Yo formo parte del departamento de “productos sostenibles y flujos de material”, cuyatarea principal es el análisis, la evaluación y la reducción de las repercusiones medioambientales de determinados productos y servicios, o de áreas enteras tales como la movilidad, la nutrición, la vivienda, la información y la comunicación.
Estamos involucrados en varios proyectos paralelos. Uno de ellos – el de “las diez áreas principales” (así lo conocemos entre nosotros) - tiene un enfoque que me parece realmente amplio e inclusivo. Lo que hacemos, básicamente y en primer lugar, es analizar con detenimiento productos de diez campos distintos que en conjunto suponen en torno a un 70% del flujo total de materiales (consumo de energía y agua, emisiones de gases de efecto invernadero, etc.) de Alemania. Los productos estudiados vienen a cubrir casi todas las necesidades de los consumidores: desde vivienda a alimentación, movilidad, lavadoras, neveras, televisores y ordenadores personales. El objetivo del proyecto es desarrollar y promocionar productos nuevos o mejorados que cumplan los tres criterios de asequibilidad, alta calidad y respeto al medio ambiente.
Por otra parte, no sólo prestamos atención a la fase de producción, sino también a la de aplicación, ya que el impacto medioambiental de la utilización de un producto puede ser mayor que el impacto de su fase de producción. Los coches son un ejemplo clásico: el consumo de energía durante su uso es cinco veces superior a la que se gasta en su fabricación. Por lo tanto, tener en cuenta cómo se usan los productos es decisivo a la hora de resolver problemas medioambientales, y crear ciclos de producción eficientes y no perjudiciales para el medio ambiente. A través del examen conjunto de los aspectos ecológicos, sociales y económicos - mediante evaluaciones de los ciclos vitales y sus costes, e investigaciones de mercado – tratamos de tener en cuenta los diversos intereses de medioambiente, industria y consumidores, en igual medida.
Mi particular contribución a este proyecto es, a mi modo de ver, harto interesante. Para poder determinar el impacto medioambiental de un proyecto o de un área de consumo, es necesario contar con datos recientes y precisos. Así que tengo que estar muy al día en cuanto a los últimos avances en las áreas de alimentación y nutrición, a las que me dedico primordialmente. Saco la información que necesito de trabajos publicados relevantes, de Internet, de los informes de determinadas empresas... y a veces llevando a cabo mis propios sondeos. Una tarde la puedo pasar, por ejemplo, yendo a tiendas y comparando precios, o en casa, averiguando el consumo de energía promedio de determinados aparatos eléctricos. No obstante, mis recursos principales para la obtención de información para mi proyecto son Internet, algunas revistas y libros, y el teléfono.
En el Öko-Institute se le otorga un gran valor al trabajo en equipo. La colaboración mutua en la realización de los proyectos permite un intercambio de experiencia e información que conduce a soluciones más rápidas y creativas. Las reuniones breves, los retiros intensivos para la preparación de proyectos, o los seminarios con socios colaboradores o clientes son la norma más que la excepción, y han de organizarse y prepararse. También han de solventarse temas logísticos, relacionados con fechas y puntos de encuentro, especialmente cuando se trata de reuniones de mayor envergadura, con socios externos. Otras cuestiones que tienen que resolverse con anterioridad a una reunión son la búsqueda de las instalaciones más adecuadas, la organización del alojamiento de los participantes, y la preparación de la presentación de resultados.
Naturalmente, lo más importante es el “output” de nuestro trabajo: tanto clientes como socios quieren ver resultados: trabajos, informes, comunicados de prensa, artículos en revistas... También hay que presentar propuestas de beca y responder con eficacia las dudas y preguntas de todas las partes interesadas. En esta “rutina” diaria, apenas hay espacio para el aburrimiento. Normalmente, uno sólo desearía tener más tiempo (y más energía) para estudiar con más detenimiento otras tareas interesantes a las que se dedican otros compañeros de trabajo.
Podría describir mi vida profesional, al igual que el ambiente de trabajo en el que me muevo, como muy agradable. Disfruto con la variedad de tareas y temas a tratar; con la inspiración que me proporcionan mis compañeros, provenientes de tantas disciplinas científicas distintas; y con nuestra búsqueda de soluciones prácticas, pero científicas, aplicables a la industria, la empresa y la política. Pero éstas no son, en ningún caso, las únicas razones por las que hoy sigo aquí: un factor fundamental fue mi deseo de tener una profesión coherente con mis valores personales. Desde mi punto de vista, el desarrollo sostenible – a saber, la consideración integral de las dimensiones ecológica, social y económica – es una tarea absolutamente clave que nos atañe a la generación de hoy. Sólo a través del desarrollo sostenible podremos crear condiciones de vida aceptables para los seres humanos de las partes más pobres del mundo, y para las generaciones futuras, a la par que mantener intacto el medioambiente. En el Öko-Institut yo he encontrado el lugar en el que contribuir a la realización de esta idea profesionalmente, durante mi horario de trabajo.
Las oportunidades laborales que existen dentro del sector medioambiental son tan diversas y variadas como sus problemas y sus soluciones. Yo utilicé sólo una de estas salidas, partiendo de mi base académica en ciencias naturales. Los economistas, los especialistas en ciencias sociales y políticas, y los ingenieros también tienen un papel importante que desempeñar. En un área tan multidimensional como lo es el medioambiente y su sostenibilidad, es imperativa la colaboración interdisciplinar. En el sector medioambiental no existe, afortunadamente, un sólo camino: todos y cada uno podemos contribuir desde nuestros intereses y cualificaciones. Sólo tenemos que quererlo. |