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No
resulta sorprendente que casi ningún
licenciado en ciencias opte por la traducción
como salida profesional, ya que, por lo
general, éstos esperan ejercer
profesiones en las que sus cualificaciones
sean pertinentes de forma más obvia.
Asimismo, y en particular dentro del mundo
anglosajón, son pocos los científicos
que pueden decir que dominan un segundo
idioma; e incluso aunque los hubiese,
es probable que no se les ocurriese la
posibilidad de combinar dos habilidades
distintas - mediante el ejercicio de la
traducción - de modo semejante
a como lo hacen periodistas y escritores
científicos. Por lo tanto, y casi
por defecto, la traducción científico-técnica
recae, en gran medida, en los especialistas
lingüísticos.
Mi propia trayectoria
profesional es ilustrativa en este sentido.
En 1997 completé un Máster
en Lingüística y Estudios
Germánicos en Freiburgo (Alemania)
y tras trabajar un breve periodo en la
universidad, con un contrato temporal,
me vi ante un difícil dilema: o
bien continuaba tratando de financiar
mi doctorado haciendo lo posible por compatibilizar
varios trabajos como profesor, en la universidad
y fuera, o me buscaba una fuente de ingresos
más segura, para mi familia y para
mí, probablemente regresando a
mi país, Australia. Además
de solicitar puestos de corte académico,
me apunté en la oficina de empleo
local, donde me refirieron a una empresa
farmacéutica alemana que estaba
buscando un traductor en plantilla. Había
realizado bastantes traducciones a lo
largo de mis estudios de idiomas y lingüística
y, de forma ocasional y como freelance,
también había traducido
material académico o técnico,
pero jamás había considerado
la posibilidad de trabajar como traductor
a jornada completa y realmente no sabía
a qué atenerme.
La entrevista que
tuve con el jefe de investigación
de la empresa volvió a despertar
en mí un interés latente
por la química y la farmacia; las
pruebas de traducción a las que
me sometieron fueron, en conjunto, bien
recibidas y la consiguiente oferta de
empleo era demasiado buena como para rechazarla
así por así. Así
que al final de ese mismo año,
me movía como podía entre
informes de estudios preclínicos,
procedimientos analíticos e industriales
y manuscritos biomédicos. Como
licenciado en letras que era, tuve que
trabajar duro para aprender las bases
fundamentales de la farmacología,
la producción farmacéutica
y la farmacoterapia contra las úlceras
de estómago. Tenía ante
mí un mundo nuevo y estimulante
que me fascinaba. Recibí formación
in situ por parte de dos compañeros
traductores con experiencia.
Un año más
tarde, me trasladé a la empresa
Hoffmann-La Roche, en Suiza, para trabajar
en una unidad de servicios lingüísticos,
que contaba con equipos de traductores
de cinco idiomas además de con
revisores y correctores de estilo. Aquí
el desarrollo profesional era mucho más
sistemático y pude asistir a varios
cursillos de formación (que cubrieron
las áreas de farmacología
clínica, indicaciones y posología)
y a seminarios sobre desarrollo de fármacos,
ensayos clínicos, el proceso regulador
y los principios básicos del márketing
farmacéutico. La empresa también
me financió varios cursos externos
de revisión de estilo y de medicina
y me envió cuatro semanas a los
Estados Unidos para hacer unas prácticas
de redacción médica. Todo
esto fue acompañado de una supervisión
continua de mi trabajo por parte de otros
traductores de Hoffman-La Roche y de nuestra
propia red de consultores expertos.
Una empresa farmacéutica
grande es un gran lugar de trabajo para
un traductor científico-técnico.
Sus múltiples necesidades traductológicas
hacen que el trabajo resulte variado e
interesante. Desde el punto de vista de
los recursos informativos, es casi ideal,
en la medida en que ofrece buenas instalaciones
bibliotecarias y de documentación
técnica, además de acceso
a los consejos de los profesionales de
I+D y producción, entre otros.
Otro factor que probablemente
mantiene a los licenciados en ciencias
alejados del mundo de la traducción
es su imagen. No es poca la gente que
considera que la traducción es
una tarea inmediata, poco interesante,
que no requiere ninguna habilidad o aptitud
en particular aparte de un dominio adecuado
de dos o más lenguas. Está
bastante extendida la falsa creencia de
que el conocimiento de un segundo idioma
confiere, de forma automática,
la capacidad de traducir de y hacia ella
y que lo único que tienen que hacer
los traductores es encontrar correspondencias
verbales y consultar los diccionarios
pertinentes en caso de toparse con términos
desconocidos. A pesar de que se trata
de una tradición centenaria, la
traducción todavía es una
profesión pobremente definida,
cuya imagen no se ve beneficiada por ideas
equivocadas como las citadas ni por la
falta de consenso entre los traductores
con experiencia en relación a temas
fundamentales tales como estándares,
mejores prácticas o las cualificaciones
mínimas exigidas para el ejercicio
profesional.
Entonces, ¿qué
es lo que hace que la traducción
sea interesante y estimulante? Básicamente,
la labor del traductor científico-técnico
es comprender el texto original y transmitir
la información que contiene en
el idioma de destino de forma completa,
precisa y adecuada, teniendo siempre en
consideración tanto los lectores
del mismo como su uso intencionado. Los
traductores han de recrear los mensajes
y los objetivos del texto original. Una
traducción para publicar debería
fluir - en el idioma de destino - tanto
como el texto original, e incluso los
documentos con fines "menores"
deberían ser siempre convincentes
y de agradable lectura. Esto requiere
un conjunto muy específico de habilidades
y aptitudes y la complejidad de la tarea
es frecuentemente minusvalorada. Los traductores
sin formación en el campo de la
traducción - incluso los expertos
en una materia concreta - tienden a producir
traducciones demasiado literales o de
"palabra por palabra" que calcan
las estructuras del idioma de origen,
en lugar de buscar expresiones naturales
en el idioma de destino.
Como requisitos básicos,
los traductores científico-técnicos
profesionales necesitan unos conocimientos
profundos del idioma de origen (que incluya
una "conciencia lingüística",
i.e. una capacidad para apreciar pautas
retóricas y estructuras del discurso),
un buen ojo para los detalles, una competencia
nativa o casi nativa en el idioma de destino,
talento para la redacción y habilidades
de recopilación de información
altamente desarrolladas. Han de combinar
tres tipos de curiosidad: hacia el lenguaje,
hacia el tema y hacia la manera en que
los especialistas hablan y escriben sobre
dicho tema. Cuanto más cómodo
se sienta el traductor con el tema y con
el lenguaje especializado, más
fácil le resultará la tarea
encomendada y de mayor calidad será
el resultado.
¿Qué
pueden aportar los científicos
a la traducción? Aparte de conocimientos
profundos y experiencia dentro de su propia
especialidad, ofrecen una base más
amplia de conocimientos científicos,
una singular curiosidad por otros temas
transversales y una comprensión
privilegiada (la que sólo tiene
"el que está dentro")
del funcionamiento de la ciencia y el
discurso científico. Los científicos
también suelen contar con habilidades
muy específicas de recopilación
de información y búsqueda
bibliográfica, además de
con un conocimiento casi inconsciente
de las particularidades del lenguaje científico.
Dicho todo esto, todo hombre y mujer de
ciencias que considere hacerse traductor,
necesita evaluar críticamente sus
competencias lingüísticas
y de redacción. Yo recomendaría,
sin lugar a dudas, matricularse en algún
tipo de curso de formación específica
es la forma mejor y más rápida
de desarrollar destrezas de traducción
a nivel profesional. Ya que pocos traductores
científico-técnicos pueden
permitirse el lujo de centrarse en una
sola disciplina, los científicos
que estén dándole vueltas
a la traducción como salida profesional
también deberían estar dispuestos
a ampliar sus conocimientos temáticos
hacia otros campos.
El mercado de la
traducción es tan diverso como
el número de áreas de conocimiento.
Por ejemplo, las necesidades de traducción
científico-técnica de una
gran compañía farmacéutica
cubren un amplio espectro de campos: desde
I+D, producción (elaboración
química, formulación farmacéutica
y empaquetado), patentes y regulación
a información sobre los productos,
márketing y comunicación
científica, pudiendo la temáticas
correspondientes oscilar entre las áreas
de la química, la bioquímica,
la biología molecular, la farmacología,
la toxicología, el diagnóstico,
la medicina, la ingeniería de procesos
y la protección medioambiental.
Los servicios de
traducción los proporcionan traductores
freelance (la categoría
más abundante dentro de la profesión),
traductores en plantilla empleados por
empresas e instituciones, grandes y pequeñas
empresas de traducción (que contratan
tanto a traductores asalariados como a
freelance) y agencias de traducción
(que subcontratan a traductores freelance
o a empresas de traducción). El
mercado está altamente fragmentado,
mostrando una parte importante de éste
todas las características de la
industria casera: la gran mayoría
de los traductores trabajan en solitario
o en pequeñas agrupaciones por
tarifas muy heterogéneas. (Se suele
pagar por palabra o por página
o línea de texto, aunque algunos
profesionales con mucha experiencia pueden
negociar honorarios por hora). Las empresas
de traducción con proyección
internacional son escasas. Esto hace que
sea difícil encontrar empleo asalariado,
pero las dimensiones del mercado son tales
que no faltan, en ningún caso,
oportunidades para los que se quieran
dedicar al trabajo freelance especializado.
Es sólo cuestión de buscar
y encontrar.
¿Cuáles
son las recompensas? En Europa, por lo
general, los traductores en plantilla
que trabajan en el campo de la industria
tienen buenos salarios, comparables a
los de otros profesionales. La situación
de los freelance varía ostensiblemente,
dependiendo de sus destrezas específicas
y del mercado en el que deciden trabajar.
Los traductores competentes con cualificaciones
científicas o técnicas pertinentes
están muy solicitados por tanto
la industria como por las empresas de
traducción y las agencias. Como
traductor científico-técnico,
no estará creando conocimiento,
pero sí que estará empleando
sus talentos con creatividad para ayudar
a diseminarlo.
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