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"Gracias, India": la experiencia que cambió una vida

MARIANNE WIGHTMAN & NADINE ROBITAILLE
INTERNATIONAL DEVELOPMENT RESEARCH CENTRE
OTTAWA (CANADÁ)

20/09/02

 

 

Brenda Cranney sufrió de lo lindo durante las primeras etapas de su experiencia inaugural en el área de cooperación y desarrollo.

No obstante, a pesar del frío, de la falta de privacidad, de los piojos y los mosquitos - a los que tanto le costó adaptarse al principio - la socióloga afirma con rotundidad que vivir y trabajar en la India la ha cambiado para siempre.

Cuando completaba su doctorado, Cranney tuvo la oportunidad de trabajar en la India gracias al Premio para Jóvenes Investigadores Canadienses del International Development Research Centre (IDRC), que le fue concedido en 1998. El IDRC, una de las principales agencias de cooperación de Canadá, financia investigación para el desarrollo en los más variados rincones del planeta.

Cranney pasó un año de su vida en las zonas rurales de Himachal Pradesh, hablando con mujeres de varias aldeas y estudiando el grado de éxito de determinados proyectos generadores de ingresos (como por ejemplo, los de forestación social) en tanto que generadores de transformaciones positivas en los roles de género, además de examinando sus repercusiones positivas en el medio ambiente.

"Vivía en las propias aldeas, así que pude desarrollar relaciones interpersonales con las mujeres locales y realizar las entrevistas a lo largo de periodos prolongados. Conforme las mujeres me iban conociendo y se iban relajando, compartieron experiencias conmigo que en un principio se resistieron a contarme. Participé en las tareas diarias, tales como la recogida de hierba para el ganado y agua, así que pude experimentar de primera mano el objeto mismo de mi investigación. Esta vivencia personal fue, con diferencia, la que considero más valiosa".

La investigación de Cranney se centró en las diversas manifestaciones de la degradación del medio ambiente en la India rural (el resultado de programas de desarrollo ineptos e inapropiados), en el trabajo productivo y reproductivo de las mujeres pobres, su salud y su experiencia de la familia y la cultura.

Lo que emergió del análisis preliminar de Cranney fue que las mujeres no habían participado ni en la planificación ni en la implementación de los proyectos. Observó: "A partir de mis limitados datos de investigación, obtenidos siempre desde la perspectiva femenina, sugeriría que la forestación social no ha beneficiado a las mujeres. Esto es particularmente cierto en las aldeas más pobres. Las mujeres están muy frustradas con el gobierno y quieren programas generadores de ingresos que les provean con algún tipo de ingreso adicional. Estos ingresos no son para caprichos sino para necesidades básicas de supervivencia. En resumen: las ventajas de la forestación social no han llegado a las mujeres de la aldea".

Los retos encontrados

Las circunstancias a las que se enfrentó nuestra protagonista constituyeron, a lo menos, todo un desafío. El primer error que cometió fue asumir que estaría preparada para comenzar su trabajo de campo en una aldea específica inmediatamente después de su llegada a la India. Al poco de aterrizar en el país, descubrió que la zona que había escogido estaba realmente aislada. Ya le habían comentado que iría a una región de altitud elevada, con bajas temperaturas y nieve en invierno (le aconsejaron que llevase buen calzado para este fin). Necesitó más tiempo del que estimó en un principio para reunirse con los funcionarios gubernamentales del área de forestación y se topó con muchas dificultades a la hora de encontrar y retener a buenos ayudantes de investigación. La realización de las entrevistas tampoco fue sencilla, especialmente al principio, debido a sus conocimientos limitados del idioma. "El idioma constituye definitivamente un problema, incluso contando con la ayuda de un intérprete", señala, añadiendo que se sentía limitada por el hecho de no poder comunicarse directamente con las mujeres.

Cuando regresó a la aldea después de un breve periodo de descanso, descubrió que algunos hombres de la zona habían resuelto no volver a permitir que una cristiana se quedase entre ellos, y llevaron a cabo un ritual de purificación con este fin.

"Reconozco que esta "bienvenida" fue toda una sorpresa, ya que las mujeres y los hombres que había conocido anteriormente habían sido siempre muy abiertos conmigo y me habían dicho que querían que regresara. A este problema, se le añadió el que mi ayudante de investigación encontrase otro trabajo y dejase de trabajar conmigo. Esto supuso no sólo que tuviese que buscar otra zona en la que trabajar, sino que, por encima, tuviese que buscar otra ayudante". En este momento, Cranney consideró la posibilidad de hacer las maletas y volver a casa. "Vivía en un apartamento sin calefacción y la temperatura interior era tan baja que me resultaba básicamente imposible escribir y usar el ordenador", señala. A eso se le añadió una enfermedad, que le dejó debilitada un tiempo, por lo que decidió regresar a Delhi para evaluar la situación.

Y allí, Cranney se puso en contacto con ASK (Atma Swasthya Kendra), una Comunidad Ganadera Pro-Salud Holista involucrada en varios programas de alcance social relacionados con la salud de la mujer, la nutrición, la alfabetización, la higiene y concienciación en el ámbito de la fertilidad. Uno de los miembros de este grupo aceptó ser su ayudante de investigación, y Cranney viajó a Ghanna Hatti, en la región de Shilma, para continuar su trabajo de campo. El hecho de trabajar en equipo con la ASK resultó ser muy beneficioso, porque esta organización ya conocía a muchas de las mujeres con las que Cranney quería trabajar.

Compartiendo información

"Las mujeres sintieron empatía hacia mí. Creo que esto se debe, en parte, a que les dije que provenía de un entorno rural y que tenía once hermanos", explica. "Me hicieron muchas preguntas sobre agricultura, desde los cultivos que plantábamos al tipo de vestimenta que empleamos para trabajar en el campo. También querían saber por qué había tantos hijos en mi familia y qué hacía y en qué trabajaba cada uno, además de si estábamos casados o solteros. Las mujeres también mostraron interés por conocer la situación de la mujer en Canadá: ¿Hay abusos? ¿Trabajan más que los hombres?".

"Les pregunté a las mujeres qué les parecía el hecho de que me hubiese inmiscuido un poco en sus vidas, haciéndoles preguntas e interrumpiendo su trabajo. Recibí comentarios muy positivos", afirma. "En una aldea, las mujeres dijeron que cuando nos vieron subiendo la montaña, creyeron que Dios había llegado, por fin, a liberarlas de sus míseras vidas. Sentían que nadie se interesaba por ellas; que la gente creía que en su región sólo podían vivir vacas o búfalos". Las mujeres se mostraron contentas y agradecidas al ver que alguien se interesaba por sus existencias.

Actividades actuales

Tras haber concluido su periodo de investigación asociado al IRDC, Brenda regresó varias veces a la India para llevar a cabo estudios adicionales sobre el impacto del medio ambiente en las vidas de las mujeres. En enero de 1998, volvió a Himachal Pradesh para realizar una investigación post-doctoral en la aldea donde había trabajado anteriormente. Uno de los objetivos de este estudio fue desarrollar una metodología de investigación feminista que delinease, de forma clara, las necesidades de la población femenina.

En la actualidad, Cranney, que hace uso de la fotografía como parte integral de su investigación, está trabajando en su segundo libro, que versará sobre las mujeres mayores y asuntos de índole sanitaria en la India. Como miembro del consejo de dirección de la revista Canadian Woman Studies, está pasando un mes en Sudáfrica para asistir a la Cumbre de la Tierra, donde distribuirá el último número de la citada publicación y se pondrá en contacto con otras mujeres para hablar sobre temas de desarrollo.

Desarrollo personal

En una carta a Rita Bowry, la responsable de premios y becas del IDRC, enviada poco después de regresar a Canadá, Cranney escribe: "Me costó muchísimo readaptarme a Canadá. El ritmo de vida en este país es excesivamente frenético y mis prioridades han cambiado drásticamente. El cambio de una casa de dos habitaciones en la aldea, sin fontanería ni agua corriente, a un apartamento en la ciudad ha sido mayúsculo".

En conjunto, Cranney disfrutó mucho de su experiencia, a pesar de las dificultades inherentes a los periodos de adaptación, tanto de llegada como de retorno. El hecho de que regresase varias veces para llevar a cabo estudios adicionales da fe de hasta qué punto tanto el país como sus gentes le han dejado una impronta importante. Deja constancia de ello en el primer libro que recopiló:

"Mi experiencia en la India… me ha cambiado para siempre. Me afectaron profundamente tanto el trabajo que realicé como las personas con las que conviví, y a las que llegué a querer tanto. Cuando llegó la hora de irme, creo que ya formaba parte de sus vidas, tanto como ellas de las mía".

La moraleja es que, aunque en un primer momento, es posible que las cosas no resulten sencillas, a largo plazo, las recompensas del trabajo en el área de desarrollo pueden ser inconmensurables.

Este artículo ha sido modificado a partir del que fue publicado originalmente en la página web de programas de formación y premios del IDRC.


 

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