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La sesión inaugural del ciclo tuvo
lugar el 18 de julio de 2002 en el campus
de Bethesda de los Institutos Nacionales
de Salud (NIH) y estuvo a cargo del Sr.
Charles Rosenberg, catedrático
de historia de la ciencia de la Universidad
de Harvard, quien se dirigió a
un auditorio a rebosar. El NCCAM espera
poder ofrecer dos conferencias al año;
la siguiente tendrá lugar el 7
de noviembre del 2002.
Al comienzo de su
conferencia, titulada "¿Alternativa
a qué? ¿Complementaria para
quién? Algunos aspectos de la investigación
científica en el campo de la Medicina",
Rosenberg observó que, a pesar
de la aparente popularización de
la MAC, todavía persiste una tensión
- una fuerza "polarizante" -
entre la medicina moderna y la MAC. Hizo
referencia a una carta al director, publicada
en el New York Times en 1992, que
criticó la aparente legitimización
que los estadounidenses Institutos Nacionales
de Salud (NIH) estaban otorgando a la
MAC mediante el establecimiento de la
Oficina de Medicina Alternativa, precursora
del NCCAM. "Es honda la repercusión
social y son muchos los pensamientos y
los sentimientos profundos" asociados
a la MAC, afirmó Rosemberg.
El ponente pasó
después a explicar que la medicina
que hoy denominamos "alternativa"
era la habitual en el pasado. "Hasta
hace relativamente poco, nunca se asumía
que el ejercicio médico tenía
que ser llevado a cabo por médicos",
afirmó: la gente confiaba en familiares
u otras personas con determinadas habilidades,
tales como barberos-cirujanos, componedores
o curas, que ejercían la medicina
en los hogares de los enfermos, no en
hospitales ni en otros lugares designados
al efecto. Los predecesores de los médicos
modernos se caracterizaban por su erudición:
"eran personas que sabían
leer textos y reflexionarlos".
Hasta mediados/finales
del siglo XIX, el cuidado de los pacientes
no estaba centrado en la enfermedad sino
en el enfermo. Las prácticas médicas
aceptadas se caracterizaban por concepciones
holistas que tenían en cuenta muchos
factores causales. "Se ponía
un gran énfasis en la relación
entre estilo de vida y enfermedad crónica,
entre estilo de vida y la predisposición
a enfermedades infecciosas agudas",
explicó Rosemberg. "Se creía
que uno nacía con unas cartas determinadas,
pero que las circunstancias medioambientales
y el estilo de vida determinaban cómo
se jugaba con las mismas".
En los Estados Unidos,
a principios de siglo XIX, surgieron una
serie de grupos antagónicos al
movimiento de la medicina moderna. Según
Rosenberg, estos grupos sectarios estaban
organizados y tenían agendas políticas.
Cabe destacar el movimiento tomasiano,
que defendía la medicina herbal;
el grupo defensor de la homeopatía,
partidario de la administración
de dosis bajas de medicamentos; y la fracción
denominada "la cura del agua",
que abogaba por este líquido como
remedio para todos los males. Aunque algunas
de estas sectas desaparecieron con el
tiempo, algunas de sus ideologías
fueron asimiladas por las prácticas
médicas modernas. Por ejemplo,
Rosemberg indicó que "en las
décadas de 1860 y 1870, la homeopatía
comenzaba a semejarse más y más
a la medicina "regular"".
Se crearon centros de formación,
se adoptó un código deontológico,
se obtuvo certificación a nivel
nacional y se construyeron hospitales
específicos". Poco después,
la osteopatía seguiría un
camino semejante.
A finales de la primera
década del siglo XIX, la medicina
moderna amanecía. El nuevo siglo
fue testigo del desarrollo de importantes
herramientas de diagnóstico, como
los rayos-x, y de la consolidación
del hospital como lugar "aceptado"al
que acudir para recibir tratamiento médico.
Los médicos modernos comenzaban
a orientarse hacia la enfermedad. Rosemberg
explicó que la mayoría de
los historiadores describen la línea
de pensamiento de la época como
"reduccionista". Había
una tendencia a analizar los problemas
en fragmentos cada vez más pequeños.
Paradójicamente, dijo, mientras
que las ciencias sociales y políticas
comenzaban a coger forma, también
empezó a desarrollarse la "ciencia
cristiana" (un movimiento "antireduccionista").
Según Rosenberg, "había
una oposición polar fuerte entre
estos dos grupos": el que consideraba
el tratamiento médico desde una
perspectiva puramente fisiológica
y molecular frente al que creía
que éste debía tener en
cuenta tanto al individuo en su totalidad
como su entorno.
"Ya sabemos
quién ganó la batalla",
dijo Rosenberg. "Ganó el laboratorio.
El concepto de medicina y ciencia, aunque
aplicado de manera imperfecta, salió
vencedor. Venció en términos
de dominio sobre las políticas
públicas, dominio sobre la vida,
dominio sobre la noción que la
gente culta tiene acerca de lo que deberían
esperar de la medicina".
Examinando la situación
que impera hoy en día, Rosenberg
se preguntó lo siguiente: aunque
ganó el laboratorio, por decirlo
de algún modo, ¿por qué
hay siempre un número significativo
de personas que buscan modalidades y prácticas
que no se enseñan en las facultades
de Medicina, que se perciben como "la
otras"? Citó seis razones
para ello:
- La importancia
de la enfermedad crónica en nuestra
sociedad: con las técnicas
médicas modernas, tan mejoradas,
la gente vive más. La conjunción
de incremento de la esperanza de vida
y envejecimiento deriva en el desarrollo
de más enfermedades crónicas.
Esta situación "está
creando muchas expectativas no satisfechas",
afirmó Rosemberg. Como resultado
de todo ello, la gente anhela encontrar
cualquier cosa que pueda ayudar a mitigar
los efectos de la enfermedad. Asimismo,
la investigación geriátrica
no está "entre las prioridades"
de los médicos.
- Problemática
cuerpo - mente: el hecho de que
las emociones pudiesen contribuir al
inicio o a la progresión de la
enfermedad "no está en el
primer plano del mundo médico
ortodoxo", lo que provoca que algunas
personas exploren alternativas, señaló.
- Diagnóstico
subjetivo: muchos achaques que causan
altas dosis de dolor, como el dolor
de cabeza, la adicción o el síndrome
de fatiga crónica, son difíciles
de diagnosticar con los métodos
médicos tradicionales. Estos
pacientes "no son muy tratables"
con la medicina moderna, dijo, así
que en ocasiones optan por buscar alivio
"fuera".
- La existencia
de poblaciones inaccesibles o poco atendidas:
otro perfil de persona que podría
querer probar la MAC es aquella que
no está bien atendida por los
servicios médicos establecidos
debido a su estatus socioeconómico,
por motivos de raza o clase social o
por aislamiento geográfico.
- Holismo / deseo
de significado: algunos buscadores
de la MAC están buscando "un
significado que trascienda el mecanismo":
¿Por qué me pongo enfermo?
¿Cómo encaja esta explicación
en mi entorno, en mis creencias religiosas?
- Dieta y régimen:
"la medicina nunca ha enfocado
bien los temas de la dieta y el régimen",
observó. Las modas alimenticias
siempre han estado en el talón
de fondo, pero nunca han constituido
un foco prioritario de atención
en la medicina moderna.
Mirando hacia
el futuro, Rosenberg no cree que "la
relación entre la medicina central
y algo más amplio que ésta"
vaya a cambiar. Siempre persistirá
un problema de "mantenimiento de
los límites fronterizos" y
de "guerrilla". Concluyó
diciendo lo siguiente: "los detalles
variarán. Las modalidades evolucionarán.
No obstante, la noción de la frontera
y la de tensión emocional y social
en la misma línea divisoria se
mantendrá intacta".
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