Durante la mayor parte de mi jornada laboral,
lo que hago es evaluar las necesidades que
se presentan en los diferentes centros nacionales
del genoma, tanto a la hora de introducir
como de recuperar información de
las bases de datos. Consecuentemente, mi
rutina diaria está repleta de un
amplio repertorio de proyectos a corto y
largo plazo, en todos los cuales mi labor
consiste en proporcionar el apoyo técnico
que pudiese necesitarse en los centros nacionales
del genoma.
Cuando me licencié
en biología por la Grand Valley
State University, mi idea era doctorarme
en genética molecular, para después
dedicarme a la enseñanza de la
biología. Nunca pude anticipar
que utilizaría mi formación
para trabajar en el campo de la bioinformática.
Mi trayectoria profesional, como la de
muchos otros bioinformáticos que
conozco, ha sido un tanto serpenteante.
Comencé mis
estudios de posgrado en la Universidad
de Tennessee, en Knoxville (EE.UU.), en
un programa doctoral de biología
celular, molecular y del desarrollo. Aunque
al principio me atraía, sobre todo,
la genética del desarrollo, pronto
me di cuenta de que lo que más
me interesaba eran los estudios de interacciones
proteína-ADN. En la primavera de
1988, tras un rotatorio por varios laboratorios,
me incorporé al grupo de un bioquímico
físico y me dediqué a investigar
los mecanismos de transposición
replicativa del ADN. Tuve así la
oportunidad de aprender acerca de algunos
procesos y estados celulares básicos,
tales como la replicación de ADN,
su transposición y la topología
del ADN a nivel mecanístico.
Fue un trabajo duro,
en el que tuve que invertir muchas horas,
pero me gustaba porque me suponía
un reto continuo. No sólo tuve
que comprender estos procesos de forma
muy minuciosa; también tuve que
aprender un amplísimo repertorio
de técnicas de laboratorio. Siempre
obtenía satisfacción cada
vez que llegaba a dominar una nueva técnica
y que veía, de primera mano, los
resultados de su aplicación.
Poco después
de empezar a trabajar en el laboratorio
de transposición de ADN, mi jefe
de investigación fue invitado a
incorporarse, junto con todos los doctorandos
a su cargo, al Laboratorio Nacional Los
Álamos (Los Alamos National
Laboratory, LANL), para trabajar en
el Proyecto Genoma Humano. La idea de
colaborar en este proyecto me entusiasmó
y, sin mayor dilación, me trasladé
a Nuevo Méjico en otoño
de 1989. En aquel entonces, creía
que podría terminar mi tesis durante
mi estancia en el LANL, pero pronto me
di cuenta de que este objetivo no sería
todo lo fácil que había
previsto. Aunque todavía no era
consciente de ello, esta transición
profesional fue uno de los puntos de inflexión
más significativos de mi vida,
y supuso el final anticipado de mis estudios
de postgrado.
El traslado a Nuevo
Méjico también coincidió
con el comienzo de una nueva era en la
investigación biológica.
Pasamos a formar parte de un grupo interdisciplinar
que estaba trabajando en el desarrollo
de una nueva técnica, más
rápida, de secuenciación
de ADN. Como parte de este proyecto, mi
investigación viró hacia
una nueva dirección. Una vez más,
tuve que formarme en varias áreas
biológicas, tanto en términos
de teoría como de técnicas
de laboratorio, a un nivel de detalle
que nunca creía fuese posible.
Asimismo, dado el tipo de datos que estaba
produciendo, así como su volumen,
comencé a trabajar cada vez más
con sofisticadas herramientas de análisis
de datos, para la interpretación
de información. Esta experiencia
me ayudó a empezar a darme cuenta
de la importancia de la gestión
y la manipulación de datos, en
proyectos a gran escala como el Proyecto
Genoma Humano.
Dos años más
tarde, cuando disminuyó la financiación
para el proyecto de secuenciación
de ADN y buscaba un modo de sostenerme
económicamente utilizando mi formación
y experiencia, tuve la oportunidad de
incorporarme al GSDB. Fue un cambio importante,
todavía más que el traslado
a Nuevo Méjico, porque dejé
de hacer investigación, propiamente
dicha, dentro del laboratorio. Empecé
a pasar la mayor parte del tiempo observando
y manipulando secuencias de ADN y datos
relacionados de otros investigadores,
en una base de datos en un computador.
En los cinco años
que llevo trabajando para el GSBD, mi
papel dentro del proyecto ha cambiado
considerablemente y he ido ampliando mis
conocimientos informáticos (ahora
domino AWK, PERL, SED, SQL y muchas utilidades
UNIX). Al principio, me dedicaba sobre
todo a la revisión y supervisión
de datos. No obstante, poco después,
y conforme fui avanzando, tanto en formación
como en experiencia en el laboratorio,
me fueron asignadas otras tareas, hasta
que finalmente pasé a ser el principal
punto de contacto entre los diversos centros
nacionales del genoma que utilizan la
GSDB.
A comienzos del verano
de 1994, la GSBD abandonó el LANL
(Los Alamos National Laboratory)
y fue asimilada por el recién creado
NCGR. El trabajo hasta entonces llevado
a cabo por la GSBD se adaptó muy
bien a la misión del NCGR. El NCGR
es una organización sin ánimo
de lucro con sede en Santa Fe, Nuevo Méjico
(EE.UU.). Proporcionamos información
y otros recursos generados por el Proyecto
Genoma Humano, y otros proyectos relacionados,
a los sectores público y privado.
Nuestra principal fuente de datos es la
GSDB (Genome Sequence Data Base),
una de las cuatro bases de datos públicas
de secuencias de ADN que existen en todo
el mundo. Otro de los objetivos del NCGR
es analizar las implicaciones sociales,
éticas y jurídicas de la
investigación genética.
Mediante sus programas de Genética
y de Temas de Interés Público,
respectivamente, el centro está
haciendo lo posible por difundir información
útil entre consumidores, médicos,
asesores genéticos y otros individuos
preocupados por el impacto de la ciencia
en la sociedad.
En la actualidad,
estoy bastante contenta con mi puesto
en el NCGR. Dado mi nivel de educación
formal e informal, veo margen para la
auto-promoción en términos
de responsabilidades. No obstante, creo
que algún día querré
regresar a la universidad para obtener
un diploma avanzado de postgrado en bioinformática,
para así tener más oportunidades
a mi alcance dentro de este campo. La
bioinformática, no obstante, está
cambiando y, en el futuro, cada vez será
más importante que los jóvenes,
interesados en esta disciplina, obtengan
una educación formal en bioinformática,
vía licenciatura. Si volviese a
comenzar, me volvería a licenciar
en biología, y a sub-especializarme
en química, pero también
me matricularía en todas las clases
de informática y matemáticas
que pudieseN.
En el pasado,
pasé por etapas en las que me preocupaba
el "poco control" que a primera
vista reflejaba mi trayectoria profesional.
Ya no es el caso. De hecho, hoy pienso
que las etapas tangentes que he dedicado
a la investigación biológica
han ampliado mis conocimientos y me han
equipado para poder gestionar mejor, en
el día a día, las responsabilidades
que entraña mi actual puesto laboral.
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