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Encontrar el equilibrio

DEBORAH KATZ
ESTADOS UNIDOS
5 DE OCTUBRE, 2001

 

Decidí abandonar el campo de la investigación tras sentirme insatisfecha como investigadora posdoctoral en el Departamento de Biología Celular de una universidad. Sentía que no estaba desarrollándome como científica y que, por el contrario, estaba siendo utilizada como mano de obra barata. Me llegaron a frustrar muchísimo tanto la falta de perspectivas laborales como el bajo salario: cosas que sólo estaba dispuesta a tolerar si con ello conseguía progresar en el ámbito científico.

Dado que quería estar en contacto con el mundo de la ciencia, emprendí la búsqueda de otra carrera profesional en la que pudiese darle un buen uso a mi formación académica. El campo del derecho de patentes parecía brindarme la mejor oportunidad de permanecer en contacto con la ciencia más actual, ya que no hay un día en el que los abogados de patentes no tengan que ocuparse de la ciencia más vanguardista.

Una vez hube decidido que el derecho de patentes era el ámbito profesional en el que me quería introducir, pensé en trabajar como agente de patentes. Los agentes de patentes están habilitados para preparar y procesar patentes, pero no están graduados en Derecho. Aunque éste hubiese sido un camino más rápido y sencillo, opté por morder la bala e ir a una Escuela de Derecho (Law School). En aquel entonces, no tenía apenas familia ni responsabilidades, y pensé que de querer lanzarme de cabeza, ése era el momento: más adelante, las cosas podrían complicarse.

Decidí matricularme en el Centro de Derecho de la Universidad de Georgetown a tiempo completo, a pesar de que la decisión no dejó de atormentarme a lo largo de los tres años que duraron los estudios. Tras trabajar una temporada a tiempo parcial en un bufete, empecé a sentir que se me presionaba mucho para que trabajase a jornada completa y fuese a clase por la noche. Admito que los beneficios económicos y la experiencia adicional que pudiese derivar de un trabajo a jornada completa eran muy atractivos. Algunas empresas te ayudan incluso a sufragar el gasto de las tasas de enseñanza y pagan muy bien a este tipo de "socios estudiantes". A cambio, sin embargo, los socios estudiantes tienen delante un camino arduo: completar los estudios de Derecho en horario nocturno requiere cuatro años, en lugar de tres, sin apenas tiempo libre para hacer nada que no sea trabajar y estudiar. Además, dada su condición de empleados asalariados en régimen normal, el trabajo debe ser siempre lo primero. Así, pueden no disponer del tiempo necesario para explorar las oportunidades que ofrece la Escuela, como lo son otras áreas del Derecho. Por supuesto, ni qué decir que combinar trabajo y estudios es sólo una opción en las ciudades que cuentan tanto con Escuelas de Derecho con horarios nocturnos como con bufetes de Derecho de patentes que trabajan en su especialidad.

Al final, escogí una solución intermedia: ir a la Escuela a tiempo completo y trabajar media jornada a lo largo de la práctica totalidad de mis tres años. Este arreglo era un poco menos exigente que trabajar a tiempo completo (me pagaban por hora, así que cuando había exámenes, podía optar por dejar de trabajar) y me permitió concentrarme en algunos cursos que me formaron en otros asuntos, como en la agricultura transgénica, la ética biomédica e incluso en armas biológicas y en derecho internacional. Todavía ignoro si tomé o no la decisión adecuada. Sin duda, me quedé un poco atrás, en términos de experiencia y antigüedad en la empresa, con respecto a quienes trabajaron a tiempo completo, pero confío en que, con el paso del tiempo, está diferencia se difumine.

Dentro del derecho de patentes, uno tiene un cierto margen de maniobra en cuanto al tipo de actividad a ejercer. Por ejemplo, se puede escoger entre "procesar" y "pleitear". El abogado de la acusación escribe y procesa solicitudes de patentes que serán remitidas a la Oficina de Patentes, responsable de conceder patentes a los inventores. Los pleiteadores, por otra parte, acuden a los tribunales para atacar o defender la validez de una patente ya existente. ¿Qué camino debe tomar usted? El trabajo del pleiteador exige un ritmo de vida más rápido que el del abogado de la acusación, y a menudo, frecuentes viajes. A muchos abogados les gusta la teatralidad y la dialéctica que encierra el tribunal (o su preparación: en realidad, pocos casos llegan a ir a juicio). Aunque el procesamiento puede parecer menos emocionante, los abogados que escogen esta actividad se exponen a una mayor cantidad de ciencia recién salida del laboratorio, ya que tramitan solicitudes de patentes para invenciones científicas que todavía son confidenciales. Los abogados de la acusación también leen trabajos científicos con el fin de determinar si la invención en cuestión ha sido descrita anteriormente en algún otro artículo. El horario de trabajo típico de un abogado de acusación es algo más predecible que el del pleiteador, por lo que permite un estilo de vida más relajado. Los bufetes grandes a menudo hacen tanto procesamientos como pleitos, por lo que los abogados jóvenes pueden probar ambas cosas y ver a qué perfil se adecuan más.  

He experimentado muchos altibajos en mi transición de la Ciencia al Derecho de Patentes. Uno de los principales aspectos positivos es el aumento de salario. Como investigador pre y posdoctoral, los bajos salarios constituían un esperado, y casi perverso, emblema del valor. Pero los altos salarios exigen lo suyo. Antes creía que nadie podía trabajar más de lo que trabajábamos mis colegas y yo como investigadores; ahora sé que los jóvenes abogados trabajan muchísimo. Al igual que en el ámbito científico, hay muchas horas de trabajo tedioso y aburrido. En el Derecho, sin embargo, todo el trabajo es mental (leer y escribir); no hay actividades manuales rutinarias, como las que tenía que realizar cuando tenía la bata puesta. Las presiones también son diferentes. Como investigador, mi mayor tensión era obtener buenos resultados, los cuales, por lo general, únicamente afectaban a mi propia carrera profesional. Por lo contrario, un socio joven de un bufete de abogados trabaja para los socios y para los clientes. En conjunto diría que las presiones que tengo ahora son más "intimidantes" que las que tenía en el laboratorio.

Con todo, estoy muy contenta con mi cambio profesional. He dejado de estar en un entorno de constante depresión y pesimismo con respecto al futuro. Existen múltiples puertas abiertas para individuos con una titulación científica y otra de Derecho. Y una vez sobre el terreno jurídico, hay mucha flexibilidad: a diferencia de lo que ocurre con los científicos, los abogados no suelen invertir tanto, ni temporal ni emocionalmente, en un proyecto profesional a largo plazo, por lo que si una determinada situación no sale bien, los abogados suelen poder cambiar de trabajo con más facilidad que los investigadores. También disfruté mi etapa académica en la Escuela de Derecho, por sus nuevos desafíos intelectuales. Llegué a estar muy quemada en mi ámbito científico. Los abogados son generalistas y siempre hay algo nuevo y completamente diferente que aprender. Finalmente, mientras que el Derecho es algo todavía nuevo para mí, me siento muy cómoda con el nivel de conocimientos científicos que se me exige. Por fin siento que he encontrado el equilibrio adecuado entre mi amor por la ciencia y una forma de aplicarla.


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