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El proyecto en cuestión es el denominado Schistosomiasis Control Initiative o SCI, un convenio entre el Imperial College, la Organización Mundial de la Salud y la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard, financiada con 20 millones de libras esterlinas por la Fundación Bill y Melinda Gates.
El impacto sobre la salud del gusano parasitario Schistosomiasis en los países en vías de desarrollo es tremendo. El parásito se extiende por las fuentes de agua dulce, poniéndoles las cosas difíciles a las personas que tienen que depender de los suministros de agua de lagos y ríos para evitar infecciones. Una vez el parásito se ha introducido en el cuerpo humano a través de la piel, el gusano, de un centímetro de longitud, se instala en los vasos sanguíneos que rodean la vejiga y el intestino durante años. Los gusanos hembra ponen muchos huevos, que vuelven al agua a través de la micción y la defecación. Cuando hay infecciones graves, miles de huevos escapan del cuerpo humano diariamente, provocando importantes pérdidas de sangre. Los huevos restantes quedan atrapados en el hígado, obstaculizando su habilidad para filtrar substancias venenosas, atrofiando el crecimiento de individuo en cuestión y conduciéndolo a una muerte temprana.
Los niños en edad en escolar, las mujeres ylas personas que están en contacto con el agua dulce en su trabajo, son los sectores de la población expuestos a un riego mayor, y las cifras se están disparando. En la actualidad, más de 200 millones de personas están afectadas y 600 millones más viven en regiones tropicales con saneamiento y suministros de agua inadecuados, en peligro de contraer la enfermedad.
Y sin embargo, “la miseria y la enfermedad que causa el Schistosomiasis es tan innecesaria…”, afirma el Dr. Alan Fenwick, director del SCI. Ya existe un medicamento, el praziquantel, que tiene todos los atributos del candidato ideal para el control a gran escala del Schistosomiasis. Es seguro, eficaz y su precio ha caído un 80% desde su salida al mercado, con lo que ahora es mucho más costeable. “Ahora el reto consiste en enviar el tratamiento a regiones como el África subsahariana, a donde nunca ha llegado el fármaco”, añade Fenwick.
“Nuestra filosofía es trabajar e implementar cambios sobre el terreno”, señala Anderson. El proyecto tiene como objetivo hacer llegar el medicamento a cuatro países en desarrollo, que asumirán la coordinación del programa a largo plazo. Los países serán seleccionados en función del grado de afectación delSchistosomiasis y de lo comprometidos que se muestren sus gobiernos con el proyecto. El primer país que, con toda probabilidad, se beneficiará del programa será Uganda. Mientras tanto, se espera que el ejemplo que den los países elegidos inspire a otras naciones afectadas por la enfermedad.
La investigación desempeña un papel importante como elemento de apoyo a la implementación del proceso de envío de fármacos. En primer lugar, han de identificarse los lugares en los que le enfermedad está más extendida, dentro de los países seleccionados, para poder determinar en qué regiones se ha de centrar en el programa en su primera fase. Por otra parte, la efectividad de la implementación se evaluará en términos de la reducción de la propagación y la intensidad de la infección, además de en las mejoras en cuanto al estado nutricional, asistencia a la escuela y habilidades cognitivas en los niños tratados. “También tenemos que prestar mucha atención al seguimiento de la resistencia a los fármacos y asegurarnos de que el medicamento que recetamos no presente contraindicaciones cuando es suministrado junto con otros fármacos empleados habitualmente” en la región, dice Anderson.
Unos diez científicos (doctorandos, doctores e investigadores postdoctorales) de un amplio abanico de disciplinas serán seleccionados a lo largo de los próximos meses. “Necesitamos científicos con conocimientos de biología, epidemiología, estadística, ecología, geografía y salud pública”, dice Anderson. Pero, sobre todo, los científicos han tener “un alto grado de flexibilidad ... no pueden tener miedo a ser llamados a hacer todo tipo de cosas”, y “ser entusiastas y buenos a la hora de solucionar problemas sobre el terreno”. Anderson señala que los solicitantes adecuados no tienen por qué ser siempre los científicos con más trayectoria académica. “También han de tener habilidades sociales y prácticas”, que serán necesarias para generar un ambiente que propicie el que sean los científicos locales los que asuman y desarrollen el proyecto en el largo plazo. Los científicos del mundo desarrollado pueden ser reclutados para el proyecto durante un periodo de entre uno y tres años, y deben estar dispuestos desplazarse a África, aunque no tendrán que vivir allí durante largos periodos. En este sentido, es importante enfatizar que “ya que este proyecto está orientado al continente africano, confiamos en que sean los propios africanos los que se impliquen, en un momento dado, en él”.
Si desea formar parte de la SCI, envíe un párrafo describiendo sus intereses, junto con su CV, al Departamento de epidemiología de enfermedades infecciosas, del Imperial College.
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