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Tengo un vivo recuerdo
de los días que dediqué
a producir el que fue mi primer artículo
científico. Estaba sentado en el
sillón del despacho de mi supervisor
con mi tesis en la mano. Mi tutor es un
científico excepcional además
de un talentoso escritor científico,
y - durante unos minutos - se dedicó
a examinar los resultados de mi trabajo
como si fuesen las piezas de un puzzle.
A continuación, y sin más
demora, comenzó a dictarle los
puntos esenciales de mi estudio a su Dictáfono,
sin pausas ni errores. De repente, todo
encajó: el rompecabezas estaba
completo. Antes de comer, ya teníamos
el artículo terminado sobre la
mesa. Me acomodé todavía
más en el sillón, profundamente
impresionado...
Este día me
di cuenta, por vez primera, que - a la
hora de escribir un artículo científico
- es tan importante asegurarse de que
se mencionan los "puntos científicos
fundamentales" como escoger las palabras
adecuadas. Las palabras no son sólo
el envoltorio del mensaje: tienen el poder
de otorgarle una nueva cualidad al contenido
científico.
Tuve una experiencia
semejante con un artículo que esperaba
poder publicar en una revista. Yo creía
que el contenido científico del
artículo, tal y como lo había
entregado, estaba listo para publicación,
pero los evaluadores del texto no coincidieron
conmigo. Me dijeron que el artículo
tenían algunas palabras ambiguas
que les habían creado confusión...
Volví a redactar y a presentar
el trabajo y esta vez conseguí
salirme con la mía - ¡gracias
a que utilicé las palabras adecuadas
y no sólo las fórmulas correctas!
Aprendí que
el lenguaje humano, con su emotividad
y sus redundancias, puede ser un sistema
más complejo y poderoso que el
lenguaje científico lógico-simbólico.
Si tienes el conocimiento científico
correcto, estás en posesión
de la verdad, pero si tienes las palabras
adecuadas, ¡el poder es tuyo! -
a veces, hasta para definir una nueva
verdad. Me dispuse entonces a lanzarme
a una carrera profesional en el campo
de la redacción y la edición
científicas.
Tras doctorarme,
solicité varios puestos de empleo
en empresas de medios de comunicación
y casas editoriales. Tras repetidas negativas,
la suerte me dió inesperadamente
la bienvenida. La editorial alemana Econ-Ullstein-List
Verlag me ofreció la oportunidad
de escribir y publicar obras científicas.
Redacté libros sobre visión,
ilusiones ópticas y física.
Este trabajo nos mantuvo, tanto a la empresa
como a mí, ocupados y sin deudas.
Me emocionaba el hecho de estar aprendiendo
sobre el mundo editorial.
Poco después
me ofrecieron un puesto como investigador
posdoctoral, de tres años de duración,
en el Florida Atlantic University Center
for Complex Systems and Brain Sciences
Centro Universitario para los sistemas
complejos y las ciencias del cerebro .
Me lo pasé fenomenal; vi lo azul
que puede llegar a ser el cielo y aprendí
que la Coca Cola siempre se toma con hielo.
Después de un segundo posdoctorado
en la Universidad de Stuttgart en ingeniería
teórica, busqué (por el
bien de mi familia) un puesto permanente
como editor científico. La suerte
estuvo una vez más de mi lado y,
en la actualidad, trabajo como editor
del área de ingeniería en
Springer-Verlag. Los requisitos que pedían
para este trabajo eran un Doctorado científico,
experiencia en el empleo del inglés
como lengua de trabajo, una orientación
global y abierta y experiencia en el mundo
editorial. Satisfacía todos ellos.
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El listado de tareas del editor
científico
Desarrollo
de programas: desarrollar estrategias
para nuevos productos y mercados;
observar el mercado y estimar
el éxito económico
de determinados segmentos de los
programas.
Desarrollo
de productos: seleccionar propuestas,
estar en contacto con evaluadores,
buscar temas y contenidos, tener
conversaciones con los autores.
Relaciones
públicas: asistir a reuniones
científicas, visitar a
los autores a sus casas o a las
instituciones en las que trabajan,
establecer contactos con nuevos
autores o editores potenciales.
Servir
a la comunidad: estar al tanto
de las reclamaciones de autores
y clientes, mantener a los autores
informados del éxito de
sus respectivos productos.
Rastreo
de los productos: reunirse con
los editores de las publicaciones
periódicas, evaluar las
cifras de ventas, tomar decisiones
en relación a nuevas ediciones
o suspensiones..
Mercadotecnia:
presentar el producto en reuniones
de ventas, escribir textos promocionales,
formular puntos de venta exclusivos,
definir el segmento y el diseño
del programa.
Calcular
presupuestos: cada grupo editorial
está organizado como unidad
empresarial independiente y, como
tal, tiene sus propios presupuestos.
Han de calcularse los resultados
financieros de cada programa,
y los planes empresariales anuales.
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Springer-Verlag fue
fundada en Berlín, en 1842, por
Julius Springer y, en la actualidad,
es una de las editoriales científicas
internacionales de mayor prestigio. Tiene
varias filiales, 1500 empleados y unos
90 editores esparcidos por el mundo. El
grupo editorial Springer-Verlag tiene
unas 500 revistas de ciencia e ingeniería
y en torno a unos 20000 libros publicados.
La organización
interna de Springer-Verlag es un calco
del mundo científico. A cada editor
científico especializado tiene
asignado un tema en particular - en mi
caso, ingeniería internacional.
Los editores científicos son los
aventureros que cruzan la frontera entre
la comunidad científica y las empresas
editoras. Son generalistas que disfrutan
del "panorama global" que les
ofrece una disciplina, y están
siempre con los oídos alerta tratando
de detectar nuevos avances y a nuevos
individuos de interés. Asisten
a conferencias importantes, se comunican
con y escuchan a autores nóveles
y experimentados y proyectan la creación
de nuevos libros. Como parte de la comunidad
científica, representan a los autores,
apoyándoles en todas las dificultades
que pudiesen surgir a lo largo del proceso
de producción de las obras. Pueden
encontrar un listado, más estructurado,
de las tareas principales del editor científico
en el recuadro lateral. Por supuesto,
éstas obligaciones y sus prioridades
se redefinen, ocasionalmente, durante
el trabajo diario. Pero ése es
sólo uno de los aspectos más
interesantes de la vida del editor científico:
¡el estar siempre preparado para
esperar lo inesperado!
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