|
Las patentes,
junto con otras formas de propiedad intelectual,
son actualmente reconocidas como una parte
esencial de cualquier análisis del
valor de una empresa o de la calidad de
la investigación llevada a cabo en
una institución académica.
Son posesiones valiosas que pueden ser comercializadas
o autorizadas al igual que cualquier otro
bien. Pero para que tenga valor, la patente
concedida debe ser fuerte y los derechos
que otorga han de estar protegidos legalmente.
Lo último es, generalmente, competencia
de abogados, tribunales y demás profesionales
del cumplimiento de la ley, pero el asegurarse
que una patente es fuerte requiere experiencia
y múltiples destrezas.
Antes de conceder
una patente, esto es, antes de que el
inventor reciba ningún tipo de
derecho específico, debe decidirse
si la invención en cuestión
merece o no ser patentada. Son muchos
los criterios que han de satisfacerse,
pero los requisitos principales son que
la invención sea nueva (que nunca
haya sido conocida ni publicada) y que
no sea obvia. Tales juicios sólo
pueden ser efectuados por individuos que
comprendan la tecnología que está
detrás de cada invención,
y es aquí donde intervienen los
científicos y los ingenieros. Ambos
desempeñan un papel indispensable
en el proceso del patentado como examinadores
de patentes.
¿Pero qué
es lo que hace exactamente un examinador
de patentes? Pues precisamente eso: examinar
solicitudes de patentes. Deben decidir
si la tecnología descrita en la
solicitud satisface, o no, los criterios
establecidos en la legislación
relativa a patentes aplicable en cada
caso. Cada país tiene sus propias
leyes para la evaluación de los
inventos; algunos requisitos pueden variar
de país en país, incluso
hasta el punto de ser exclusivos de una
jurisdicción en particular. No
obstante, los puntos fundamentales tienden
a ser semejantes en todo el mundo. Se
constata, asimismo, una tendencia a la
armonización de las prácticas
y a un cierto grado de racionalización
en forma de grupos de países que
han decidido unirse para crear organizaciones
supranacionales o regionales responsables
de la concesión de patentes.
Una de estas organizaciones,
y probablemente la que más éxitos
ha cosechado hasta la fecha, es la Organización
Europea de Patentes, que otorga patentes
a través de su brazo ejecutivo,
la Oficina Europea de Patentes, o la OEP.
En la actualidad,
la OEP tiene veinte estados miembros.
En junio del 2002 el número de
socios aumentará, con la incorporación
de diez nuevos países de la Europa
del Este (véase el recuadro). Todos
los funcionarios de la OEP, y los examinadores
en particular, son ciudadanos de los estados
integrantes. Los examinadores poseen,
por lo menos, un título universitario
en ciencias o ingeniería y trabajan
utilizando las tres lenguas oficiales
de la OEP: inglés, francés
y alemán.
|
Estados miembros de la OEP:
Austria, Bélgica, Chipre,
Dinamarca, Finlandia, Francia,
Alemania, República Helénica,
Irlanda, Italia,
Liechtenstein,
Luxemburgo, Mónaco, los
Países Bajos, Portugal,
España, Suecia,
Suiza, Turquía y el
Reino Unido.
Se
incorporarán en julio de
2002:
Bulgaria, República Checa,
Estonia, Hungría, Letonia,
Lituania, Polonia,
Rumanía, Eslovaquia y
Eslovenia.
|
La función
de los examinadores, cada vez que se enfrentan
a una nueva solicitud de patente, es actuar
primero de detectives y después
de arbitros. El trabajo detectivesco viene
a ser lo que nosotros denominamos "la
búsqueda". Básicamente
consiste en pasar toda la bibliografía
publicada por un tamiz, en búsqueda
de documentos que describan, o se acerquen,
a la tecnología descrita en la
solicitud de patente. La clave está,
por supuesto, en no tener que analizar
todos los artículos de todas
las revistas ni cada una de las patentes
publicadas en un área tecnológica
en particular. Electrónicamente,
se realiza una selección a partir
de palabras clave, por ejemplo, pudiéndose
reducir a un volumen manejable el número
de documentos a examinar en detalle.
El examinador tiene
a su disposición la última
tecnología en herramientas de rastreo,
además de acceso a más de
38 millones de documentos de las bases
de datos de la OEP. Los documentos más
relevantes son utilizados, a continuación,
en la segunda parte del trabajo. En esta
fase, el examinador compara la invención
descrita en la solicitud de patente con
los documentos publicados más relevantes.
Está en sus manos el decidir si
dicha invención se merece la concesión
de un monopolio y, en el caso de que fuese
así, qué es lo que éste
debería cubrir. Desempeña
aquí el papel de árbitro,
que sobrepesa los intereses del público,
frente al derecho legítimo del
solicitante que desea proteger su invención.
La ventaja para consumidores
e investigadores es que la información
publicada en la patente puede ser usada
en los campos de la investigación
y el desarrollo para que la invención
en cuestión pueda seguir siendo
mejorada. Los investigadores pueden, a
su vez, solicitar una patente por su contribución
personal a la ciencia y a la tecnología.
El examinador tiene, pues, una responsabilidad
significativa, tanto frente al público
en general como frente a los solicitantes
de patentes. Lo que hace que su trabajo
sea todavía más atractivo
es la oportunidad de ver y trabajar con
solicitudes de patentes que están
a la vanguardia de la tecnología,
lo que supone más variedad de la
que es habitual cuando se trabaja en un
proyecto de investigación concreto.
Cada solicitud es
analizada por un equipo de tres examinadores,
dirigido por uno de ellos, que es sobre
quien recae la principal responsabilidad.
Los equipos son diferentes para cada solicitud,
pero sus tres miembros suelen trabajar
dentro de la misma área tecnológica.
Cada vez más más habitual,
sin embargo, la creación de grupos
mixtos (formados, por ejemplo, por biotecnólogos
y científicos de la información)
debido a la naturaleza interdisciplinar
de muchas solicitudes. La decisión
final de concesión o no concesión
de una patente la toman siempre los tres
examinadores de forma conjunta, generalmente
tras un diálogo escrito entre examinador
y solicitante o, lo que es más
habitual, entre examinador y un abogado
especialista en patentes en calidad de
representante profesional del inventor.
Ocasionalmente, se
impone la necesidad de convocar una audiencia
formal con el abogado especialista en
patentes y su cliente para poder abordar
aspectos del caso que no pueden ser tratados
adecuadamente por escrito. Está
claro: a menudo resulta más sencillo
dejar las cosas claras y evitar malentendidos
en diálogos cara a cara. Tales
audiencias requieren el desarrollo de
más habilidades específicas,
además de los conocimientos técnicos
adquiridos antes de la incorporación
a la OEP y la experiencia en derecho de
patentes obtenida trabajando como examinador.
Es importante saber expresarse bien oralmente
y el poder responder con prontitud a las
preguntas del jurista. Es posible que
haya terceras partes que manifiesten su
insatisfacción hacia una decisión
(de visto bueno) tomada por la OEP, y
que expresen las razones por las cuales
creen que la validez de la patente recién
otorgada debe ser reevaluada. Este denominado
"procedimiento de oposición"
coloca al examinador en el rol de árbitro
entre el oponente y el dueño de
los derechos de la patente. Este tipo
de asuntos se suelen resolver en audiencias
públicas que pueden atraer a un
gran número de participantes y
observadores, particulamente si la patente
en cuestión tiene un interés
científico o comercial significativo.
El examinador tiene, pues, y para acabar,
un papel notable que desempeñar
en el mundo de la propiedad intelectual.
En la actualidad,
la OEP está llevando a cabo un
proceso de selección de examinadores,
que se incorporarán a sus oficinas
de Munich, Berlín o La Haya. Los
científicos e ingenieros que estén
buscando un nuevo reto y que estén
interesados en el campo de la propiedad
intelectual pueden encontrar más
información al respecto en la página
web de la OEP.
|