| Licenciada
en Genética por la Universidad
de Nottingham y doctora por la Universidad
de Oxford, Prescott comenzó su
andadura posdoctoral en la Universidad
de Kent, en Canterbury, donde analizó
la iniciación de la síntesis
proteica en levaduras. De ahí pasó
a la Brown
University, en Providence, en el Estado
de Rhode Island (EEUU), donde se centró
en el ARN de los ribosomas bacterianos.
Dos años más tarde regresó
a Europa, donde realizó un tercer
periodo de investigación posdoctoral
de dos años de duración en
el Instituto
Max Planck de Genética Molecular
(MPIMG) de Berlín. Bajo el liderazgo
del difunto H.G.Wittmann, el MPIMG era un
importante centro de investigación
ribosómica que atraía a investigadores
de todos los continentes.
Analizando sus tres
periodos de investigación en tres
países diferentes con la privilegiada
perspectiva que otorga el tiempo, Prescott
afirma que su trabajo en el Reino Unido
le ofreció una base sólida
para desarrollar pautas mentales novedosas.
En Estados Unidos se sintió impulsada
a contemplar ideas más radicales.
En cuanto a Alemania, su estancia allí
confirmó el habitual estereotipo,
en la medida en que comprobó cómo
el énfasis del método investigador
recae, efectivamente, en el análisis
minucioso de los hechos. Prescott también
apreció trabajar en un equipo internacional.
"Desde el punto de vista científico,
me beneficié de cada una de las
estancias", afirma. "Y además,
aprendí mucho sobre las diferentes
culturas".
Tras una breve incursión
en el mundo de la industria, en la que
cambió de campo de especialización
y se encontró a sí misma
cayendo en la rutina, en 1993 se trasladó
a Berlín al Centro
Max Delbrück de Medicina Molecular,
instituto de investigación financiado
con fondos públicos, en el que
estudió la interacción entre
ribosomas y membranas. Fue entonces cuando
surgió su decisión de abandonar
para siempre la investigación académica.
Unos amigos le mostraron un anuncio con
una oferta de empleo para un jefe de equipo
responsable de la investigación
de antibióticos capaces de actuar
en la maquinaria bacteriana de síntesis
proteica, en los laboratorios de SmithKline
Beecham (SB)
en Brockham Park, Surrey (Reino Unido).
A Prescott, que valora por encima de todo
lo demás la libertad para ser fiel
a sus ideas, la industria no le atrajo
demasiado pero admite que "sintió
curiosidad" por averiguar qué
era exactamente lo que SB pretendía
hacer con el sistema que ella había
estudiado minuciosamente durante tanto
tiempo. "Mi experiencia investigadora
y el perfil que SB buscaba coincidían
de lleno", afirma.
Tanto le impresionó
esta coincidencia que aceptó el
trabajo. Durante los primeros meses en
SB, vislumbró la oportunidad de
comenzar una serie de nuevos programas
de investigación centrados en el
uso del ARN como diana farmacéutica.
A principios de la década de los
noventa, este campo constituyó
todo un nuevo mundo a explorar para las
grandes empresas farmacéuticas,
por lo que Prescott disfrutó de
unas cotas excepcionales de libertad a
la hora de dirigir su investigación
hacia la dirección que ella consideraba
más prometedora, ya que "mis
intereses investigadores coincidían
con los intereses de SB". Sin embargo,
en contraste con su anterior trabajo en
sus respectivas torres de marfil, en SB
tuvo que tener mucho en cuenta no sólo
los conocimientos que podrían obtenerse
a partir de la investigación sino
también la necesidad de proteger
tanto los derechos de propiedad intelectual
como el potencial de comercialización.
Estas consideraciones adquirieron más
y más relevancia en las subsiguientes
etapas de su carrera profesional.
Otra ventaja inesperada
de la investigación en el sector
industrial fue la productiva colaboración
interdisciplinar. Prescott obtuvo el apoyo
constante de químicos y biofísicos
además del de cada uno de los miembros
de su equipo, seleccionados cuidadosamente
y, según ella, "excepcionales".
A pesar de que es poco habitual el pasarse
a la industria tras diez años de
investigación académica,
ella siente que fue el paso correcto en
el momento adecuado, ya que aterrizó
en el nuevo entorno con la confianza necesaria
para establecerse con su propia voz.
Tras dos años
en Brockham Park, SB le tentó a
encargarse de una versión más
grande y mejor de su laboratorio en un
nuevo emplazamiento recién adquirido
en Upper Providence, cerca de Filadelfia,
en el estado de Pensilvania (EEUU). Aunque
la investigación - el análisis
de las posibilidades de la utilización
del ARN como diana e instrumento para
el descubrimiento de nuevos fármacos
- siguió prosperando en el nuevo
entorno y se materializó en nueve
aplicaciones patentadas, Filadelfia no
consiguió satisfacer sus expectativas
culturales y regresó a Europa por
segunda vez.
Un oferta de empleo
de la recién creada empresa de
biotecnología RiboTargets,
ubicada en Cambridge, le proporcionó
la ansiada oportunidad de volver a establecerse
en el Viejo Mundo. Como jefa de la sección
de descubrimiento de fármacos,
supervisó proyectos relacionados
con la identificación de compuestos
que perturban las interacciones entre
el ARN y las proteínas, con el
fin de desarrollar antibióticos.
En 1999, sintiendo la necesidad de ampliar
horizontes, abandonó RiboTargets
para crear su propia consultora de biotecnología,
Empyrean Sciences Ltd., en una habitación
de su propia casa. Como con cualquier
empresa nueva, pasaron unos meses antes
de que todo comenzase a salir adelante.
Mediante algunas llamadas a empresas de
capital riesgo y sacando partido a sus
contactos en la Universidad y en la industria,
logró hacerse con una cartera de
clientes que abarcaba desde grupos de
investigación académica
a empresas comerciales, como la empresa
de transferencia tecnológica BTG
y Avlar
Bioventures Ltd., la compañía
para la que trabaja actualmente.
En SB, Prescott había
aprendido a evaluar empresas de reciente
creación y nuevas tecnologías.
En su propia consultora, se centró
fundamentalmente en la evaluación
y desarrollo de nuevos proyectos. Disfrutó
de la posibilidad de familiarizarse con
una amplia y vanguardista gama de temas
científicos, pero también
tuvo que aprender que, para que un proyecto
funcione económicamente, la ciencia
como tal es importante pero no siempre
fundamental. El desafío fue salvar
la distancia entre los científicos,
emocionados con sus nuevas ideas, y los
empresarios, que deseaban ver patentes
e ingresos. Con el fin de tender un puente
de unión "tuve que pensar
en la apariencia final de un paquete de
licencia y, a partir de ahí, decidir
qué características deberían
ser incluidas en la investigación".
Prescott también estuvo muy involucrada
en un importante proyecto de recaudación
de fondos en Japón para financiar
una empresa creada por un grupo de investigadores
del Imperial College para desarrollar
métodos de terapia génica.
Su trabajo de consultoría
para Avlar, una sociedad de capital riesgo
que se dedica exclusivamente al sector
biotecnológico, hizo que se implicase
cada vez más en el proceso de creación
de empresas de biotecnología, incluyendo
los procedimientos de "diligencia
debida", que incluyen la validación
del enfoque empresarial en comparación
con el de los competidores y un pronóstico
del desarrollo futuro. Se dio cuenta de
que podría ampliar su experiencia
e implicarse todavía más
en la toma de decisiones si pasaba a formar
parte del personal de la empresa, lo que
hizo cuando surgió la correspondiente
oportunidad en otoño de 2001.
En la actualidad,
como directora científica de Avlar,
Prescott continúa evaluando nuevas
tecnologías en una fase temprana
y asegurándose de que aquellas
que, a su juicio, son serias y prometedoras,
obtengan el apoyo que necesitan. Sus conocimientos
y su experiencia siguen expandiéndose
conforme se enfrenta a nuevos retos. Entre
ellos está el reconocer y evaluar
el impacto de las enormes presiones a
las que se tiene que someter la industria
biotecnológica hoy en día.
El ser capaz de comprender la postura
comercial y los modelos empresariales
potenciales es muy importante y proporciona
una dimensión adicional a la científica.
Se ha dicho a menudo
que, en la dinámica industria de
la biotecnología, la única
constante es el cambio. Por lo tanto,
ante la temida pregunta de la típica
entrevista de empleo "¿Qué
te ves haciendo dentro de cinco años?",
Prescott responde: "Dios sabe...".
Michael
Gross es escritor de temas científicos
de la Facultad de Cristalografía
del Birkbeck College de la Universidad
de Londres.
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