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Un día en la vida de una científica de Greenpeace

HELEN WALLACE
REINO UNIDO

03/04/98

Trabajo como científica para Greenpeace Reino Unido, parte de la organización medioambiental internacional. Soy licenciada en Físicas, Doctora en Oceanografía y tengo cuatro años de experiencia como modeladora medioambiental, previos a mi incorporación a Greenpeace. Trabajo primordialmente dentro de aquellas áreas en las que se suele hacer uso de modelos informáticos a la hora de tomar decisiones en materia de política medioambiental (como lo son, por ejemplo, el cambio climático o la contaminación marina). Mis tareas diarias se desarrollan sobre todo en el Reino Unido, pero asisto a reuniones en Europa con relativa frecuencia y, de vez en cuando, también paso temporadas en uno de los barcos de Greenpeace.

Suelo colaborar de forma activa en las fases de planificación de las campañas, ayudando a determinar qué contribuciones especificas necesitamos de otros profesionales, además de echando mano de mi propia experiencia cuando así se requiriese. El equipo de nuestro Laboratorio Internacional Greenpeace, con sede en la Universidad de Exeter (Reino Unido), es responsable de la publicación de trabajos científicos relevantes y de la puesta a prueba de conclusiones extraídas en trabajos de investigación. Muchos de nuestros campañistas también tienen formación científica. En caso de necesitar ayuda específica adicional, recurrimos sistemáticamente a consultores y a contactos que tenemos en el seno de las universidades. No es nada infrecuente que la industria y el gobierno hagan un "mal uso" de la ciencia - como forma de ignorar las preocupaciones de los ciudadanos en lo que respecta el medioambiente - haciendo debates excesivamente técnicos e ignorando las preguntas que verdaderamente importan sobre el tipo de futuro que queremos. Una parte importante de mi trabajo consiste, precisamente, en contrarrestar y desafiar este fenómeno.

7:15 a.m.

Es jueves por la mañana. Me subo al autobús, en dirección a la sede británica de Greenpeace, en Londres.

7:30 a.m.

Llego a la oficina a las 7:30 de la mañana y configuro la línea ISDN. Tengo dos entrevistas radiofónicas sobre los resultados de los análisis de laboratorio realizados a palomas capturadas en los alrededores de Sellafield, la conocida planta nuclear. Greenpeace envió dichas palomas a un laboratorio independiente, para que fuesen sometidas a analíticas, y se descubrió que éstas eran tan radioactivas que podían incluso entrar en la categoría de "residuos nucleares". Sus plumas, en concreto, pueden ser incluso una amenaza para la salud de las personas en contacto con ellas. En la actualidad, BNFL (British Nuclear Fuels), propietaria de Sellafield, está deshaciéndose de las palomas, mediante disparos, y poniendo los cadáveres en cestas dentro de sus vertederos específicos para residuos nucleares, ya que son conscientes de que son demasiado radioactivos como para ser desechados dentro de vertederos ordinarios.

8:30 a.m.

Acabadas las entrevistas, leo el correo electrónico y escucho los mensajes almacenados en el buzón de voz. Me entero de que la historia de las palomas ha llegado a los titulares de varios periódicos. Mi próximo destino es la Cámara de los Lores, así que junto todos los documentos que necesito y me hago con un teléfono móvil, para estar localizable de haber más llamadas de prensa. Alguien me prepara un taza de té pero no tengo tiempo para beberla.

9:00 a.m.

Voy corriendo a la boca de metro y vuelvo a leer la documentación que traigo conmigo mientras me dirijo a Westminster. Greenpeace está declarando ante un comité de la Casa de los Lores que está considerando qué hacer con los residuos nucleares, ahora que se han desechado los planes de enterrarlos a gran profundidad en las proximidades de Sellafield. Ya hace un año que se consiguió que a la empresa británica de residuos radioactivos Nirex se le negase la planificación de la primera fase del proceso de vertido, tras una larga investigación a lo largo de la cual tanto Greenpeace como otras organizaciones se opusieron rotundamente al proyecto. En dicha investigación, yo expuse la más que probable relación causa - efecto entre vertidos y contaminación radioactiva, y ahora trabajaré en calidad de asesora científica del Director Ejecutivo de Greenpeace Reino Unido, Peter Melchett, que ha de declarar ante los Lores.

9:30 a.m.

Me llaman al móvil desde nuestra Oficina de Prensa en el trayecto a pie desde la parada del metro al parlamento, para comunicarme que a la hora del almuerzo tendré que ir a los estudios Millbank para intervenir en un debate televisivo con BNFL sobre las palomas contaminadas.

9:35 a.m.

Sólo llego cinco minutos tarde a mi cita con Peter. Vamos a uno de los cafés del parlamento para hablar sobre las pruebas que vamos a presentar ante la Cámara. Nos acompaña alguien de Greenpeace Alemania (que va a escribir un artículo para su revista sobre vertidos nucleares alemanes en el Reino Unido) y uno de los activistas de la campaña nuclear de Greenpeace Internacional. Poco después, el director de la campaña nuclear de Greenpeace Reino Unido se une al grupo. Es hora de tomarse un zumo de naranja y de llegar a un acuerdo acerca de quién tratará qué puntos del orden del día y qué queremos resaltar ante el comité.

10:25 a.m.

Carrera frenética por los pasillos del congreso para encontrar el despacho donde se reúne el comité.

10:30 a.m.

Los lores nos interrogan para conocer nuestra posición. Les subrayamos que el vertido de residuos nucleares es incompatible con el desarrollo sostenible, ya que la tierra y el agua contaminadas pasarán inexorablemente a las futuras generaciones, aún cuando los vertidos se enterrasen a gran profundidad. La solución más responsable pasaría por el almacenamiento bien gestionado, supervisado y recuperable de los residuos existentes. Resaltamos asimismo que hay que poner un punto y final no sólo a la producción de más residuos sino también a su importación (el Reino Unido importa residuos nucleares a Sellafield de países tales como Alemania o Japón). Está claro que muchos miembros del comité todavía quieren creer que la crisis de residuos nucleares constituye, esencialmente, un problema de percepción pública, así que trato de hacer hincapié en las múltiples pruebas científicas que demuestran que los denominados "vertidos profundos" no son ninguna solución. También hablamos de los peligros inherentes al plutonio y de las emisiones de los residuos nucleares de Sellafield tanto al mar como al aire.

11:30 a.m.

Terminamos de presentar nuestras pruebas pero permanecemos en la sala del comité para escuchar a los representantes de Friends of the Earth, que también estuvieron implicados en la investigación y están expresando muchos de los mismos argumentos que nosotros.

12:30 p.m.

La sesión ha terminado y dedico unos minutos a charlar con algunos miembros de la audiencia, entre la que hay muchos asesores y expertos en materia nuclear. Llamo a nuestra oficina de prensa: el debate televisivo ha sido postergado hasta la tarde, pero hay una entrevista de radio para la BBC en los mismos estudios a la 1:15 p.m. Salgo a comer con algunos de mis compañeros de Greenpeace y un consultor nuclear, pero sólo me da tiempo a tomarme otro zumo de naranja y un trozo de pan antes de la entrevista.

1:10 p.m.

Estoy en el estudio, escuchando el programa World at One, de Radio 4, mientras que espero mi turno. Esta mañana sólo pude oír los titulares, así que por lo menos ahora tengo la oportunidad de ponerme al día en el resto de las noticias del día.

1:20 p.m.

Tras mi intervención, escucho la contestación de BNFL. Le gente de la zona afectada está, como es natural, preocupada por los peligros derivados de estar en contacto con los pájaros contaminados. En mi opinión, la solución que propone BNFL de disparar a las palomas es totalmente inadecuada. Se va a pasar a analizar el estado de otros pájaros y animales que moran próximos a la zona conflictiva, pero nadie sabe datar el comienzo de las emisiones nucleares de Sellafield ni si existen diversas vías de escape para los residuos radioactivos.

1:30 p.m.

Mientras vuelvo a la oficina en metro, leo el periódico. Necesito terminar el listado de pruebas que presentaremos ante la Agencia de Medioambiente, que está realizando consultas públicas sobre la problemática de Sellafield. Hasta el lunes no termina el plazo de entrega, pero viernes y sábado tengo una reunión de dos días con algunos campañistas de Greenpeace International y, aparte, tengo que preparar un seminario sobre cambio climático para el martes.

2:15 p.m.

De vuelta en la oficina, me doy cuenta de que todavía no he comido.¡Tendrá que esperar! Llamo por teléfono a los campañistas antinucleares ubicados cerca de Sallefield para asegurarme de que nos hemos puesto mutuamente al día en las últimas novedades. Me pongo en contacto con la oficina de prensa para comprobar a qué horas tengo concertadas entrevistas. Hablo acerca del informe que vamos a presentar en la consulta pública con algunos contactos que tenemos dentro del gremio político de Irlanda, preocupados por que las emisiones radioactivas de Sellafield pudiesen estar contaminando la costa de su país. Compruebo si tengo algún correo electrónico o mensaje de voz urgente. Hablo con otros dos periodistas que desean obtener información general sobre el tema de los residuos nucleares, y también con algunos aliados, reales y potenciales, en nuestra campaña contra la contaminación radioactiva. Me aseguro de que varios de mis compañeros tienen todos los documentos que necesitan y solicito información que me hace falta. Por ejemplo, este año estoy co-supervisando a un doctorando de la Universidad de Plymouth que tiene que entrevistar a nuestro campañista especialista en sustancias tóxicas sobre contaminación en los estuarios. También necesito que nuestro campañista experto en clima me mande información para el seminario que dirigiré en el Centro de Oceanografía de Southampton la semana que viene. Escribo un correo electrónico con algunos comentarios acerca de un informe sobre contaminación marina que la Unidad Política de Greenpeace Internacional necesita enviar urgentemente.

4:45 p.m.

No me ha dado tiempo a avanzar gran cosa en mi "trabajo de mesa" pero ya me ha llegado la hora de regresar al estudio de TV. De camino al metro, me compro un sándwich para comer en el trayecto, y nada más llegar a la cadena, me hago con una muy necesitada taza de café. Se trata de un dinámico debate cara a cara en los que participamos un representante de BNFL, ubicado en un estudio próximo a Sellafield, y yo, detrás de la cámara en el estudio de Londres. BNFL admite que tenemos razón en lo que se refiere a las palomas, pero no reconoce las implicaciones de su fracaso a la hora de contener los residuos nucleares dentro del terreno de Sellafield. Dicen que continuarán las emisiones de residuos tóxicos al medio ambiente desde la citada planta nuclear.

6:15 p.m.

Me meto en el metro de vuelta a la oficina. En el trayecto, leo algunos documentos que necesito mencionar en los informes.

7 p.m.

De vuelta en mi despacho, por fin tengo un poco de tiempo de silencio para escribir.

10 p.m.

El primer borrador de uno de nuestros informes está listo para que vuelva a ser sometido a otra tanda de comentarios y sugerencias por parte de nuestro abogado. El domingo debería conseguir sacar algo de tiempo para remodificarlo. Trato de no pensar en cuándo escribiré mi presentación sobre cambio climático, ya que no cabe duda de que es hora de que vuelva a casa y no quiero que Joe (nuestro guardia de seguridad) me lo recuerde.

10:05 p.m.

Me compro una hamburguesa vegetal y unas patatas fritas para comer de camino a casa. Nota menta: lo reconozco, ¡tengo que llevar una vida más sana!


 

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