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Una odisea en el campo de la biotecnología

MICHAEL GROSS

 

A los cuarenta años, Cathy Prescott ya había llevado a cabo investigación posdoctoral en tres países, trabajado en el campo de la industria, regresado al mundo académico y formado su propia empresa. En la actualidad, como directora de la sociedad de capital riesgo Avlar Bioventures Ltd., ubicada en Cambridge (Reino Unido), Prescott afirma que en cada una de las etapas de su trayectoria profesional aprendió cosas que más adelante le resultarían útiles.

Licenciada en Genética por la Universidad de Nottingham y doctora por la Universidad de Oxford, Prescott comenzó su andadura posdoctoral en la Universidad de Kent, en Canterbury, donde analizó la iniciación de la síntesis proteica en levaduras. De ahí pasó a la Brown University, en Providence, en el Estado de Rhode Island (EEUU), donde se centró en el ARN de los ribosomas bacterianos. Dos años más tarde regresó a Europa, donde realizó un tercer periodo de investigación posdoctoral de dos años de duración en el Instituto Max Planck de Genética Molecular (MPIMG) de Berlín. Bajo el liderazgo del difunto H.G.Wittmann, el MPIMG era un importante centro de investigación ribosómica que atraía a investigadores de todos los continentes.

Analizando sus tres periodos de investigación en tres países diferentes con la privilegiada perspectiva que otorga el tiempo, Prescott afirma que su trabajo en el Reino Unido le ofreció una base sólida para desarrollar pautas mentales novedosas. En Estados Unidos se sintió impulsada a contemplar ideas más radicales. En cuanto a Alemania, su estancia allí confirmó el habitual estereotipo, en la medida en que comprobó cómo el énfasis del método investigador recae, efectivamente, en el análisis minucioso de los hechos. Prescott también apreció trabajar en un equipo internacional. "Desde el punto de vista científico, me beneficié de cada una de las estancias", afirma. "Y además, aprendí mucho sobre las diferentes culturas".

Tras una breve incursión en el mundo de la industria, en la que cambió de campo de especialización y se encontró a sí misma cayendo en la rutina, en 1993 se trasladó a Berlín al Centro Max Delbrück de Medicina Molecular, instituto de investigación financiado con fondos públicos, en el que estudió la interacción entre ribosomas y membranas. Fue entonces cuando surgió su decisión de abandonar para siempre la investigación académica. Unos amigos le mostraron un anuncio con una oferta de empleo para un jefe de equipo responsable de la investigación de antibióticos capaces de actuar en la maquinaria bacteriana de síntesis proteica, en los laboratorios de SmithKline Beecham (SB) en Brockham Park, Surrey (Reino Unido). A Prescott, que valora por encima de todo lo demás la libertad para ser fiel a sus ideas, la industria no le atrajo demasiado pero admite que "sintió curiosidad" por averiguar qué era exactamente lo que SB pretendía hacer con el sistema que ella había estudiado minuciosamente durante tanto tiempo. "Mi experiencia investigadora y el perfil que SB buscaba coincidían de lleno", afirma.

Tanto le impresionó esta coincidencia que aceptó el trabajo. Durante los primeros meses en SB, vislumbró la oportunidad de comenzar una serie de nuevos programas de investigación centrados en el uso del ARN como diana farmacéutica. A principios de la década de los noventa, este campo constituyó todo un nuevo mundo a explorar para las grandes empresas farmacéuticas, por lo que Prescott disfrutó de unas cotas excepcionales de libertad a la hora de dirigir su investigación hacia la dirección que ella consideraba más prometedora, ya que "mis intereses investigadores coincidían con los intereses de SB". Sin embargo, en contraste con su anterior trabajo en sus respectivas torres de marfil, en SB tuvo que tener mucho en cuenta no sólo los conocimientos que podrían obtenerse a partir de la investigación sino también la necesidad de proteger tanto los derechos de propiedad intelectual como el potencial de comercialización. Estas consideraciones adquirieron más y más relevancia en las subsiguientes etapas de su carrera profesional.

Otra ventaja inesperada de la investigación en el sector industrial fue la productiva colaboración interdisciplinar. Prescott obtuvo el apoyo constante de químicos y biofísicos además del de cada uno de los miembros de su equipo, seleccionados cuidadosamente y, según ella, "excepcionales". A pesar de que es poco habitual el pasarse a la industria tras diez años de investigación académica, ella siente que fue el paso correcto en el momento adecuado, ya que aterrizó en el nuevo entorno con la confianza necesaria para establecerse con su propia voz.

Tras dos años en Brockham Park, SB le tentó a encargarse de una versión más grande y mejor de su laboratorio en un nuevo emplazamiento recién adquirido en Upper Providence, cerca de Filadelfia, en el estado de Pensilvania (EEUU). Aunque la investigación - el análisis de las posibilidades de la utilización del ARN como diana e instrumento para el descubrimiento de nuevos fármacos - siguió prosperando en el nuevo entorno y se materializó en nueve aplicaciones patentadas, Filadelfia no consiguió satisfacer sus expectativas culturales y regresó a Europa por segunda vez.

Un oferta de empleo de la recién creada empresa de biotecnología RiboTargets, ubicada en Cambridge, le proporcionó la ansiada oportunidad de volver a establecerse en el Viejo Mundo. Como jefa de la sección de descubrimiento de fármacos, supervisó proyectos relacionados con la identificación de compuestos que perturban las interacciones entre el ARN y las proteínas, con el fin de desarrollar antibióticos. En 1999, sintiendo la necesidad de ampliar horizontes, abandonó RiboTargets para crear su propia consultora de biotecnología, Empyrean Sciences Ltd., en una habitación de su propia casa. Como con cualquier empresa nueva, pasaron unos meses antes de que todo comenzase a salir adelante. Mediante algunas llamadas a empresas de capital riesgo y sacando partido a sus contactos en la Universidad y en la industria, logró hacerse con una cartera de clientes que abarcaba desde grupos de investigación académica a empresas comerciales, como la empresa de transferencia tecnológica BTG y Avlar Bioventures Ltd., la compañía para la que trabaja actualmente.

En SB, Prescott había aprendido a evaluar empresas de reciente creación y nuevas tecnologías. En su propia consultora, se centró fundamentalmente en la evaluación y desarrollo de nuevos proyectos. Disfrutó de la posibilidad de familiarizarse con una amplia y vanguardista gama de temas científicos, pero también tuvo que aprender que, para que un proyecto funcione económicamente, la ciencia como tal es importante pero no siempre fundamental. El desafío fue salvar la distancia entre los científicos, emocionados con sus nuevas ideas, y los empresarios, que deseaban ver patentes e ingresos. Con el fin de tender un puente de unión "tuve que pensar en la apariencia final de un paquete de licencia y, a partir de ahí, decidir qué características deberían ser incluidas en la investigación". Prescott también estuvo muy involucrada en un importante proyecto de recaudación de fondos en Japón para financiar una empresa creada por un grupo de investigadores del Imperial College para desarrollar métodos de terapia génica.

Su trabajo de consultoría para Avlar, una sociedad de capital riesgo que se dedica exclusivamente al sector biotecnológico, hizo que se implicase cada vez más en el proceso de creación de empresas de biotecnología, incluyendo los procedimientos de "diligencia debida", que incluyen la validación del enfoque empresarial en comparación con el de los competidores y un pronóstico del desarrollo futuro. Se dio cuenta de que podría ampliar su experiencia e implicarse todavía más en la toma de decisiones si pasaba a formar parte del personal de la empresa, lo que hizo cuando surgió la correspondiente oportunidad en otoño de 2001.

En la actualidad, como directora científica de Avlar, Prescott continúa evaluando nuevas tecnologías en una fase temprana y asegurándose de que aquellas que, a su juicio, son serias y prometedoras, obtengan el apoyo que necesitan. Sus conocimientos y su experiencia siguen expandiéndose conforme se enfrenta a nuevos retos. Entre ellos está el reconocer y evaluar el impacto de las enormes presiones a las que se tiene que someter la industria biotecnológica hoy en día. El ser capaz de comprender la postura comercial y los modelos empresariales potenciales es muy importante y proporciona una dimensión adicional a la científica.

Se ha dicho a menudo que, en la dinámica industria de la biotecnología, la única constante es el cambio. Por lo tanto, ante la temida pregunta de la típica entrevista de empleo "¿Qué te ves haciendo dentro de cinco años?", Prescott responde: "Dios sabe...".

Michael Gross es escritor de temas científicos de la Facultad de Cristalografía del Birkbeck College de la Universidad de Londres.


 

 

 

 

 

 

 

 

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