Agenda investigación | Investigación | Catalogadores | Becas y ayudas | Asociaciones | Jobs Net | Contacta | Versión en Portugués  
Google
Presentación del proyecto
  Rincón del doctorando
  Diario de una doctoranda   estadounidense
  Carrera investigadora
  Testimonios de   científicos en el   extranjero
  Mujeres científicas
  El rincón español
  El rincón latinoamericano
  Emigración
  Desarrollo profesional
  La ética en la ciencia
   · Biotecnología
   · Ciencia      medioambiental
   · Consultoría      empresarial
   · Cooperación      humanitaria
   · Derecho de patentes
   · Edición científica
   · Informática
   · Medicina alternativa
   · Nanotecnología
   · Traducción e      interpretación científica
   · Otras salidas

La edición como carrera científica

SUSAN KOESTER

DIVISIÓN DE PROGRAMAS DE INVESTIGACIÓN INTERNA
INSTITUTO NACIONAL DE SALUD MENTAL (NIH)

ESTADOS UNIDOS

1 DE FEBRERO, 2002

Al igual que muchos otros científicos que consideran salidas profesionales fuera del campo de la investigación, decidí buscar un puesto de redactora científica porque disfruto tanto con la ciencia como con la escritura. Una vez doctorada, y tras disfrutar de una beca de investigación posdoctoral, trabajé como editora, a jornada completa, para la revista Neuron, publicada por la editorial Cell Press. Me di cuenta muy rápidamente de que el puesto de editor sénior consistía principalmente en saber cuál es la investigación excepcional, de vanguardia, y en asegurarse de que ésa, y ninguna otra, era la investigación publicada en la revista.

Se tiende a creer que la labor de las revistas académicas es proporcionar un servicio a sus respectivos segmentos de público. Al final del día, sin embargo, las revistas también tienen que conseguir beneficios. La mayoría de las revistas están sustentadas por una combinación de cuotas de inscripción e ingresos por publicidad (y, en ocasiones, tarifas por página). Los anunciantes compran espacio de la revista basándose en su volumen de lectores (o sea, suscriptores), por lo que, en última instancia, las revistas ganan más dinero cuantas más suscripciones tengan. En Cell Press, al igual que en otras muchas revistas de gran impacto, la filosofía era asegurarse de que sus revistas publicaban los trabajos más importantes que todo el mundo quería leer, los que están en boca de todos. De este modo, la revista pasa a ser de "lectura obligatoria" para la comunidad científica. Al mismo tiempo, las revistas mantienen sus cuotas de suscripción lo suficientemente bajas como para que un alto porcentaje de científicos compren su propia suscripción en lugar de depender de un ejemplar prestado.

En mi experiencia, la edición científica tiene mucho más que ver con la comprensión de la ciencia y de los científicos que con la construcción de frases bonitas. El papel principal del editor es hacer de intermediario entre el autor y su audiencia. En una revista científica, los científicos son, principalmente, editores de contenido. Su labor es decidir qué trabajos son apropiados para publicación.

En el trabajo tuve que aprender rápido. Resultó ser de utilidad el que, en mi época de doctoranda, hubiese pasado "demasiado" tiempo asistiendo a seminarios y leyendo trabajos sobre áreas ajenas a mi propia investigación. La lectura de números recientes de varias revistas también me sirvió de introducción general a mi tarea. Una de las cosas más importantes que hice para ampliar mis conocimientos sobre un gran repertorio de temas de investigación fue asistir, anualmente, a varias reuniones. Me centré en reuniones pequeñas, exclusivas hasta cierto punto, sobre temas específicos, donde pudiese conocer y oír las intervenciones de un amplio espectro de investigadores sobre un campo muy concreto. Gracias a estas sesiones, pude saber quién se consideraba interesante dentro del área en cuestión (esto es, a quién se le invitaba a hablar sobre cada tema), quién estaba compitiendo por encontrar respuestas a las preguntas de más actualidad en un campo determinado, y quiénes eran los individuos que hacían preguntas incisivas y los que podrían, por lo tanto, ser revisores apropiados para esa área de conocimiento en particular.

Sin embargo, lo más importante fue la lectura de los manuscritos presentados a la revista, y de los comentarios de los revisores, que aclaran qué es lo que los investigadores encuentran interesante (y lo que no) y por qué. En la mayoría de las revistas, a los revisores de revistas se les hacen diferentes versiones de las siguientes dos preguntas sobre los manuscritos revisados: 1) ¿Es verídico? En otras palabras, ¿son los datos que aporta el trabajo suficiente como para poder apoyar las conclusiones como las explicaciones más probables de la realidad? 2) ¿Resulta interesante? Esto es, ¿encontrarán los lectores de esta revista las conclusiones lo suficientemente emocionantes como para convencerles de que la revista merece la pena ser leída? Es la respuesta a la segunda pregunta, la que se sustenta sobre factores más intangibles, la que acapara la mayor parte de los desacuerdos que surgen entre los editores de las revistas y los autores.

En algunas revistas, particularmente en aquellas con una alta tasa de recepción de manuscritos y una tasa baja de aceptación de los mismos, los editores deben tomar la decisión de si un manuscrito es digno o no del tiempo y el esfuerzo de los revisores. Basados en su experiencia con otros manuscritos de un área específica se preguntan: asumiendo que este trabajo sea verídico, ¿resulta también interesante? Es en esta fase cuando una carta de presentación bien escrita, adjunta al manuscrito, puede marcar toda la diferencia. Una explicación de por qué las conclusiones son interesantes y referencias a quiénes (obviedades aparte) encontrarán que el trabajo vale la pena, puede servir para convencer al editor de que el manuscrito bien merece pasar a la fase de revisión.

Una buena carta de presentación también sugiere revisores apropiados. Cuanto más amplio sea el contenido de la revista (y el espectro de sus probables lectores), más generales deberían ser los autores a la hora de pensar en los investigadores más adecuados para revisar sus manuscritos. El editor escoge revisores con la experiencia necesaria para responder las dos preguntas citadas anteriormente. Una vez más, suele ser la respuesta a la segunda cuestión la que convencerá al editor de si un manuscrito debería ser publicado. El editor confía en revisores con un estándar de "interés" semejante al suyo. Al mismo tiempo, sin embargo, siempre está al acecho de nuevos revisores susceptibles de ser incluidos en su lista de expertos.

A la luz de los comentarios de los revisores, el editor debe decidir qué hacer con cada trabajo. Típicamente, la respuesta no es un simple sí (luz verde para publicar) o no (rechazo). La respuesta más común es una versión de lo siguiente: "Este trabajo versa sobre un área interesante y describe algunas averiguaciones intrigantes. No obstante, no se ha realizado el experimento clave que hubiese permitido dar el gran salto a una conclusión convincente. Es ésta conclusión la que haría que este trabajo fuese de un gran interés". El editor deberá entonces decidir si está de acuerdo con el revisor y, a continuación, tratar de encontrar un modo de convencer al autor de que tal experimento clave realmente merece ser realizado si desea respaldar su manuscrito. Es la respuesta de los autores a este razonamiento la que típicamente determina si el manuscrito es finalmente aceptado para publicación. Si el experimento clave es imposible (podría ser que no se tuviesen ni los reactivos ni la tecnología necesaria para ello), el autor puede simplemente optar por presentar el manuscrito en otro sitio y probar suerte con una tanda diferente de revisores o con una revista con una filosofía diferente acerca de lo que es "interesante". Sin embargo, típicamente los autores saben cuál es el experimento clave, están precisamente trabajando en ello, y tanto puede que quieran como que no quieran incluirlo en este manuscrito en particular.

Habiendo estado en ambos lados del proceso de revisión de manuscritos, uno de los fenómenos más interesantes que observé fue la suposición, por parte de los autores, de que pueden descubrir quién ha revisado su trabajo y quién ha debido de ser responsable de que éste fuese rechazado. Como editor, me sorprendió comprobar cuán frecuentemente estas suposiciones eran incorrectas. En una ocasión, un autor me dijo que sabía que el Dr. X había rechazado su trabajo porque el Dr. X había alardeado de haber conseguido que su trabajo no entrase en la revista. Lo comprobé y constaté que tal Dr. X no había, en ningún caso, revisado dicho trabajo. También he visto a gente desacreditar a los revisores en base a impresiones, aparentemente falsas, de "parcialidad". Los competidores cercanos a uno a menudo no son los mejores revisores, pero suelen ser idóneos para hacer comentarios acerca del interés que pudiese tener el solucionar un problema específico. La asistencia a congresos científicos también me permitió conocer, de modo informal, a autores y autores potenciales, y explicar las decisiones y medidas de la revista que hubiésemos tomado. Pronto aprendí el valor de hablar cara a cara con los autores de los trabajos rechazados.

Hace unos años, abandoné mi puesto de editora para incorporarme a los Institutos Nacionales de Salud (NIH). En la actualidad, dirijo el proceso de revisión de manuscritos para el programa de investigación interna del Instituto Nacional de Salud Mental.


--------------------------------
Copyright © 2003 Portal Universia S.A. Todos los derechos reservados
(Avda. de Cantabria s/n - Edif. Arrecife, planta 00.28660 Boadilla del Monte) - Madrid. España.
Contacta con nosotros: Usuarios | Empresas-Instituciones-Medios comunicación
Código Ético | Aviso Legal | Política de confidencialidad | Quiénes somos: Sala de Prensa