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Combinando ciencias, letras y tecnología: una carrera profesional para los confusos o para los que tienen una buena cultura general

MICHELLE LEE

KITCHENER
ONTARIO (CANADÁ)

8 DE FEBRERO, 2002

 

Si se parece a mí, entró en la universidad con apenas una vaga idea de lo que hacer con su título una vez licenciado. Si se parece todavía más a mí, decidió hacer una carrera de ciencias no porque las ciencias fuesen su pasión sino porque sus tutores o los medios de comunicación le convencieron de que los "trabajos de verdad" se encuentran en los sectores científico, tecnológico y matemático. Aquellos que optaban por carreras de letras o por carreras de ciencias aplicadas ("los artistillas", según mi padre y mi hermano, ambos ingenieros mecánicos) estaban destinados a fracasar en el mundo real, regido por los números y la experimentación científica rigurosa.

Aunque esta afirmación, que prevalece hoy por hoy en tantos ámbitos, raramente puede calificarse de válida, el poseedor de un título de ciencias tiene una innegable ventaja de salida a la hora de enfrentarse al mercado laboral. El diploma es una llave hacia muchas y muy diversas vías profesionales. Yo tuve la suerte de descubrir bastante pronto que mis salidas laborales no se limitaban, ni mucho menos, a la investigación pura. Tuve esta agradable redención durante un periodo en el que trabajé como científico en el departamento de especies en peligro de extinción de Environment Canada.

Cuando trabajaba en esta empresa, comencé a anhelar mayores cotas de libertad creativa e interacción humana. Me encontré envidiando a los editores y a los compañeros de diseño gráfico que contratábamos para diseñar las publicaciones y portales web. En secreto, codiciaba el trabajo de la colega del departamento de comunicación que trabajaba en el cubículo anexo al mío, que se pasaba al día al teléfono organizando nuevos proyectos educativos de divulgación. ¡Qué realizada me sentiría pudiendo crear y comunicar! ¡Qué gratificante sería poder terminar el día habiendo producido algo con mi nombre!

Poco después de haber alcanzado este nuevo estado de auto-conciencia, empecé a trabajar como editora ejecutiva para una revista científica llamada Conservation Ecology. Al principio, no sabía del todo en qué me estaba metiendo, pero pronto aprendí que el editor ejecutivo es responsable de la publicación, oportuna y sin contratiempos, de cada número de la revista. Sólo conocía el proceso de revisión de artículos desde la perspectiva de la estudiante de posgrado desesperada por tener algo publicado.

Pronto me sumergí en la psicología y en la ética de la revisión de trabajos desde la perspectiva de la revista como entidad. Motivar a los científicos para que dediquen parte de su tiempo a revisar y editar manuscritos gratuitamente es una tarea desafiante que requiere diplomacia, persistencia y confianza en uno mismo. La producción de publicaciones dentro de los plazos fijados exige una supervisión rigurosa de todas y cada una de las tareas que forman parte de la cadena de publicación, desde la entrega de manuscritos a la publicación de los trabajos.

La gestión de personal satisfizo mis ansias de contacto humano. Aunque la mayor parte de mis interacciones interpersonales no dejan de tener la forma de fastidiosos emails o llamadas telefónicas a revisores y editores de estilo que se demoran en sus entregas, debo reconocer que, desde el punto de vista de la comunicación, siempre he obtenido resultados sorprendentemente positivos. A estas alturas todavía no sé a ciencia cierta si esto se debe a que la mayoría de los investigadores científicos son personas extremadamente buenas y comprensivas o, lo que es más probable, que buena parte de los autores confundan mi trabajo como editor ejecutivo con el de editor jefe (que tiene potestad para decidir qué se publica y qué no).

En cualquier caso, el gestionar y supervisar las tareas de los revisores de estilo remunerados, y una amplia red de editores y revisores voluntarios me ha ayudado a mejorar mis habilidades comunicativas y de organización. He aprendido que la procrastinación no es una opción en el mundo editorial. Una tarea ignorada durante un periodo de tiempo considerable puede conducir a una serie de pequeños desastres que a su vez culminan en una oleada de autores contrariados, revisores frustrados y en un editor ejecutivo avergonzado.

Las innumerables posibilidades de la publicación digital también saciaron mi sed de creatividad. En mis primeros meses como editor ejecutivo me centré en aprender HTML, Java Script y Unix lo más rápido posible con el fin de poder gestionar el portal online de la revista en sus niveles más básicos y funcionales. Una vez supe manejar el lenguaje de hipertexto, y conforme descubría el potencial inexplorado del medio electrónico para mejorar la comunicación científica y promover el diálogo, mi atracción hacia el mundo editorial online fue en imparable aumento.

Las oportunidades abarcaban desde la mejora del aspecto externo de la revista a la creación de foros de discusión en los que científicos pudiesen compartir impresiones sobre artículos publicados, a tiempo real, y al fortalecimiento de los vínculos entre la investigación científica y las ciencias aplicadas. Algunas de las herramientas necesarias para lograr estos objetivos incluyen conocimientos de diseño y la edición web. ¿Otras? Fuertes habilidades de pensamiento creativo - para poder hacer realidad nuevas ideas - y perseverancia para que éstas se implanten.

Para mí, la edición científica es una combinación perfecta de ciencia, letras y tecnología. Me ha permitido continuar trabajando en el campo científico pero sin abandonar las áreas de la comunicación y la creatividad. He podido, por fin, edificar un puente entre mi ambición de trabajar en un campo respetado socialmente y mis enormes ansias de crear. ¡Soy un "artistilla" y estoy muy orgullosa!


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