Tardé en torno a un año en conseguir mi primer empleo en el campo de la ecología, como ecologista de campo para el gobierno local del Oeste de Yorkshire (West Yorkshire), en Inglaterra. Caí en este trabajo por suerte y de pura casualidad. Todos los anuncios de empleo que me habían llamado la atención previamente buscaban a personas con un mínimo de tres años de experiencia y estaban tan mal remunerados que no me darían... ¡ni para el alquiler anual de mi casa! Por aquel entonces vivía en Londres y decidí que empezaría a buscar fuera de las fronteras de la capital. Me suscribí al Yorkshire Post y en el segundo número que recibí, vi el anuncio de empleo para un ecologista de campo. Te exigían un título en una materia relacionada con el medio ambiente, pero no te pedían experiencia. ¡Perfecto para mí! Era sólo un contrato de un año, pero estaba dispuesto a trasladarme de ciudad y darle una oportunidad. Al final las cosas salieron muy bien y permanecí en este puesto un periodo de siete años.
Algunos de mis actuales compañeros de trabajo han tenido que trabajárselo más para hacerse un hueco en su empresa. Una comenzó trabajando como administrativa, pero en la entrevista enfatizó que confiaba en poder asumir tareas medioambientales tan pronto como le surgiese la oportunidad. Desde hace tres años, trabaja en el equipo de evaluación de impacto ecológico y medioambiental. Otros dos compañeros de trabajo escribieron una media de cincuenta cartas de búsqueda de empleo, en su último año de universidad, y yo fui el único que les respondí, ya que coincidió que estábamos buscando personal y los currículos de ambos enfatizaban que a lo largo de sus estudios académicos habían estudiado asignaturas que cubrían las principales áreas de nuestro trabajo. Con una gran determinación, algo de suerte y mucha disposición para aprender, han logrado una buena posición dentro de nuestro equipo.
Durante los siete años que trabajé en el organismo gubernamental local que les mencioné, adquirí valiosos conocimientos de ecología a través de mi participación en varios proyectos. Fui el responsable de un estudio a gran escala del hábitat del distrito de Calderdale, supervisé una gran parte del estudio de propiedad catastral de la Yorkshire Water, que abarcó la mayor parte de la región montañosa de los Peninos del Sur; y pasé tres meses muy agradables estudiando las zonas de bosque y ciénaga del Parque Nacional de los páramos del Norte de York. A lo largo de este tiempo, mejoré mis técnicas de identificación botánica y mis conocimientos de aves, mamíferos, mariposas, anfibios y libélulas. La formación en técnicas de campo que se da en las universidades es, en mi opinión, muy deficitaria, así que no existe sustituto al aprendizaje sobre el terreno.
Otro aspecto positivo de mi trabajo para el gobierno regional fue el hecho de que me permitiese desarrollar mis técnicas de gestión de proyectos, que a su vez me ayudaron a conseguir mi actual empleo. Bullen Consultants es una consultoría multidisciplinar que comenzó inicialmente a trabajar en el área de la ingeniería civil, pero que pronto se diversificó en muchos otros campos. A mí me contrataron en 1998 para ayudar a ampliar su sección de medioambiente, en la actualidad tan importante como la de ingeniería. Trabajo en la oficina de Bradford y tengo a mi cargo a ocho científicos medioambientales y a un arqueólogo. En nuestra diversa plantilla medioambiental hay desde ecologistas a arquitectos de paisajes, arqueólogos, especialistas en suelos contaminados, diseñadores de vertederos y auditores medioambientales; con trayectorias académicas variadas (geografía, geología, botánica y ciencias medioambientales fundamentalmente). El denominador común que compartimos todos es un fuerte interés personal por el entorno natural.
Si escoge una carrera profesional en el área del medioambiente, y en particular en ecología, es muy poco probable que acabe preocupándose porque su trabajo sea rutinario. Aunque es posible que tenga que utilizar metodologías de estudio semejantes una y otra vez, la variedad la proporcionan los distintos lugares que tenga que visitar. Cada emplazamiento ofrece una gama única de ecosistemas y especies, que presenta retos distintos en cuanto a gestión, protección y, a menudo, desarrollo. Uno puede garantizarse una mayor multiplicidad de tareas aumentando su rango de destrezas y habilidades. Muchas personas se ciñen a sus áreas favoritas, como por ejemplo la botánica o la ornitología, y dedican toda su vida profesional a, digamos, llevar a cabo estudios de hábitat o de cría de aves. Pero cuantas más habilidades tenga, más atractivo será su perfil para los empleadores.
Éste es sin duda el caso del sector privado, en el que tendrá más posibilidades de obtener un repertorio más amplio de experiencias, desde el punto de vista geográfico y profesional, que si trabajase en una organización gubernamental o en una asociación por la defensa y la conservación de la flora y fauna. Las oportunidades en el sector público existen, pero siguen siendo relativamente escasas en comparación con el privado, donde la necesidad de flexibilidad y adaptabilidad es particularmente intensa.
En la actualidad, en Bullen, la consultora para la que trabajo, estamos llevando a cabo un detallado estudio botánico de la mayoría de los lugares de interés científico especial del Oeste y el Sur de Yorkshire y el Norte de Lincolnshire; también estamos realizando sondeos ecológicos y búsquedas informáticas de datos previas a los trabajos de alcantarillado de varias empresas de agua; y finalmente, produciendo evaluaciones medioambientales de trabajos de reparación de carreteras y de zonas afectadas por las inundaciones, trabajando codo a codo con el equipo de ingenieros para garantizar que sus diseños sean medioambientalmente aceptables.
Esto constituye el grueso de nuestro trabajo diario, pero a lo largo de los dos o tres últimos años nuestro volumen de trabajo se ha diversificado bastante. Ahora mismo estamos trabajando con nuestros compañeros del área de modelización computacional en la identificación de los regímenes de caudal óptimos para los afluentes de un río de la zona de Cumbria. El flujo de estos afluentes se está viendo enormemente afectado por los procesos de abstracción de agua, para fines domésticos e industriales; y en estos momentos, la Agencia Medioambiental está muy interesada en restablecer un régimen de flujo más natural para promover el desove del salmón, algo por el que este río era muy conocido en el pasado. Este trabajo depende del saber-hacer de modeladores computacionales, que se encargan de identificar los regímenes de caudal existentes, y después se ponen en contacto con el personal de medioambiente, que pasaría a determinar cuánto cauce más se necesitaría para aumentar las áreas de hábitat.
Es éste un trabajo muy científico que podría tener un impacto duradero en la conservación del ecosistema. Ha sido una tarea realmente gratificante para todos los que nos involucramos en ella, pero he de decir que normalmente nuestros proyectos son mucho más prácticos. Por ejemplo, ahora mismo estamos colaborando con la Agencia gubernamental responsable de las autopistas, con todos los asuntos de carácter medioambiental derivados de la propuesta de extensión de la autovía A1 que pasa por el Oeste y el Norte de Yorkshire. Estamos hablando de catorce nuevos kilómetros de carretera y de una inversión de unas trescientas libras esterlinas. La carretera está previsto que se construya cerca de un monumento antiguo registrado como tal, y por lo tanto ahora mismo estamos inmersos en un minucioso estudio arqueológico con el fin de obtener más datos sobre la zona.
La mayoría de los proyectos en los que colaboramos se materializan en forma de informes científicos. A menudo, éstos son los únicos documentos que llegan a nuestros clientes, así que es fundamental elaborarlos bien, ya que vienen a ser nuestros “escaparates”. Ya podemos haber realizado el mejor estudio ecológico del mundo, o producido las medidas de mitigación más innovadoras para nuestros planes de regeneración, que si no las expresamos con claridad, o el informe está mal redactado o presentado, esto es lo que recordarán los clientes. Prestamos mucha atención, pues, a la redacción y a la presentación de los informes, y las nuevas adquisiciones de la plantilla han de desarrollar estas aptitudes rápidamente.
Espero que os haya dado algunas pistas acerca del tipo de tareas que podrían tener que hacer, y de las habilidades que se le requerirían a cualquier persona que aspirase a dedicarse profesionalmente a la evaluación medioambiental. La mayoría de las empresas son conscientes de que los recién licenciados siempre van a necesitar formación interna en técnicas de campo, y siempre y cuando esté dispuesto a invertir parte de su tiempo, sus recompensas valen mucho la pena. Aunque es probable que nunca se haga rico trabajando en este sector, he de decir que no me he topado con muchos ecologistas o medioambientalistas que no disfruten yendo a trabajar. Siempre esperamos con impaciencia el comienzo de la estación de trabajo de campo porque nunca sabemos con certeza qué es lo que hay detrás de cada rincón.
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