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En el umbral de la investigación de vanguardia

ANGELA EGGLESTON

CELL PRESS
CAMBRIDGE, MASSACHUSETTS (EE.UU.)

08/02/02

 

¿Está considerando una carrera profesional en el ámbito de la edición científica, atraído por la posibilidad de estar en la vanguardia del discurso científico? Puede que haya oído que el número de vacantes para editores de manuscritos es reducido, y que son muchos los aspirantes a esta profesión. No obstante, dado que el trabajo no requiere unas cualificaciones específicas (tales como un título en periodismo), ¿cómo puede uno desarrollar, durante su formación científica, aquellas habilidades que pueden realzarlo en un proceso de selección frente a otros candidatos sin experiencia editorial previa?

En mi caso, empecé a considerar la posibilidad de ser editora de manuscritos de investigación primaria cuando hacia el doctorado y estudiaba los mecanismos bioquímicos que subyacen a la recombinación genética en bacterias. En retrospectiva, pienso que esta incipiente ilusión tenía más bien poco fundamento, ya que apenas sabía nada acerca de las especifidades de la profesión. Por lo tanto, probablemente les resulte útil que comience por describirles cuáles son las actividades que desempeña habitualmente un editor de manuscritos. La labor principal del editor es gestionar el paso de un mismo manuscrito por las diferentes fases del proceso de toma de decisiones: determinar, en primer lugar, si vale la pena o no que un determinado texto sea revisado por parte de especialistas en su área; escoger revisores capaces de evaluar el trabajo científico en cuestión; y finalmente decidir si dicho manuscrito ha de ser publicado o no. Este último apartado resulta, a menudo, más complicado de lo que pueda parecer. Es poco habitual que todos los revisores coincidan en sus juicios y que, por lo tanto, las decisiones sean sencillas, no controvertidas. Asimismo, en la toma de decisiones entran en juego factores tales como el asegurarse de que se mantiene la consistencia con respecto a otras decisiones tomadas en el pasado, el ámbito de la revista así como el estado de la disciplina científica en cuestión. Las discusiones relativas a qué hacer con un trabajo son, de hecho, el pan nuestro de cada día en la vida editorial... Entre otras responsabilidades del editor se incluye el encargar artículos (ej. reseñas y columnas sobre puntos de vista), el realizar visitas a laboratorios y el asistir a congresos. En ocasiones, el editor también tiene que escribir pequeños textos (editoriales, por ejemplo), pero esta faceta redactora tiene, por lo general, poco peso en el conjunto de sus actividades. Finalmente, está la dimensión empresarial del trabajo editorial, labor que requiere de una atención constante con el fin de garantizar que la revista está cumpliendo todas sus promesas para con sus lectores.

Aunque jamás busqué formarme, de forma consciente, para ejercer esta profesión, a lo largo de mi etapa pre y posdoctoral participé en muchas tareas que, en retrospectiva, pienso que me beneficiaron cuando comencé a buscar trabajo como editora de manuscritos. Una de las actividades que realicé fue colaborar activamente en la revisión de los artículos que las revistas científicas enviaban a mis tutores. Por supuesto, es más que deseable que cualquier científico sea capaz leer un manuscrito con cierta rapidez, sacar sus ideas principales y evaluar sus posibles errores. En mi caso, al practicar estas habilidades de forma continua, pude recibir muchos sugerencias por parte de mis tutores en relación a la validez y a la conveniencia de mis comentarios de evaluación de los trabajos revisados y, de esta forma, aprendí a enmarcar mis respuestas en el tono apropiado (una destreza editorial quizás poco apreciada y sin embargo vital es la habilidad de expresar las propias opiniones claramente). Si su tutor doctoral no tiene la costumbre de dar trabajos para revisión a los miembros de su laboratorio, pregúntele si estaría dispuesto a enseñarle como revisar un artículo científico. Aunque esta tarea puede hacerse partiendo de trabajos ya publicados, probablemente resulte más revelador tener acceso a artículos que todavía están en fase de revisión, por aquello de que en éstos todavía puede haber errores. También puede conseguir el mismo objetivo participando en algún tipo de club periodístico, particularmente si no está demasiado masificado y tiene la posibilidad de desempeñar actividades variadas.

Durante mi periodo de formación también escribí varias reseñas, tanto generales como más especializadas. Estos artículos me exigieron analizar críticamente y sintetizar una ingente cantidad de literatura científica así como colocarla en el contexto de los últimos avances de cada campo. Finalmente, en la medida en que, en calidad de editora, se me pide que trate con manuscritos que versan sobre un amplio repertorio de temas, vale la pena habituarse a leer todo lo que buenamente se pueda. Tengo la impresión de que los editores tendemos a leer cada vez menos desde el auge de las suscripciones online y de PubMed. Dado que ahora es posible encontrar trabajos relacionados con un tema específico con una simple herramienta de búsqueda, se está perdiendo el hábito de ir a la biblioteca y hojear los índices de todas las nuevas revistas de la semana y, con ello, la oportunidad de quedarse hechizado en la lectura de un estudio perteneciente a un campo distinto al propio. El darse de alta en una lista electrónica que distribuya mensajes alerta con los índices de una serie de revistas puede ayudar a combatir esta tendencia.

Personalmente, considero que este tipo de preparación me resultó valiosísima en el momento en que tuve mi primera entrevista para puesto de editora asociada en Nature Cell Biology. La conversación se centró rápidamente en los aspectos más prácticos del trabajo: ¿Puede resumir en poco tiempo manuscritos sobre campos en los que tiene poca experiencia? ¿Puede presentar argumentos razonados en relación a por qué un manuscrito debería o no debería ser revisado? Partiendo de los comentarios de varios revisores, ¿con qué criterios tomaría una decisión y cómo defendería su postura? Es probable que el entrevistador esté buscando potencial en todas estas áreas, más que conocimientos en campos específicos. Mi experiencia, desde luego, lo demuestra: a pesar de que no tenía formación alguna en biología celular, me ofrecieron el trabajo dado que tenía cierta experiencia en el arte de estas habilidades clave. Aunque la curva de aprendizaje que se me presentaba delante de mí era sin duda harto pronunciada, me sentí preparada para el trabajo desde el primer día y experimenté los gozos del trabajo bien hecho conforme me iba sintiendo más cómoda con los asuntos y con los científicos que tenía bajo mi responsabilidad. Desde hace relativamente poco, trabajo para Cell Press, donde soy editora senior de Cell, Molecular Cell y Developmental Cell. En este puesto tengo muchas de las mismas responsabilidades editoriales pero, a la vez, más independencia a la hora de tomar decisiones.

Como profesión alternativa al trabajo en el laboratorio, la edición científica puede parecer un mundo muy alejado de todo aquello (las teorías, los experimentos...) que se inculca en la universidad. Sin embargo, para alguien que aspire a trabajar en el campo académico o industrial, las diferencias pueden ser menos visibles de lo que uno pudiese imaginar. Simplemente trate de pensar en el horario típico de su tutor doctoral. La mayoría de los jefes de laboratorio suelen pasar una enorme cantidad de tiempo detrás del ordenador y en reuniones, y a duras penas consiguen dedicarse a la investigación científica propiamente dicha. Lo que le falta a la profesión editorial es la oportunidad de crear, intelectualmente, un proyecto propio y de desarrollarlo hasta sus últimas consecuencias. Sin embargo, como editor estoy siempre rodeado de los últimos avances científicos de muchos campos diferentes, y resulta realmente gratificante ver como un trabajo débil se va nutriendo y fortaleciendo a través del proceso editorial.

Por supuesto, es difícil predecir los cambios que puede sufrir esta profesión en los próximos años, con el actual debate en torno a las revistas electrónicas, que están considerando diferentes modelos de revisión de manuscritos; pero en cualquier caso, pienso que la tremenda experiencia que estoy ganando como editora siembre será un punto fuerte a mi favor, incluso si terminan cambiando las exigencias de mi profesión conforme evolucionamos hacia una nueva era editorial.


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