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¿Alternativa a qué? ¿Complementaria para quién?

KATIE COTTINGHAM
EDITORA DE GrantsNet

02/08/02

 

 

"Nuestro objetivo no es promocionar la MAC (medicina alternativa y complementaria) sino la promoción de una comprensión, un entendimiento, de la MAC a través de un análisis de la misma desde múltiples perspectivas", señaló Stephen Straus, director del Centro Nacional para la Medicina Complementaria y Alternativa (National Center for Complementary and Alternative Medicine o NCCAM) de Bethesda (Maryland, EE.UU.), cuando presentó el ciclo de conferencias, organizadas por su institución académica, tituladas "Conferencias magnas sobre la ciencia de la medicina alternativa y complementaria".


La sesión inaugural del ciclo tuvo lugar el 18 de julio de 2002 en el campus de Bethesda de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y estuvo a cargo del Sr. Charles Rosenberg, catedrático de historia de la ciencia de la Universidad de Harvard, quien se dirigió a un auditorio a rebosar. El NCCAM espera poder ofrecer dos conferencias al año; la siguiente tendrá lugar el 7 de noviembre del 2002.

Al comienzo de su conferencia, titulada "¿Alternativa a qué? ¿Complementaria para quién? Algunos aspectos de la investigación científica en el campo de la Medicina", Rosenberg observó que, a pesar de la aparente popularización de la MAC, todavía persiste una tensión - una fuerza "polarizante" - entre la medicina moderna y la MAC. Hizo referencia a una carta al director, publicada en el New York Times en 1992, que criticó la aparente legitimización que los estadounidenses Institutos Nacionales de Salud (NIH) estaban otorgando a la MAC mediante el establecimiento de la Oficina de Medicina Alternativa, precursora del NCCAM. "Es honda la repercusión social y son muchos los pensamientos y los sentimientos profundos" asociados a la MAC, afirmó Rosemberg.

El ponente pasó después a explicar que la medicina que hoy denominamos "alternativa" era la habitual en el pasado. "Hasta hace relativamente poco, nunca se asumía que el ejercicio médico tenía que ser llevado a cabo por médicos", afirmó: la gente confiaba en familiares u otras personas con determinadas habilidades, tales como barberos-cirujanos, componedores o curas, que ejercían la medicina en los hogares de los enfermos, no en hospitales ni en otros lugares designados al efecto. Los predecesores de los médicos modernos se caracterizaban por su erudición: "eran personas que sabían leer textos y reflexionarlos".

Hasta mediados/finales del siglo XIX, el cuidado de los pacientes no estaba centrado en la enfermedad sino en el enfermo. Las prácticas médicas aceptadas se caracterizaban por concepciones holistas que tenían en cuenta muchos factores causales. "Se ponía un gran énfasis en la relación entre estilo de vida y enfermedad crónica, entre estilo de vida y la predisposición a enfermedades infecciosas agudas", explicó Rosemberg. "Se creía que uno nacía con unas cartas determinadas, pero que las circunstancias medioambientales y el estilo de vida determinaban cómo se jugaba con las mismas".

En los Estados Unidos, a principios de siglo XIX, surgieron una serie de grupos antagónicos al movimiento de la medicina moderna. Según Rosenberg, estos grupos sectarios estaban organizados y tenían agendas políticas. Cabe destacar el movimiento tomasiano, que defendía la medicina herbal; el grupo defensor de la homeopatía, partidario de la administración de dosis bajas de medicamentos; y la fracción denominada "la cura del agua", que abogaba por este líquido como remedio para todos los males. Aunque algunas de estas sectas desaparecieron con el tiempo, algunas de sus ideologías fueron asimiladas por las prácticas médicas modernas. Por ejemplo, Rosemberg indicó que "en las décadas de 1860 y 1870, la homeopatía comenzaba a semejarse más y más a la medicina "regular"". Se crearon centros de formación, se adoptó un código deontológico, se obtuvo certificación a nivel nacional y se construyeron hospitales específicos". Poco después, la osteopatía seguiría un camino semejante.

A finales de la primera década del siglo XIX, la medicina moderna amanecía. El nuevo siglo fue testigo del desarrollo de importantes herramientas de diagnóstico, como los rayos-x, y de la consolidación del hospital como lugar "aceptado"al que acudir para recibir tratamiento médico. Los médicos modernos comenzaban a orientarse hacia la enfermedad. Rosemberg explicó que la mayoría de los historiadores describen la línea de pensamiento de la época como "reduccionista". Había una tendencia a analizar los problemas en fragmentos cada vez más pequeños. Paradójicamente, dijo, mientras que las ciencias sociales y políticas comenzaban a coger forma, también empezó a desarrollarse la "ciencia cristiana" (un movimiento "antireduccionista"). Según Rosenberg, "había una oposición polar fuerte entre estos dos grupos": el que consideraba el tratamiento médico desde una perspectiva puramente fisiológica y molecular frente al que creía que éste debía tener en cuenta tanto al individuo en su totalidad como su entorno.

"Ya sabemos quién ganó la batalla", dijo Rosenberg. "Ganó el laboratorio. El concepto de medicina y ciencia, aunque aplicado de manera imperfecta, salió vencedor. Venció en términos de dominio sobre las políticas públicas, dominio sobre la vida, dominio sobre la noción que la gente culta tiene acerca de lo que deberían esperar de la medicina".

Examinando la situación que impera hoy en día, Rosenberg se preguntó lo siguiente: aunque ganó el laboratorio, por decirlo de algún modo, ¿por qué hay siempre un número significativo de personas que buscan modalidades y prácticas que no se enseñan en las facultades de Medicina, que se perciben como "la otras"? Citó seis razones para ello:

 

  • La importancia de la enfermedad crónica en nuestra sociedad: con las técnicas médicas modernas, tan mejoradas, la gente vive más. La conjunción de incremento de la esperanza de vida y envejecimiento deriva en el desarrollo de más enfermedades crónicas. Esta situación "está creando muchas expectativas no satisfechas", afirmó Rosemberg. Como resultado de todo ello, la gente anhela encontrar cualquier cosa que pueda ayudar a mitigar los efectos de la enfermedad. Asimismo, la investigación geriátrica no está "entre las prioridades" de los médicos.
  • Problemática cuerpo - mente: el hecho de que las emociones pudiesen contribuir al inicio o a la progresión de la enfermedad "no está en el primer plano del mundo médico ortodoxo", lo que provoca que algunas personas exploren alternativas, señaló.
  • Diagnóstico subjetivo: muchos achaques que causan altas dosis de dolor, como el dolor de cabeza, la adicción o el síndrome de fatiga crónica, son difíciles de diagnosticar con los métodos médicos tradicionales. Estos pacientes "no son muy tratables" con la medicina moderna, dijo, así que en ocasiones optan por buscar alivio "fuera".
  • La existencia de poblaciones inaccesibles o poco atendidas: otro perfil de persona que podría querer probar la MAC es aquella que no está bien atendida por los servicios médicos establecidos debido a su estatus socioeconómico, por motivos de raza o clase social o por aislamiento geográfico.
  • Holismo / deseo de significado: algunos buscadores de la MAC están buscando "un significado que trascienda el mecanismo": ¿Por qué me pongo enfermo? ¿Cómo encaja esta explicación en mi entorno, en mis creencias religiosas?
  • Dieta y régimen: "la medicina nunca ha enfocado bien los temas de la dieta y el régimen", observó. Las modas alimenticias siempre han estado en el talón de fondo, pero nunca han constituido un foco prioritario de atención en la medicina moderna.

Mirando hacia el futuro, Rosenberg no cree que "la relación entre la medicina central y algo más amplio que ésta" vaya a cambiar. Siempre persistirá un problema de "mantenimiento de los límites fronterizos" y de "guerrilla". Concluyó diciendo lo siguiente: "los detalles variarán. Las modalidades evolucionarán. No obstante, la noción de la frontera y la de tensión emocional y social en la misma línea divisoria se mantendrá intacta".


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