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Carrera investigadora en España
Una perspectiva de jóvenes científicos

ELISABETH PAIN
EUROPA

28/05/04

 

Una regulación básica de los derechos y deberes de los investigadores pre- y postdoctorales, la reducción de la burocracia para facilitar la transición de un puesto de investigación a otro y la selección de los candidatos en base a su verdadera valía profesional: estos son los tres cambios principales que los jóvenes investigadores españoles querrían ver implementados en el sistema investigador de su país.

En un informe reciente titulado "Carrera profesional en España: deficiencias y propuestas", la Federación de Jóvenes Investigadores (FJI) / Precarios ha sido particularmente dura e inflexible en sus afirmaciones en relación a la carrera científica en las universidades españolas y en los organismos públicos de investigación. El informe pone de manifiesto que, si bien los científicos españoles comparten la mayoría de las dificultades de los jóvenes investigadores del resto de Europa, algunas problemáticas concretas se ven todavía más exacerbadas en el contexto cultural investigador español.

Las fases más vulnerables

La vida profesional de un académico español trascurre por las cuatro fases tradicionales de investigador no doctor (o ayudante), investigador postdoctoral (o ayudante doctor), investigador no titular e investigador titular. El estudio ha revelado que las etapas que podrían calificarse como más vulnerables para el científico son la primera (los inicios) y las de transición.

Según la FJI, son demasiados los estudiantes de doctorado que tienden a escoger grupo de investigación en base a un contacto personal o a una beca en lugar de hacerlo en función de la calidad del proyecto en cuestión o de sus intereses investigadores. Además de que existe, en general, poca información disponible sobre los diversos departamentos de investigación, las oportunidades tienden a ser escasas. Cualesquiera que sean las necesidades de los grupos investigadores, bajo el programa FPI (Formación de Personal Investigador) del Ministerio de Ciencia y Tecnología sólo se permite la concesión de una beca por grupo. Asimismo, los estudiantes de doctorado tienen que pensarse muy bien cuándo les conviene enviar su solicitud, ya que estas becas suelen ir acompañadas de estrictas fechas de inicio.

Las dificultades económicas constituyen otro apartado clave en la lista de deficiencias identificadas por la FJI características de la primera etapa de la vida de un investigador español. Dada la lentitud del proceso de tramitación de las solicitudes de beca por parte de los organismos de financiación, muchos estudiantes se ven obligados a comenzar el doctorado antes de conocer la resolución de su solicitud. Según el informe, esto hace que los periodos de trabajo sin remuneración sean una práctica común en el periodo previo al nombramiento oficial del estudiante de doctorado. Los doctorandos también son particularmente vulnerables hacia el final de sus estudios de tercer ciclo, ya que determinados criterios de eligibilidad les impiden anticipar sus próximos pasos profesionales. "Gran parte de las convocatorias postdoctorales han incorporado como requisito a la petición de su convocatoria el ser doctor o haber depositado la tesis en una universidad previamente a su solicitud", enfatiza el informe.

Los investigadores postdoctorales tampoco están inmunes a estos periodos de trabajo no remunerado ni a la discontinuidad profesional. "La lentitud (en algunos casos de hasta ocho meses) y la falta de planificación de los plazos de concesión, siendo la resolución de la convocatoria en muchos casos posterior o muy cercana a la fecha de incorporación solicitada, dificultan, de nuevo, la incorporación del investigador a su grupo receptor", dice el informe de la CJI. La situación deviene todavía más precaria si se tiene en cuenta la corta duración de las becas y contratos postdoctorales, por lo general de dos años o menos. Este hecho repercute en la inestabilidad del investigador postdoctoral, que necesita invertir una parte importante de su tiempo en la búsqueda de su siguiente puesto laboral, en detrimento de su investigación.

Según el informe, las oportunidades en este ámbito también son escasas. Los proyectos de investigación con partidas presupuestarias específicas para personal no son frecuentes en España y generalmente están restringidas a áreas determinadas. Así, "los investigadores postdoctorales que trabajan en España están, en su mayoría, financiados por convocatorias de lenta resolución, principalmente ofrecidas por las Comunidades Autónomas (CCAA) o la UE" y "esta lentitud provoca que posibles candidatos, sobre todo extranjeros, opten por ofertas en otros países", advierte el trabajo de la FJI.

Los becarios carecen de derechos jurídicos

Los becarios de investigación, tanto pre- como postdoctorales, se enfrentan a un panorama de falta de regulación. Según la FJI, éstos carecen de derechos jurídicos garantizados por contrato legal y, de este modo, forman parte de un sistema en el que duración, remuneración, requisitos y derechos son arbitrariamente determinados por la institución financiadora de la beca en cuestión. Aunque recientemente, en el 2003, ha sido aprobada una nueva ley en un intento de mejorar la situación, la FJI está en desacuerdo con la cobertura mínima que ofrece por enfermedad, minusvalía, baja por maternidad y jubilación, y resiente el que no incluya derechos a vacaciones remuneradas, ni a indemnizaciones por despido ni a subsidios por desempleo.

Además, la nueva ley sólo afecta a investigadores con menos de dos años de experiencia postdoctoral que trabajen en una institución pública, con una beca que cubra un mínimo de un año con un estipendio superior al del salario mínimo profesional. E incluso si consigue satisfacer todos estos requisitos, es la organización que concede la beca la que, en última instancia, decide someterse, o no, a los dictámenes del nuevo decreto.

Los deberes de los investigadores pre- y postdoctorales están, a menudo, según la FJI, mal definidos; y en ocasiones abandonan a los jóvenes investigadores en una situación de indefensión. "La mayoría de las becas y contratos de investigación pre- o postdoctoral no requiere impartir docencia, si bien dejan libre la opción a ello. Muchos departamentos aprovechan esta opción para obligar a estos investigadores a impartir una docencia que no es, por lo general, ni remunerada ni reconocida", afirma con rotundidad el informe.

Una vez los jóvenes investigadores han superado los dos primeros escalones de la carrera investigadora, su situación mejora algo al poder optar a contratos de investigación tales como los Ramón y Cajal (RyC). Estos programas están diseñados para ayudar a jóvenes investigadores a desarrollar sus propios grupos de investigación en un periodo de transición previo a la obtención de un puesto permanente. La FJI considera que la última convocatoria del programa RyC (2004) ha supuesto un paso adelante con respecto a los anteriores "contratos de reincorporación" (CR), y valora, en concreto: la mayor duración del contrato (RyC 5 años frente a CR 3 años); la independencia investigadora que ofrecen (materializada en la posibilidad de que los investigadores RyC no se adscriban a grupos de investigación ya constituidos y puedan solicitar proyectos de investigación) y la obtención de ayudas de iniciación con el comienzo del proyecto RyC.

No obstante, a pesar de ciertas esperanzas iniciales en relación a la integración de los científicos con contratos RyC dentro de sus instituciones receptoras en el medio y largo plazo, "la realidad es diferente", advierte el informe. "De hecho, este programa se concebía originariamente como un 5+5 (renovación por otros cinco años en caso de evaluación positiva), pero finalmente la posibilidad de renovación no se incluyó en la convocatoria". Además, el apoyo financiero es, a menudo, insuficiente, y en particular en la fase inicial, lo que supone que "en la mayoría de los casos el investigador RyC se ve en la necesidad de integrarse en un grupo de investigación ya existente que le permita utilizar los aparatos y el espacio necesarios para poder investigar". Según la FJI, "esto impide la descentralización de la investigación en España y cierra las puertas a aquellos jóvenes investigadores que quieren abrir líneas no existentes".

Tal y como enfatiza el informe, otro objetivo del programa Ramón y Cajal es atraer a investigadores extranjeros a centros españoles. Sin embargo, la FJI identificó "la falta de competitividad de este programa con respecto a ofertas similares de contratación en otros países en lo referente a retribución, presupuesto, capacidad para crear un grupo y estabilidad futura" como un gran obstáculo al éxito del programa en este respecto. La carrera investigadora en España también ha perdido atractivo como salida profesional para investigadores no comunitarios, en particular debido a las trabas adicionales que han de sortear para poder hacerse con un contrato permanente, tradicionalmente asociado a un puesto de funcionario.

Nuevas leyes, regulaciones y recomendaciones... ¿Ayudarán?

Nuevas leyes y regulaciones (a saber: la reciente Ley Orgánica de Universidades (LOU) y el Reglamento del CSIC) permiten la contratación de personal indefinido no funcionario. En el caso de las universidades, esta posibilidad se contempla a través de la figura del Profesor Contratado Doctor (PCD). Aunque todavía pronto para valorar el alcance real de esta medida en la carrera investigadora en España, la FJI ha expresado algunas preocupaciones: "Consideramos necesario tomar medidas para impedir que la figura del profesor contratado doctor se utilice como una vía para dar plazas a candidatos de menor valía al margen de la prueba de habilitación y para que no se forme un cuerpo de contratados por periodo indefinido de funcionarios "de primera" y otro de no funcionarios "de segunda". La FJI también se lamentó de la falta de seguimiento apropiado de las actividades investigadoras y docentes llevadas a cabo por el personal titular y la falta de incentivos a la productividad, ambos amenazas a la calidad de la investigación nacional.

La FJO realizó una serie de recomendaciones con vistas a mejorar tanto las condiciones laborales de los científicos como la calidad de la ciencia española. Considera que "las interrupciones en la CI" y "las etapas en las que falta la remuneración" constituyen grandes obstáculos en la vida profesional de los jóvenes investigadores y que hay que tomar "las medidas necesarias para evitarlos". Se debe garantizar, según la FJI, que "la iniciación a la carrera investigadora pueda comenzar en cualquier momento posterior al fin de los estudios de segundo ciclo" y una aceleración del proceso de solicitud. Las becas de doctorado deberían cubrir un año más aparte de los tradicionales cuatro; este quinto año financiado, en el que los investigadores recién graduados ganarían experiencia adicional en el laboratorio, serviría de puente al primer puesto de investigación postdoctoral.

Otro de los cambios principales que la FJI querría ver implementado en España es la abolición del sistema actual de becas, que "deben sustituirse por contratos de investigación adecuados a cada una de las etapas", con cobertura completa en el RGSS (Regimen General de la Seguridad Social). A diferencia de los actuales, aunque poco habituales, contratos pre- y postdoctorales renovables anualmente, los nuevos deberían cubrir un periodo mayor, salvo que hubiese una evaluación negativa del trabajo del investigador. En cuanto a la carga docente del investigador, el FJI recomendó el establecimiento de "los mecanismos necesarios para que se reconozca y se regule adecuadamente".

El informe también hizo recomendaciones en relación a los contratos Ramón y Cajal. Aunque la convocatoria RyC del 2004 recoge un aumento de la cantidad que a priori puede obtener un investigador y una mayor flexibilidad en el uso de ésta, la FJI considera que dicha cantidad debería ser mayor, para gozar de una mayor independencia. "Debe dotarse al investigador de una ayuda de iniciación adecuada que le permita al investigador RyC] contar con el equipamiento necesario para no tener que depender de otros grupos", señala el informe. Junto con esta ayuda de iniciación, indica éste, es aconsejable "dar al investigador la posibilidad de algún contrato pre- o postdoctoral que le permita crear un grupo propio" (en la actualidad, el científico solicita financiación adicional en base a la calidad de la investigación que está llevando a cabo). El informe de la FJI también aludió a que "se debe asegurar la continuidad de programas tipo RyC, evitando la existencia de retrasos, como los producidos en la convocatoria de 2002 y sin que el número de contratos ofrecidos sufra las actuales fluctuaciones" (en la convocatoria de 2002 se vio aproximadamente reducido a la mitad).

La FJI también identificó grandes deficiencias en el capítulo de convocatorias y ofertas. Su informe hace hincapié en la necesidad de que haya una difusión adecuada de los puestos de investigación y una gran transparencia en el proceso de selección, con vistas a consolidar la convocatoria de plazas abiertas frente a la promoción interna. La movilidad internacional también ha de incentivarse, con su correspondiente provisión de financiación adicional, para mejorar la formación investigadora y la propia calidad de la investigación a través de colaboraciones internacionales.

Puede que la lista de propuestas y cambios de la FJI semeje larga e inflexible, pero esto no quiere decir que adolezca de falta de realismo. Lo ilustra el programa Juan de la Cierva, un nuevo programa de financiación del gobierno español que ofrece puestos postdoctorales a investigadores con menos de tres años de experiencia postdoctoral y que, como subraya la FJI, contempla "contratos más largos, ausencia del requisito de estar en posesión del título de Doctor (a la hora de solicitar), mayor flexibilidad en la fecha de incorporación de los candidatos y no discriminación por nacionalidad".

Aún así, como suele suceder, todo parece reducirse a una cuestión económica. "Los pobres presupuestos de los grupos de investigación, la imposibilidad de designar personal por medio de contratos y los retrasos en los pagos, son temas comunes en la ciencia española", concluye el informe de la FJI. "De hecho, esta falta de financiación constituye uno de los grandes problemas que limitan la productividad de los grupos de investigación del país". Lo que se necesita por encima de todo para lavarle la cara a la profesión investigadora en España es un aumento de la inversión en I+D, en todas las áreas.


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