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Ahora
que estoy en el otro lado del muro, ¿qué
papel desempeño exactamente en
este misterioso proceso de publicación?
Los editores de Science
hacen, por supueto, precisamente eso:
editar. Yo dedico sobre un 15% de mi tiempo
a "mejorar" manuscritos. Frecuentemente,
mi tarea también consiste en guiar
a los autores de modo que puedan reducir
trabajos larguísimos a unas tres
hojas de revista relativamente inteligibles.
Debo admitir que me resulta muy gratificante
ver un artículo impreso, especialmente
aquellos para los que he trabajado; pero
en cualquier caso, ésta es sólo
la última fase de un proceso intensivo
de revisión que me consume una
porción importante de mi rutina
diaria.
Con cada trabajo,
mi primera tarea es llevar a cabo una
evaluación inicial del mismo. Como
parte de este proceso, suelo remitir los
manuscritos a miembros de la Junta de
editores/revisores de Science.
Los criterios que empleamos para decidir
si un trabajo en cuestión es merecedero
de una revisión en mayor profundidad
son: 1) si el trabajo parece representar
un avance científico significativo;
2) si es probable que interese a los lectores
de la revista. Dado que Science
representa todas las disciplinas científicas,
hay un espacio muy limitado en la revista
para cada materia, y consecuentemente
es mucha la competitividad: casi tres
cuartos de los manuscritos presentados
no consiguen saltar este primer obstáculo.
La obtención
de revisiones de un manuscrito implica
ponerse en contacto con dos o tres expertos
en el campo, algunos de los cuales pueden
haber sido sugeridos por la junta y otros
por los propios autores. En la medida
de lo posible, trato siempre de utilizar
árbitros que, por experiencias
pasadas, me consta que me van a ofrecer
evaluaciones constructivas. Una vez un
trabajo atraviesa la fase de revisión
y vuelve a mi mesa de trabajo, considero
los comentarios de los revisores y hago
circular el manuscrito por las manos de
otros compañeros para obtener otros
comentarios pertinentes. Luego llega la
hora de tomar la decisión. ¿Se
publica o no el trabajo? Ésta es
una de las partes de mi labor como editora
que me resultan más atractivas:
aunque el trabajo recibe input
de múltiples direcciones, al final
es el editor encargado de éste
el que toma la decisión final de
si va o no a ser publicado. En este respecto,
siempre tengo en mente el hecho de que
la investigación impresa en las
páginas de una revista como Science
puede llegar a tener un impacto considerable
en su campo. Siempre soy consciente de
esta posición de responsabilidad
a la hora de decidir qué manuscritos
(un 10% de los recibidos) llegarán
a la fase de publicación.
Tras tomar una decisión
personal en relación a un trabajo
concreto, mi siguiente tarea es presentárselo
a mis colegas en la reunión semanal
de editores que se celebra entre las dos
oficinas principales de Science,
en Washington, D.C. (EE.UU.) y en Cambridge
(Reino Unido), mediante vídeo conferencia.
Este encuentro, o esta "reunión
espacial", como la llamamos afectuosamente
entre nosotros, permite a cada editor
explicar la ciencia que se esconde detrás
de cada trabajo que ha pasado la fase
de revisión, además de detallar
las impresiones que de dicho trabajo han
expresado tanto revisores como miembros
de la junta, y en última instancia
justificar por qué se merece un
espacio dentro de la revista. Estas reuniones
son, para mí, realmente intensas,
dada la amplitud del repertorio de temas
tratados: en una semana cualquiera, uno
puedo oír hablar de temas tan diversos
como la vida de un neutrino, las pruebas
a favor de la existencia de agua en Marte,
la memoria de los elefantes o el crecimiento
de una célula nerviosa.
¿Qué
se requiere para ser editor en la revista
Science? En primer lugar, todos
los de la plantilla estamos en posesión
de títulos universitarios superiores,
habitualmente doctorados, y provenimos
de entornos de investigación en
los que hemos publicado nuestro propio
trabajo. Como inmunólogo, mi labor
investigadora se centraba en la biología
de los linfocitos-T: clave en la lucha
contra las infecciones, en la destrucción
de tumores y en el rechazo de trasplantes.
Mi fascinación por este tema comenzó
a fraguarse durante mi etapa de estudiante
de zoología en la universidad de
Nottingham (Reino Unido). Tras licenciarme,
viajé un poco y después
decidí hacer el doctorado en el
National Institute for Medical Research
en Mill Hill, en el Norte de Londres.
Tras doctorarme, me fui a los Estados
Unidos, donde pasé más de
cinco años investigando en uno
de los hospitales asociados a la Facultad
de Medicina de Harvard, en Boston. Tras
breves estancias posdoctorales en Dublín
y en el Reino Unidos, comencé a
trabajar en Science, como editor a cargo
del área de inmunología.
A estas alturas, había desarrollado
un gran interés por comunicar avances
científicos y siempre había
tenido en mente la idea de buscar puestos
que me permitiesen desarrollar esta vocación,
sin dejar de estar a la vanguardia de
la investigación. Me considero
un afortunado en la medida en que mi trabajo
actual me permite, precisamente, una mezcla
única de todos estos elementos.
Una parte crucial
de mi trabajo consiste en mantenerme al
día de los últimos avances
importantes de mi campo. Aparte de hojear
toda lo escrito sobre la materia, una
forma útil de realizar esta labor
es visitar laboratorios y asistir a reuniones
y congresos por todo el mundo. Tengo así
la posibilidad de conocer sitios nuevos,
a la vez que ejercito el cerebro, adquiriendo
continuamente ideas frescas. El estar
siempre actualizado en mi área
de especialidad es importante porque necesito
poder comprender, en detalle, la ciencia
que se presenta en los trabajos que leo
y en las conversaciones que mantengo con
científicos.
Por supuesto, esto
no quiere decir que todos los trabajos
(ni todos los científicos) son
inherentemente comprensibles, así
que también es importante ejercitar
la paciencia. Esto es igual de importante
en otros aspectos del trabajo. Por ejemplo,
a menudo tengo que comunicar el rechazo
de un trabajo a personas que, en ocasiones
con razón, no están de acuerdo
con la decisión tomada, o al menos
se sienten decepcionados. Creo que es
importante escuchar a estos autores y
hablar de sus preocupaciones -¡quizás
intervengan aquí mis propias experiencias
de rechazo y frustración!
El papel del
editor es mucho más variado de
lo que jamás imaginé y en
este mi primer año y medio en Science
me he visto inspirado por las numerosas
oportunidades que se me han brindado para
contribuir en la presentación de
los descubrimientos científicos
que publicamos. Estas experiencias como
editor me han permitido seguir aprendiendo:
no sólo he desarrollado una visión
mucho más amplia de la inmunología;
también soy ahora más consciente
que nunca de la importancia de la comunicación
clara, del respeto por la naturaleza humana
y de las buenas relaciones públicas.
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