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En la vanguardia del derecho de patentes

SHONAGH L. MCVEAN

DONAHUE ERNST & YOUNG LLP
TORONTO (CANADÁ)

05/10/01

Cuando decidí hacerme abogada especialista en propiedad intelectual, nunca me imaginé a mí misma en tacones de aguja, en medio de una finca de tierra, entre praderas, teléfono móvil en mano, supervisando una temprana redada mañanera de infractores de derechos de propiedad intelectual. Sin embargo, allí estaba yo, la coordinadora de varios equipos de abogados y ex-oficiales de policía, con una orden judicial exigiendo poder rastrear las instalaciones. Esa misma mañana, había abandonado muy temprano mi hotel y conducido durante horas para encontrarme con mis equipos en una cafetería local con el fin de terminar de precisar nuestro plan de acción. Sincronizamos nuestros relojes, tomamos nuestros walkie-talkies y nos dirigimos al lugar asignado, donde esperábamos hallar documentación o material de cualquier clase que probara la violación de los derechos de propiedad intelectual de nuestro cliente.

A la hora acordada, nuestros equipos entraron en cada una de las propiedades, mostrando la correspondiente orden judicial. Teníamos el factor sorpresa de nuestro lado y encontramos varias pruebas acusatorias, inclusive algunos correos electrónicos. Estas redadas fueron la culminación de varios meses de investigaciones secretas. Mi cliente ganó, finalmente, su batalla legal y consiguió una significativa cantidad por daños y perjuicios por parte de los infractores.

Mi travesía profesional en el campo del derecho de propiedad intelectual ha sido gratificante. El hecho de estar siempre a caballo entre dos aguas, la ciencia y el derecho, me desafía y estimula a diario. Tengo la oportunidad de enterarme de los grandes avances científicos antes que el gran público e incluso antes que otros científicos. Asesoro a personas importantes en el ámbito de la industria y del sector público en lo que se refiere a sus derechos y deberes. Interactúo con científicos del más alto nivel y cuestiono sus opiniones.... y todo ello sin tener que llevar bata de laboratorio ni redactar solicitudes de beca.

En la actualidad, ejerzo mi profesión en el grupo de propiedad intelectual del buffete Donahue Ernst & Young de Toronto. Como parte de un equipo de nueve profesionales, mi tarea consiste en representar a mis clientes ante la Oficina Canadiense de Propiedad Intelectual, tribunales federales y provinciales y organismos gubernamentales tales como Health Canada. El ejercicio profesional en el campo de la propiedad intelectual suele tener un notable componente internacional, ya que ayudamos a nuestros clientes a obtener, ejecutar y comercializar sus activos de propiedad intelectual por todo el mundo.

Aunque crecí viendo la serie televisiva de "La ley de Los Ángeles", como la mayoría de los abogados especialistas en propiedad intelectual, no comencé a considerar el derecho, como salida profesional, hasta los veintipocos años. En el instituto de secundaria, mi sueño era ser música profesional o médica. Ya en la universidad, abandoné mi ambición sanitaria el día que me mareé presenciando una operación quirúrgica. Decidí entonces reorientarme hacia la genética y trabajé en varios laboratorios de investigación durante los veranos y a lo largo del curso, a tiempo parcial. Estaba bien orientada hacia una carrera profesional como investigadora cuando, en mi último año de carrera, una conversación casual con una compañera del coro lo cambió todo. Ella, licenciada en genética, y en ese momento, estudiante de Derecho (law school - en EE.UU. los estudios de derecho son siempre a nivel de postgrado), me aconsejo que considerase el campo del derecho de la propiedad intelectual. Me pareció la manera perfecta de seguir vinculada al mundo científico y de encauzar mi interés por la dimensión corporativa de la ciencia y mi creciente frustración con la excesiva especialización que entrañaba la investigación. En 1992, me matriculé en la facultad de Derecho.

He de decir que experimenté un verdadero choque cultural. Mis estudios científicos me ayudaron inmesurablemente a redactar de forma clara y concisa, algo que mis profesores supieron apreciar. No obstante, mi formación previa no me preparó para manejarme con la complejidad de la filosofía jurídica. Uno de mis primeros retos como estudiante de Derecho fue averiguar la diferencia que existe entre hacer un corte en un lápiz y hacer un corte en la pata de una ardilla. Para un científico, la respuesta es sencilla. Sin embargo, para mis compañeros de clase ésta era una pregunta profundamente filosófica. Al final, acabé aprendiendo a discurrir como un abogado, aunque nunca llegué a desarrollar una verdadera apreciación por la teoría jurídica.

Tras graduarme en 1995, entré como pasante en uno de los principales buffetes de abogados de Canadá. Tras un período de doce meses de pasantía, realicé las pruebas de ingreso en el Colegio de Abogados y fui admitida en él en 1997. A continuación, me trasladé a un buffete que ejercía únicamente en el campo del derecho de la propiedad intelectual. Mi área de especialización era el litigio de patentes y así, estuve muy cercanamente involucrada en muchas batallas legales entre los creadores de un nuevo fármaco y las compañías de genéricos que deseaban imitarlo. La habilitación como abogada fue relativamente sencilla en comparación con la habilitación como agente de patentes, que logré en 1998 en Canadá. Para poder representar a clientes ante la Oficina Canadiense de Patentes, no basta con ser abogado colegiado: también hay que estar colegiado como agente de patentes. Cualquier persona con formación técnica puede presentarse a los exámenes de agentes de patentes tras haber trabajado doce meses en el campo de la propiedad intelectual. Los exámenes son difíciles y el índice de aprobados, muy bajo.

En mi actual puesto en Donahue Ernst & Young, estoy centrada en las industrias farmacéutica y biotecnológica y asisto a mis clientes a través de todo el ciclo vital de una invención. Junto con el resto de mi equipo, mi labor ante mis clientes consiste en evaluar las posibilidades de obtención de una patente, estudiar y analizar las bases de datos científicas y de patentes existentes, desarrollar estrategias para la protección de sus activos de propiedad intelectual, redactar solicitudes de patentes, coordinar la tramitación de las solicitudes a nivel mundial, preparar acuerdos de licencia, obtener financiación, comercializar la invención y finalmente, aplicar las patentes. No sólo trabajamos para titulares de patentes sino que también ayudamos a nuestros clientes a actuar frente a las patentes de sus competidores. Cada jornada de trabajo es diferente. Por ejemplo, el otro día lo dediqué enteramente a reuniones con un cliente sobre cómo proceder frente a las patentes de uno de sus competidores. El día siguiente, revisé familias de patentes para evaluar los puntos fuertes y débiles de un posible acuerdo de licencia. El siguiente, me entrevisté con varios inventores y comencé a redactar una solicitud de patente; y el siguiente, revisé los documentos legales de un procedimiento judicial relacionado con la aprobación de la regulación de un nuevo fármaco.

Uno de los retos a los que se tienen que enfrentar los especialistas en biotecnología es al hecho de que los conceptos básicos del derecho de patentes fueron formulados mucho antes de que se descubriesen los genes o el ADN. Dado que la biotecnología es una ciencia relativamente nueva, el derecho de patentes ha necesitado tiempo para actualizarse y ponerse al día en ésta. Esto es particularmente cierto en Canadá, país que se caracteriza por su lentitud a la hora de encontrar respuestas a preguntas tales como qué tipo de investigaciones biotecnológicas son patentables y cuáles no. Por ejemplo, aunque los Estados Unidos resolvieron, en 1998, la concesión de una patente para el "Oncoratón transgénico de Harvard", este tema concreto todavía no está resuelto en mi país.

Otro asunto clave para nuestros clientes es el futuro de las patentes de genes humanos. En la carrera por sacar una tajada económica al proyecto del genoma humano, las oficinas de patentes de todo el mundo se han visto inundadas de solicitudes. No obstante, el público tiende a tener, hoy por hoy, una visión negativa de las patentes génicas. Los medios de comunicación han ahondado bastante en las repercusiones que pudiese tener el control de todas las actividades relacionadas con un gen patentado, por parte de una sola empresa. Se prevé que esta polémica permanezca en la vanguardia del derecho de patentes a lo largo de los próximos años.

Recomiendo a todos los licenciados en ciencias que estén buscando una salida profesional distinta a la investigación, que tengan amplios intereses en áreas tecnológicas diversas y que deseen estar en la vanguardia de una emocionante área del derecho, que consideren una carrera profesional en el campo del derecho de la propiedad intelectual.


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