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La mayoría de los
países del mundo tiene leyes de patentes
que estipulan qué es lo que se puede (y
qué es lo que no se puede) patentar. En
general, si la invención en cuestión es
nueva (es decir, si no ha sido revelada
al público), si no es obvia y si tiene
alguna aplicación industrial, debería
ser posible patentarla (con la excepción
de unas cuantas categorías que quedarían
excluidas).
Volvamos entonces
al principio: ¿de dónde proceden los abogados
de patentes? En mi caso, estudié Química
y Bioquímica en el Queen Mary College
(en la actualidad QMW), en Londres. Tras
licenciarme, quería seguir utilizando
mi titulación en un entorno menos oloroso
que el laboratorio. Decidí que había llegado
el momento de colgar la bata. Desempeñé
mi primer trabajo en el departamento de
patentes de una importante empresa farmacéutica,
donde me formaron en el área de las patentes.
En mi opinión, éste es un trabajo increíble.
Mi formación científica resulta esencial
ya que al abogado especialista en patentes
se le exige hablar el mismo idioma que
los inventores (en mi caso, químicos,
bioquímicos, biólogos moleculares, etc.).
La naturaleza misma de las patentes requiere
que el abogado sea informado de la invención
tan pronto como sale del horno y, por
lo tanto, uno tiene el privilegio de estar
a la vanguardia de la ciencia sin tener
que mancharse las manos. La intervención
del abogado de patentes puede comenzar
con el descubrimiento de una nueva clase
de potenciales candidatos a fármacos,
y continuar con el seguimiento de todo
el desarrollo del producto. Además de
redactar y presentar solicitudes de patentes
para proteger las invenciones de sus clientes
(o de su empresa), también puede que se
le pida asesoramiento sobre patentación
y sobre estrategias de patentación, o
sobre la libertad de maniobra de su cliente,
a la vista de las patentes de otros. Tras
algunos años de experiencia - y es en
este momento cuando la profesión deviene
realmente interesante - puede que se involucre
en pleitos; por ejemplo, hacer cumplir
los derechos de patentes de su empresa
o de su cliente frente a un infractor,
o defenderlos contra una alegación de
infracción.
Para ser un Agente
Europeo de Patentes y también para ser,
en el Reino Unido, un Agente Registrado,
necesitará una licenciatura de Ciencias
con buenas calificaciones (y opcionalmente
un Doctorado). La formación comienza en
el trabajo - en otras palabras, uno comienza
con la formación técnica y luego va aprendiendo
la legislación (el derecho escrito y la
jurisprudencia) in situ. La obtención
de las cualificaciones europea y británica
suele llevar un mínimo de cuatro años
trabajando bajo la tutela de un abogado
plenamente cualificado, y a lo largo de
dicho periodo uno tiene que ir aprobando
una serie de rigurosos exámenes. No diría
la verdad si dijese que son fáciles (la
tasa de aprobados en el Reino Unido es
tremendamente baja), pero teniendo en
cuenta que uno será responsable de convertir
las ideas de alguien en un documento jurídico
que puede necesitar superar el escrutinio
de los tribunales (posiblemente en todo
el mundo), es comprensible que se deba
demostrar un altísimo grado de competencia.
Los abogados de patentes
suelen pertenecer a una de las siguientes
tres categorías: especialistas en química,
en electrónica o en mecánica. Después
existe la doble opción de o bien trabajar
en un bufete privado o dentro de una industria.
Los bufetes constituyen buenos campos
de formación, en los que debería poder
conseguir una gran variedad de experiencia,
se habituaría a rellenar impresos y, sin
duda, sentiría que trabaja demasiado por
muy poco dinero. Para unos pocos afortunados,
siempre existe la posibilidad de que le
toque el gordo y le hagan socio de la
empresa. Por otra parte, desde mi perspectiva
de experto en patentes de una industria,
yo estoy muy involucrado con una serie
de proyectos de investigación y, consecuentemente,
en mi opinión, me siento más comprometido
con mi trabajo. Lo que yo hago tiene un
efecto directo en la empresa, y el rendimiento
de la empresa tiene un efecto directo
en mí. El trabajo implica bastante responsabilidad,
pero esto se refleja en los salarios.
Y si en un momento dado decide que los
bufetes no son lo suyo, siempre es fácil
saltar al campo de la industria, y viceversa.
Según mi experiencia,
un abogado especialista en patentes está
siempre aprendiendo y, por ello, debe
ser avispado, para poder comprender las
nuevas tecnologías y métodos científicos.
El tener vista para los detalles (otros
hablarían de tener un carácter pedante)
también es esencial, ya que puede ser
crucial para la protección de los intereses
del cliente. Conforme vaya adquiriendo
más experiencia, surgirá la posibilidad
de poner a prueba sus habilidades para
la abogacía ante la Oficina Europea de
Patentes. Y si logra introducirse en el
mundo de los pleitos, el estar dando el
mejor asesoramiento sobre patentes a nivel
mundial asegurará que sus habilidades
científicas y jurídicas están puestas
a la más dura de las pruebas.
Pensándolo bien,
cuando empecé mis estudios universitarios
jamás pensé en ser abogado de patentes.
Todo lo que sabía es que no iba a tirar
por la borda los 3 años de mi licenciatura.
Catorce años más tarde debo admitir que
fue mi más acertada transición profesional.
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