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Aunque
esta afirmación, que prevalece
hoy por hoy en tantos ámbitos,
raramente puede calificarse de válida,
el poseedor de un título de ciencias
tiene una innegable ventaja de salida
a la hora de enfrentarse al mercado laboral.
El diploma es una llave hacia muchas y
muy diversas vías profesionales.
Yo tuve la suerte de descubrir bastante
pronto que mis salidas laborales no se
limitaban, ni mucho menos, a la investigación
pura. Tuve esta agradable redención
durante un periodo en el que trabajé
como científico en el departamento
de especies en peligro de extinción
de Environment
Canada.
Cuando trabajaba
en esta empresa, comencé a anhelar
mayores cotas de libertad creativa e interacción
humana. Me encontré envidiando
a los editores y a los compañeros
de diseño gráfico que contratábamos
para diseñar las publicaciones
y portales web. En secreto, codiciaba
el trabajo de la colega del departamento
de comunicación que trabajaba en
el cubículo anexo al mío,
que se pasaba al día al teléfono
organizando nuevos proyectos educativos
de divulgación. ¡Qué
realizada me sentiría pudiendo
crear y comunicar! ¡Qué gratificante
sería poder terminar el día
habiendo producido algo con mi nombre!
Poco después
de haber alcanzado este nuevo estado de
auto-conciencia, empecé a trabajar
como editora ejecutiva para una revista
científica llamada Conservation
Ecology. Al principio, no sabía
del todo en qué me estaba metiendo,
pero pronto aprendí que el editor
ejecutivo es responsable de la publicación,
oportuna y sin contratiempos, de cada
número de la revista. Sólo
conocía el proceso de revisión
de artículos desde la perspectiva
de la estudiante de posgrado desesperada
por tener algo publicado.
Pronto me sumergí
en la psicología y en la ética
de la revisión de trabajos desde
la perspectiva de la revista como entidad.
Motivar a los científicos para
que dediquen parte de su tiempo a revisar
y editar manuscritos gratuitamente es
una tarea desafiante que requiere diplomacia,
persistencia y confianza en uno mismo.
La producción de publicaciones
dentro de los plazos fijados exige una
supervisión rigurosa de todas y
cada una de las tareas que forman parte
de la cadena de publicación, desde
la entrega de manuscritos a la publicación
de los trabajos.
La gestión
de personal satisfizo mis ansias de contacto
humano. Aunque la mayor parte de mis interacciones
interpersonales no dejan de tener la forma
de fastidiosos emails o llamadas telefónicas
a revisores y editores de estilo que se
demoran en sus entregas, debo reconocer
que, desde el punto de vista de la comunicación,
siempre he obtenido resultados sorprendentemente
positivos. A estas alturas todavía
no sé a ciencia cierta si esto
se debe a que la mayoría de los
investigadores científicos son
personas extremadamente buenas y comprensivas
o, lo que es más probable, que
buena parte de los autores confundan mi
trabajo como editor ejecutivo con el de
editor jefe (que tiene potestad para decidir
qué se publica y qué no).
En cualquier caso,
el gestionar y supervisar las tareas de
los revisores de estilo remunerados, y
una amplia red de editores y revisores
voluntarios me ha ayudado a mejorar mis
habilidades comunicativas y de organización.
He aprendido que la procrastinación
no es una opción en el mundo editorial.
Una tarea ignorada durante un periodo
de tiempo considerable puede conducir
a una serie de pequeños desastres
que a su vez culminan en una oleada de
autores contrariados, revisores frustrados
y en un editor ejecutivo avergonzado.
Las innumerables
posibilidades de la publicación
digital también saciaron mi sed
de creatividad. En mis primeros meses
como editor ejecutivo me centré
en aprender HTML, Java Script y Unix lo
más rápido posible con el
fin de poder gestionar el portal online
de la revista en sus niveles más
básicos y funcionales. Una vez
supe manejar el lenguaje de hipertexto,
y conforme descubría el potencial
inexplorado del medio electrónico
para mejorar la comunicación científica
y promover el diálogo, mi atracción
hacia el mundo editorial online fue en
imparable aumento.
Las oportunidades
abarcaban desde la mejora del aspecto
externo de la revista a la creación
de foros de discusión en los que
científicos pudiesen compartir
impresiones sobre artículos publicados,
a tiempo real, y al fortalecimiento de
los vínculos entre la investigación
científica y las ciencias aplicadas.
Algunas de las herramientas necesarias
para lograr estos objetivos incluyen conocimientos
de diseño y la edición web.
¿Otras? Fuertes habilidades de
pensamiento creativo - para poder hacer
realidad nuevas ideas - y perseverancia
para que éstas se implanten.
Para mí,
la edición científica es
una combinación perfecta de ciencia,
letras y tecnología. Me ha permitido
continuar trabajando en el campo científico
pero sin abandonar las áreas de
la comunicación y la creatividad.
He podido, por fin, edificar un puente
entre mi ambición de trabajar en
un campo respetado socialmente y mis enormes
ansias de crear. ¡Soy un "artistilla"
y estoy muy orgullosa!
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