se mueve y la
traducción de un resumen de unas
180 palabras le lleva de una a tres horas.
La frase que hemos tomado de ejemplo sólo
le presenta un desafío importante
al traductor: cómo traducir "vibron"
al japonés. La palabra hace referencia,
efectivamente, a una no-entidad: no aparece
en la publicación Japanese Scientific
Terms: Physics Términos Científicos
Japoneses: Física del Ministerio
Japonés de Educación, ni
en el Diccionario Autorizado de Ciencias
Físicas Iwanami. (En esta última
obra hay una entrada para "vibroning
coupling", pero no para "vibron".
Una sugerencia que dan es "shinden",
que combina los caracteres chinos para
vibración y electricidad). Basada
en experiencias anteriores en las que
ha tenido que fonetizar no-entidades semejantes
al japonés, el traductor opta por
emplear la palabra biburon, asumiendo
que los lectores japoneses reconocerán
que el término reproduce la trascripción
fonética de "vibron".
Finalmente, el traductor termina el resto
de la traducción, la relee unas
cuantas veces para detectar posibles errores
de mecanografía y comprobar que
el texto se lee con claridad, y envía
los datos a Nature, para que sean
editados y publicados.
Mi trabajo comienza aquí. Soy miembro
del equipo de revisores de las traducciones
de Nature, y supongamos que me
han asignado el trabajo mencionado en
los párrafos anteriores. Yo no
soy física ni científica,
soy lingüista. Tras una temporada
traduciendo manuales de instrucciones
de software y presentaciones en pantalla,
pasé a hacer traducciones más
técnicas de especificaciones del
software, glosarios de telecomunicaciones
y documentos relativos a propiedad intelectual.
Durante los dos años y medio previos
a mi incorporación a Nature,
me dediqué fundamentalmente a un
proyecto informático de simulación
para pacientes, un trabajo que me obligó
a formarme intensivamente en fisiología,
farmacología y medicina clínica,
en tanto japonés como en inglés.
Comienzo a trabajar en las traducciones
semanales en domingo por la noche, para
prepararme para la reunión que
tenemos todos los lunes con los otros
tres revisores. El proceso editorial consiste
en leer y contrastar los textos ingleses
y japoneses para confirmar que ambos dicen
lo mismo. En la primera pasada, me fijo
en "signature" (que he visto
mal traducida en otras ocasiones, pero
no ahora) y en "vibron", término
que desconozco y que, por lo tanto, subrayo
en la versión japonesa.
No consigo encontrar el término
"vibron" en los diccionarios
técnicos y recurro entonces a Internet.
Resulta que el término se acuñó
a principios de la década de los
ochenta para describir un modelo algebraico
empleado en la espectroscopia molecular.
Hay cuatro opciones viables para traducir
el término, empleando el silabario
portugués: biburon, baiburon,
viburon y vaiburon, pero el carácter
utilizado para aproximarse al sonido "v"
en inglés no suele ser reconocido
por el Ministerio japonés de Educación,
así que en Nature siempre
tratamos de evitarlo, en la medida de
lo posible. Por si acaso, hago búsquedas
en Google para cada uno de los cuatro
candidatos y obtengo 116, 16, 1 y 0 resultados
respectivamente. Inicialmente, todo apunta
a que biburon es el claro vencedor, pero
tras revisar los 116 resultados, compruebo
que la mayoría de los hipervínculos
me conducen a un boletín para bibliófilos
llamado Philobiblon, a páginas
de herpetología que describen ciertas
especies de boa constrictor y de gecko
e, inevitablemente, a algunas páginas
web para adultos. Vuelvo a comprobar,
de arriba abajo, todos los resultados
de búsqueda y veo que, efectivamente,
no hay ninguna referencia clara a las
vibraciones moleculares. Con el término
baiburon tengo más éxito:
3 de los 16 resultados están claramente
relacionados con la espectrografía
molecular. Viburon también me da
esperanzas: el único resultado
de búsqueda que obtengo hace referencia
directa a los "vibrons" que
me interesan.
El domingo, hacia medianoche, firmo los
documentos revisados y envío los
datos por correo electrónico a
mi oficina. Ya están empezando
a llegar de la oficina de Londres los
primeros archivos con material para el
número de la semana que viene.
Basándome en mis resultados ciertamente
inconclusos, decidí arriesgarme
y cambiar la fonetización de biburon
a baiburon. Si es incorrecto, es muy
probable que algún compañero
detecte el error antes de que vaya a imprenta.
O quizás lo detecte un lector muy
perspicaz y obtenga la satisfacción
de ver cómo se publica una versión
corregida.
En este tipo de trabajo, rara es la semana
que no haya algún detalle sutil
de algún artículo que te
deje dentro la semilla de la duda. ¿Debería
haber dejado biburon? ¿U optado
por la entrada shinden, que aparece
en el Iwanami? ¿Debería
haber ignorado las directrices de utilización
y cambiado biburon por viburon?
Como profesional responsable de comunicar
conocimientos científicos con fidelidad
entre lenguas y culturas, uno ha de aprender
a vivir con incertidumbre; pero nunca
se deja de intentar que las cosas salgan
con la perfección con que tienen
que salir.
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