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A
lo largo del último año,
tomé la decisión de crear
mi propia empresa de consultoría
para las áreas de ciencias del
deporte y ergonomía medioambiental.
Si ya tenía un floreciente laboratorio
de investigación y una carga docente
considerable, además de una familia
joven en plena expansión, ¿por
qué decidí emprender esta
nueva aventura? Básicamente, no
me quise perder ni la emoción que
trae consigo el crear algo de cero ni
la consiguiente oportunidad de crecimiento
personal. Me apasiona pertenecer al mundo
académico y en ningún caso
quisiera abandonarlo. Sin embargo, el
espíritu empresarial que, en mi
opinión, encarnan todos los académicos
hizo que viviese la creación de
mi propia empresa como una extensión
natural de mi propia evolución
como investigador. Fue esto, a lo que
se unió mi deseo de aplicar directamente
mis conocimientos teóricos, lo
que me animó a crear mi propia
consultoría.
En este primer artículo
monográfico que escribo para Next
Wave, examinaré las razones a favor
y en contra del establecimiento de un
servicio de consultoría, a tiempo
parcial, en un determinado campo de investigación.
En mis próximas contribuciones,
me centraré en algunos de los retos
y oportunidades propios del consultor
académico.
Una de las realidades
fundamentales de la vida universitaria
es que - digan lo que digan los de administración,
palabrería aparte - los criterios
principales para avanzar en la profesión
académica son la obtención
de becas de fuentes tradicionales de financiación
y las publicaciones. En contraste, poco
valor tienen tanto la investigación
aplicada como las colaboraciones con el
sector industrial a pesar de que haya,
por lo menos, tantas posibilidades de
financiación en estos dos ámbitos
como en las ramas más tradicionales.
Siempre he sido un firme defensor de la
comunicación entre la investigación
básica y la aplicada, y no creo
que las dos áreas sean mutuamente
incompatibles. A través de nuestra
formación académica y nuestro
historial investigador, investigadores
teóricos y aplicados nos hemos
hecho expertos en ámbitos diferentes.
Es por ello que el proceso de aplicar
el conocimiento teórico básico
a situaciones específicas del mundo
real resulta intelectualmente emocionante.
Además, la investigación
aplicada también requiere un nivel
de velocidad y eficiencia que, a menudo,
es difícil de lograr cuando se
trabaja en un entorno universitario tradicional.
Aparte de la emoción
que entraña el formar y criar una
nueva empresa , ¿qué ventajas
específicas tiene el crear su propia
consultoría, partiendo de que usted
es un académico?
- La ventaja más
evidente es fiscal. Como empleados de
universidades canadienses, no podemos
hacer constar como gastos algunos costes
legítimos, léase viajes
para asistir a congresos, libros o ciertos
programas informáticos no cubiertos
por las becas de investigación.
Además de esto, la mayoría
de nosotros probablemente tengamos algún
tipo de oficina en casa, en la que hacemos
buena parte de nuestro trabajo. Siendo
consultores autónomos podemos
deducir los gastos asociados con el
despacho de casa y otros costes de investigación.
No obstante, algo importante que examinaré
en un artículo próximo
es cómo separar adecuadamente
la Universidad de la propia empresa.
- La consultoría
es una aventura empresarial de relativamente
poco riesgo. Normalmente, los gastos
indirectos, en términos de equipo
e infraestructura, son mínimos,
y lo habitual es que usted sea el único
empleado. Existen acuerdos colectivos
en la mayoría de las instituciones
académicas canadienses que permiten
que los miembros del cuerpo docente
lleven a cabo labores extracurriculares
de consultoría, siempre y cuando
demuestren que no interfieren con su
ocupación principal de investigador
universitario. Por lo tanto, la empresa
tiene la habilidad de "hibernar"
durante un periodo determinado, bien
sea por falta de tiempo o por falta
de contratos, con consecuencias financieras
mínimas. Uno puede invertir el
tiempo que desee en el nuevo negocio:
mucho o poco. Y si las cosas saliesen
mal, ¡el trabajo de la Universidad
no se habrá escapado!
- Dada su amplia
experiencia en su campo de investigación,
idealmente usted ya es una autoridad
reconocida en su ámbito. Por
lo tanto, ya ha logrado el objetivo
empresarial esencial: el reconocimiento
de marca. Su principal reto pasa a ser
el lograr que el mundo empresarial conozca
sus habilidades y cómo les pueden
beneficiar, tema que exploraré
en mayor profundidad en otro artículo.
Evidentemente, la
vida de consultor no está hecha
para todos. Una de las principales dudas
a las que uno se enfrenta a la hora de
emprender una nueva aventura empresarial
es el temor a carecer de las habilidades
corporativas necesarias. ¿A uno
no le enseñan formalmente a dar
clase durante la formación universitaria
de posgrado, verdad? Lo mismo puede decirse
de las habilidades empresariales y del
espíritu empresarial. Sin embargo,
creo que una de las características
esenciales de un buen investigador es
la posesión de una fuerte tendencia
empresarial, y que las similitudes entre
un sólido programa de investigación
y un modelo empresarial son realmente
numerosas. Dentro del entorno investigador,
lo que hacemos - básicamente -
es dirigir nuestras propias pequeñas
empresas. Nuestros objetivos en el mundo
académico - las becas y las publicaciones
- se semejan bastante a los de las empresas,
que buscan inversiones de financiación
a la par que producir resultados de calidad.
Y al igual que cualquier empresa, tenemos
el constante desafío de emplear
y financiar a los mejores empleados (esto
es: alumnos, técnicos e investigadores
posdoctorales) mientras que nos esforzamos
por proporcionarles oportunidades para
que sigan desarrollando sus capacidades.
Por lo tanto, sólo hay un paso,
relativamente sencillo, entre la dirección
de su propio laboratorio y la dirección
de sus propias empresas.
Sin embargo, existen algunos obstáculos
importantes, inherentes a la creación
de una consultoría basada en la
propia especialidad investigadora, que
podrían ser insalvables. Cabe destacar
los siguientes:
- Al trabajar fuera
del paraguas de la universidad, uno
está completamente a cargo de
su póliza de seguros y de sus
responsabilidades. Esto puede ser difícil
de obtener en campos en los que no existen
organizaciones o colegios profesionales
específicos.
- En relación
con la estructura universitaria, uno
también es completamente responsable
de cualquier autorización ética
que se le pudiera requerir para llevar
a cabo su trabajo. Como las juntas de
revisión ética de Norteamérica
están primordialmente basadas
en instituciones investigadoras formales,
podrían surgir problemas en algunos
campos concretos dentro de las ciencias
de la salud.
- Aunque es cierto
que sus labores de consultoría
podrían "hibernar",
no subestime el compromiso temporal
que suponen. Además del trabajo
en sí, se requiere tiempo adicional
para la gestión del negocio y
la mayoría de nosotros tenemos
poca experiencia en contabilidad o en
derecho mercantil. Asimismo, tampoco
minusvalore la posibilidad de que el
negocio se expanda más allá
de sus capacidades, exigiendo una estructura
más formal y/o la contratación
de más empleados. Es en este
punto donde resulta útil un sólido
plan empresarial - trataré algunos
aspectos relacionados con su confección
en un próximo artículo.
Al final, la universidad
puede ser el trampolín perfecto
para desarrollar una labor consultora
complementaria. No importa lo aparentemente
especializado o general que sea su campo
de investigación: con casi toda
probabilidad, existirá un mercado
para la aplicación de ese conocimiento
y alguien dispuesto a pagar por ello.
Lo divertido es tender el puente entre
ambos.
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