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La
primera persona que me habló de
esta salida laboral fue mi tutor de mi
primer año de doctorado, de la
Universidad
de Maryland, Baltimore, en cuyo departamento
de Farmacología y Terapéutica
Experimental estoy investigando. Se lo
sugirió como posible profesión
a una estudiante senior de su laboratorio
que estaba explorando sus diferentes posibilidades
fuera del mundo académico.
En aquel entonces,
el derecho de patentes me sonó
muy interesante, pero jamás lo
consideré como una opción
para mí. Cuando todavía
era estudiante de licenciatura, había
participado en el programa MARC
(Minority Access to Research Careers
o en español: Acceso de Minorías
a las Carreras Investigadoras), diseñado
para aumentar el número de doctorandos
pertenecientes a grupos sociales minoritarios.
Mis profesores y tutores siempre me habían
preparado y orientado hacia una carrera
académica o investigadora. Además,
me gustaban los "retos" de la
ciencia. Por lo tanto, al licenciarme
y comenzar mis estudios de posgrado, decidí
centrarme en aquello a lo que mi experiencia
y formación previa me habían
dirigido.
Perseguir un
interés
Durante mi segundo
año de doctorado, tuve que escoger
un laboratorio para mi investigación.
No obstante, tras un año en este
centro, decidí que ya no me interesaba
dedicarme al mundo de los experimentos.
La investigación todavía
me resultaba emocionante y un desafío
continuo, pero anhelaba encontrar una
nueva manera de seguir cultivando mi interés
por la farmacología sin tener que
estar en el laboratorio. No quería
hablar de estas cosas con otros estudiantes
ni con mi tutor porque no sabía
cómo reaccionarían. En la
facultad, la única alternativa
a la investigación académica
que se nos mencionaba era la industria.
No es que estudiantes y profesores no
apoyasen otras opciones, es que simplemente
no se mencionaban ni debatían las
alternativas.
Mi tutor en aquella
época era un científico
excelente, pero yo jamás sentí
que estuviese realmente interesado en
supervisar mi trabajo, incluso antes de
que le hablase de mis nuevos planes profesionales.
En lugar de apoyar mi decisión
de completar el doctorado y a continuación
adentrarme en el campo del derecho de
patentes, me sugirió que completase
un Master y me metiese directamente en
la industria. Visto que no estaba dispuesto
a ofrecerme ningún tipo de apoyo
y asesoramiento, decidí procurarme
un nuevo tutor.
La transición
Mi actual tutor en
el NIDA se ha mostrado siempre muy cooperador
en lo que se refiere a la consecución
de mis objetivos a corto y medio plazo.
El proyecto en el que estoy trabajando
en su laboratorio me emociona, al igual
que la oportunidad de aprender tanto de
él como de mis compañeros.
Ya sabía hace algún tiempo
que quería terminar el doctorado
antes de abandonar el campo de la investigación
académica, pero ahora, por fin,
me siento libre para hablar de estos temas
en mi lugar de trabajo. Mi tutor es muy
receptivo, no sólo a mis ideas
sobre la tesis, también a mi interés
por el derecho de patentes. A pesar de
que la mayoría de sus compañeros
de profesión trabajan en instituciones
académicas y científicas,
se ha ofrecido a ayudarme en todo lo posible
a hacer la transición. Su actitud
generosa y comprensiva ha hecho que me
resultase más sencillo compartir
mis intereses con otros estudiantes y
asesores del comité, todos los
cuales me han brindado siempre su apoyo.
Informándome
acerca del derecho de patentes como salida
profesional
Si de algo me he
dado cuenta es de que, para el doctorando,
el contexto de la universidad constituye
un entorno independiente, en el que prima
el principio de la auto-ayuda. Aunque
me precio de tener un grupo realmente
colaborador de colegas y tutores, casi
todos los conocimientos que tengo, hoy
por hoy, acerca del derecho de patentes
son el fruto de mi propia exploración.
Recientemente, asistí
a un seminario patrocinado por la Association
for Women in Science, en el que
una examinadora de patentes de la Oficina
de Patentes y Marcas de los Estados Unidos
(United States Patent and Trademark
Office, USPTO), una abogada especialista
en patentes de un bufete de abogados y
una consultora de una empresa farmacéutica
presentaron sus respectivas carreras profesionales.
Tras hablar personalmente con cada una
de estas tres mujeres, después
de sus intervenciones, me ilusioné
todavía más con la idea
de derivar en una salida profesional "alternativa",
como las de ellas. Comencé a estudiar
mis opciones de forma más activa.
Encontré una veta riquísima
de información en Internet; de
entre todos los sitios web consultados,
destacaría los de la USPTO y el
de la Oficina de Transferencia Tecnológica
de los Institutos Nacionales de Salud
(NIH Office of Technology Transfer).
En la página de Next Wave, publicación
perteneciente a la revista Science, recopilé
información acerca de mis diversas
alternativas profesionales en el ámbito
científico y sobre cómo
llevar a cabo la transición al
campo del derecho de patentes. Me inspiró
particularmente el poder leer las historias
personales de otros individuos que, como
yo, habían optado por virar hacia
áreas profesionales distintas a
las habituales.
Gracias a todo el
tiempo que he dedicado a estudiar el campo
del derecho de patentes, ahora sé
que tipo de formación necesito
y cuáles son mis opciones. Aunque
todavía no he hecho el LSAT ni
he solicitado la admisión en un
curso de posgrado de Derecho, ya he visitado
las páginas web de varias universidades
en el área de Washington D.C. y
Maryland. Resultaría harto complicado
compaginar mi último año
de doctorado con la preparación
del LSAT y el proceso de solicitud de
cursos de posgrado, así que he
decidido esperar a doctorarme y después
tomarme uno o dos años para realizar
todos estos trámites necesarios.
Hay varias maneras de irrumpir en el campo
del derecho de patentes, sin dejar de
darle una aplicación a toda la
formación científica adquirida
hasta la fecha, a la vez que satisfago
mis intereses en el ámbito de la
investigación. De hecho, ahora
mismo estoy considerando la posibilidad
de solicitar varios puestos de trabajo
(uno de investigadora posdoctoral en la
Oficina de Transferencia Tecnológica
de los Institutos Nacionales de Salud
estadounidenses, otro de examinadora de
patentes en el USPTO y otro de técnico
especialista en un bufete de abogados)
y quizás también una beca
relacionada con derecho de la propiedad
intelectual o con política científica.
En algunos de estos puestos incluso me
pagarían el posgrado en derecho.
Y en cualquier caso, cualquiera de estas
posibilidades me ayudaría a prepararme
para mi cambio profesional.
Hace cuatro
años comencé un programa
de doctorado en farmacología y
terapéutica experimental. Imaginaba
que al título de doctor le seguiría
una carrera profesional como profesor
universitario y científico de laboratorio.
Nunca imaginé que habría
tantas carreras alternativas en las que
hacer un buen uso de mi formación
científica. Explorando el rango
de mis opciones, he descubierto oportunidades
para científicos en campos tan
variados como lo son la biología
computacional, la regulación científica,
el marketing, el apoyo técnico,
la política pública, la
redacción científica y el
periodismo, por nombrar sólo unos
pocos. A mí me han interesado particularmente
los de derecho de la propiedad intelectual
y transferencia tecnológica. Y
ahora, cosa que nunca habría predicho
en mi primer año de doctorado,
me estoy preparando para ser abogada de
patentes.
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