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Trabajando por la propiedad intelectual de Europa

MARK WEAVER

OFICINA EUROPEA DE PATENTES
MUNICH (ALEMANIA)

5 DE OCTUBRE, 2001


Los inventores vienen en todo tipo de formatos y colores, desde el individuo que ha diseñado una ingeniosa solución capaz de simplificar su vida diaria, a los científicos e ingenieros altamente cualificados que trabajan en la universidad o en grandes compañías multinacionales en proyectos de alto impacto. Todos tienen algo en común - si quieren impedir que otros se beneficien de su invención sin su permiso, tienen dos opciones: mantenerlo en secreto o patentarlo, y cada vez son más los inventores que se están decantando por esta segunda vía. Esto se debe a que, hoy en día (dejando a un lado casos como el de la receta de la Coca Cola), guardar un secreto es algo cada vez más difícil; y en la mayoría de los casos, la protección jurídica es, de hecho, necesaria.

Las patentes, junto con otras formas de propiedad intelectual, son actualmente reconocidas como una parte esencial de cualquier análisis del valor de una empresa o de la calidad de la investigación llevada a cabo en una institución académica. Son posesiones valiosas que pueden ser comercializadas o autorizadas al igual que cualquier otro bien. Pero para que tenga valor, la patente concedida debe ser fuerte y los derechos que otorga han de estar protegidos legalmente. Lo último es, generalmente, competencia de abogados, tribunales y demás profesionales del cumplimiento de la ley, pero el asegurarse que una patente es fuerte requiere experiencia y múltiples destrezas.

Antes de conceder una patente, esto es, antes de que el inventor reciba ningún tipo de derecho específico, debe decidirse si la invención en cuestión merece o no ser patentada. Son muchos los criterios que han de satisfacerse, pero los requisitos principales son que la invención sea nueva (que nunca haya sido conocida ni publicada) y que no sea obvia. Tales juicios sólo pueden ser efectuados por individuos que comprendan la tecnología que está detrás de cada invención, y es aquí donde intervienen los científicos y los ingenieros. Ambos desempeñan un papel indispensable en el proceso del patentado como examinadores de patentes.

¿Pero qué es lo que hace exactamente un examinador de patentes? Pues precisamente eso: examinar solicitudes de patentes. Deben decidir si la tecnología descrita en la solicitud satisface, o no, los criterios establecidos en la legislación relativa a patentes aplicable en cada caso. Cada país tiene sus propias leyes para la evaluación de los inventos; algunos requisitos pueden variar de país en país, incluso hasta el punto de ser exclusivos de una jurisdicción en particular. No obstante, los puntos fundamentales tienden a ser semejantes en todo el mundo. Se constata, asimismo, una tendencia a la armonización de las prácticas y a un cierto grado de racionalización en forma de grupos de países que han decidido unirse para crear organizaciones supranacionales o regionales responsables de la concesión de patentes.

Una de estas organizaciones, y probablemente la que más éxitos ha cosechado hasta la fecha, es la Organización Europea de Patentes, que otorga patentes a través de su brazo ejecutivo, la Oficina Europea de Patentes, o la OEP.

En la actualidad, la OEP tiene veinte estados miembros. En junio del 2002 el número de socios aumentará, con la incorporación de diez nuevos países de la Europa del Este (véase el recuadro). Todos los funcionarios de la OEP, y los examinadores en particular, son ciudadanos de los estados integrantes. Los examinadores poseen, por lo menos, un título universitario en ciencias o ingeniería y trabajan utilizando las tres lenguas oficiales de la OEP: inglés, francés y alemán.



Estados miembros de la OEP:


Austria, Bélgica, Chipre,
Dinamarca, Finlandia, Francia,
Alemania, República Helénica,
Irlanda, Italia,
Liechtenstein,
Luxemburgo, Mónaco, los
Países Bajos, Portugal,
España, Suecia,
Suiza, Turquía y el
Reino Unido.

Se incorporarán en julio de 2002:
Bulgaria, República Checa,
Estonia, Hungría, Letonia,
Lituania, Polonia,
Rumanía, Eslovaquia y
Eslovenia.


La función de los examinadores, cada vez que se enfrentan a una nueva solicitud de patente, es actuar primero de detectives y después de arbitros. El trabajo detectivesco viene a ser lo que nosotros denominamos "la búsqueda". Básicamente consiste en pasar toda la bibliografía publicada por un tamiz, en búsqueda de documentos que describan, o se acerquen, a la tecnología descrita en la solicitud de patente. La clave está, por supuesto, en no tener que analizar todos los artículos de todas las revistas ni cada una de las patentes publicadas en un área tecnológica en particular. Electrónicamente, se realiza una selección a partir de palabras clave, por ejemplo, pudiéndose reducir a un volumen manejable el número de documentos a examinar en detalle.

El examinador tiene a su disposición la última tecnología en herramientas de rastreo, además de acceso a más de 38 millones de documentos de las bases de datos de la OEP. Los documentos más relevantes son utilizados, a continuación, en la segunda parte del trabajo. En esta fase, el examinador compara la invención descrita en la solicitud de patente con los documentos publicados más relevantes. Está en sus manos el decidir si dicha invención se merece la concesión de un monopolio y, en el caso de que fuese así, qué es lo que éste debería cubrir. Desempeña aquí el papel de árbitro, que sobrepesa los intereses del público, frente al derecho legítimo del solicitante que desea proteger su invención.

La ventaja para consumidores e investigadores es que la información publicada en la patente puede ser usada en los campos de la investigación y el desarrollo para que la invención en cuestión pueda seguir siendo mejorada. Los investigadores pueden, a su vez, solicitar una patente por su contribución personal a la ciencia y a la tecnología. El examinador tiene, pues, una responsabilidad significativa, tanto frente al público en general como frente a los solicitantes de patentes. Lo que hace que su trabajo sea todavía más atractivo es la oportunidad de ver y trabajar con solicitudes de patentes que están a la vanguardia de la tecnología, lo que supone más variedad de la que es habitual cuando se trabaja en un proyecto de investigación concreto.

Cada solicitud es analizada por un equipo de tres examinadores, dirigido por uno de ellos, que es sobre quien recae la principal responsabilidad. Los equipos son diferentes para cada solicitud, pero sus tres miembros suelen trabajar dentro de la misma área tecnológica. Cada vez más más habitual, sin embargo, la creación de grupos mixtos (formados, por ejemplo, por biotecnólogos y científicos de la información) debido a la naturaleza interdisciplinar de muchas solicitudes. La decisión final de concesión o no concesión de una patente la toman siempre los tres examinadores de forma conjunta, generalmente tras un diálogo escrito entre examinador y solicitante o, lo que es más habitual, entre examinador y un abogado especialista en patentes en calidad de representante profesional del inventor.

Ocasionalmente, se impone la necesidad de convocar una audiencia formal con el abogado especialista en patentes y su cliente para poder abordar aspectos del caso que no pueden ser tratados adecuadamente por escrito. Está claro: a menudo resulta más sencillo dejar las cosas claras y evitar malentendidos en diálogos cara a cara. Tales audiencias requieren el desarrollo de más habilidades específicas, además de los conocimientos técnicos adquiridos antes de la incorporación a la OEP y la experiencia en derecho de patentes obtenida trabajando como examinador. Es importante saber expresarse bien oralmente y el poder responder con prontitud a las preguntas del jurista. Es posible que haya terceras partes que manifiesten su insatisfacción hacia una decisión (de visto bueno) tomada por la OEP, y que expresen las razones por las cuales creen que la validez de la patente recién otorgada debe ser reevaluada. Este denominado "procedimiento de oposición" coloca al examinador en el rol de árbitro entre el oponente y el dueño de los derechos de la patente. Este tipo de asuntos se suelen resolver en audiencias públicas que pueden atraer a un gran número de participantes y observadores, particulamente si la patente en cuestión tiene un interés científico o comercial significativo. El examinador tiene, pues, y para acabar, un papel notable que desempeñar en el mundo de la propiedad intelectual.

En la actualidad, la OEP está llevando a cabo un proceso de selección de examinadores, que se incorporarán a sus oficinas de Munich, Berlín o La Haya. Los científicos e ingenieros que estén buscando un nuevo reto y que estén interesados en el campo de la propiedad intelectual pueden encontrar más información al respecto en la página web de la OEP.


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