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Pero cuando solicitó la titularidad
en la universidad, este historial no fue
suficiente: su solicitud fue rechazada.
Fue, nos cuenta, "una decisión
polémica". Este hecho le enseñó
mucho acerca de las transiciones de otro
tipo: las profesionales. "Casi todo
el departamento apoyó mi candidatura",
nos relata, "con la excepción
del jefe". Cuando el equipo de dirección
se alineó con éste último,
Dietze optó por no luchar. "Decidí
que si el jefe no me quería a su
lado, yo tampoco iba a trabajar allí".
Así que abandonó el UMBC
en 1995 y aceptó un trabajo en
el Administración de Alimentos
y Fármacos (Food and Drug Administration).
Allí, participó en la revisión
de fármacos oncológicos
y comenzó a darle vueltas a la
idea de matricularse en una facultad de
derecho. No era la primera vez que lo
hacía. "A la hora de escoger
estudios universitarios me debatí
entre derecho y ciencias, optando al final
por ésta última". En
última instancia, decidí
darle una oportunidad: "Me dije que
lo haría un año y que luego
decidiría si quería continuar".
Dietze nunca se arrepintió
de la decisión tomada. "Simplemente
me encantó el derecho", dice
echando la vista atrás a su época
de estudiante de posgrado en la Universidad
de Maryland. "El trabajo era interesante
y un reto continuo, y conocí a
un grupo muy variado de gente maravillosa".
Recibió su J.D., cum laude, en
1998, le admitieron en el Bar de
Virginia (esto es, pasó a formar
parte del colegio de abogados de este
estado americano) y comenzó a trabajar
inmediatamente para Pennie y Edmonds,
un gran bufete especializado en propiedad
intelectual con oficinas en Nueva York,
Washington D.C. y Palo Alto, en California.
En la actualidad lleva ya cuatro años
trabajando para la sede de la capital
del país.
La principal responsabilidad
de Dietze es "procesar" patentes:
preparar solicitudes para clientes, entregarlas
en la oficina de patentes, negociar con
los examinadores de patentes y, cuando
el caso así lo requiere, presentar
recursos. Describió el proceso
de solicitud de patentes y sus deberes
diarios del siguiente modo: un cliente
acude a nosotros con una idea. El bufete
realiza una búsqueda de las bases
de datos de patentes para localizar patentes
relacionadas. Dietze y uno de sus colegas
estudian la idea original o el invento
en cuestión para determinar que
es lo que tiene de nuevo con respecto
a inventos anteriores previamente patentados
(¿resulta en una mayor productividad?,
¿es más puro?, ¿más
barato de producir?), y a continuación
hacen una recomendación: X es o
no es patentable. Si lo es, redactan solicitudes
y las presentan en la/s oficina/s de patentes.
Comienza aquí una fase de toma
y daca en la que las solicitudes pueden
tener que volver a ser redactadas. En
última instancia, en la mayoría
de los casos, se concede la patente.
Dietze casi nunca
tiene que ir a los tribunales; de hecho,
coincide que hablamos el día en
el que tuvo su primera vista. Todo salió
bien: "Mi moción fue aprobada
en su práctica totalidad".
¿Le ha ayudado
su formación científica
a desempeñar su nuevo trabajo en
el ámbito jurídico? Sí.
"El derecho y la ciencia son dos
campos muy diferentes", observa.
"En la ciencia, existen reglas. Tal
fenómeno puede ser A, B o C. En
derecho, puedes tener A, B, C y G. Pero
he descubierto que el rigor de enfoque
científico resulta de gran utilidad".
Como abogado especialista
en patentes, el trabajo de Dietze consiste
en identificar aspectos de una nueva invención
o proceso que sean nuevos o novedosos.
Esto exige que comprenda en detalle no
sólo cómo funciona la invención
en cuestión sino también
el "arte precedente": invenciones
anteriores, semejantes, "que están
ahí fuera".
"No creo que
(abogados especialistas en patentes y
otros abogados) comprendan el problema
si carecen de la formación técnica
adecuada".
Pero la comprensión
de los detalles técnicos constituye
sólo una parte del trabajo. También
es necesario simplificar y explicar para
poder destilar lo fundamental de una mezcla
tecnológica a menudo compleja.
Estas tareas requieren concisión
y claridad y aquí es donde entra
en juego la otra parte de la formación
científica de nuestro protagonista:
"Creo que mi experiencia docente,
como profesor, me ayudó con eso".
La idea de que un
ex-científico se dedique al derecho
de patentes es difícilmente patentable:
hay muchos casos previos semejantes. La
mayoría de los compañeros
de trabajo de Dietze en Pennie y Edmonds
tienen algún tipo de formación
científica, desde licenciaturas
a doctorados de universidades de élite.
Sin embargo, pocos de ellos han desempeñado
actividades docentes en el área
científica.
No se pierden
gran cosa, según Dietze. A veces
echa de menos la docencia pero siente
que el derecho de patentes le ofrece lo
mejor de ambos mundos: "Tengo la
oportunidad de emplear mis conocimientos
jurídicos y científicos.
El trabajo es muy gratificante y el salario
mucho más alto".
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