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Los jóvenes científicos españoles quieren ver actuaciones más progresivas e innovadoras 

ELISABETH PAIN

EDITORA COLABORADORA

NEXT WAVE

EUROPA OCCIDENTAL Y MERIDIONAL

30/09/05

 

 

Los puestos permanentes en el mundo de la investigación son, por lo general, escasos, y en este momento, son varios los países que, cada uno a su manera, están tomando medidas para remediar está situación. Tomemos el caso de España, por ejemplo: en el 2001, y como resultado de un esfuerzo consciente por tender un puente formal entre los puestos de investigación postdoctoral y los indefinidos, el gobierno nacional creó plazas de investigación a través de un nuevo mecanismo: el programa Ramón y Cajal. Esta convocatoria, que en la actualidad está ya en su 5º edición, ofrece “un contrato de cinco años para trabajar como investigador en una universidad o en otro centro de investigación, como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), o en un hospital”, señala Mar Bastero-Gil, científica Ramón y Cajal en el Departamento de Física teórica y del cosmos de la Universidad de Granada y Presidenta de la Asociación Nacional de Investigadores “Ramón y Cajal” (ANIRC).

 

Los contratos Ramón y Cajal han logrado mucho prestigio en España y son altamente competitivos. No obstante, el futuro de muchos investigadores Ramón y Cajal es incierto. “Tenemos un problema importante: algunos de los científicos están entrando en su quinto año de trabajo, y se les va acercando el término del contrato”, dice Rebeca de Nalda Mínguez, antigua investigadora Ramón y Cajal que acaba de encontrar un puesto permanente en el CSIC. El programa Ramón y Cajal se presentó en sociedad (véanse aquí sus disposiciones) como un contrato de trabajo cinco años con la finalidad última de integrar permanentemente a los jóvenes investigadores en el sistema español, y también de alentar el apoyo a los investigadores por parte de los centros de investigación. No obstante, esta meta de integración pronto quedó en papel mojado.

En los textos oficiales de la convocatoria nunca se afirmó que los contratos serían prorrogables por otros cinco años, ni que los puestos pasarían a ser indefinidos. Y sin embargo, los representantes del gobierno sí que lo sugirieron, y éste es el mensaje que, en gran medida, transmitieron los medios de comunicación. Algunos centros de investigación llegaron incluso a publicitarlo en sus anuncios de empleo, señala Alejandro Mira Obrador, investigador Ramón y Cajal en el Departamento de Microbiología de la Universidad Miguel Hernández y Secretario de la ANIRC. No obstante, los contratos nunca fueron – y nunca llegarían a ser – renovables, y las conversiones a puestos en vías de permanencia (tenure-track) han sido, hasta la fecha, escasos y azarosos. “Los investigadores sin puestos indefinidos son la mayoría”, afirma Bastero-Gil.

En la actualidad, el gobierno español está tratando de reencauzar sus esfuerzos, en esta ocasión con las miras puestas en esa “vocación de permanencia” de los puestos ofertados, con el lanzamiento, en mayo del 2005, del Programa de Incentivación de la Incorporación e Intensificación de la Actividad Investigadora, más conocido como el Programa I3.

La ruta Ramón y Cajal

“En España, no existe una “ruta” como tal que puedan seguir los jóvenes científicos que quieran desarrollar su carrera profesional dentro del país”, dice Bastero-Gil. “Haces un doctorado, a continuación uno, dos, tres postdocs, y después solicitas algún tipo de puesto permanente. Pero como no existen muchos, a menudo acabas solicitando una Ramón y Cajal”.

La ANIRC cuantifica el número de puestos Ramón y Cajal asignados en los primeros cuatro años de vigencia del programa en 2239. En la convocatoria de este año 2005 se han ofrecido doscientos cincuenta más. “Hay bastante competencia, y hay áreas de investigación en las que resulta mucho más fácil lograr un puesto que en otras”, dice De Nalda Mínguez, investigadora del CSIC. Los contratos Ramón y Cajal ofrecen un salario durante un periodo de cinco años. Los primeros años los financia enteramente el gobierno, y las universidades pasan a financiar la mayor parte de la factura durante el quinto año de contrato. Los investigadores también reciben un pequeño pellizco de dinero del presupuesto de investigación del gobierno para darle un empujón a sus actividades; este año, la cantidad ascendió a un total de €15000 para los dos primeros años de contrato.

“El programa Ramón y Cajal no te da ... un espacio en un laboratorio; cada cual ha de integrarse en un equipo ya existente”, señala de Nalda Mínguez. No obstante, los investigadores pueden “seguir sus propias líneas de investigación”, siempre y cuando éstas se ubiquen dentro del ámbito de actuación del grupo en el cual estén trabajando, dice Bastero-Gil. En el caso de los investigadores que trabajen en universidades, “está estipulado que también han de tener algunas obligaciones docentes”, que en ningún caso superarían las ciento veinte horas de clase al año.

Durante los primeros años de vigencia del programa, muchos investigadores Ramón y Cajaltuvieron que luchar lo suyo para encontrar sus respectivos lugares dentro del sistema investigador español. “Inicialmente, la convocatoria se planteó como una iniciativa para reforzar la ciencia nacional, pero a la hora de la verdad, los investigadores seguíamos siendo considerados postdocs o estudiantes”, señala Bastero-Gil, “cuando en realidad somos investigadores con experiencia”. El grado de independencia y apoyo que se ofrecía al investigador Ramón y Cajal,y la carga docente, variaban enormemente. Ahora que el programa lleva unos años de rodaje, los investigadores se sienten más tranquilos. “Muchos de estos problemas han sido resueltos, porque ahora la gente es consciente de ellos y los comentan con antelación”.

El problema gordo que los investigadores Ramón y Cajal todavía se encuentran al final del camino es la falta de garantía de un contrato permanente, tan necesario por otra parte. Según Bastero-Gil, los investigadores Ramón y Cajal sin un puesto indefinido en vista son la mayoría. Como ejemplo, de los 593 contratos Ramón y Cajal que fueron firmados dentro de los diversos institutos del CSCI durante los primeros cuatro años del programa, “405 todavía no han terminado, 147 ocupan puestos permanentes en centros del CSIC, y 41 o han rescindido sus contratos o tienen puestos en otras instituciones investigadoras, el sector privado, etc.”, dice Mira Obrador, Secretario de la ANIRC.

El programa I3

“El programa I3 es una iniciativa del gobierno para promover la contratación de nuevo personal en universidades, el CSIC y otros centros de investigación”, señala Bastero-Gil. Siempre y cuando los investigadores hayan sido evaluados positivamente por la ANEP (Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva) y el centro de investigación les haya ofrecido un puesto permanente, el gobierno se compromete “ a ofrecerle al instituto en cuestión la cantidad equivalente a tres años de salario”. Los fondos gubernamentales también pueden emplearse en eximir a los investigadores que trabajan en universidades de sus obligaciones docentes, contratando a nuevo personal para estas funciones. El programa I3 fue diseñado “en parte, teniendo en mente los problemas del programa Ramón y Cajal”, dice Bastero-Gil. Puede solicitarlo cualquier investigador que, habiendo sido evaluado positivamente por la ANEP, esté en posesión del título de Doctor desde hace más de seis años y tenga un mínimo de dos años de experiencia post-doctoral en un instituto de investigación distinto del actual.

El gobierno ha prometido trescientos nuevos contratos anuales durante un periodo de tres años. Con unos setecientos setenta y cinco contratos Ramón y Cajal solamente en el primer año, y muchos otros científicos con contratos cortos que también están buscando puestos indefinidos, todo apunta a que la competitividad va a ser intensa. Pero aunque el cheque ya ha sido firmado, la pregunta de si los contratos acabarán por materializarse o no permanece abierta. “Estamos esperando la reacción de los centros de investigación”, dice Bastero Gil. “Todavía no hemos recibido una respuesta unificada, especialmente por parte de las universidades”. Porque mientras que el gobierno proporciona los medios, “éste deja en manos de los gobiernos regionales y de los centros de investigación la decisión de si quieren aprovechar, o si se pueden permitir, esta oportunidad o no”.

Consecuentemente, el destino de los investigadores Ramón y Cajal todavía depende de sus códigos postales, dice Mira Obrador. “En Andalucía y en las dos Castillas, los investigadores saben que sus gobiernos autonómicos han aceptado la oferta del Ministerio, pero en otras regiones, como en Valencia, todavía no existen acuerdos”. Bastero-Gil piensa que la decisión de cuántos científicos contratar, en función de la disponibilidad de recursos, recae, en última instancia, en los propios centros de investigación. “Y el tema es que se necesitan más recursos; éste sería un paso adelante importante a dar si lo que se quiere es resolver el problema de verdad”, dice.

A la ANIRC le gustaría ver más actuaciones gubernamentales. Mira Obrador dice que algunos científicos Ramón y Cajal, como él, regresaron a España bajo el supuesto de que se les estaba ofreciendo un contrato de 5+5 años, o un puesto con vías de permanencia. No cabe duda de que ha habido no pocos casos de desilusión y desencanto. “Este año, el problema concreto que se anticipa es el derivado del hecho de que todos los investigadores Ramón y Cajal que obtuvieron su plaza hace cinco convocatorias terminarán su contrato. Pero en algún momento alguien tendrá que sentarse y decidir no sólo cómo solucionar esta situación presente, sino la problemática a largo plazo”, dice Bastero-Gil. Con tres años de contrato por delante, es posible que su situación como investigadora Ramón y Cajal sea, en conjunto, mejor que la de los investigadores de la primera hornada. Pero, “la terminación de mi contrato va a coincidir con el final de la primera convocatoria del I3”. Aunque el gobierno ha prometido evaluar y revisar el programa, Bastero-Gil sigue muy poco convencida. “Realmente, no sé qué va a suceder”.

 

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