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Dado
que quería estar en contacto con el mundo
de la ciencia, emprendí la búsqueda de
otra carrera profesional en la que pudiese
darle un buen uso a mi formación académica.
El campo del derecho de patentes parecía
brindarme la mejor oportunidad de permanecer
en contacto con la ciencia más actual,
ya que no hay un día en el que los abogados
de patentes no tengan que ocuparse de
la ciencia más vanguardista.
Una vez hube decidido
que el derecho de patentes era el ámbito
profesional en el que me quería introducir,
pensé en trabajar como agente de patentes.
Los agentes de patentes están habilitados
para preparar y procesar patentes, pero
no están graduados en Derecho. Aunque
éste hubiese sido un camino más rápido
y sencillo, opté por morder la bala e
ir a una Escuela de Derecho (Law School).
En aquel entonces, no tenía apenas familia
ni responsabilidades, y pensé que de querer
lanzarme de cabeza, ése era el momento:
más adelante, las cosas podrían complicarse.
Decidí matricularme
en el Centro de Derecho de la Universidad de Georgetown
a tiempo completo, a pesar de que la decisión
no dejó de atormentarme a lo largo de
los tres años que duraron los estudios.
Tras trabajar una temporada a tiempo parcial
en un bufete, empecé a sentir que se me
presionaba mucho para que trabajase a
jornada completa y fuese a clase por la
noche. Admito que los beneficios económicos
y la experiencia adicional que pudiese
derivar de un trabajo a jornada completa
eran muy atractivos. Algunas empresas
te ayudan incluso a sufragar el gasto
de las tasas de enseñanza y pagan muy
bien a este tipo de "socios estudiantes".
A cambio, sin embargo, los socios estudiantes
tienen delante un camino arduo: completar
los estudios de Derecho en horario nocturno
requiere cuatro años, en lugar de tres,
sin apenas tiempo libre para hacer nada
que no sea trabajar y estudiar. Además,
dada su condición de empleados asalariados
en régimen normal, el trabajo debe ser
siempre lo primero. Así, pueden no disponer
del tiempo necesario para explorar las
oportunidades que ofrece la Escuela, como
lo son otras áreas del Derecho. Por supuesto,
ni qué decir que combinar trabajo y estudios
es sólo una opción en las ciudades que
cuentan tanto con Escuelas de Derecho
con horarios nocturnos como con bufetes
de Derecho de patentes que trabajan en
su especialidad.
Al final, escogí
una solución intermedia: ir a la Escuela
a tiempo completo y trabajar media jornada
a lo largo de la práctica totalidad de
mis tres años. Este arreglo era un poco
menos exigente que trabajar a tiempo completo
(me pagaban por hora, así que cuando había
exámenes, podía optar por dejar de trabajar)
y me permitió concentrarme en algunos
cursos que me formaron en otros asuntos,
como en la agricultura transgénica, la
ética biomédica e incluso en armas biológicas
y en derecho internacional. Todavía ignoro
si tomé o no la decisión adecuada. Sin
duda, me quedé un poco atrás, en términos
de experiencia y antigüedad en la empresa,
con respecto a quienes trabajaron a tiempo
completo, pero confío en que, con el paso
del tiempo, está diferencia se difumine.
Dentro del derecho
de patentes, uno tiene un cierto margen
de maniobra en cuanto al tipo de actividad
a ejercer. Por ejemplo, se puede escoger
entre "procesar" y "pleitear". El abogado
de la acusación escribe y procesa solicitudes
de patentes que serán remitidas a la Oficina
de Patentes, responsable de conceder patentes
a los inventores. Los pleiteadores, por
otra parte, acuden a los tribunales para
atacar o defender la validez de una patente
ya existente. ¿Qué camino debe tomar usted?
El trabajo del pleiteador exige un ritmo
de vida más rápido que el del abogado
de la acusación, y a menudo, frecuentes
viajes. A muchos abogados les gusta la
teatralidad y la dialéctica que encierra
el tribunal (o su preparación: en realidad,
pocos casos llegan a ir a juicio). Aunque
el procesamiento puede parecer menos emocionante,
los abogados que escogen esta actividad
se exponen a una mayor cantidad de ciencia
recién salida del laboratorio, ya que
tramitan solicitudes de patentes para
invenciones científicas que todavía son
confidenciales. Los abogados de la acusación
también leen trabajos científicos con
el fin de determinar si la invención en
cuestión ha sido descrita anteriormente
en algún otro artículo. El horario de
trabajo típico de un abogado de acusación
es algo más predecible que el del pleiteador,
por lo que permite un estilo de vida más
relajado. Los bufetes grandes a menudo
hacen tanto procesamientos como pleitos,
por lo que los abogados jóvenes pueden
probar ambas cosas y ver a qué perfil
se adecuan más.
He experimentado
muchos altibajos en mi transición de la
Ciencia al Derecho de Patentes. Uno de
los principales aspectos positivos es
el aumento de salario. Como investigador
pre y posdoctoral, los bajos salarios
constituían un esperado, y casi perverso,
emblema del valor. Pero los altos salarios
exigen lo suyo. Antes creía que nadie
podía trabajar más de lo que trabajábamos
mis colegas y yo como investigadores;
ahora sé que los jóvenes abogados trabajan
muchísimo. Al igual que en el ámbito
científico, hay muchas horas de trabajo
tedioso y aburrido. En el Derecho, sin
embargo, todo el trabajo es mental (leer
y escribir); no hay actividades manuales
rutinarias, como las que tenía que realizar
cuando tenía la bata puesta. Las presiones
también son diferentes. Como investigador,
mi mayor tensión era obtener buenos resultados,
los cuales, por lo general, únicamente
afectaban a mi propia carrera profesional.
Por lo contrario, un socio joven de un
bufete de abogados trabaja para los socios
y para los clientes. En conjunto diría
que las presiones que tengo ahora son
más "intimidantes" que las que tenía en
el laboratorio.
Con todo, estoy
muy contenta con mi cambio profesional.
He dejado de estar en un entorno de constante
depresión y pesimismo con respecto al
futuro. Existen múltiples puertas abiertas
para individuos con una titulación científica
y otra de Derecho. Y una vez sobre el
terreno jurídico, hay mucha flexibilidad:
a diferencia de lo que ocurre con los
científicos, los abogados no suelen invertir
tanto, ni temporal ni emocionalmente,
en un proyecto profesional a largo plazo,
por lo que si una determinada situación
no sale bien, los abogados suelen poder
cambiar de trabajo con más facilidad que
los investigadores. También disfruté mi
etapa académica en la Escuela de Derecho,
por sus nuevos desafíos intelectuales.
Llegué a estar muy quemada en mi ámbito
científico. Los abogados son generalistas
y siempre hay algo nuevo y completamente
diferente que aprender. Finalmente, mientras
que el Derecho es algo todavía nuevo para
mí, me siento muy cómoda con el nivel
de conocimientos científicos que se me
exige. Por fin siento que he encontrado
el equilibrio adecuado entre mi amor por
la ciencia y una forma de aplicarla.
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