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Aunque el repertorio de salidas laborales para los doctores son cada vez más amplias, la opción más obvia para muchos ex-estudiantes sigue siendo la investigación postdoctoral. No obstante, mientras que cada vez parece haber más recursos para los que desean cambiar de rumbo profesional o introducirse en una profesión específica, también he constatado un importante vacío de información a disposición de aquellos que desean dedicarse profesionalmente a la investigación.
¿Cuáles son las realidades de la vida postdoctoral? Aunque la investigación académica se ha ganado la reputación de “tarea desagradecida con salario relativamente bajo y muchas horas de trabajo”, no son pocas las personas que optan por continuar trabajando en los laboratorios universitarios. ¿Tienden, quizás, los científicos, un poco por inercia, a pasar de ser estudiantes de postgrado a investigadores postdoctorales? ¿O existe otra cara de la investigación de la que no oímos apenas hablar? Me pareció que me había llegado la hora de realizar un estudio del tema un poco más pormenorizado...
Hablando con varios investigadores postdoctorales, me quedó claro que, para muchos, la investigación es, efectivamente, una opción profesional gratificante y enriquecedora. Johanna Cornah está en su primer puesto postdoctoral y disfruta estando en un trabajo en el que “puedo, de veras, utilizar mi experiencia y mi cerebro”. También valora el ambiente relajado que se respira en el contexto académico. “Día a día, aprecio la flexibilidad y la libertad de la que dispongo”, explica. “Mi tiempo realmente me pertenece, al igual que mi proyecto y la dirección que quiera que lleve”. Muchas personas también citan las oportunidades que les brinda la investigación tanto para viajar como para trabajar en el extranjero. Otro de los investigadores con los que hablé señaló que él no tenía demasiada necesidad de viajar, porque “en un momento dado, me encontré trabajando con personas ¡de cinco continentes! Esta diversidad no sólo logró que las reuniones del laboratorio fuesen harto interesantes; también pudimos saborear un poquillo de muchas culturas diferentes”. Opiniones aparte, si algo parece quedar claro es que el entorno académico es realmente único...
Para los interesados en la investigación como salida profesional, el sector comercial puede proporcionar una alternativa interesante a las universidades. Ranjit Kaur, una investigadora en ciencias físicas, se doctoró recientemente y en la actualidad trabaja en el boyante sector de las telecomunicaciones. La investigación industrial siempre fue su primera opción, porque"[en este entorno] te motiva el hecho de que el trabajo que haces va a marcar una diferencia dentro de una empresa, al no estar sólo orientado a su publicación”. Por supuesto, los salarios más ventajosos, la vida profesional más estructurada y algunas prestaciones adicionales tales como el seguro médico privado o el plan de pensiones, también hacen que la industria sea una opción atractiva para el investigador. Pero, en última instancia, lo que le hace a Kaur apostar por la investigación es “la satisfacción que se obtiene al pensar en algo que nadie ha pensado, y el comprobar que ¡funciona!”.
La vida investigadora puede tener, pues, muchos aspectos positivos, pero no nos engañemos, el panorama laboral del investigador no es rosa fluorescente: la presión a la que se ven sometidos muchos investigadores es brutal, y las jornadas de trabajo raramente no rebasan las doce horas diarias. Al igual que lo que sucede con los estudiantes predoctorales, las experiencias de los investigadores postdoctorales varían y a menudo dependen de las actitudes y expectativas de los jefes de grupo. Una investigadora que finalizó su doctorado hace ahora dos años y que en la actualidad ocupa su segundo puesto postdoctoral señala: “En este entorno, hay una demanda constante de resultados palpables, lo que hace que sea muy difícil tener una vida, de cualquier tipo, fuera del laboratorio”. Añade: “También tengo muy poca independencia para realizar experimentos a mi propio ritmo o para hacer cosas como leer artículos o revistas, ya que se espera que dedique casi todo mi tiempo a llevar a cabo trabajo experimental”. Opina que, aunque – obviamente – resulta agradable trabajar para personas entusiastas y motivadas por sus áreas de investigación, en el futuro le gustaría tratar de encontrar un líder de grupo con una perspectiva más equilibrada, y consciente de que los investigadores postdoctorales tienen intereses aparte de los estrictamente relacionados con sus experimentos.
Bueno, y en cuanto a mi futuro, ¿qué? Sin duda ha sido reconfortante descubrir que existen muchos investigadores por ahí afuera, tanto en las universidades como en la industria, que disfrutan realmente de su trabajo y que no se podrían imaginar en ninguna otra actividad. Para ellos, el salario y las condiciones del trabajo postdoctoral son secundarias a la ciencia misma, y el gozo de descubrir el último paso de una vía de señalización, la función de una nueva proteína o algún otro gran resultado, siempre se merece todo el tiempo y el esfuerzo invertidos.
Pero en cuanto a mí, no estoy segura de que quiera pasarme todo el resto de la vida enfundada en una bata de laboratorio. Parece que la carrera investigadora exige estar fascinado por un aspecto diminuto del área en la que se está trabajando. A lo largo de mi doctorado, siempre me interesó más “el panorama global”, y no estoy segura de que pudiese sostener un interés a largo plazo por el rol de un único gen o una única proteína o sustancia química. Lo que me mantuvo motivada durante mi etapa predoctoral fue el objetivo claramente definido de completar mi tesis. Creo que me costaría bastante poder ponerle el mismo grado de compromiso a la investigación postdoctoral, dado que sus objetivos (las publicaciones, por ejemplo) tienen una dimensión menos personal que el doctorado.
Dicho esto, habiendo invertido casi cuatro años en la obtención de mi doctorado, la decisión de abandonar el mundo de la investigación no es, sin duda alguna, nada fácil. A lo largo de estos años he vivido muchas experiencias positivas y valiosas, desde lograr solucionar problemas experimentales aparentemente imposibles, a mi asistencia a numerosos congresos científicos; pero como investigadora postdoctoral, ¿podrían estas vivencias compensar la falta de seguridad laboral y el exigente horario de la investigación? Como la respuesta es probablemente negativa, honestamente dudo de que la investigación postdoctoral sea la vía profesional adecuada para mí.
No obstante, mi investigación en torno a todo este tema apunta hacia una consideración un poco más global que querría compartir con ustedes. Aunque siempre habrá personas dispuestas a sobrellevar prácticamente lo que sea con tal de poder continuar trabajando en el campo que les apasiona, y para las cuales la progresión profesional y el salario son asuntos secundarios, ¿cuánto tiempo más puede una profesión depender de la buena voluntad? Ya sólo de los artículos de esta página web podemos inferir que, efectivamente, son muchas las alternativas atractivas para los doctores y los investigadores postdoctorales, por lo que – a mi modo de ver – , si las universidades pretender atraer y retener a nuevos investigadores, se impone con urgencia un estudio del salario y las condiciones laborales de los trabajadores postdoctorales.
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