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El tracoma es una
enfermedad oftalmológica crónica
provocada por la bacteria Chlamydia trachomatis.
Entre sus síntomas destacan los
ojos rojos, las secreciones, la fotofobia,
el lagrimeo excesivo y, en última
instancia, la falta de visión.
Según la Organización Mundial
de la Salud (OMS), en la actualidad hay
unos seis millones de personas invidentes
como resultado de esta enfermedad, lo
que la convierte en una de las tres causas
principales de la ceguera. El tracoma
es endémico fundamentalmente en
determinadas áreas rurales de África,
en algunas zonas del Mediterráneo
Oriental, en América Central y
del Sur, y en algunos países asiáticos.
Para controlar la enfermedad, la OMS formó,
en 1997, la Alianza para la Eliminación
Global del Tracoma para el 2020 (Global
Alliance to Eliminate Trachoma by
2020, más conocido como GET 2020),
en colaboración con representantes
del gobierno, de la investigación
y de los sectores sin y con ánimo
de lucro.
Anthony Solomon es
una de los muchos científicos que
están trabajando, a nivel global,
para implementar el programa de erradicación
del tracoma de la OMS. Solomon es profesor
de salud ocular internacional y está
afiliado a la London
School of Hygiene & Tropical Medicine
(LSHTM), una escuela de salud pública
consagrada a la investigación a
nivel de postgrado que colabora de forma
activa con el citado programa de la OMS.
La Unidad de Investigación Clínica
(CRU) para Enfermedades Infecciosas y
Tropicales, en la que trabaja Solomon,
está especializada en enfermedades
de crucial importancia - desde el punto
de vista de la salud pública -
en los países del Tercer Mundo.
Los profesionales de la unidad están
involucrados en proyectos de investigación
en países tales como Zambia, Gambia,
Kenia, Tanzania, Costa de Marfil. Sudáfrica,
la India y Bangladesh.
A lo largo de los
últimos tres años, Solomon
dividió su tiempo entre Londres
y en el distrito de Rombo, en la región
del Kilimanjaro, en Tanzania. Un día
típico suyo podría implicar
trabajar en un laboratorio en Londres,
o en un Moshi en Tanzania, redactar un
trabajo, hablar con jefes de aldea en
swahili sobre actividades investigadoras
futuras, o andar entre campos de girasoles
en el lado Norte del monte Kilimanjaro
para examinar y tratar a niños
con tracoma. Se trata, pues, de un trabajo
de una naturaleza muy variada.
Los retos específicos
que van unidos al hecho mismo de trabajar
en un país como Tanzania le resultarán
familiares a cualquiera que haya trabajado
en contextos de pocos recursos. Los materiales
y el equipo especializado suelen tener
que importarse, lo que supone largas esperas.
El servicio técnico casi nunca
se tiene a mano, sino a muchos kilómetros
de distancia, y el suministro eléctrico
es todo menos fiable. En una ocasión,
Solomon se vio obligado a utilizar un
pollo congelado para mantener unas muestras
frías durante un traslado de emergencia
a un hospital cercano. La situación
se vio precipitada por un cilindro de
dióxido de carbono roto y un congelador
estropeado.
"Estos sinsabores
se ven compensados al ver como la gente
a la que servimos sabe apreciar genuinamente
los esfuerzos de todo el equipo. Las comunidades
con tracoma están entre las más
pobres y marginadas. Las intervenciones
más sencillas, por lo tanto, tienden
a tener efectos muy considerables",
señala Solomon. "En la medicina
occidental, es muy poco habitual que uno
vuelva a casa por la noche sintiendo que
ha salvado una vida, una extremidad o
la vista de alguien, pero eso sucede frecuentemente
cuando se trabaja en África",
dice. "La gente tiende a sonreír
mucho más allí que en Occidente,
a pesar de que sus vidas son mucho más
difíciles".
Su consejo para los
científicos que aspiran a trabajar
en y para el mundo en vías de desarrollo
es que salgan al campo y lo prueben. "Tanto
desde el punto de vista profesional, como
personal, el hecho de contribuir a luchar
contra la enfermedad en los países
en desarrollo puede ser una gran causa
de satisfacción personal".
Para aquellos con experiencia limitada,
el Diploma en Medicina Tropical e Higiene
de la LSHTM ofrece la posibilidad de viajar
a Gambia para conocer, de primera mano,
la situación de la atención
sanitaria en un país del Tercer
Mundo. Los participantes viajan a zonas
rurales, ven cómo se están
llevando a cabo proyectos de investigación
y actividades clínicas diversas,
comprenden los problemas a los que se
enfrenta la sanidad y visitan comunidades
afectadas por el tracoma. Según
Salomón, en la actualidad, hay
antiguos alumnos de la LSHTM trabajando
en más de ciento cuarenta países.
Los científicos
de la LSHTM llevan casi diez años
involucrados en el programa de investigación
del tracoma, señala Solomon. Lo
primero que hicieron, allá en 1993,
fue estudiar la eficacia de un poderoso
antibiótico oral, la azitromicina,
frente a la tradicional tetraciclina,
de uso tópico, como tratamiento
contra la bacteria. Los estudios que se
realizaron subsecuentemente, en más
de 1800 personas de ocho aldeas de Gambia,
fueron aprobados por el Consejo de Investigación
Médica, el Comité de Ética
del gobierno de Zambia y el Comité
Ético de la LSHTM. No obstante,
el uso generalizado de la azitromicina
no fue posible debido a su alto coste.
Fue tan sólo tras el establecimiento
de la Iniciativa
Internacional contra el Tracoma (ITI),
cuando algunos países pobres seleccionados
comenzaron a recibir los tratamientos
antibióticos regularmente y de
forma gratuita.
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La Iniciativa Internacional contra
el Tracoma (ITI)
Fundada en 1998 por la Fundación
Edna McConnell Clark y la compañía
farmacéutica Pfizer Inc.
(que fabrica azitromicina, bajo
la marca "Zitromax"),
la ITI tiene como objetivo 'lograr
la eliminación global del
tracoma, poniendo en práctica
la estrategia
SAFE [SEGURO], a través
de donaciones de Zitromax, investigación
aplicada, evaluaciones de los programas,
comunicaciones y apoyo activo.
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Los
actuales proyectos de investigación
de Solomon están financiados por
varias fuentes diferentes. Parte de la
financiación proviene de iniciativas
como ITI, y parte de entidades tales como
la Wellcome
Trust-Burroughs Wellcome Fund. Aparte
de apoyar la investigación en enfermedades
del Tercer Mundo, el Programa de Medicina
Tropical de la Wellcome
Trust tiene como objetivo ayudar a
forjar el sector investigador de los países
en desarrollo, de forma que puedan ser
autosuficientes a la hora de encontrar
soluciones para sus propias problemáticas
de índole sanitario. La LSHTM acaba
de reservar una partida presupuestaria
de casi un millón y medio de dólares,
para la evaluación y supervisión
de las actividades encaminadas a controlar
el tracoma, en ocho países apoyados
por la ITI en África y Asia.
El
éxito del programa GET 2020 dependerá,
entre otros factores, de las alianzas
y convenios de colaboración entre
instituciones investigadoras, ministerios
gubernamentales, organizaciones sin ánimo
de lucro y empresas privadas lucrativas.
No obstante, Solomon es de los que piensan
que los propios científicos y los
médicos desempeñan un papel
muy especial en esta malla creciente que
lucha contra la enfermedad en el Tercer
Mundo. Esto es así no sólo
debido a la gran experticia científica
y clínica que aportan, sino también
a su habilidad a la hora de tejer y coordinar
las múltiples relaciones que han
de establecerse para que las cosas funcionen.
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