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El mundo de los editores: la vuelta a los libros

DEBORAH SWEET
EE.UU.

 

"¿A qué te dedicas exactamente?" "¿Tienes formación científica?" "¿Por qué abandonaste el campo de la ciencia?" Son preguntas que surgen bastante a menudo cuando digo que soy editora científica. Al principio, me sentía casi insultada: ¿cómo podía alguien pensar que carecía de preparación científica o que ya no estaba involucrada en la ciencia? Sin embargo, ahora me doy cuenta de que todas estas preguntas surgen fundamentalmente por un cierto misterio generalizado en torno a la labor del editor científico y al papel que desempeña la formación científica en ésta.

En los seis años que han transcurrido desde que dejé de ser investigadora posdoctoral para hacerme editora, he trabajado en dos revistas bastante dispares: Trends in Cell Biology y, en la actualidad, Cell (y Developmental Cell). Existen claras diferencias entre Cell y TCB en cuanto al trabajo del día a día y las habilidades que éste requiere, pero también muchas similitudes. Trataré ambas aquí, esperando que sea de utilidad para todo aquel que esté pensando en el tipo de puesto editorial que le sería más adecuado.

Cualquier trabajo en la editorial de una revista implica leer y pensar sobre un repertorio de temas amplio y más variado que el de la mayoría de los investigadores. En gran medida, hacerse editor es como volver a ser estudiante: vuelves a leer, a aprender, a pensar sobre múltiples disciplinas diferentes y estás obligado a cambiar de tema varias veces a lo largo del día. Es éste un trabajo para personas que se lo pasan bien aprendiendo y que disfrutan pensando analíticamente acerca de una extensa gama de temas. Por supuesto, una gran diferencia es que utilizamos nuestros análisis para tomar decisiones editoriales. En ambos trabajos, me he dado cuenta de que es valioso tener formación en diferentes áreas temáticas y sistemas experimentales, ya que resulta realmente útil tener una comprensión y unos conocimientos subyacentes más amplios que los que puede aportar trabajar en una única área. Un editor de una revista de evaluación de trabajos como la serie Trends, dedica menos tiempo a analizar datos experimentales y, por lo tanto, este aspecto de la formación investigadora desempeña un papel menor. Sin embargo, una sólida base en áreas temáticas muy diferentes entre sí es útil para cualquier trabajo editorial y la experiencia en campos diversos constituye un definitivo punto a favor a la hora de seleccionar candidatos. A pesar de que puede que sea bastante complicado que un estudiante o investigador posdoctoral asista a conferencias sobre campos ajenos al suyo, el participar en seminarios es muy útil para estar al día con las novedades generales que se dan en el campo de la investigación, y animaría a cualquier aspirante a editor a aprovechar todas las oportunidades que, en este sentido, se le presenten en su Centro de Investigación.

En Cell, formo parte de un equipo grande de editores implicados en una amplia gama de actividades relacionadas con la evaluación, revisión y publicación de trabajos y con la realización de críticas y reseñas breves. Es un esfuerzo conjunto y pasamos mucho tiempo discutiendo artículos y decisiones. La tarea es siempre estimulante, tanto desde el punto de vista práctico como del intelectual, y la mayoría de la gente que se pasa al campo editorial encuentra, sobre todo al principio, que su labor es considerablemente más intensa y agotadora que la que realizaba en el laboratorio.

Como editor adjunto, le doy (¡confío!) un buen uso a mi experiencia, dedicando una parte importante de mi tiempo a asesorar y a formar a mis colegas en todos los niveles del proceso editorial: evaluación inicial de los trabajos, selección de revisores, decisiones posteriores a las revisiones, peticiones, y en todas las áreas en las que estos crean que pueden necesitar ayuda. Paso más tiempo que otros tratando asuntos generales o de planificación: el contenido y el equilibrio global de cada uno de los números de la revista, el cumplimiento de los plazos, la consistencia en los niveles de calidad y la comunicación con otros departamentos (ej. suscripciones, marketing), con el fin de realizar las correspondientes aportaciones científicas y editoriales requeridas. Una parte importante de esta labor está basada en habilidades que adquirí cuando comencé a trabajar en el mundo editorial, y es difícil establecer relaciones directas con mi formación científica. Sospecho que mi tarea se semeja más a la de un investigador senior o a la del director de una empresa de biotecnología, que a nada que haya experimentado siendo estudiante o investigador posdoctoral.

Las revistas Trends están dirigidas por equipos editoriales mucho más pequeños. Cuando era editor de la TCB era en buena parte, responsable de que hubiese suficientes contenidos para cada publicación mensual. Esto exigía encargar artículos, coordinar su revisión, supervisar los procesos de edición y asegurarse de que se satisficiesen los plazos establecidos. Como editor, tenía total libertad con respecto al equilibrio global, el contenido y la personalidad de la revista. Esto, aunque asusta un poco al principio, es divertido y te hace sentir orgulloso y dueño del contenido de la publicación. Este nivel de control y flexibilidad también te otorga más libertad para desarrollar tu creatividad que otras revistas como Cell. Sin embargo, la tarea dista mucho de las habilidades adquiridas en el entorno académico para evaluar trabajos de investigación. Mi curva de aprendizaje inicial fue más pronunciada de lo que hubiese sido si hubiese pasado directamente del campo de la investigación a una publicación primaria, ya que me involucré inmediatamente en muchas áreas del mundo editorial en las que tenía poca o ninguna experiencia. Aprendí que también era necesario que comenzase a planificar mi trabajo diario de modo diferente a como lo hacía en el laboratorio. Necesité algún tiempo para acomodarme a las nuevas exigencias.

Una de las razones por las cuales muchos editores dicen haberse trasladado al mundo editorial es su interés por leer y escribir sobre temas científicos. Es importarte darse cuenta que ser editor es muy diferente a ser escritor, y aunque los editores sí que tienen a veces oportunidades para escribir, estas oportunidades no constituyen normalmente una parte central del trabajo. Un editor de una revista de evaluación de trabajos como TCB, dedica una parte significativa de su tiempo a editar artículos para que resulten claros, sencillos y de agradable lectura. Un talento e incluso un gusto especial por esta tarea constituye una ventaja clara, y esta habilidad puede desarrollarse con relativa facilidad mientras se trabaja en el laboratorio. Antes de solicitar mi primer empleo en una editorial, me esforcé por obtener información sobre dicho mundo, acudiendo a editoras y escribiendo artículos más y menos largos siempre que me surgía la oportunidad. También ayudaba voluntariamente a mis colegas con la redacción de sus trabajos, críticas y solicitudes de beca. Un editor de una publicación primaria no requiere un dominio magistral del inglés, pero el tener un buen control del idioma es muy útil para editar críticas y para cerciorarse de que los trabajos de investigación se presentan de un modo claro y accesible. Otra buena forma de prepararse, y en especial para un trabajo en una publicación primaria, es involucrarse en la revisión de los trabajos de tus compañeros: ésta es una experiencia valiosa para casi cualquier trabajo científico, no sólo para el campo editorial.

En conjunto, creo que uno de las principales cambios bruscos a los que uno se enfrenta cuando pasa de la mesa de trabajo a la hoja impresa es algo para lo que es muy difícil prepararse con antelación: los cambios de ritmo. Las escalas de tiempo fluctúan de meses e incluso años a semanas y días, y hay pocos días lentos. Algo que sí que no cambia, y a lo que los científicos académicos están ya más que acostumbrados, son las largas jornadas de trabajo. El café mañanero sigue siendo mi ritual.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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