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Traducir para Europa: del laboratorio a Bruselas

KIRSTIE URQUHART

EUROPA

31/05/02

Si está proyectando un tour por Europa, probablemente le interese llevarse a Liisa Salo de acompañante. Casi ningún idioma europeo se le resiste: aparte de finés (su lengua materna), domina el inglés, el francés, el alemán, el griego, el español... Me parece impresionante que una persona con semejantes aptitudes para los idiomas optase por la traducción únicamente en una segunda fase de su vida profesional, tras dos décadas consagradas al campo de la bioquímica.

"Fácilmente me hubiese decantado por los idiomas como primera opción para mis estudios universitarios", explica Salo, pero en el colegio le parecieron interesantes muchas asignaturas de ciencias, así que al final decidió licenciarse en bioquímica. Tras hacer un Máster, y pasar un año con una beca del gobierno francés en una universidad próxima a París, en 1973 aceptó un puesto como gerente del laboratorio de investigación de un departamento de la facultad de medicina de la Universidad de Oulu (Finlandia).

"Realmente, fue mi perseverancia la que me fue guiando", señala Salo en relación a su cambio profesional. Este mismo tesón también desempeñó un papel fundamental en su vida académica. Cuando trabajaba en el departamento de química biomédica, Salo comenzó una tesis doctoral sobre los tejidos conjuntivos. Su terminación se dilató considerablemente en el tiempo debido a la presión de tener que compaginar investigación y tareas administrativas. De hecho, cuando decidió trasladarse al departamento de odontología, tras diez años en el de química biomédica, su tesis aún estaba inconclusa. Afortunadamente, toda su experiencia adquirida en las áreas del cartílago y el tejido conjuntivo blando le fue enormemente útil cara el estudio del tejido conjuntivo calcificado: el que sería el enfoque definitivo de su trabajo. No obstante, una vez más, se vio obligada a hacer malabarismos para poder combinar la investigación con otras tareas tales como la organización del material de laboratorio, la compra de nuevos productos y artilugios y la supervisión de los técnicos. Así, tuvo que ver la luz el año 1996, "cuando rozaba los cincuenta años", para poder tener, por fin, en sus manos el ansiado título de Doctor.

A lo largo de toda esta larga etapa pre-doctoral, Salo hizo, de forma intermitente y paralelamente a todo lo demás, no pocos trabajos de traducción. "Tenía bastante clientes", afirma. Durante su primera etapa universitaria, se sometió a algunas pruebas lingüísticas "para poder acreditarme como traductora". Durante su etapa científica, percibió una necesidad de traductores. "La mayoría de los libros de texto están, por supuesto, en inglés", señala, "pero para los técnicos de laboratorio, hubiese sido bastante útil tener más textos traducidos al finés". Hacia finales de la década de los ochenta, sabía que quería ser traductora a jornada completa. Aunque solicitó varios puestos, "era bastante difícil porque no tenía ningún título universitario en traducción", requisito para la mayoría de las vacantes.

Fue la decisión de Finlandia de adherirse en la UE en 1992 la que le impulsó a hacerse con un título de traductora. Como Oulu no estaba entre las tres o cuatro universidades finlandesas que ofrecían cursos en el campo de la traducción, pidió un periodo de excedencia de dos años en su trabajo para hacer un Máster intensivo en la Universidad de Turku. En aquel entonces, también solicitó trabajo en el Ministerio finés de Justicia, que, en ese periodo previo a la incorporación a la UE, estaba inmerso en la traducción de toda su legislación secundaria. No obstante, "a pesar de mi experiencia, no les interesé porque simplemente querían a gente en posesión de un título básico de traductor".

Afortunadamente, la Comisión Europea fue mucho más acogedora. Liisa solicitó formar parte del servicio de traducción de este organismo incluso antes de completar su Máster, en 1996 (el mismo año que terminó su tesis - ¡menudo logro!). Lo único que se le exigía era "un título universitario" en cualquier campo, además de pruebas de su "experiencia en traducción o en idiomas". A pesar de tener que dejar atrás a su familia, la oportunidad de trasladarse a Bruselas satisfizo el viejo anhelo de Salo de vivir en otro país europeo, algo básicamente inviable antes de la adhesión de Finlandia a la UE.

Salo lleva ya siete años trabajando para la Comisión Europea y le sigue encantando su trabajo, "Me gusta la política, en líneas generales, y tengo textos interesantes que leer", explica. "Uno de mis temas preferidos es política energética", señala, y ahora mismo está traduciendo al finés las instrucciones para el testado de substancias tóxicas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La política medioambiental, indica, "está, hoy por hoy, entre las prioridades de la agenda política", y, en este sentido, considera que su formación científica tiene un valor inestimable. A menudo sucede que "uno puede traducir, incluso aunque no domine el idioma extranjero a la perfección, si sabe de qué se está hablando", indica. "Y los conocimientos científicos son particularmente útiles en los casos en los que la gramática es poco clara", continúa. En tales situaciones, "si se desconoce la temática, se está absolutamente perdido".

Tal comprensión de la temática de los textos puede llegar a ser realmente crucial, en la medida en que los funcionarios de la Comisión Europea suelen redactar los textos en inglés o francés aunque no sean hablantes nativos de ninguno de estos dos idiomas, por lo que no es inhabitual que los traductores tengan que hacer frente a documentos gramaticalmente imperfectos. Es ésta una inconsistencia que a Salo le cuesta un poco comprender dado que, en teoría, los traductores sólo deberían trabajar hacia su idioma materno. Salo admite, sin embargo, que la aplicación de esta norma ("sólo se trabajará hacia el idioma materno") se relajó bastante tras la adhesión de su país a la UE debido a que son muy pocos los no finlandeses capaces de hablar finés. Prevé que las cosas se relajarán todavía más en el futuro con la próxima adhesión de los nuevos países de la Europa central y oriental. "Ojalá los jóvenes comiencen a aprender estos idiomas", sugiere.

De hecho, si la experiencia finlandesa se pudiese considerar un referente, los futuros traductores de los países candidatos a la adhesión pueden prever enormes volúmenes de trabajo, al menos durante un periodo de años. Al principio, los finlandeses "no estaban al tanto de la política europea", explican, y tuvimos que ponernos al día en muchas áreas. "Cada vez que salía una nueva versión de un texto, teníamos que traducir la primera versión además de todas sus enmiendas", señala.

A pesar del vasto número de idiomas que domina, el grueso del trabajo de Salo lo constituyen traducciones del inglés o el francés. "Son normalmente los ingleses lo que intervienen primero elaborando las versiones inglesas de los textos, que luego son traducidas a los demás idiomas oficiales de la Unión", explica. ¿Y esta "doble traducción" no podría inducir a errores? "Sin lugar a dudas... las versiones de un mismo texto en los diferentes idiomas no coinciden del todo", señala, "pero estoy segura de que cumplen su objetivo".

Aunque Salo no puede utilizar todo su bagaje lingüístico en su trabajo, no cabe duda de que le saca partido en su tiempo libre. "Una de las grandes ventajas de Bruselas", dice, "es que desde allí es posible viajar a otros sitios por tarifas baratas". Cuando se entrevistó para Next Wave, Salo estaba proyectando dos escapadas para dos fines de semana consecutivos, una a Cracovia, en Polonia, y otra a Salamanca, en España. Además, añade, Bruselas es un gran foco de todos los estilos musicales.

A pesar de que a menudo se le enrojecen los ojos tras pasar todo el día delante del ordenador, Salo no se arrepiente nada de su cambio profesional. "Esto es lo que puedo hacer mejor", explica. Además, le gusta el hecho de estar contratada por la Comisión Europea. "Estaba acostumbrada a ser funcionaria, sinónimo de trabajo seguro", algo que también le ofrece la Comisión, aunque probablemente no escogería trabajar allí en otra capacidad. "En conjunto, este trabajo me parece más interesante porque uno va trabajando en campos diversos", en lugar de "sólo trabajar con notificaciones de productos químicos peligrosos, por poner un ejemplo". Y otra ventaja añadida es que a los traductores se les deja "gestionar su propio trabajo de forma bastante independiente".

"Para los nativos de los idiomas de menor uso, o los idiomas que no forman parte del grupo de los más hablados, la UE es la principal fuente de empleo", señala. Precisa, no obstante, que a los lingüistas españoles, por ejemplo, también les puede interesar analizar las posibles vacantes de organismos internacionales tales como la OCDE o las Naciones Unidas.

Salo piensa que sus habilidades continuarán siendo muy demandadas en el futuro. Aunque los políticos recomienden reducir la extensión de los documentos, o dejar textos sin traducir, "la demanda de traducciones seguirá existiendo". El repertorio de temas, por otra parte, seguirá ampliándose año tras año. "Por mi parte", concluye Salo, soñadora, "pienso que sería interesante desarrollar el finés científico. Cuando me retire...".


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