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El consultor académico: ¿por qué crear una consultoría?

STEPHEN CHEUNG
Profesor asociado
Dalhousie University
Nova Scotia (Canadá)

"La universidad puede ser el trampolín perfecto para desarrollar una labor consultora complementaria".

A lo largo del último año, tomé la decisión de crear mi propia empresa de consultoría para las áreas de ciencias del deporte y ergonomía medioambiental. Si ya tenía un floreciente laboratorio de investigación y una carga docente considerable, además de una familia joven en plena expansión, ¿por qué decidí emprender esta nueva aventura? Básicamente, no me quise perder ni la emoción que trae consigo el crear algo de cero ni la consiguiente oportunidad de crecimiento personal. Me apasiona pertenecer al mundo académico y en ningún caso quisiera abandonarlo. Sin embargo, el espíritu empresarial que, en mi opinión, encarnan todos los académicos hizo que viviese la creación de mi propia empresa como una extensión natural de mi propia evolución como investigador. Fue esto, a lo que se unió mi deseo de aplicar directamente mis conocimientos teóricos, lo que me animó a crear mi propia consultoría.

En este primer artículo monográfico que escribo para Next Wave, examinaré las razones a favor y en contra del establecimiento de un servicio de consultoría, a tiempo parcial, en un determinado campo de investigación. En mis próximas contribuciones, me centraré en algunos de los retos y oportunidades propios del consultor académico.

Una de las realidades fundamentales de la vida universitaria es que - digan lo que digan los de administración, palabrería aparte - los criterios principales para avanzar en la profesión académica son la obtención de becas de fuentes tradicionales de financiación y las publicaciones. En contraste, poco valor tienen tanto la investigación aplicada como las colaboraciones con el sector industrial a pesar de que haya, por lo menos, tantas posibilidades de financiación en estos dos ámbitos como en las ramas más tradicionales. Siempre he sido un firme defensor de la comunicación entre la investigación básica y la aplicada, y no creo que las dos áreas sean mutuamente incompatibles. A través de nuestra formación académica y nuestro historial investigador, investigadores teóricos y aplicados nos hemos hecho expertos en ámbitos diferentes. Es por ello que el proceso de aplicar el conocimiento teórico básico a situaciones específicas del mundo real resulta intelectualmente emocionante. Además, la investigación aplicada también requiere un nivel de velocidad y eficiencia que, a menudo, es difícil de lograr cuando se trabaja en un entorno universitario tradicional.

Aparte de la emoción que entraña el formar y criar una nueva empresa , ¿qué ventajas específicas tiene el crear su propia consultoría, partiendo de que usted es un académico?

  • La ventaja más evidente es fiscal. Como empleados de universidades canadienses, no podemos hacer constar como gastos algunos costes legítimos, léase viajes para asistir a congresos, libros o ciertos programas informáticos no cubiertos por las becas de investigación. Además de esto, la mayoría de nosotros probablemente tengamos algún tipo de oficina en casa, en la que hacemos buena parte de nuestro trabajo. Siendo consultores autónomos podemos deducir los gastos asociados con el despacho de casa y otros costes de investigación. No obstante, algo importante que examinaré en un artículo próximo es cómo separar adecuadamente la Universidad de la propia empresa.
  • La consultoría es una aventura empresarial de relativamente poco riesgo. Normalmente, los gastos indirectos, en términos de equipo e infraestructura, son mínimos, y lo habitual es que usted sea el único empleado. Existen acuerdos colectivos en la mayoría de las instituciones académicas canadienses que permiten que los miembros del cuerpo docente lleven a cabo labores extracurriculares de consultoría, siempre y cuando demuestren que no interfieren con su ocupación principal de investigador universitario. Por lo tanto, la empresa tiene la habilidad de "hibernar" durante un periodo determinado, bien sea por falta de tiempo o por falta de contratos, con consecuencias financieras mínimas. Uno puede invertir el tiempo que desee en el nuevo negocio: mucho o poco. Y si las cosas saliesen mal, ¡el trabajo de la Universidad no se habrá escapado!
  • Dada su amplia experiencia en su campo de investigación, idealmente usted ya es una autoridad reconocida en su ámbito. Por lo tanto, ya ha logrado el objetivo empresarial esencial: el reconocimiento de marca. Su principal reto pasa a ser el lograr que el mundo empresarial conozca sus habilidades y cómo les pueden beneficiar, tema que exploraré en mayor profundidad en otro artículo.

Evidentemente, la vida de consultor no está hecha para todos. Una de las principales dudas a las que uno se enfrenta a la hora de emprender una nueva aventura empresarial es el temor a carecer de las habilidades corporativas necesarias. ¿A uno no le enseñan formalmente a dar clase durante la formación universitaria de posgrado, verdad? Lo mismo puede decirse de las habilidades empresariales y del espíritu empresarial. Sin embargo, creo que una de las características esenciales de un buen investigador es la posesión de una fuerte tendencia empresarial, y que las similitudes entre un sólido programa de investigación y un modelo empresarial son realmente numerosas. Dentro del entorno investigador, lo que hacemos - básicamente - es dirigir nuestras propias pequeñas empresas. Nuestros objetivos en el mundo académico - las becas y las publicaciones - se semejan bastante a los de las empresas, que buscan inversiones de financiación a la par que producir resultados de calidad. Y al igual que cualquier empresa, tenemos el constante desafío de emplear y financiar a los mejores empleados (esto es: alumnos, técnicos e investigadores posdoctorales) mientras que nos esforzamos por proporcionarles oportunidades para que sigan desarrollando sus capacidades. Por lo tanto, sólo hay un paso, relativamente sencillo, entre la dirección de su propio laboratorio y la dirección de sus propias empresas.
Sin embargo, existen algunos obstáculos importantes, inherentes a la creación de una consultoría basada en la propia especialidad investigadora, que podrían ser insalvables. Cabe destacar los siguientes:

  • Al trabajar fuera del paraguas de la universidad, uno está completamente a cargo de su póliza de seguros y de sus responsabilidades. Esto puede ser difícil de obtener en campos en los que no existen organizaciones o colegios profesionales específicos.
  • En relación con la estructura universitaria, uno también es completamente responsable de cualquier autorización ética que se le pudiera requerir para llevar a cabo su trabajo. Como las juntas de revisión ética de Norteamérica están primordialmente basadas en instituciones investigadoras formales, podrían surgir problemas en algunos campos concretos dentro de las ciencias de la salud.
  • Aunque es cierto que sus labores de consultoría podrían "hibernar", no subestime el compromiso temporal que suponen. Además del trabajo en sí, se requiere tiempo adicional para la gestión del negocio y la mayoría de nosotros tenemos poca experiencia en contabilidad o en derecho mercantil. Asimismo, tampoco minusvalore la posibilidad de que el negocio se expanda más allá de sus capacidades, exigiendo una estructura más formal y/o la contratación de más empleados. Es en este punto donde resulta útil un sólido plan empresarial - trataré algunos aspectos relacionados con su confección en un próximo artículo.

Al final, la universidad puede ser el trampolín perfecto para desarrollar una labor consultora complementaria. No importa lo aparentemente especializado o general que sea su campo de investigación: con casi toda probabilidad, existirá un mercado para la aplicación de ese conocimiento y alguien dispuesto a pagar por ello. Lo divertido es tender el puente entre ambos.

 

 

 

 

 

 

 

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