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"Fácilmente
me hubiese decantado por los idiomas como
primera opción para mis estudios
universitarios", explica Salo, pero
en el colegio le parecieron interesantes
muchas asignaturas de ciencias, así
que al final decidió licenciarse
en bioquímica. Tras hacer un Máster,
y pasar un año con una beca del
gobierno francés en una universidad
próxima a París, en 1973
aceptó un puesto como gerente del
laboratorio de investigación de
un departamento de la facultad de medicina
de la Universidad
de Oulu (Finlandia).
"Realmente,
fue mi perseverancia la que me fue guiando",
señala Salo en relación
a su cambio profesional. Este mismo tesón
también desempeñó
un papel fundamental en su vida académica.
Cuando trabajaba en el departamento de
química biomédica, Salo
comenzó una tesis doctoral sobre
los tejidos conjuntivos. Su terminación
se dilató considerablemente en
el tiempo debido a la presión de
tener que compaginar investigación
y tareas administrativas. De hecho, cuando
decidió trasladarse al departamento
de odontología, tras diez años
en el de química biomédica,
su tesis aún estaba inconclusa.
Afortunadamente, toda su experiencia adquirida
en las áreas del cartílago
y el tejido conjuntivo blando le fue enormemente
útil cara el estudio del tejido
conjuntivo calcificado: el que sería
el enfoque definitivo de su trabajo. No
obstante, una vez más, se vio obligada
a hacer malabarismos para poder combinar
la investigación con otras tareas
tales como la organización del
material de laboratorio, la compra de
nuevos productos y artilugios y la supervisión
de los técnicos. Así, tuvo
que ver la luz el año 1996, "cuando
rozaba los cincuenta años",
para poder tener, por fin, en sus manos
el ansiado título de Doctor.
A lo largo de toda
esta larga etapa pre-doctoral, Salo hizo,
de forma intermitente y paralelamente
a todo lo demás, no pocos trabajos
de traducción. "Tenía
bastante clientes", afirma. Durante
su primera etapa universitaria, se sometió
a algunas pruebas lingüísticas
"para poder acreditarme como traductora".
Durante su etapa científica, percibió
una necesidad de traductores. "La
mayoría de los libros de texto
están, por supuesto, en inglés",
señala, "pero para los técnicos
de laboratorio, hubiese sido bastante
útil tener más textos traducidos
al finés". Hacia finales de
la década de los ochenta, sabía
que quería ser traductora a jornada
completa. Aunque solicitó varios
puestos, "era bastante difícil
porque no tenía ningún título
universitario en traducción",
requisito para la mayoría de las
vacantes.
Fue la decisión
de Finlandia de adherirse en la UE en
1992 la que le impulsó a hacerse
con un título de traductora. Como
Oulu no estaba entre las tres o cuatro
universidades finlandesas que ofrecían
cursos en el campo de la traducción,
pidió un periodo de excedencia
de dos años en su trabajo para
hacer un Máster intensivo en la
Universidad
de Turku. En aquel entonces, también
solicitó trabajo en el Ministerio
finés de Justicia, que, en ese
periodo previo a la incorporación
a la UE, estaba inmerso en la traducción
de toda su legislación secundaria.
No obstante, "a pesar de mi experiencia,
no les interesé porque simplemente
querían a gente en posesión
de un título básico de traductor".
Afortunadamente,
la Comisión Europea fue mucho más
acogedora. Liisa solicitó formar
parte del servicio
de traducción de este organismo
incluso antes de completar su Máster,
en 1996 (el mismo año que terminó
su tesis - ¡menudo logro!). Lo único
que se le exigía era "un título
universitario" en cualquier campo,
además de pruebas de su "experiencia
en traducción o en idiomas".
A pesar de tener que dejar atrás
a su familia, la oportunidad de trasladarse
a Bruselas satisfizo el viejo anhelo de
Salo de vivir en otro país europeo,
algo básicamente inviable antes
de la adhesión de Finlandia a la
UE.
Salo lleva ya siete
años trabajando para la Comisión
Europea y le sigue encantando su trabajo,
"Me gusta la política, en
líneas generales, y tengo textos
interesantes que leer", explica.
"Uno de mis temas preferidos es política
energética", señala,
y ahora mismo está traduciendo
al finés las instrucciones para
el testado de substancias tóxicas
de la Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económico (OCDE).
La política medioambiental, indica,
"está, hoy por hoy, entre
las prioridades de la agenda política",
y, en este sentido, considera que su formación
científica tiene un valor inestimable.
A menudo sucede que "uno puede traducir,
incluso aunque no domine el idioma extranjero
a la perfección, si sabe de qué
se está hablando", indica.
"Y los conocimientos científicos
son particularmente útiles en los
casos en los que la gramática es
poco clara", continúa. En
tales situaciones, "si se desconoce
la temática, se está absolutamente
perdido".
Tal comprensión
de la temática de los textos puede
llegar a ser realmente crucial, en la
medida en que los funcionarios de la Comisión
Europea suelen redactar los textos en
inglés o francés aunque
no sean hablantes nativos de ninguno de
estos dos idiomas, por lo que no es inhabitual
que los traductores tengan que hacer frente
a documentos gramaticalmente imperfectos.
Es ésta una inconsistencia que
a Salo le cuesta un poco comprender dado
que, en teoría, los traductores
sólo deberían trabajar hacia
su idioma materno. Salo admite, sin embargo,
que la aplicación de esta norma
("sólo se trabajará
hacia el idioma materno") se relajó
bastante tras la adhesión de su
país a la UE debido a que son muy
pocos los no finlandeses capaces de hablar
finés. Prevé que las cosas
se relajarán todavía más
en el futuro con la próxima adhesión
de los nuevos países de la Europa
central y oriental. "Ojalá
los jóvenes comiencen a aprender
estos idiomas", sugiere.
De hecho, si la experiencia
finlandesa se pudiese considerar un referente,
los futuros traductores de los países
candidatos a la adhesión pueden
prever enormes volúmenes de trabajo,
al menos durante un periodo de años.
Al principio, los finlandeses "no
estaban al tanto de la política
europea", explican, y tuvimos que
ponernos al día en muchas áreas.
"Cada vez que salía una nueva
versión de un texto, teníamos
que traducir la primera versión
además de todas sus enmiendas",
señala.
A pesar del vasto
número de idiomas que domina, el
grueso del trabajo de Salo lo constituyen
traducciones del inglés o el francés.
"Son normalmente los ingleses lo
que intervienen primero elaborando las
versiones inglesas de los textos, que
luego son traducidas a los demás
idiomas oficiales de la Unión",
explica. ¿Y esta "doble traducción"
no podría inducir a errores? "Sin
lugar a dudas... las versiones de un mismo
texto en los diferentes idiomas no coinciden
del todo", señala, "pero
estoy segura de que cumplen su objetivo".
Aunque Salo no puede
utilizar todo su bagaje lingüístico
en su trabajo, no cabe duda de que le
saca partido en su tiempo libre. "Una
de las grandes ventajas de Bruselas",
dice, "es que desde allí es
posible viajar a otros sitios por tarifas
baratas". Cuando se entrevistó
para Next Wave, Salo estaba proyectando
dos escapadas para dos fines de semana
consecutivos, una a Cracovia, en Polonia,
y otra a Salamanca, en España.
Además, añade, Bruselas
es un gran foco de todos los estilos musicales.
A pesar de que a
menudo se le enrojecen los ojos tras pasar
todo el día delante del ordenador,
Salo no se arrepiente nada de su cambio
profesional. "Esto es lo que puedo
hacer mejor", explica. Además,
le gusta el hecho de estar contratada
por la Comisión Europea. "Estaba
acostumbrada a ser funcionaria, sinónimo
de trabajo seguro", algo que también
le ofrece la Comisión, aunque probablemente
no escogería trabajar allí
en otra capacidad. "En conjunto,
este trabajo me parece más interesante
porque uno va trabajando en campos diversos",
en lugar de "sólo trabajar
con notificaciones de productos químicos
peligrosos, por poner un ejemplo".
Y otra ventaja añadida es que a
los traductores se les deja "gestionar
su propio trabajo de forma bastante independiente".
"Para los nativos
de los idiomas de menor uso, o los idiomas
que no forman parte del grupo de los más
hablados, la UE es la principal fuente
de empleo", señala. Precisa,
no obstante, que a los lingüistas
españoles, por ejemplo, también
les puede interesar analizar las posibles
vacantes de organismos internacionales
tales como la OCDE
o las Naciones
Unidas.
Salo piensa
que sus habilidades continuarán
siendo muy demandadas en el futuro. Aunque
los políticos recomienden reducir
la extensión de los documentos,
o dejar textos sin traducir, "la
demanda de traducciones seguirá
existiendo". El repertorio de temas,
por otra parte, seguirá ampliándose
año tras año. "Por
mi parte", concluye Salo, soñadora,
"pienso que sería interesante
desarrollar el finés científico.
Cuando me retire...".
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