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Chico conoce el mundo editorial

GARY BURD

THE BIOCHEMIST
DIRECTOR EJECUTIVO
LONDRES (REINO UNIDO)

01/02/02

Es una sencilla, aunque poco habitual, historia de amor. Chico conoce la ciencia: chico se enamora de la ciencia; chico se desenamora de la ciencia, pero consigue mantener con ella una buena amistad.

Cuando tenía dieciséis años, Dña. Taylor, mi profesora de inglés, me escribió en la parte de atrás de uno de los trabajos de redacción escrita que le pasé para corregir: "Iba a decirle que este relato es tan bueno como cualquiera de los cuentos infantiles que uno puede encontrar en la biblioteca, pero el giro inesperado, tan adulto, del final, me hizo cambiar de opinión. Querido alumno, ¿ha considerado la posibilidad de hacerse periodista?". Me emocionó la idea de que, efectivamente, tuviese la capacidad de sorprender, pero también la de que pudiese escribir.

Nunca había ni considerado siquiera la carrera de periodismo; mi sueño era ser veterinario. Por lo tanto, a la hora de escoger asignaturas en Secundaria, me centré en la biología, la química, las matemáticas y la física. Luego llegaron mis primeras experiencias en el mundo laboral. Tras dos años en el quirófano de un veterinario, observando cómo se le hacían autopsias a gatos, cómo se le ponía anestesia a los perros o cómo se le cincelaban los dientes a los caballos, cambié de opinión acerca de la profesión. Realmente no era lo mío. Aunque estaba contento con el conjunto de asignaturas de ciencias que había escogido para mis A-levels (en el sistema educativo británico, el examen de acceso a la universidad que se hace a los 18 años), en ese momento me encontré con que no sabía claramente qué es lo que quería hacer con mi vida profesional.

Mientras preparaba los A-levels, colaboré en el desastroso periódico escolar. Descubrí que me gustaba escribir artículos: las reseñas sobre la última obra de teatro del colegio no me fascinaban, pero un artículo que describiese, por ejemplo, cómo el Día de Valentín comenzó siendo un festival pagano rozando el límite de lo perverso, sí.

Llegó el momento de la gran decisión: ¿qué quería estudiar en la universidad? Me gustaban la biología y la química, pero las matemáticas me costaban demasiado, así que opté por la bioquímica. La época universitaria me encantó: encontré la confianza necesaria para ser yo mismo, hice amigos y aprendí a ser independiente. Nunca pensé en qué tipo de trabajo desempeñaría al terminar; si hubiese tenido un poco más de sentido, habría aprovechado para trabajar para alguno de los periódicos estudiantiles (periódicos decentes, en esta ocasión). La bioquímica, como titulación académica, también me gustó. La encontré interesante e incluso tuve la oportunidad de trabajar en un laboratorio en Italia durante cinco meses. No obstante, cuando estaba a punto de terminar la carrera, no tenía ni la más mínima idea de lo que quería hacer después.

Exploré varios caminos diferentes, entre otros el de la edición científica; solicité varios puestos e incluso me ofrecieron uno como editor ayudante para la revista Current Biology. Pero me dio la sensación de que los editores ayudantes tenían que revisar muchos textos por muy poco dinero. Al mismo tiempo, me ofrecieron la posibilidad de hacer un doctorado trabajando para el Kennedy Institute of Rheumatology y ¡pagaban más! Ya había trabajado en un laboratorio y me había gustado, mi supervisor parecía agradable y el lugar de trabajo tenía buena pinta. ¿Podía ser que la investigación académica fuese lo mío?

Cuando llevaba un año de doctorado ya sabía que ese tipo de vida no me iba, pero iba tirando confiando en que las cosas antes o después mejorarían. Pasó otro año y llegué a odiarlo, pero me faltaba demasiado poco para rendirme. Busqué entretenimientos y estímulos fuera del trabajo para compensar mi aburrimiento diario.

Me interesaba la Terrence Higgins Trust (THT), una asociación sin ánimo de lucro centrada en los problemas del SIDA y del virus VIH, y comencé a formarme con ellos para poder ayudar y aconsejar a los afectados por esta enfermedad. En ese momento, también descubrí que la THT estaba buscando a gente que quisiese colaborar en la elaboración de un boletín informativo para voluntarios. Comencé a escribir mensualmente para esta publicación, redactando artículos sobre las últimas novedades en tratamientos, información sobre infecciones secundarias y entrevistas con expertos.

Esta experiencia me cautivó -¡me encantaba este trabajo! Unos seis meses antes de finalizar mi doctorado, comencé seriamente a buscar trabajos en los campos de la redacción y la edición. El único lugar en el que se podía (y puede) encontrar trabajos de este tipo es en el Media Guardian. Solicité más de sesenta trabajos y obtuve dos entrevistas. Desengáñense: ¡no es tarea fácil!

Una de las entrevistas era para un trabajo como editor ayudante en un periódico de comercio titulado Laboratory News. El proceso de solicitud era laborioso porque exigía responder, en formato de artículo, a tres preguntas. Sólo seis personas tuvieron la perseverancia necesaria para solicitar el puesto, y al final me lo ofrecieron a mí. (La gente que me entrevistó me comentó más adelante que yo fui el único que se rió de sus bromas. Como íbamos a trabajar en equipo, mis empleadores tenían que estar seguros de que se llevarían bien conmigo tanto a nivel personal como profesional).

En Laboratory News, tuve la oportunidad de hacer un poco de todo, así que así comenzó mi formación en el campo editorial. Las tareas que tenía que realizar incluían encargar artículos a otros escritores, escribir los míos propios, elaborar perfiles de productos, dirigir el diseño de la publicación, pensar en maneras de aumentar los ingresos por publicidad y entrevistar a científicos.

Cuando trabajaba para Laboratory News, comencé a escribir informes de gestión para otra empresa en mi tiempo libre. Era una actividad sencilla y tediosa, pero lucrativa... Mi labor consistía en convertir una enorme pila de información en un informe con los puntos más relevantes, que la empresa luego vendía a los directores ejecutivos.

Los amigos y los amigos de los amigos son fuentes de conocimientos sobre oportunidades para obtener experiencia en redacción y edición. La oportunidad de redactar informes de gestión fue el resultado de un contacto que hice en mi época doctoral con alguien que se había trasladado a una agencia de organización de congresos. Asimismo, una oportunidad que tuve de publicar unos cuantos artículos en la revista T3 me surgió porque mi pareja conocía al editor. Incluso escribí reseñas sobre obras de teatro para un portal web a cambio de entradas gratuitas. Ya lo ve... ¡Láncese y obtenga experiencia!

Después de dos años ya era vice-editor, y sabía a ciencia cierta que incluso llegando a ser editor mi trabajo variaría poco, así que comencé a buscar otro desafío en el que pudiese aplicar mis recién adquiridas habilidades. Encontré un anuncio de empleo (de nuevo, en el Media Guardian) para un editor ejecutivo para la revista The Biochemist (la revista para los socios de la Biochemical Society). Pedían ser licenciado en bioquímica, un posgrado en algún área relacionada con la bioquímica y dos años de experiencia en una editorial. Habría hecho el tonto si no lo hubiese solicitado.

En la actualidad, llevo poco más de un año como director ejecutivo de The Biochemist. Me encanta la revista y todos los retos que supone. Encargo artículos específicos a científicos. A continuación, se pulen y editan para hacerlos accesibles, en la medida de lo posible, para todos los lectores: probablemente ésta sea mi tarea más difícil. También tenemos artículos que describen el trabajo de la Biochemical Society en sus múltiples facetas: organización de congresos, proyectos educativos y grupos de presión en el Parlamento representando a científicos. Yo dirijo el diseño de la revista (aunque no soy yo el que, de hecho, la diseña) y hasta ahora también he sido responsable de producción. La publicidad también es una actividad importante y trabajo codo a codo con nuestra agencia para aumentar los ingresos. La revista ha experimentado algunos cambios desde mi llegada y ha sido gratificante escuchar a la gente decir lo mucho que ha mejorado.

Así que, aunque mi formación es científica, mi carrera profesional se desarrolla en el mundo editorial. Lo genial es que, sin la formación que adquirí, no podría haber desempeñado el trabajo del que ahora me honro. Es la relación perfecta.


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