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En los seis años
que han transcurrido desde que dejé
de ser investigadora posdoctoral para
hacerme editora, he trabajado en dos revistas
bastante dispares: Trends in Cell Biology
y, en la actualidad, Cell (y Developmental
Cell). Existen claras diferencias entre
Cell y TCB en cuanto al trabajo del día
a día y las habilidades que éste
requiere, pero también muchas similitudes.
Trataré ambas aquí, esperando
que sea de utilidad para todo aquel que
esté pensando en el tipo de puesto
editorial que le sería más
adecuado.
Cualquier trabajo
en la editorial de una revista implica
leer y pensar sobre un repertorio de temas
amplio y más variado que el de
la mayoría de los investigadores.
En gran medida, hacerse editor es como
volver a ser estudiante: vuelves a leer,
a aprender, a pensar sobre múltiples
disciplinas diferentes y estás
obligado a cambiar de tema varias veces
a lo largo del día. Es éste
un trabajo para personas que se lo pasan
bien aprendiendo y que disfrutan pensando
analíticamente acerca de una extensa
gama de temas. Por supuesto, una gran
diferencia es que utilizamos nuestros
análisis para tomar decisiones
editoriales. En ambos trabajos, me he
dado cuenta de que es valioso tener formación
en diferentes áreas temáticas
y sistemas experimentales, ya que resulta
realmente útil tener una comprensión
y unos conocimientos subyacentes más
amplios que los que puede aportar trabajar
en una única área. Un editor
de una revista de evaluación de
trabajos como la serie Trends, dedica
menos tiempo a analizar datos experimentales
y, por lo tanto, este aspecto de la formación
investigadora desempeña un papel
menor. Sin embargo, una sólida
base en áreas temáticas
muy diferentes entre sí es útil
para cualquier trabajo editorial y la
experiencia en campos diversos constituye
un definitivo punto a favor a la hora
de seleccionar candidatos. A pesar de
que puede que sea bastante complicado
que un estudiante o investigador posdoctoral
asista a conferencias sobre campos ajenos
al suyo, el participar en seminarios es
muy útil para estar al día
con las novedades generales que se dan
en el campo de la investigación,
y animaría a cualquier aspirante
a editor a aprovechar todas las oportunidades
que, en este sentido, se le presenten
en su Centro de Investigación.
En Cell, formo parte
de un equipo grande de editores implicados
en una amplia gama de actividades relacionadas
con la evaluación, revisión
y publicación de trabajos y con
la realización de críticas
y reseñas breves. Es un esfuerzo
conjunto y pasamos mucho tiempo discutiendo
artículos y decisiones. La tarea
es siempre estimulante, tanto desde el
punto de vista práctico como del
intelectual, y la mayoría de la
gente que se pasa al campo editorial encuentra,
sobre todo al principio, que su labor
es considerablemente más intensa
y agotadora que la que realizaba en el
laboratorio.
Como editor adjunto,
le doy (¡confío!) un buen
uso a mi experiencia, dedicando una parte
importante de mi tiempo a asesorar y a
formar a mis colegas en todos los niveles
del proceso editorial: evaluación
inicial de los trabajos, selección
de revisores, decisiones posteriores a
las revisiones, peticiones, y en todas
las áreas en las que estos crean
que pueden necesitar ayuda. Paso más
tiempo que otros tratando asuntos generales
o de planificación: el contenido
y el equilibrio global de cada uno de
los números de la revista, el cumplimiento
de los plazos, la consistencia en los
niveles de calidad y la comunicación
con otros departamentos (ej. suscripciones,
marketing), con el fin de realizar las
correspondientes aportaciones científicas
y editoriales requeridas. Una parte importante
de esta labor está basada en habilidades
que adquirí cuando comencé
a trabajar en el mundo editorial, y es
difícil establecer relaciones directas
con mi formación científica.
Sospecho que mi tarea se semeja más
a la de un investigador senior o a la
del director de una empresa de biotecnología,
que a nada que haya experimentado siendo
estudiante o investigador posdoctoral.
Las revistas Trends
están dirigidas por equipos editoriales
mucho más pequeños. Cuando
era editor de la TCB era en buena parte,
responsable de que hubiese suficientes
contenidos para cada publicación
mensual. Esto exigía encargar artículos,
coordinar su revisión, supervisar
los procesos de edición y asegurarse
de que se satisficiesen los plazos establecidos.
Como editor, tenía total libertad
con respecto al equilibrio global, el
contenido y la personalidad de la revista.
Esto, aunque asusta un poco al principio,
es divertido y te hace sentir orgulloso
y dueño del contenido de la publicación.
Este nivel de control y flexibilidad también
te otorga más libertad para desarrollar
tu creatividad que otras revistas como
Cell. Sin embargo, la tarea dista mucho
de las habilidades adquiridas en el entorno
académico para evaluar trabajos
de investigación. Mi curva de aprendizaje
inicial fue más pronunciada de
lo que hubiese sido si hubiese pasado
directamente del campo de la investigación
a una publicación primaria, ya
que me involucré inmediatamente
en muchas áreas del mundo editorial
en las que tenía poca o ninguna
experiencia. Aprendí que también
era necesario que comenzase a planificar
mi trabajo diario de modo diferente a
como lo hacía en el laboratorio.
Necesité algún tiempo para
acomodarme a las nuevas exigencias.
Una de las razones
por las cuales muchos editores dicen haberse
trasladado al mundo editorial es su interés
por leer y escribir sobre temas científicos.
Es importarte darse cuenta que ser editor
es muy diferente a ser escritor, y aunque
los editores sí que tienen a veces
oportunidades para escribir, estas oportunidades
no constituyen normalmente una parte central
del trabajo. Un editor de una revista
de evaluación de trabajos como
TCB, dedica una parte significativa de
su tiempo a editar artículos para
que resulten claros, sencillos y de agradable
lectura. Un talento e incluso un gusto
especial por esta tarea constituye una
ventaja clara, y esta habilidad puede
desarrollarse con relativa facilidad mientras
se trabaja en el laboratorio. Antes de
solicitar mi primer empleo en una editorial,
me esforcé por obtener información
sobre dicho mundo, acudiendo a editoras
y escribiendo artículos más
y menos largos siempre que me surgía
la oportunidad. También ayudaba
voluntariamente a mis colegas con la redacción
de sus trabajos, críticas y solicitudes
de beca. Un editor de una publicación
primaria no requiere un dominio magistral
del inglés, pero el tener un buen
control del idioma es muy útil
para editar críticas y para cerciorarse
de que los trabajos de investigación
se presentan de un modo claro y accesible.
Otra buena forma de prepararse, y en especial
para un trabajo en una publicación
primaria, es involucrarse en la revisión
de los trabajos de tus compañeros:
ésta es una experiencia valiosa
para casi cualquier trabajo científico,
no sólo para el campo editorial.
En conjunto, creo
que uno de las principales cambios bruscos
a los que uno se enfrenta cuando pasa
de la mesa de trabajo a la hoja impresa
es algo para lo que es muy difícil
prepararse con antelación: los
cambios de ritmo. Las escalas de tiempo
fluctúan de meses e incluso años
a semanas y días, y hay pocos días
lentos. Algo que sí que no cambia,
y a lo que los científicos académicos
están ya más que acostumbrados,
son las largas jornadas de trabajo. El
café mañanero sigue siendo
mi ritual.
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