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JIM FICKETT
ESTADOS UNIDOS

12/07/96

 

 

Un biólogo experimental avanza en su conocimiento de los sistemas vivos sometiendo a organismos, células y sistemas bioquímicos a múltiples condiciones experimentales, y observando los resultados obtenidos. Un biólogo computacional somete los datos recolectados por los experimentalistas a varios tipos de análisis y trata de extraer hipótesis, que a su vez pueden ser puestas a prueba mediante experimentación. El enfoque computacional es valioso porque una vez se encapsula una experiencia en un modelo, resulta más eficaz re-utilizar ese modelo que volver a aprender de la experiencia.

Por ejemplo, cuando un investigador comienza a estudiar un nuevo gen, lo primero que hace es comparar la especificación molecular de éste con una base de datos (GenBank) con información semejante sobre genes previamente analizados, o una base de datos (ProSite o BLOCKS) de motivos funcionales comunes a toda una familia de genes. A menudo, una búsqueda de este tipo conduce a información importante con mucha mayor rapidez que vía experimentación.

Dejemos, no obstante, las disciplinas académicas a un lado y pasemos a hablar de personas de carne y hueso: aquellas que optan por la biología computacional suelen hacerlo porque están dotados para ello. En mi caso, siempre me ha interesado la biología, pero lo que disfruto más, y lo que se me da mejor, es la abstracción, la generalización y el diseño de algoritmos. En el colegio escogí matemáticas puras, por ser ésta la materia en la que más destacaba. (Simplemente, no hubiese podido superar un largo currículum de asignaturas de bioquímica, taxonomía y tareas de laboratorio). No obstante, después de escribir mi tesis y descubrir que sólo había otras tres personas en el mundo interesadas en la belleza abstracta por mí creada, decidí adentrarme en un campo más aplicado, y escogí el de la biología computacional.

Los programas de formación en biología computacional todavía están saliendo del huevo. No es de extrañar, por lo tanto, que la mayoría de los actuales biólogos computacionales hayan derivado hacia esta disciplina a partir de otra (biología experimental, informática, matemáticas o ciencias físicas, fundamentalmente), y que se hayan formado en lo necesario en el curso de su trabajo. Yo he aprendido la biología que necesito en parte a través de libros de texto, pero principalmente mediante publicaciones de investigación. En la actualidad, varias universidades cuentan ya con programas interdisciplinares (yo participo en uno de la Universidad de Pensilvania), pero, dada su novedad, todos carecen de experiencia, y los estudiantes han de ser advertidos de que el currículum probablemente seguirá siendo un tanto incierto durante algún tiempo. El campo todavía está a la espera de acoger a individuos altamente motivados que disfruten aprendiendo de forma autodidacta.

Ese elemento "pionero" de la biología computacional es uno de los aspectos que más me atrae de ella. Yo me inicié en este campo en 1980. En aquel entonces, no había bases de datos computerizadas en biología molecular, pero Walter Goad, del Laboratorio Nacional de Los Álamos, tuvo la previsión y la agudeza de darse cuenta de que tales bases de datos constituirían un recurso básico para esta nuestra disciplina. Cuando empecé a trabajar para él, acababa de empezar un prototipo de lo que más tarde se vendría a llamar el GenBank, en la actualidad la base de datos más importante de nuestro campo, dirigida por el Centro Nacional de Información Biotecnológica (NCBI). (Fue esta oportunidad en cuestión la que me atrajo, inicialmente, hacia la biología computacional). Tuve el placer de darle forma a muchos aspectos de la propia base de datos, y también de la operación que la mantiene actualizada. La biología computacional todavía encierra múltiples oportunidades realmente innovadoras. La mayoría de los genes tienen mecanismos de control que hacen que se activen sólo en el contexto correcto. Así, por ejemplo, el gen de la hemoglobina sólo se enciende, sólo se pone en "on", en los glóbulos rojos. Una de las áreas de investigación más activas hoy en día se centra, precisamente, en estos mecanismos de control génico. A un nivel muy abstracto, podría decirse que los experimentos que se están llevando a cabo están revelando un elevadísimo número de puntos de control en el ADN del que están hechos los genes, pero que todavía queda por determinar qué patrones han de seguir dichos puntos para llegar a controlar diferentes contextos de actividad génica. Estos patrones de puntos de control constituyen un tema natural dentro del área de modelaje matemático: mi actual investigación constituye un intento de definir los patrones en el ADN, necesarios para los genes que han de estar en "on" en el músculo esqueletal.

Existe una demanda de biólogos computacionales. Esto quiere decir que si disfruta aprendiendo y adoptando nuevos desafíos, éste puede ser un buen campo para usted. Trabajé una serie de años en el grupo de biología teórica de Los Álamos, desarrollando algoritmos y herramientas para biólogos moleculares. Más tarde, decidí que quería centrarme en los "problemas" de la biología, en lugar de en las herramientas que luego emplearían los biólogos para solucionarlos. El trabajo en equipo entre biólogos computacionales y experimentales adopta su mejor expresión en el terreno industrial. Es por ello que ahora trabajo en SmithKline Beecham Pharmaceuticals, tratando de aprender más acerca del proceso general de descubrimiento de fármacos y esperando poder participar en el desarrollo de nuevos medicamentos, basados en datos, recién salidos del laboratorio, sobre genes humanos y enfermedades genéticas. Para mí, ésta no deja de ser una aventura emocionante.

 

 

 

 

 

 

 

 

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