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En mi caso, empecé
a considerar la posibilidad de ser editora
de manuscritos de investigación
primaria cuando hacia el doctorado y estudiaba
los mecanismos bioquímicos que
subyacen a la recombinación genética
en bacterias. En retrospectiva, pienso
que esta incipiente ilusión tenía
más bien poco fundamento, ya que
apenas sabía nada acerca de las
especifidades de la profesión.
Por lo tanto, probablemente les resulte
útil que comience por describirles
cuáles son las actividades que
desempeña habitualmente un editor
de manuscritos. La labor principal del
editor es gestionar el paso de un mismo
manuscrito por las diferentes fases del
proceso de toma de decisiones: determinar,
en primer lugar, si vale la pena o no
que un determinado texto sea revisado
por parte de especialistas en su área;
escoger revisores capaces de evaluar el
trabajo científico en cuestión;
y finalmente decidir si dicho manuscrito
ha de ser publicado o no. Este último
apartado resulta, a menudo, más
complicado de lo que pueda parecer. Es
poco habitual que todos los revisores
coincidan en sus juicios y que, por lo
tanto, las decisiones sean sencillas,
no controvertidas. Asimismo, en la toma
de decisiones entran en juego factores
tales como el asegurarse de que se mantiene
la consistencia con respecto a otras decisiones
tomadas en el pasado, el ámbito
de la revista así como el estado
de la disciplina científica en
cuestión. Las discusiones relativas
a qué hacer con un trabajo son,
de hecho, el pan nuestro de cada día
en la vida editorial... Entre otras responsabilidades
del editor se incluye el encargar artículos
(ej. reseñas y columnas sobre puntos
de vista), el realizar visitas a laboratorios
y el asistir a congresos. En ocasiones,
el editor también tiene que escribir
pequeños textos (editoriales, por
ejemplo), pero esta faceta redactora tiene,
por lo general, poco peso en el conjunto
de sus actividades. Finalmente, está
la dimensión empresarial del trabajo
editorial, labor que requiere de una atención
constante con el fin de garantizar que
la revista está
cumpliendo todas sus promesas para con
sus lectores.
Aunque jamás
busqué formarme, de forma consciente,
para ejercer esta profesión, a
lo largo de mi etapa pre y posdoctoral
participé en muchas tareas que,
en retrospectiva, pienso que me beneficiaron
cuando comencé a buscar trabajo
como editora de manuscritos. Una de las
actividades que realicé fue colaborar
activamente en la revisión de los
artículos que las revistas científicas
enviaban a mis tutores. Por supuesto,
es más que deseable que cualquier
científico sea capaz leer un manuscrito
con cierta rapidez, sacar sus ideas principales
y evaluar sus posibles errores. En mi
caso, al practicar estas habilidades de
forma continua, pude recibir muchos sugerencias
por parte de mis tutores en relación
a la validez y a la conveniencia de mis
comentarios de evaluación de los
trabajos revisados y, de esta forma, aprendí
a enmarcar mis respuestas en el tono apropiado
(una destreza editorial quizás
poco apreciada y sin embargo vital es
la habilidad de expresar las propias opiniones
claramente). Si su tutor doctoral no tiene
la costumbre de dar trabajos para revisión
a los miembros de su laboratorio, pregúntele
si estaría dispuesto a enseñarle
como revisar un artículo científico.
Aunque esta tarea puede hacerse partiendo
de trabajos ya publicados, probablemente
resulte más revelador tener acceso
a artículos que todavía
están en fase de revisión,
por aquello de que en éstos todavía
puede haber errores. También puede
conseguir el mismo objetivo participando
en algún tipo de club periodístico,
particularmente si no está demasiado
masificado y tiene la posibilidad de desempeñar
actividades variadas.
Durante mi periodo
de formación también escribí
varias reseñas, tanto generales
como más especializadas. Estos
artículos me exigieron analizar
críticamente y sintetizar una ingente
cantidad de literatura científica
así como colocarla en el contexto
de los últimos avances de cada
campo. Finalmente, en la medida en que,
en calidad de editora, se me pide que
trate con manuscritos que versan sobre
un amplio repertorio de temas, vale la
pena habituarse a leer todo lo que buenamente
se pueda. Tengo la impresión de
que los editores tendemos a leer cada
vez menos desde el auge de las suscripciones
online y de PubMed. Dado que ahora es
posible encontrar trabajos relacionados
con un tema específico con una
simple herramienta de búsqueda,
se está perdiendo el hábito
de ir a la biblioteca y hojear los índices
de todas las nuevas revistas de la semana
y, con ello, la oportunidad de quedarse
hechizado en la lectura de un estudio
perteneciente a un campo distinto al propio.
El darse de alta en una lista electrónica
que distribuya mensajes alerta con los
índices de una serie de revistas
puede ayudar a combatir esta tendencia.
Personalmente, considero
que este tipo de preparación me
resultó valiosísima en el
momento en que tuve mi primera entrevista
para puesto de editora asociada en Nature
Cell Biology. La conversación
se centró rápidamente en
los aspectos más prácticos
del trabajo: ¿Puede resumir en
poco tiempo manuscritos sobre campos en
los que tiene poca experiencia? ¿Puede
presentar argumentos razonados en relación
a por qué un manuscrito debería
o no debería ser revisado? Partiendo
de los comentarios de varios revisores,
¿con qué criterios tomaría
una decisión y cómo defendería
su postura? Es probable que el entrevistador
esté buscando potencial en todas
estas áreas, más que conocimientos
en campos específicos. Mi experiencia,
desde luego, lo demuestra: a pesar de
que no tenía formación alguna
en biología celular, me ofrecieron
el trabajo dado que tenía cierta
experiencia en el arte de estas habilidades
clave. Aunque la curva de aprendizaje
que se me presentaba delante de mí
era sin duda harto pronunciada, me sentí
preparada para el trabajo desde el primer
día y experimenté los gozos
del trabajo bien hecho conforme me iba
sintiendo más cómoda con
los asuntos y con los científicos
que tenía bajo mi responsabilidad.
Desde hace relativamente poco, trabajo
para Cell
Press, donde soy editora senior
de Cell, Molecular Cell y Developmental
Cell. En este puesto tengo muchas
de las mismas responsabilidades editoriales
pero, a la vez, más independencia
a la hora de tomar decisiones.
Como profesión
alternativa al trabajo en el laboratorio,
la edición científica puede
parecer un mundo muy alejado de todo aquello
(las teorías, los experimentos...)
que se inculca en la universidad. Sin
embargo, para alguien que aspire a trabajar
en el campo académico o industrial,
las diferencias pueden ser menos visibles
de lo que uno pudiese imaginar. Simplemente
trate de pensar en el horario típico
de su tutor doctoral. La mayoría
de los jefes de laboratorio suelen pasar
una enorme cantidad de tiempo detrás
del ordenador y en reuniones, y a duras
penas consiguen dedicarse a la investigación
científica propiamente dicha. Lo
que le falta a la profesión editorial
es la oportunidad de crear, intelectualmente,
un proyecto propio y de desarrollarlo
hasta sus últimas consecuencias.
Sin embargo, como editor estoy siempre
rodeado de los últimos avances
científicos de muchos campos diferentes,
y resulta realmente gratificante ver como
un trabajo débil se va nutriendo
y fortaleciendo a través del proceso
editorial.
Por supuesto,
es difícil predecir los cambios
que puede sufrir esta profesión
en los próximos años, con
el actual debate en torno a las revistas
electrónicas, que están
considerando diferentes modelos de revisión
de manuscritos; pero en cualquier caso,
pienso que la tremenda experiencia que
estoy ganando como editora siembre será
un punto fuerte a mi favor, incluso si
terminan cambiando las exigencias de mi
profesión conforme evolucionamos
hacia una nueva era editorial.
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