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Si
ha decidido que su pericia científica
puede ser valiosa fuera del mundo académico,
no le llegará con abrir un despacho
y esperar a que todo llegue. Cualquier
estudiante de 1º año de un
MBA sabe que el éxito o el fracaso
de una actividad económica generalmente
depende de la cantidad y de la calidad
del tiempo que se dedique a planificar
su lanzamiento. Este segundo artículo
sobre consultorías académicas
le mostrará que la configuración
de una estrategia minuciosa para su empresa
le dará la oportunidad no sólo
de analizar su viabilidad en profundidad
sino también de evaluar su propia
capacitación para adentrarse en
el mundo de los negocios.
Ahora que ha decidido
que el mundo de las consultorías
está hecho para usted, es hora
de comenzar a confeccionar una estrategia
para que esa decisión se haga realidad.
Para la mayoría de los científicos,
esto supone elaborar un plan empresarial:
esa entidad, vaga y nebulosa, que "parece
ser es necesaria en toda empresa"
pero de la que no sabemos absolutamente
nada. Entonces, una de dos: o acabamos
temiéndolo y buscando todo tipo
de razones para arreglárnoslas
sin él o le contratamos el proyecto
a algún graduado en Empresariales
o a algún pequeño centro
de negocios vinculado a alguna universidad,
que utilizará la empresa emergente
como caso práctico para sus estudiantes
a cambio de un descuento en sus tarifas.
Yo, personalmente,
le recomiendo encarecidamente no sólo
que destine tiempo a desarrollar un plan
empresarial de gran solidez para su empresa
de consultoría sino que lo haga
usted mismo. Además de ahorrar
dinero, obtendrá otras recompensas.
Como bien señaló Charles
Boulakia, en su excelente monográfico
para Next Wave sobre diseño de
planes empresariales: "Hay demasiadas
personas que se lanzan a una empresa sin
saber exactamente lo que supondrá
para sus vidas, e incluso a dónde
les llevará". Boulakia añade:
"El plan empresarial ayuda a los
empresarios a encaminarse hacia el éxito,
obligándoles a analizar todos los
asuntos y problemas a los que su empresa
se puede tener que enfrentar". Por
lo tanto, la auto-confección del
plan empresarial (al fin y al cabo, ¡es
ésta la esencia de toda empresa
de consultoría!) no constituye
sino otra excelente oportunidad para vislumbrar
en qué exactamente se está
metiendo uno con la creación de
su empresa. Aparte, salvo que encuentre
un alumno de MBA con conocimientos muy
específicos sobre su campo, me
temo que el individuo en cuestión
no podrá ayudarle a maximizar el
marketing o el proceso de networking de
su compañía.
Donde sin duda sí
que necesitará asistencia externa
es en los aspectos legales y contables
de la consultoría. El mundo empresarial
es, a menudo, la antítesis total
del intercambio, libre y abierto, de información
que asumimos dentro del ámbito
universitario, y necesita asegurarse de
que no se despista en aspectos tan variados
como pueden serlo los acuerdos de omisión
del deber de revelar datos en procesos
civiles o la legislación sobre
propiedad intelectual. Por lo tanto, vale
la pena el contar con los servicios de
un asesor legal, el cual, además
de ayudarle en el proceso de creación
y mantenimiento de la empresa, le proporcionará
consejos sobre nuevos contratos y sobre
todo asunto de corte legal que pudiese
surgirle. Es igualmente valioso el tener
al lado a un contable en el que confíe,
no sólo para que le eche un cabo
a finales del año y en los periodos
de pago de impuestos, sino para que le
ayude a instalar un sistema de contabilidad
sencillo que usted luego pueda implementar:
un sistema que minimice las tareas administrativas
y que le permita dedicar su tiempo precioso
a la construcción de la empresa.
No hace falta señalar
que usted seguirá siendo responsable
de la gestión diaria de su empresa,
incluso si decide subcontratar a un contable
a tiempo parcial para que lleve sus cuentas,
por lo que sigue siendo esencial que conozca
los aspectos fundamentales de contabilidad
y de derecho mercantil.
Uno de los puntos
verdaderamente esenciales del proceso
de creación de una empresa de consultoría
académica es la configuración
de un plan de crecimiento sistemático.
Antes de nada, debe decidir el nivel de
compromiso con el que se siente cómodo,
teniendo en cuenta que tiene un trabajo
a jornada completa en la Universidad y
que tiene una vida al margen del trabajo.
(Lo que, una vez más, nos remonta
a la pregunta que me hacía en mi
primer artículo: ¿por qué,
para empezar, ha decidido montar una empresa?).
Tiene que precisar, con exactitud, cuántas
horas quiere dedicar a la empresa porque,
asumiendo que la idea empresarial que
la sustenta sea sólida y que usted
haga un buen trabajo, es muy probable
que crezca su reputación o que
cada vez haya más clientes llamando
a su puerta. Por lo tanto, tiene que pensar
en que hará cuando las exigencias
de su actividad económica comiencen
a exceder su nivel de compromiso adquirido.
¿Optará por, simplemente,
no aceptar más clientes ni nuevos
contratos? ¿Contratará a
nuevos empleados? Y si las cosas salen
realmente bien, ¿abandonará
el mundo académico para dirigir
su empresa a jornada completa?
Si se decide por
la segunda opción y emplea a más
gente, debe estar preparado para asumir
más cargas administrativas (ej.
contratación, nóminas, retribuciones...).
También tendrá que reconocer
que está contrayendo el compromiso
de obtener los ingresos necesarios para
poder asumir todas las implicaciones de
las nóminas. Más aún,
todos recordamos lo importante que es,
cuando acaba de llegar a la universidad,
el seleccionar cuidadosamente a su primer
alumno de posgrado. Lo mismo sucede con
los empleados: es importantísimo
que esa primera persona que trabaje con
usted sea excelente. No sólo serán
ustedes los que construyan la empresa
juntos durante su etapa más crítica;
el primer empleado ejercerá una
gran influencia en la cultura empresarial
y en todos los empleados que le sigan.
En mi caso, tuve
la suerte de que mi primer alumno de posgrado
fue también mi primer empleado.
Este individuo tenía magníficas
calificaciones profesionales y disfrutábamos
de una excelente relación laboral.
No obstante, aunque contratar a alumnos,
presentes o pasados, puede ser la mejor
solución, la relación contratador
/ empleado puede ser bastante diferente
a la de asesor / alumno así que
debe estar preparado para ver una evolución
en las relaciones. La contratación
de alumnos también puede traer
consigo conflictos de interés desde
el punto de vista de la universidad, tema
que exploraré con mayor profundidad
en otro artículo de este monográfico.
Otro aspecto en el que hay que reflexionar
en la fase de configuración de
la empresa es en la identificación,
y posiblemente en la delimitación,
del mercado potencial para sus servicios.
¿Quién estará dispuesto
a pagar no poco dinero por su tiempo y
experiencia? Puede que ya tenga algunos
contactos en la industria; si es así,
estos constituyen un excelente primer
paso. Sin embargo, debe tener siempre
en cuenta el hecho de que usted, como
consultor, no estará inventando
ni vendiendo el más novedoso de
los artilugios. Necesita comprender su
mercado potencial de un modo realmente
pleno y global. Por ejemplo, sus conocimientos
técnicos sobre un amplio repertorio
de temas, unido a su habilidad para apreciar
las aplicaciones potenciales de nuevas
ideas, pueden hacerle valiosísimo
para las sociedades de inversiones, los
capitalistas de riesgo e incluso para
abogados de patentes que estén
tratando de conocer el potencial de inversiones
de nuevas empresas o tecnologías.
Evidentemente, comprender su mercado también
le ayudará a planificar el futuro
de su empresa dándole claras indicaciones
de su potencial de crecimiento.
Después
de todo lo dicho, creo que ha quedado
claro que no es poco lo que tiene que
reflexionar antes de montar su despacho
de consultor. Mis consideraciones no pretenden
constituir obstáculos; véalas
como una oportunidad para comprender,
genuinamente, su nuevo papel. De hecho,
el proceso puede enseñarle algo
sobre usted mismo además de sobre
qué es lo que le hace único,
tanto como científico como como
ser humano.
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