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Traducciones médicas: la perspectiva corporativista

PETER BOYLE

HOFFMAN-LA ROCHE
BASILEA (SUIZA)

03/05/02

 

 

Gracias a la globalización, la demanda de traducciones en todas las áreas científicas y tecnológicas es enorme y continúa en aumento. Al mismo tiempo, la oferta de traductores especializados competentes es realmente pobre. Los traductores científico-técnicos se agrupan en torno a dos amplias categorías, en función de su vía de entrada a la profesión: la de los especialistas temáticos y la de los especialistas lingüísticos. Los primeros están en posesión de una licenciatura científica o técnica, que luego complementan con formación específica en traducción; los segundos derivan en la profesión como resultado de sus destrezas lingüísticas (con o sin cualificaciones universitarias) y, a posteriori, desarrollan un determinado nivel de conocimientos dentro de los campos en los que trabajan. En mi experiencia, la mayoría de los traductores científico-técnicos están contenidos dentro de este último grupo.

No resulta sorprendente que casi ningún licenciado en ciencias opte por la traducción como salida profesional, ya que, por lo general, éstos esperan ejercer profesiones en las que sus cualificaciones sean pertinentes de forma más obvia. Asimismo, y en particular dentro del mundo anglosajón, son pocos los científicos que pueden decir que dominan un segundo idioma; e incluso aunque los hubiese, es probable que no se les ocurriese la posibilidad de combinar dos habilidades distintas - mediante el ejercicio de la traducción - de modo semejante a como lo hacen periodistas y escritores científicos. Por lo tanto, y casi por defecto, la traducción científico-técnica recae, en gran medida, en los especialistas lingüísticos.

Mi propia trayectoria profesional es ilustrativa en este sentido. En 1997 completé un Máster en Lingüística y Estudios Germánicos en Freiburgo (Alemania) y tras trabajar un breve periodo en la universidad, con un contrato temporal, me vi ante un difícil dilema: o bien continuaba tratando de financiar mi doctorado haciendo lo posible por compatibilizar varios trabajos como profesor, en la universidad y fuera, o me buscaba una fuente de ingresos más segura, para mi familia y para mí, probablemente regresando a mi país, Australia. Además de solicitar puestos de corte académico, me apunté en la oficina de empleo local, donde me refirieron a una empresa farmacéutica alemana que estaba buscando un traductor en plantilla. Había realizado bastantes traducciones a lo largo de mis estudios de idiomas y lingüística y, de forma ocasional y como freelance, también había traducido material académico o técnico, pero jamás había considerado la posibilidad de trabajar como traductor a jornada completa y realmente no sabía a qué atenerme.

La entrevista que tuve con el jefe de investigación de la empresa volvió a despertar en mí un interés latente por la química y la farmacia; las pruebas de traducción a las que me sometieron fueron, en conjunto, bien recibidas y la consiguiente oferta de empleo era demasiado buena como para rechazarla así por así. Así que al final de ese mismo año, me movía como podía entre informes de estudios preclínicos, procedimientos analíticos e industriales y manuscritos biomédicos. Como licenciado en letras que era, tuve que trabajar duro para aprender las bases fundamentales de la farmacología, la producción farmacéutica y la farmacoterapia contra las úlceras de estómago. Tenía ante mí un mundo nuevo y estimulante que me fascinaba. Recibí formación in situ por parte de dos compañeros traductores con experiencia.

Un año más tarde, me trasladé a la empresa Hoffmann-La Roche, en Suiza, para trabajar en una unidad de servicios lingüísticos, que contaba con equipos de traductores de cinco idiomas además de con revisores y correctores de estilo. Aquí el desarrollo profesional era mucho más sistemático y pude asistir a varios cursillos de formación (que cubrieron las áreas de farmacología clínica, indicaciones y posología) y a seminarios sobre desarrollo de fármacos, ensayos clínicos, el proceso regulador y los principios básicos del márketing farmacéutico. La empresa también me financió varios cursos externos de revisión de estilo y de medicina y me envió cuatro semanas a los Estados Unidos para hacer unas prácticas de redacción médica. Todo esto fue acompañado de una supervisión continua de mi trabajo por parte de otros traductores de Hoffman-La Roche y de nuestra propia red de consultores expertos.

Una empresa farmacéutica grande es un gran lugar de trabajo para un traductor científico-técnico. Sus múltiples necesidades traductológicas hacen que el trabajo resulte variado e interesante. Desde el punto de vista de los recursos informativos, es casi ideal, en la medida en que ofrece buenas instalaciones bibliotecarias y de documentación técnica, además de acceso a los consejos de los profesionales de I+D y producción, entre otros.

Otro factor que probablemente mantiene a los licenciados en ciencias alejados del mundo de la traducción es su imagen. No es poca la gente que considera que la traducción es una tarea inmediata, poco interesante, que no requiere ninguna habilidad o aptitud en particular aparte de un dominio adecuado de dos o más lenguas. Está bastante extendida la falsa creencia de que el conocimiento de un segundo idioma confiere, de forma automática, la capacidad de traducir de y hacia ella y que lo único que tienen que hacer los traductores es encontrar correspondencias verbales y consultar los diccionarios pertinentes en caso de toparse con términos desconocidos. A pesar de que se trata de una tradición centenaria, la traducción todavía es una profesión pobremente definida, cuya imagen no se ve beneficiada por ideas equivocadas como las citadas ni por la falta de consenso entre los traductores con experiencia en relación a temas fundamentales tales como estándares, mejores prácticas o las cualificaciones mínimas exigidas para el ejercicio profesional.

Entonces, ¿qué es lo que hace que la traducción sea interesante y estimulante? Básicamente, la labor del traductor científico-técnico es comprender el texto original y transmitir la información que contiene en el idioma de destino de forma completa, precisa y adecuada, teniendo siempre en consideración tanto los lectores del mismo como su uso intencionado. Los traductores han de recrear los mensajes y los objetivos del texto original. Una traducción para publicar debería fluir - en el idioma de destino - tanto como el texto original, e incluso los documentos con fines "menores" deberían ser siempre convincentes y de agradable lectura. Esto requiere un conjunto muy específico de habilidades y aptitudes y la complejidad de la tarea es frecuentemente minusvalorada. Los traductores sin formación en el campo de la traducción - incluso los expertos en una materia concreta - tienden a producir traducciones demasiado literales o de "palabra por palabra" que calcan las estructuras del idioma de origen, en lugar de buscar expresiones naturales en el idioma de destino.

Como requisitos básicos, los traductores científico-técnicos profesionales necesitan unos conocimientos profundos del idioma de origen (que incluya una "conciencia lingüística", i.e. una capacidad para apreciar pautas retóricas y estructuras del discurso), un buen ojo para los detalles, una competencia nativa o casi nativa en el idioma de destino, talento para la redacción y habilidades de recopilación de información altamente desarrolladas. Han de combinar tres tipos de curiosidad: hacia el lenguaje, hacia el tema y hacia la manera en que los especialistas hablan y escriben sobre dicho tema. Cuanto más cómodo se sienta el traductor con el tema y con el lenguaje especializado, más fácil le resultará la tarea encomendada y de mayor calidad será el resultado.

¿Qué pueden aportar los científicos a la traducción? Aparte de conocimientos profundos y experiencia dentro de su propia especialidad, ofrecen una base más amplia de conocimientos científicos, una singular curiosidad por otros temas transversales y una comprensión privilegiada (la que sólo tiene "el que está dentro") del funcionamiento de la ciencia y el discurso científico. Los científicos también suelen contar con habilidades muy específicas de recopilación de información y búsqueda bibliográfica, además de con un conocimiento casi inconsciente de las particularidades del lenguaje científico. Dicho todo esto, todo hombre y mujer de ciencias que considere hacerse traductor, necesita evaluar críticamente sus competencias lingüísticas y de redacción. Yo recomendaría, sin lugar a dudas, matricularse en algún tipo de curso de formación específica es la forma mejor y más rápida de desarrollar destrezas de traducción a nivel profesional. Ya que pocos traductores científico-técnicos pueden permitirse el lujo de centrarse en una sola disciplina, los científicos que estén dándole vueltas a la traducción como salida profesional también deberían estar dispuestos a ampliar sus conocimientos temáticos hacia otros campos.

El mercado de la traducción es tan diverso como el número de áreas de conocimiento. Por ejemplo, las necesidades de traducción científico-técnica de una gran compañía farmacéutica cubren un amplio espectro de campos: desde I+D, producción (elaboración química, formulación farmacéutica y empaquetado), patentes y regulación a información sobre los productos, márketing y comunicación científica, pudiendo la temáticas correspondientes oscilar entre las áreas de la química, la bioquímica, la biología molecular, la farmacología, la toxicología, el diagnóstico, la medicina, la ingeniería de procesos y la protección medioambiental.

Los servicios de traducción los proporcionan traductores freelance (la categoría más abundante dentro de la profesión), traductores en plantilla empleados por empresas e instituciones, grandes y pequeñas empresas de traducción (que contratan tanto a traductores asalariados como a freelance) y agencias de traducción (que subcontratan a traductores freelance o a empresas de traducción). El mercado está altamente fragmentado, mostrando una parte importante de éste todas las características de la industria casera: la gran mayoría de los traductores trabajan en solitario o en pequeñas agrupaciones por tarifas muy heterogéneas. (Se suele pagar por palabra o por página o línea de texto, aunque algunos profesionales con mucha experiencia pueden negociar honorarios por hora). Las empresas de traducción con proyección internacional son escasas. Esto hace que sea difícil encontrar empleo asalariado, pero las dimensiones del mercado son tales que no faltan, en ningún caso, oportunidades para los que se quieran dedicar al trabajo freelance especializado. Es sólo cuestión de buscar y encontrar.

¿Cuáles son las recompensas? En Europa, por lo general, los traductores en plantilla que trabajan en el campo de la industria tienen buenos salarios, comparables a los de otros profesionales. La situación de los freelance varía ostensiblemente, dependiendo de sus destrezas específicas y del mercado en el que deciden trabajar. Los traductores competentes con cualificaciones científicas o técnicas pertinentes están muy solicitados por tanto la industria como por las empresas de traducción y las agencias. Como traductor científico-técnico, no estará creando conocimiento, pero sí que estará empleando sus talentos con creatividad para ayudar a diseminarlo.


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