El impacto de la globalización
Durante el último siglo, los progresos tecnológicos en varias áreas de la ciencia han sido tremendamente alentadores y han logrado añadir varios grados de confort a nuestras vidas. En la última década, el mundo ha sido testigo de una auténtica revolución en el sector de la comunicación y las tecnologías de la información. La liberalización de las políticas económicas a escala mundial y los múltiples acuerdos intergubernamentales destinados a fomentar el comercio entre los países, han resultado en lo que hoy denominamos “globalización”, un concepto que, en mi opinión, entraña multiplicidad de oportunidades, pero también algunas amenazas.
Las tecnologías – por lo general - no sólo están a disposición del usuario en el país en el que fueron desarrolladas; al contrario, pueden ser utilizadas – bajo licencia - en cualquier rincón del mundo. ¿Pero podemos permitírnoslas todos?: he aquí el problema. Los países industrializados son, por lo general, ricos desde el punto de vista tecnológico, y poseen equipos sofisticados y fondos para llevar a cabo investigación. Esta financiación generalmente proviene del sector privado: las empresas confían en la rentabilidad de las nuevas tecnologías; piensan que les proporcionarán suficientes ingresos como para poder reinvertir en I+D.
En muchos casos, estas tecnologías son demasiado caras como para poder replicarlas en países en desarrollo con capacidad de producción limitada. Lamentablemente, si estos países siguen teniendo tecnologías comparatívamente ineficaces; si no se supera esta brecha inicial y no se consigue una disminución de los costes de producción, los emprendedores y las industrias del Tercer Mundo lo tienen muy difícil a la hora de competir en el mercado internacional.
Por lo tanto, una de las posibles amenazas de la globalización es un escenario gris en el que las importaciones del Primer al Tercer Mundo saldrían más económicas que los productos de fabricación doméstica, con la consiguiente muerte de las industrias locales de las naciones en desarrollo. Resulta, por lo tanto, vital que los gobiernos de los países subdesarrollados proporcionen acceso a las tecnologías tanto a agricultores y a ganaderos como a emprendedores, para que puedan competir en el mercado global. En cuanto a las naciones desarrolladas, es importante que reduzcan las subvenciones a la agricultura, con el fin de que los precios de la producción alimentaria sean realistas. Mientras que en el Primer Mundo sólo un muy reducido porcentaje de la población total vive de la agricultura, en los países en desarrollo son muchísimos los que dependen de las actividades relacionadas con este sector, motor fundamental para el desarrollo económico.
Abordando problemáticas locales
El gobierno de la India ha dado ya múltiples pasos para asegurarse de que los resultados de la investigación salgan de los laboratorios y sean aplicados en sus respectivos campos. Un ejemplo de ello ha sido la fundación del Parque de Micropropagación Tecnológica (Micropropagation Technology Park, también conocido por sus siglas en inglés: MTP), por parte del Departamento de Biotecnología del TERI (Tata Energy Research Institute) en 1991, para la producción de material de plantación de calidad superior.
El TERI es una organización investigadora sin ánimo de lucro con una plantilla de más de trescientos profesionales que tienen como misión el desarrollo sostenible. Sus principales campos de batalla son las áreas de la energía, el medio ambiente, la normativa y la regulación.
Poniendo la tecnología en práctica
En la India, las poblaciones rurales dependen, en gran medida, de la leña para satisfacer sus necesidades energéticas. No obstante, a pesar de las favorables condiciones climatológicas, la productividad forestal nacional está bastante por debajo de la media mundial. El resultado es una sobreexplotación de la masa forestal existente y una reducción de la superficie de bosques. Aún a sabiendas de que, para que haya lo que se conoce como “seguridad ecológica”, un 33% del terreno de cada país ha de ser forestal, en la mayoría de las naciones en desarrollo este porcentaje no llega al 20%. El mundo está siendo testigo de las consecuencias de la destrucción de los bosques, en forma de ciclos viciosos de sequías e inundaciones en regiones diversas. En el MTP, estamos produciendo especies forestales importantes, tales como bambú, eucalipto, álamo, Paulownia, etc., a gran escala, utilizando tecnología de cultivo de tejidos. Hasta hoy, hemos despachado 9.7 millones de especies forestales, hortofrutícolas y de cultivo para su plantación en el terreno.
Aunque la India ocupa uno de los primeros puestos en el ranking de países productores de frutas y vegetales, su productividad por unidad sigue siendo muy baja en comparación con la media mundial. La globalización ofrece un potencial inmenso, ya que contamos con campos muy extensos en zonas agroclimáticas muy diferentes, que nos permiten cultivar un amplio repertorio de productos. Pero para poder materializar este potencial, necesitamos implementar mejoras cualitativas y cuantitativas. Hemos de reemplazar las antiguas variedades por otras más fecundas y resistentes a las plagas. También somos conscientes de la creciente aceptación a nivel mundial de los alimentos orgánicos; necesitamos, pues, ponernos al día en materia de biofertilizantes y biopesticidas, y utilizar siempre – y urgentemente – pesticidas que entrañen una mayor seguridad.
Con este fin, los científicos del TERI han comenzado un proceso de prospección bioquímica de especies vegetales con propiedades pesticidas y medicinales. Hemos desarrollado la tecnología necesaria para la producción masiva de mycorrhizae, y hemos logrado transferirla con éxito a dos emprendedores, que ya han llevado el producto comercial de esta investigación a los mercados. También hemos logrado desarrollar un paquete completo de prácticas para la reconversión de los terrenos de ceniza, mediante el uso de mycorrhizae.
Es posible que combinando las técnicas convencionales de cultivos vegetales con las últimas herramientas biotecnológicas podamos resolver muchos de los problemas que hoy en día afectan a la humanidad. Uno de los aceites que se emplean habitualmente en la India es el aceite de mostaza, extraído de variedades de Brassica tropicales, y relacionado con el aceite de canola de las variedades de Brassica de climas más templados. Gracias a ciertas técnicas, muy sencillas, de rescate de embriones ha sido posible crear un cruce que produce un aceite con una calidad idéntica a la del aceite de canola. Los científicos de nuestro laboratorio también están estudiando la inserción de genes de pro-vitamina A en la mostaza mediante técnicas de transformación genética, con el fin de combatir los serios problemas asociadas a la falta de vitamina A, que afectan a los sectores más económicamente desfavorecidos de nuestra sociedad. Como la vitamina A es liposoluble, tenemos muchas de nuestras esperanzas puestas en su biodisponibilidad en el aceite transgénico.
El debate en torno a los cultivos modificados genéticamente (CMG)
Estamos, en la actualidad, presenciando un debate en torno a si los cultivos modificados genéticamente son, o no, los suficientemente seguros, y a sus implicaciones medioambientales a largo plazo. Yo, personalmente, soy de las que piensan que estamos tan ofuscados pensando en los riesgos potenciales de los CMG que nos estamos olvidando de los riesgos asociados a las prácticas tradicionales. Por ejemplo, hoy por hoy el 50% de los pesticidas que se emplean en la India van a parar a las plantaciones de algodón. La mayoría de nuestros granjeros son analfabetos y no son conscientes de los efectos dañinos de estos pesticidas, algunos de los cuales terminan dentro del cuerpo humano, al que llegan vía alimentos y agua. Ha de recalcarse que en la India son muchas las aldeas que no tienen acceso a agua limpia; el agua que toma la gente contiene, potencialmente al menos, pesticidas con propiedades carcinogénicas. Desde esta perspectiva, resulta alentadora la muy reciente aprobación del gobierno indio a la plantación, en periodo de prueba, del algodón Bt, que confiamos reduzca la dependencia a los pesticidas químicos en los años venideros.
Obviamente, estas tecnologías han de ser evaluadas antes de su salida a los mercados. También debemos recordar siempre que tanto el tiempo invertido como los múltiples recursos financieros requeridos para que estos avances sean una realidad no pueden impedir que las ventajas de la tecnología reviertan en los pobres. Nuestra meta debería ser “conseguir que todo el mundo pudiese comer a un precio razonable”.
La biotecnología en la India: el futuro
El escenario biotecnológico en la India está cambiando a grandes pasos; hoy por hoy existe mucha mayor concienciación en relación a las posibles aplicaciones de la biotecnología en las áreas de la agricultura, la sanidad, el medio ambiente y la industria. El considerable número de actividades de transferencia de tecnologías que se han puesto en práctica y la creación de instalaciones con infraestructuras sofisticadas han motivado a las empresas indias a firmar nuevos convenios y alianzas con la comunidad científica internacional. Los diversos gobiernos regionales están promocionando las aplicaciones de la biotecnología mediante la inauguración de parques e incubadoras biotecnológicas, y están poniendo en marcha iniciativas que ayudarán a reducir la brecha existente entre el laboratorio y el campo.
Y lo que es todavía más importante: la financiación en investigación biotecnológica, tanto del sector privado como el público, está en aumento. Este hecho ya refleja, de por sí, la fe del pueblo en esta tecnología.
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