| Cuando
completaba su doctorado, Cranney tuvo la
oportunidad de trabajar en la India gracias
al Premio para Jóvenes Investigadores
Canadienses del International
Development Research Centre (IDRC),
que le fue concedido en 1998. El IDRC, una
de las principales agencias de cooperación
de Canadá, financia investigación
para el desarrollo en los más variados
rincones del planeta.
Cranney pasó
un año de su vida en las zonas
rurales de Himachal Pradesh, hablando
con mujeres de varias aldeas y estudiando
el grado de éxito de determinados
proyectos generadores de ingresos (como
por ejemplo, los de forestación
social) en tanto que generadores de transformaciones
positivas en los roles de género,
además de examinando sus repercusiones
positivas en el medio ambiente.
"Vivía
en las propias aldeas, así que
pude desarrollar relaciones interpersonales
con las mujeres locales y realizar las
entrevistas a lo largo de periodos prolongados.
Conforme las mujeres me iban conociendo
y se iban relajando, compartieron experiencias
conmigo que en un principio se resistieron
a contarme. Participé en las tareas
diarias, tales como la recogida de hierba
para el ganado y agua, así que
pude experimentar de primera mano el objeto
mismo de mi investigación. Esta
vivencia personal fue, con diferencia,
la que considero más valiosa".
La investigación
de Cranney se centró en las diversas
manifestaciones de la degradación
del medio ambiente en la India rural (el
resultado de programas de desarrollo ineptos
e inapropiados), en el trabajo productivo
y reproductivo de las mujeres pobres,
su salud y su experiencia de la familia
y la cultura.
Lo que emergió
del análisis preliminar de Cranney
fue que las mujeres no habían participado
ni en la planificación ni en la
implementación de los proyectos.
Observó: "A partir de mis
limitados datos de investigación,
obtenidos siempre desde la perspectiva
femenina, sugeriría que la forestación
social no ha beneficiado a las mujeres.
Esto es particularmente cierto en las
aldeas más pobres. Las mujeres
están muy frustradas con el gobierno
y quieren programas generadores de ingresos
que les provean con algún tipo
de ingreso adicional. Estos ingresos no
son para caprichos sino para necesidades
básicas de supervivencia. En resumen:
las ventajas de la forestación
social no han llegado a las mujeres de
la aldea".
Los retos encontrados
Las circunstancias
a las que se enfrentó nuestra protagonista
constituyeron, a lo menos, todo un desafío.
El primer error que cometió fue
asumir que estaría preparada para
comenzar su trabajo de campo en una aldea
específica inmediatamente después
de su llegada a la India. Al poco de aterrizar
en el país, descubrió que
la zona que había escogido estaba
realmente aislada. Ya le habían
comentado que iría a una región
de altitud elevada, con bajas temperaturas
y nieve en invierno (le aconsejaron que
llevase buen calzado para este fin). Necesitó
más tiempo del que estimó
en un principio para reunirse con los
funcionarios gubernamentales del área
de forestación y se topó
con muchas dificultades a la hora de encontrar
y retener a buenos ayudantes de investigación.
La realización de las entrevistas
tampoco fue sencilla, especialmente al
principio, debido a sus conocimientos
limitados del idioma. "El idioma
constituye definitivamente un problema,
incluso contando con la ayuda de un intérprete",
señala, añadiendo que se
sentía limitada por el hecho de
no poder comunicarse directamente con
las mujeres.
Cuando regresó
a la aldea después de un breve
periodo de descanso, descubrió
que algunos hombres de la zona habían
resuelto no volver a permitir que una
cristiana se quedase entre ellos, y llevaron
a cabo un ritual de purificación
con este fin.
"Reconozco que
esta "bienvenida" fue toda una
sorpresa, ya que las mujeres y los hombres
que había conocido anteriormente
habían sido siempre muy abiertos
conmigo y me habían dicho que querían
que regresara. A este problema, se le
añadió el que mi ayudante
de investigación encontrase otro
trabajo y dejase de trabajar conmigo.
Esto supuso no sólo que tuviese
que buscar otra zona en la que trabajar,
sino que, por encima, tuviese que buscar
otra ayudante". En este momento,
Cranney consideró la posibilidad
de hacer las maletas y volver a casa.
"Vivía en un apartamento sin
calefacción y la temperatura interior
era tan baja que me resultaba básicamente
imposible escribir y usar el ordenador",
señala. A eso se le añadió
una enfermedad, que le dejó debilitada
un tiempo, por lo que decidió regresar
a Delhi para evaluar la situación.
Y allí, Cranney
se puso en contacto con ASK (Atma Swasthya
Kendra), una Comunidad Ganadera Pro-Salud
Holista involucrada en varios programas
de alcance social relacionados con la
salud de la mujer, la nutrición,
la alfabetización, la higiene y
concienciación en el ámbito
de la fertilidad. Uno de los miembros
de este grupo aceptó ser su ayudante
de investigación, y Cranney viajó
a Ghanna Hatti, en la región de
Shilma, para continuar su trabajo de campo.
El hecho de trabajar en equipo con la
ASK resultó ser muy beneficioso,
porque esta organización ya conocía
a muchas de las mujeres con las que Cranney
quería trabajar.
Compartiendo información
"Las mujeres
sintieron empatía hacia mí.
Creo que esto se debe, en parte, a que
les dije que provenía de un entorno
rural y que tenía once hermanos",
explica. "Me hicieron muchas preguntas
sobre agricultura, desde los cultivos
que plantábamos al tipo de vestimenta
que empleamos para trabajar en el campo.
También querían saber por
qué había tantos hijos en
mi familia y qué hacía y
en qué trabajaba cada uno, además
de si estábamos casados o solteros.
Las mujeres también mostraron interés
por conocer la situación de la
mujer en Canadá: ¿Hay abusos?
¿Trabajan más que los hombres?".
"Les pregunté
a las mujeres qué les parecía
el hecho de que me hubiese inmiscuido
un poco en sus vidas, haciéndoles
preguntas e interrumpiendo su trabajo.
Recibí comentarios muy positivos",
afirma. "En una aldea, las mujeres
dijeron que cuando nos vieron subiendo
la montaña, creyeron que Dios había
llegado, por fin, a liberarlas de sus
míseras vidas. Sentían que
nadie se interesaba por ellas; que la
gente creía que en su región
sólo podían vivir vacas
o búfalos". Las mujeres se
mostraron contentas y agradecidas al ver
que alguien se interesaba por sus existencias.
Actividades actuales
Tras haber concluido
su periodo de investigación asociado
al IRDC, Brenda regresó varias
veces a la India para llevar a cabo estudios
adicionales sobre el impacto del medio
ambiente en las vidas de las mujeres.
En enero de 1998, volvió a Himachal
Pradesh para realizar una investigación
post-doctoral en la aldea donde había
trabajado anteriormente. Uno de los objetivos
de este estudio fue desarrollar una metodología
de investigación feminista que
delinease, de forma clara, las necesidades
de la población femenina.
En la actualidad,
Cranney, que hace uso de la fotografía
como parte integral de su investigación,
está trabajando en su segundo libro,
que versará sobre las mujeres mayores
y asuntos de índole sanitaria en
la India. Como miembro del consejo de
dirección de la revista Canadian
Woman Studies, está pasando
un mes en Sudáfrica para asistir
a la Cumbre de la Tierra, donde distribuirá
el último número de la citada
publicación y se pondrá
en contacto con otras mujeres para hablar
sobre temas de desarrollo.
Desarrollo personal
En una carta a Rita
Bowry, la responsable de premios y becas
del IDRC, enviada poco después
de regresar a Canadá, Cranney escribe:
"Me costó muchísimo
readaptarme a Canadá. El ritmo
de vida en este país es excesivamente
frenético y mis prioridades han
cambiado drásticamente. El cambio
de una casa de dos habitaciones en la
aldea, sin fontanería ni agua corriente,
a un apartamento en la ciudad ha sido
mayúsculo".
En conjunto, Cranney
disfrutó mucho de su experiencia,
a pesar de las dificultades inherentes
a los periodos de adaptación, tanto
de llegada como de retorno. El hecho de
que regresase varias veces para llevar
a cabo estudios adicionales da fe de hasta
qué punto tanto el país
como sus gentes le han dejado una impronta
importante. Deja constancia de ello en
el primer libro que recopiló:
"Mi experiencia
en la India
me ha cambiado para
siempre. Me afectaron profundamente tanto
el trabajo que realicé como las
personas con las que conviví, y
a las que llegué a querer tanto.
Cuando llegó la hora de irme, creo
que ya formaba parte de sus vidas, tanto
como ellas de las mía".
La moraleja es que,
aunque en un primer momento, es posible
que las cosas no resulten sencillas, a
largo plazo, las recompensas del trabajo
en el área de desarrollo pueden
ser inconmensurables.
Este artículo
ha sido modificado a partir del que fue
publicado originalmente en la página
web de programas
de formación y premios del
IDRC.
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