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La ciencia en España: hemorragia de talento

SUSANA CEBRIÁN
FEDERACIÓN DE JÓVENES INVESTIGADORES
ESPAÑA

12 DE OCTUBRE DE 2001

Los doctorandos españoles sufren lo peor de dos mundos. Tienen, por una parte, las responsabilidades de los trabajadores pero, por otra, el estatus del estudiante. Da fe de su productividad su inclusión en la mayoría de las patentes y trabajos de investigación producidos por sus respectivos grupos. Y por no hablar de las tareas docentes que suelen desempeñar. De hecho, el sistema español de investigación, que cuenta con un número reducido de científicos y técnicos contratados, depende, en gran medida, de sus estudiantes de Doctorado. Pero esta importancia no se ve reflejada ni en su salario ni en sus condiciones de trabajo.

Los doctorandos e investigadores posdoctorales españoles carecen de los derechos laborales más básicos, como lo son la afiliación al sistema de seguridad social o las prestaciones sanitarias mínimas. La administración española los considera estudiantes a todos los efectos y la mayoría se sostienen con becas del gobierno central o de los gobiernos autonómicos.

Estas becas cubren un salario base y, en los mejores casos, un seguro sanitario privado, las tasas de la universidad y el coste de las estancias en el extranjero. No incluyen, sin embargo, cobertura de seguridad social: ni prestaciones sanitarias, ni seguro de desempleo. Tampoco las bajas remuneradas por enfermedad, ni las bajas por maternidad o paternidad (excepto, a partir de este año, para aquellos que reciben becas del gobierno central, que tienen derecho al 75% de su salario durante un periodo máximo de 4 meses) ni las pensiones por invalidez, caso de que el estudiante se lesionase en un accidente laboral (en el laboratorio, por poner un caso).

Los salarios de los beneficiarios de las becas de Doctorado e investigación posdoctoral son pobres, inferiores a los de cualquier otro trabajador en posesión de una licenciatura (véanse las cifras del recuadro) y salvo que el estudiante viva con su familia, resulta complicado llegar a fin de mes. Y la gota que colma el vaso es que el dinero de las becas sufre retenciones fiscales... Una complicación adicional es lo mucho que varían entre sí los salarios y las condiciones de las becas ofrecidas por los diferentes gobiernos regionales, universidades e incluso Ministerios. Esto puede crear tensiones entre doctorandos que están trabajando en el mismo laboratorio con salarios distintos.

Nivel y variabilidad de las becas públicas españolas

Las barras verticales muestran los estipendios mensuales de 9 de los más de 60 tipos de becas (otorgadas por el gobierno central, las universidades públicas y los gobiernos autonómicos). Las condiciones de todas estas becas son bastante semejantes (40 horas semanales dedicadas a la investigación; seguridad social no incluida). Las líneas horizontales representan los salarios básicos de técnicos de laboratorio, tanto licenciados (undergraduate) como doctores (graduate), con una jornada laboral de 40 horas semanales. Incluyen seguridad social y prestaciones.

A. Ministerio de ciencia y tecnología
B. Ministerio de educación, cultura y deporte
C. CSIC
D. Universidad de Barcelona
E. Universidad de Almería
F. Universidad Politécnica de Madrid
G. Gobierno autonómico vasco
H. Gobierno de Madrid
I. Gobierno de Valenci


Debido a las dificultades que encontró para obtener una beca en su país natal, el químico Fernán Santamaría decidió preparar su Doctorado en la Strathclyde University, en Glasgow (Gran Bretaña). “Debido a la falta de becas doctorales ofertadas por el gobierno central español y los diversos gobiernos regionales, no pude obtener financiación en España”, explica. “El proceso de búsqueda de un programa de Doctorado me duró un mes. En España, entre solicitar la admisión en una u otra institución y esperar la llegada de una respuesta, positiva o negativa, habrían pasado varios meses”.

Los estudiantes españoles también sufren una falta de regulación específica de sus derechos y deberes. A pesar de tener la obligación de dedicarse en exclusiva a la investigación y a la docencia universitaria durante cuarenta horas semanales, la mayoría de los becarios (doctorandos e investigadores posdoctorales) no están representados en los organismos electos de sus centros. Esto implica que no tienen oportunidad alguna para plantear asuntos que les preocupan, como puede ser su supervisión, por poner un ejemplo. El número limitado de científicos contratados como técnicos o investigadores en las universidades españolas supone que el peso de gran parte del trabajo práctico relacionado con los proyectos de investigación a menudo recae en los doctorandos, incluso cuando los proyectos en cuestión tienen poco o nada que ver con sus tesis doctorales. Además, en el caso de la mayor parte de los doctorandos – y en particular aquellos que trabajan en áreas altamente experimentales – se espera que comiencen a embarcarse en el trabajo práctico de su tesis ya en su primer año de doctorado, a pesar de que, en teoría, no tengan que comenzar a preparar la tesis hasta haber obtenido el denominado “Diploma de Estudios Avanzados” (constituido por un año de docencia y otro de investigación supervisada).



Las prioridades para los legisladores

  • Reemplazar el actual sistema de becas de investigación por un sistema contractual para proporcionar a los investigadores pre y posdoctorales la cobertura social que se merece cualquier profesional.
  • Introducir regulación explícita de los derechos y deberes de los doctores.
  • Sujetar a una "ley de mínimos" a todas las instituciones concesoras de becas, unificando las condiciones de las becas/contratos, con el fin de homogeneizar la situación de los doctores.
  • Armonizar los plazos de solicitud pata los diferentes puestos, y resolver los trámites administrativos con mayor celeridad, para eliminar el largo tiempo de espera, no remunerado, al que se someten los investigadores hasta la formalización de su siguiente beca/contrato.
  • Aumentar el número de puestos pre y posdoctorales en España y en el extranjero e introducir un marco profesional que incluya mecanismos de evaluación y promoción, para impedir que sean tantos los doctores que abandonen la investigación tras la obtención de su título y para garantizar la continuidad y la progresión profesional.

No debería sorprendernos, entonces, que un 87% de los estudiantes que inician estudios de Doctorado nunca lleguen a doctorarse. Y sin embargo, a pesar de esta sorprendente tasa de abandono, el número de Doctores españoles excede con creces la cifra que puede absorber el sistema español de investigación. Los estudios doctorales deberían ser el primer paso para una carrera científica, pero una vez se ha obtenido el Doctorado, hay pocas posibilidades de llevar a cabo investigación en el país. Debido a la estructura, altamente piramidal, de la jerarquía científica española, los jóvenes españoles tienen menos y menos oportunidades conforme van promocionándose de un nivel a otro.

Los investigadores posdoctorales están sujetos a la misma precariedad, en cuanto a sueldo y condiciones laborales, que los estudiantes de Doctorado, y pueden permanecer en esta situación de penuria financiera durante periodos de diez años o más. Mariano Oliveros, investigador del Instituto de Salud Carlos III de Madrid, tiene treinta y cinco años y todavía se sostiene con una beca. A menudo, el investigador se ve obligado a interrumpir su trayectoria profesional durante largos paréntesis de tiempo mientras espera por la próxima beca. Eva Escudero también trabaja en el Instituto de Salud Carlos III y tiene dos hijos. Dice: “Me gustaría tener otro, pero cuando termine la beca que estoy disfrutando en la actualidad, se espera que continúe trabajando mientras que no recibo la siguiente beca, pero ¿cómo se supone que pague a una niñera si durante ese tiempo no recibo remuneración alguna?”. Debido a la escasez de becas posdoctorales y a los retrasos burocráticos a la hora de tramitar la finalización de las becas, las personas que quieren proseguir sus carreras científicas a menudo se ven forzadas a trabajar sin sueldo durante varios meses (sin esperanzas de ser remunerados a posteriori, una vez formalizada la siguiente beca) para no romper el contacto con su grupo de investigación.

Debido a la falta de vacantes en casa, los doctores españoles suelen pasar muchos años en el extranjero, pero tras esta partida, el regreso al sistema de investigación español suele ser todavía más cuesta arriba. No es sorprendente, por lo tanto, que un alto porcentaje de estudiantes abandone los estudios antes o justo después de obtener el título de Doctor para tener un trabajo mejor remunerado o para proseguir con sus carreras científicas en el extranjero. Un caso típico es el de Patricio Domínguez, en la actualidad investigador en el Museo de Historia Natural de Londres (Gran Bretaña), que está considerando la posibilidad de continuar su trayectoria profesional en los Estados Unidos.

Incluso las oportunidades laborales fuera del campo de la investigación académica son limitadas. La industria española no demanda Doctores ya que la inversión privada en I+D es muy inferior a la de otros países europeos. Asimismo, a los Doctores españoles no se les reconoce su capacitación para desempeñar un más o menos amplio repertorio de tareas en el mercado laboral, lo que no sucede en la mayor parte de Europa. Como consecuencia de ellos, el sistema científico español sufre una constante fuga de cerebros mediante la emigración.

Los jóvenes científicos españoles están tomando cartas en el asunto para tratar de mejorar lo que les toca. La Federación de Jóvenes Investigadores (FJI) es una organización nacional creada en abril del 2000 por varias asociaciones locales, compuesta por investigadores que no disfrutan de un puesto estable dentro del sistema de investigación. El grupo incluye estudiantes de doctorado, investigadores posdoctorales, investigadores con contratos precarios y técnicos licenciados o con estudios de posgrado. Los objetivos de la FJI son luchar por que los jóvenes investigadores mejoren sus condiciones laborales y exigir un aumento en los presupuestos de I+D para mejorar el sistema español de investigación. El FJI está llevando a cabo negociaciones con el Ministerio de Ciencia y Tecnología y con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, con los gobiernos regionales y con varias universidades e institutos públicos de investigación. En febrero del 2001, más de 3000 personas asistieron a una manifestación convocada en Madrid, y su Manifiesto por la reforma (http://www.precarios.org/manifiesto) ha sido firmado por más de 3000 científicos sénior.


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