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A
la hora acordada, nuestros equipos entraron
en cada una de las propiedades, mostrando
la correspondiente orden judicial. Teníamos
el factor sorpresa de nuestro lado y encontramos
varias pruebas acusatorias, inclusive
algunos correos electrónicos. Estas
redadas fueron la culminación de
varios meses de investigaciones secretas.
Mi cliente ganó, finalmente, su
batalla legal y consiguió una significativa
cantidad por daños y perjuicios
por parte de los infractores.
Mi travesía
profesional en el campo del derecho de
propiedad intelectual ha sido gratificante.
El hecho de estar siempre a caballo entre
dos aguas, la ciencia y el derecho, me
desafía y estimula a diario. Tengo
la oportunidad de enterarme de los grandes
avances científicos antes que el
gran público e incluso antes que
otros científicos. Asesoro a personas
importantes en el ámbito de la
industria y del sector público
en lo que se refiere a sus derechos y
deberes. Interactúo con científicos
del más alto nivel y cuestiono
sus opiniones.... y todo ello sin tener
que llevar bata de laboratorio ni redactar
solicitudes de beca.
En la actualidad,
ejerzo mi profesión en el grupo
de propiedad intelectual del buffete Donahue
Ernst & Young de Toronto. Como parte
de un equipo de nueve profesionales, mi
tarea consiste en representar a mis clientes
ante la Oficina Canadiense de Propiedad
Intelectual, tribunales federales y provinciales
y organismos gubernamentales tales como
Health Canada. El ejercicio profesional
en el campo de la propiedad intelectual
suele tener un notable componente internacional,
ya que ayudamos a nuestros clientes a
obtener, ejecutar y comercializar sus
activos de propiedad intelectual por todo
el mundo.
Aunque crecí
viendo la serie televisiva de "La
ley de Los Ángeles", como
la mayoría de los abogados especialistas
en propiedad intelectual, no comencé
a considerar el derecho, como salida profesional,
hasta los veintipocos años. En
el instituto de secundaria, mi sueño
era ser música profesional o médica.
Ya en la universidad, abandoné
mi ambición sanitaria el día
que me mareé presenciando una operación
quirúrgica. Decidí entonces
reorientarme hacia la genética
y trabajé en varios laboratorios
de investigación durante los veranos
y a lo largo del curso, a tiempo parcial.
Estaba bien orientada hacia una carrera
profesional como investigadora cuando,
en mi último año de carrera,
una conversación casual con una
compañera del coro lo cambió
todo. Ella, licenciada en genética,
y en ese momento, estudiante de Derecho
(law school - en EE.UU. los estudios
de derecho son siempre a nivel de postgrado),
me aconsejo que considerase el campo del
derecho de la propiedad intelectual. Me
pareció la manera perfecta de seguir
vinculada al mundo científico y
de encauzar mi interés por la dimensión
corporativa de la ciencia y mi creciente
frustración con la excesiva especialización
que entrañaba la investigación.
En 1992, me matriculé en la facultad
de Derecho.
He de decir que experimenté
un verdadero choque cultural. Mis estudios
científicos me ayudaron inmesurablemente
a redactar de forma clara y concisa, algo
que mis profesores supieron apreciar.
No obstante, mi formación previa
no me preparó para manejarme con
la complejidad de la filosofía
jurídica. Uno de mis primeros retos
como estudiante de Derecho fue averiguar
la diferencia que existe entre hacer un
corte en un lápiz y hacer un corte
en la pata de una ardilla. Para un científico,
la respuesta es sencilla. Sin embargo,
para mis compañeros de clase ésta
era una pregunta profundamente filosófica.
Al final, acabé aprendiendo a discurrir
como un abogado, aunque nunca llegué
a desarrollar una verdadera apreciación
por la teoría jurídica.
Tras graduarme en
1995, entré como pasante en uno
de los principales buffetes de abogados
de Canadá. Tras un período
de doce meses de pasantía, realicé
las pruebas de ingreso en el Colegio de
Abogados y fui admitida en él en
1997. A continuación, me trasladé
a un buffete que ejercía únicamente
en el campo del derecho de la propiedad
intelectual. Mi área de especialización
era el litigio de patentes y así,
estuve muy cercanamente involucrada en
muchas batallas legales entre los creadores
de un nuevo fármaco y las compañías
de genéricos que deseaban imitarlo.
La habilitación como abogada fue
relativamente sencilla en comparación
con la habilitación como agente
de patentes, que logré en 1998
en Canadá. Para poder representar
a clientes ante la Oficina Canadiense
de Patentes, no basta con ser abogado
colegiado: también hay que estar
colegiado como agente de patentes. Cualquier
persona con formación técnica
puede presentarse a los exámenes
de agentes de patentes tras haber trabajado
doce meses en el campo de la propiedad
intelectual. Los exámenes son difíciles
y el índice de aprobados, muy bajo.
En mi actual puesto
en Donahue Ernst & Young, estoy centrada
en las industrias farmacéutica
y biotecnológica y asisto a mis
clientes a través de todo el ciclo
vital de una invención. Junto con
el resto de mi equipo, mi labor ante mis
clientes consiste en evaluar las posibilidades
de obtención de una patente, estudiar
y analizar las bases de datos científicas
y de patentes existentes, desarrollar
estrategias para la protección
de sus activos de propiedad intelectual,
redactar solicitudes de patentes, coordinar
la tramitación de las solicitudes
a nivel mundial, preparar acuerdos de
licencia, obtener financiación,
comercializar la invención y finalmente,
aplicar las patentes. No sólo trabajamos
para titulares de patentes sino que también
ayudamos a nuestros clientes a actuar
frente a las patentes de sus competidores.
Cada jornada de trabajo es diferente.
Por ejemplo, el otro día lo dediqué
enteramente a reuniones con un cliente
sobre cómo proceder frente a las
patentes de uno de sus competidores. El
día siguiente, revisé familias
de patentes para evaluar los puntos fuertes
y débiles de un posible acuerdo
de licencia. El siguiente, me entrevisté
con varios inventores y comencé
a redactar una solicitud de patente; y
el siguiente, revisé los documentos
legales de un procedimiento judicial relacionado
con la aprobación de la regulación
de un nuevo fármaco.
Uno de los retos
a los que se tienen que enfrentar los
especialistas en biotecnología
es al hecho de que los conceptos básicos
del derecho de patentes fueron formulados
mucho antes de que se descubriesen los
genes o el ADN. Dado que la biotecnología
es una ciencia relativamente nueva, el
derecho de patentes ha necesitado tiempo
para actualizarse y ponerse al día
en ésta. Esto es particularmente
cierto en Canadá, país que
se caracteriza por su lentitud a la hora
de encontrar respuestas a preguntas tales
como qué tipo de investigaciones
biotecnológicas son patentables
y cuáles no. Por ejemplo, aunque
los Estados Unidos resolvieron, en 1998,
la concesión de una patente para
el "Oncoratón transgénico
de Harvard", este tema concreto todavía
no está resuelto en mi país.
Otro asunto clave
para nuestros clientes es el futuro de
las patentes de genes humanos. En la carrera
por sacar una tajada económica
al proyecto del genoma humano, las oficinas
de patentes de todo el mundo se han visto
inundadas de solicitudes. No obstante,
el público tiende a tener, hoy
por hoy, una visión negativa de
las patentes génicas. Los medios
de comunicación han ahondado bastante
en las repercusiones que pudiese tener
el control de todas las actividades relacionadas
con un gen patentado, por parte de una
sola empresa. Se prevé que esta
polémica permanezca en la vanguardia
del derecho de patentes a lo largo de
los próximos años.
Recomiendo
a todos los licenciados en ciencias que
estén buscando una salida profesional
distinta a la investigación, que
tengan amplios intereses en áreas
tecnológicas diversas y que deseen
estar en la vanguardia de una emocionante
área del derecho, que consideren
una carrera profesional en el campo del
derecho de la propiedad intelectual.
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