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Adoro
la edición. Obtengo una enorme
satisfacción de la transformación
de un documento desde su fase "está
bien" (o "necesita mucho trabajo")
a una superior. Admito que me emociono,
simplemente, sosteniendo un libro publicado
en mis manos en el que yo intervine en
menor o mayor medida. La edición
me proporciona una oportunidad de compatibilizar
el empleo de los conocimientos adquiridos
a lo largo de mi formación universitaria
con mi amor por la palabra escrita. La
naturaleza del trabajo - generalmente
en forma de proyectos - me permite experimentar
la etapa de terminación, que me
deja particularmente satisfecha. Puede
que la edición científica
y técnica sea más estructurada
y "formal" que otros tipos de
edición (como pueden ser los materiales
de marketing, la comunicación empresarial,
los boletines informativos, etc.), pero
todavía abundan las oportunidades
de cortar las malas hierbas de un área
"confusa", mejorar las frases
y de proporcionar claridad a temas que
pueden caracterizarse a priori por su
complejidad.
He tenido el placer
de editar manuscritos sobre agricultura,
biología, bioquímica, biotecnología,
el cáncer, climatología,
el ginseng y sobre medicina tradicional
china. Dado que el uso de Internet ha
mejorado notablemente tanto la velocidad
como la eficiencia de los procesos de
consulta y revisión entre editor,
cliente y los múltiples autores,
se ha eliminado la barrera geográfica
de la distancia. El correo electrónico
y las conexiones de banda ancha me han
permitido trabajar en un mercado global,
a menudo con manuscritos en inglés
de autores de idiomas diversos. La increíble
diversidad de la edición científica
es uno de los aspectos que hace que el
campo sea un desafío tan interesante.
Mi trayectoria
personal hacia la edición
Los editores tienen
formaciones muy diversas. En mi caso,
me licencié en Ciencias por la
Universidad Simon Fraser (en Burnaby,
B.C., Canadá), especializándome
en geografía y sub-especializándome
en ciencias biológicas. Durante
un número de años, trabajé
como socio investigador en el departamento
de biología, dediqué muchas
horas al laboratorio y a la disciplina
y co-escribí varios trabajos. Ya
licenciada, me apunté a varios
cursos de biología, química,
climatología, geografía,
matemáticas y física. En
su momento, me daba la sensación
de que parte de lo que estaba aprendiendo
"me entraba por un oído y
me salía por el otro", pero
- en retrospectiva - me sorprende alegremente
comprobar toda la información que
logré retener.
En una ocasión
en la que tuve que encargarme de un trabajo
en el área de la biotecnología
(¡ésta ni siquiera era una
disciplina en mi época universitaria!),
descubrí que tanto los términos
como las ideas que tenía que manejar
me resultaban familiares. Y en los momentos
en los que no veo todo claro, cuento con
el respaldo teórico de un marco
que me ayuda a encajar lo nuevo, con las
herramientas para encontrar la información
que me falta y con la habilidad necesaria
para reunirlo todo. Los conceptos, la
terminología, la estructura de
la redacción científica,
la capacidad para llevar a cabo investigación
y la experiencia en la redacción
de trabajos y experimentos... he podido
darle un uso a todo lo que aprendí
a lo largo de mi etapa universitaria.
Por
qué funciona
Una de las afirmaciones que incluyo en
mi biografía de la Asociación
de Editores de Canadá hace
referencia a mi "deseo de participar
en el aprendizaje continuo". La edición
científica me da esa oportunidad.
Cada vez que edito un nuevo manuscrito,
aprendo algo, algo nuevo y maravilloso
que ocurre en algún lugar de trabajo.
¿Hay algo mejor que tener un trabajo
que adoras, la oportunidad de aprender
cosas nuevas mientras que experimentas
la satisfacción de ver cómo
vas acabando un trabajo y luego ver (y
sostener) el producto terminado?
Mis
comienzos
Como muchos editores, básicamente
"caí" en el mundo de
las editoriales. Un colega me pidió
que le ayudase a editar las actas de un
congreso y acepté. Un trabajo a
tiempo parcial de cuatro meses de duración
terminó siendo un compromiso de
jornada completa durante todo un año,
que incluyó muchos aspectos del
campo de la edición así
como de la gestión de proyectos
(trabajar con diseñadores gráficos;
darle las instrucciones pertinentes a
imprentas, encuadernadores y empresas
de mensajería y empaquetar el material
para su posterior envío). Me encantó
(¡ahora puedo decirlo!) y aprendí
muchísimo. La experiencia, sin
embargo, también me enseñó
cuáles eran mis lagunas, lo que
me llevó a matricularme en algunos
cursos de edición del programa
de redacción y edición de
la Universidad Simon Fraser. Todavía
sigo actualizándome con cursos
para profesionales y espero continuar
con ello en el futuro, ya que siempre
hay más cosas que aprender, nuevas
técnicas y nueva tecnología,
y gente interesante que conocer.
Mantener
el equilibrio
La edición científica ha
satisfecho mis necesidades de otras maneras.
Como madre de dos hijos, percibí
mi necesidad de equilibrar mi trabajo
con la crianza. El equilibrio es una palabra
que se está usando mucho, quizás
demasiado, en los últimos años,
pero quizás se deba, precisamente,
a que se trate de algo absolutamente esencial.
Sentí que la carrera editorial
podía estar hecha para mí
- una carrera que me otorga una gran flexibilidad
horaria y que me permite trabajar desde
casa. Esto me llevó a crear mi
propia empresa (WordCraft Communications)
y a querer aprender sobre el mundo de
los negocios. Jamás preví
este resultado durante mis años
de estudiante, pero - como siempre - uno
nunca sabe qué lugares inesperados
e interesantes le depara el camino.
Puede ponerse en contacto con Carolyn
Whitehead a través del siguiente
correo electrónico: wordcraft@telus.net
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