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La hélice de ADN adquiere un giro español

XAVIER BOSCH
BARCELONA (ESPAÑA)

30 DE MAYO, 2003

"Un clima científico que fomente la excelencia científica dentro de un entorno interactivo". Así describe Luciano Di Croce lo que buscaba en el centro de investigación en el que comenzar su carrera profesional como jefe de equipo independiente. Encontró este ambiente durante su periodo de investigación posdoctoral en el Instituto Europeo de Oncología (EIO) en Milán. Su búsqueda de este mismo "sentimiento de pertenencia a un grupo" donde "la gente está más que dispuesta a darte consejos o reactivos, y a colaborar en proyectos" pudo haberle conducido a Estados Unidos. Sin embargo, ha logrado encontrar exactamente lo que buscaba mucho más cerca de casa.

La estructura del nuevo Centro de Regulación Genómica (CRG) en Barcelona, "con numerosos grupos pequeños, la mayoría de los cuales están dirigidos por jóvenes jefes de equipo, promoverá la consolidación de un ambiente científicamente estimulante, interactivo y muy abierto, semejante al que uno puede encontrar en el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL) de Heidelberg", afirma Di Croce, con esperanza. De este modo, y gracias a un premio de la ICREA (Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados) del gobierno catalán, diseñado para atraer a científicos con experiencia que están trabajando en el extranjero a esta región española, este prometedor investigador italiano se trasladará próximamente al CRG para dirigir un grupo de investigación que estudia los acontecimientos epigenéticos en el cáncer.

El Director del CRG, Miguel Beato, que dirigió el Instituto de Biología Molecular e Investigación de Tumores de la Universidad de Marburgo entre 1993 y 1999, reconoce que, a la hora de comenzar a diseñar el CRG, se inspiró en el modelo del EMBL. Además de doctorandos y de algunos estudiantes de licenciatura, cada grupo tendrá de dos a cuatro investigadores posdoctorales, además de apoyo técnico. "La idea es que haya un constante ir y venir de investigadores posdoctorales", señala Beato, la mayoría de los cuales permanecerían en el CRG de 3 a 5 años.

Y no sólo será la situación de los investigadores posdoctorales la que cambiará. Beato estima que en torno a un 20% de los jefes de equipo trabajará el resto de sus carreras profesionales en el CRG. Jefes de equipo júnior, como Di Croce, firmarán inicialmente contratos de 5 años. A los 3 se someterán a una evaluación que determinará si, al concluir el periodo inicial de cinco años, dejarán el Centro o volverán a ser evaluados. Esta segunda evaluación conduciría a una extensión del contrato laboral de 2, 3 ó 5 años; sólo en casos excepcionales se ofrecería un contrato indefinido. Aunque los jefes de equipo sénior firman contratos indefinidos desde el comienzo, ellos también - inclusive Beato - serán sometidos a evaluaciones periódicas, que determinarán sus condiciones laborales. Y Beato espera que haya excelentes jefes de equipo jóvenes que quieran "trasladarse a departamentos universitarios o a otros centros de investigación ... ya que la limitación de espacio no les permitirá expandirse en el seno del CRG".

El propio Di Croce está tranquilo y relajado en relación a esta disposición. "El ambiente del instituto es muy positivo. La gente está altamente motivada y yo creo que la mayoría siente que el periodo de 5 años es tiempo suficiente para lograr el éxito, y tienen la confianza necesaria en ellos mismos como para creer que sus grupos de trabajo también lo alcanzarán", afirma. Y más aún: "los jefes de equipo jóvenes están muy tutelados durante los primeros años. Esto impide que haya un ambiente duro en el que cada uno es abandonado a su suerte, lo que conduciría a un clima de trabajo negativo e inseguro", señala. Este apoyo integral a los jefes de equipo júnior es uno de los factores por lo que Di Croce se siente particularmente más atraído, en comparación con "instituciones más tradicionales" donde "a menudo hay muy poco a ningún apoyo científico y el éxito de cada grupo es independiente de los demás grupos de la misma institución".

Los 28 grupos que eventualmente conformarán el CRG se organizarán en torno a cinco programas principales: Regulación génica, Biología celular y del desarrollo, Cáncer y diferenciación celular, Genes y enfermedades y Bioinformática y genómica. Cada uno de estos programas estará dirigido por un científico sénior, que a su vez estará a cargo de un grupo. De este modo, los jefes de equipo más noveles de los otros cuatro o cinco grupos de cada programa tendrán una amplia infraestructura de colegas trabajando en áreas relacionadas a los que recurrir en búsqueda de apoyo.

En la actualidad, el edificio del CRG, de 28000 m2, está en construcción, como parte integral del Parque de Investigación Biomédica de Barcelona (PRBB), situado junto al Mediterráneo. Mientras tanto, sin embargo, el centro ya está funcionando en unas instalaciones científicas prestadas de 2000m2 de extensión que pertenecen al cercano Centro de Investigación Marina y Medioambiental. Una vez plenamente operativo, el CRG - una fundación sin ánimo de lucro formada por el Departamento de Universidades, Investigación y Sociedad de la Información (DURSI), el Ministerio de Sanidad del gobierno catalán y la Facultad de Biología humana, de 4 años de antigüedad, de la Universidad pública Pompeu Fabra (UPF) - tendrá una plantilla de unos 220 científicos. El edificio del PRBB, cuya terminación está prevista para mediados del 2004, también albergará el Instituto Municipal de Investigación Médica (IMIM) y el Departamento de Ciencias de la Vida de la UPF. Con un total de más de 1000 investigadores, el PRBB representará, señala Beato, "la concentración de investigación biomédica más significativa de Cataluña".

Hay un entusiasmo palpable por la investigación científica entre los legisladores españoles y la comunidad en sentido más amplio, afirma Thomas Graf, profesor de Biología molecular y del desarrollo del Albert Einstein College of Medicine, de Nueva York. Este entusiasmo, señala, se ha traducido en la creación de nuevos institutos, tales como el CRG y el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, ubicado en Madrid, que aspiran a convertirse en nuevos centros europeos de excelencia. Graf, que trabajó en EMBL de 1983 a 1998 como coordinador de programa y científico sénior, se trasladará a Barcelona, una vez el edificio nuevo entre en funcionamiento, para dirigir el programa de Cáncer y diferenciación celular, que se centra en el desarrollo de modelos de diferenciación de células madre adultas y en la regeneración de tejidos en ratones. En el CGR dirigirá un grupo de investigación interesado en aprender qué es lo que causa que las células madre hematopoyéticas se transformen en glóbulos rojos o blancos. "El centro ha tenido un comienzo excelente y ya ha atraído a un número sorprendente de científicos de reconocido prestigio a nivel internacional, muchos de los cuales son españoles regresados del extranjero, además de algunos extranjeros", subraya Graf.

Y, aunque sólo el tiempo dirá si el CRG podrá competir o no con los mejores institutos de Biomedicina del mundo, las condiciones son, según Graf, favorables: un liderazgo fuerte, una masa crítica de investigadores, una ubicación extraordinaria, vínculos cercanos con una universidad que ofrece un programa de postgrado en inglés, una administración eficaz y no burocrática y, por último, pero no por ello de menor importancia, el apoyo entusiasta de las autoridades catalanas.

Di Croce coincide con Graf: "El gobierno catalán parece decidido a aumentar la calidad y la competitividad de su ciencia". Dado que el idioma de trabajo en el CRG es el inglés, nadie debería encontrar ninguna barrera lingüística, señala. Y "el entorno increíblemente bello del Centro ayudará a atraer a científicos internacionales de todos los niveles interesados en el trabajo científico de calidad, pero que también buscan un entorno estimulante".

"Creo que el CRG ejemplificará lo mejor de la ciencia europea: esto es, ciencia del más alto nivel en un ambiente con una alta calidad de vida", afirma Veronica Raker, ciudadana norteamericana que, en la actualidad, culmina su primer periodo de investigación posdoctoral en el EIO. Raker espera realizar una segunda estancia posdoctoral en el laboratorio de ayuste alternativo del CRG, dirigido por Juan Valcárcel, un jefe de equipo sénior proveniente del EMBL. Señala que, para ella, un entorno de estas características es algo particularmente importante. Siendo madre de un niño de un año, dice, "deseo continuar con la investigación de vanguardia pero no quiero que con ello desmerezca la calidad de vida de mis hijos". Raker cree que el CRG será equivalente a otros institutos de primera calidad, como el EMBL o el Medical Research Council Laboratory of Molecular Biology de Cambridge (Reino Unido). La estructura del centro, con numerosos grupos pequeños y un gran movimiento del personal a todos los niveles, hará que el entorno científico se mantenga estimulante y competitivo, añade.

Brendan Bell, un investigador posdoctoral que pasó casi toda su vida en Canadá, donde completó un Doctorado en la Universidad de British Columbia, en Vancuver (Canadá), considera que tanto el mercado laboral europeo como el norteamericano pueden ofrecerle, en el futuro, buenas oportunidades como jefe de equipo. Bell se incorporó al CRG el otoño pasado como investigador posdoctoral sénior, titular de una beca Marie Curie, tras haberse puesto en contacto con Valcárcel cuando estaba en el EMBL. Bell decidió unirse al grupo de Valcárcel en Barcelona "a sabiendas de que la puesta en marcha de cualquier instituto nuevo impone muchos desafíos, logísticos y de infraestructura, pero convencido de que el programa de investigación del CRG constituía una iniciativa nueva de la ciencia española y de que, por lo tanto, crearía un entorno investigador dinámico y amistoso".

Di Croce también vislumbra buenas oportunidades futuras. "Creo que Europa se está abriendo a un movimiento transnacional", señala, por lo que es optimista en cuanto a sus posibilidades de encontrar otro centro en el que continuar dirigiendo su grupo una vez culmine su estancia en el CRG. "La clave es establecer, con éxito, un grupo de investigación productivo; una vez se ha conseguido esto, continuar resulta mucho más sencillo, incluso aunque no sea en el mismo instituto", conjetura.

El CRG tendrá que trabajar duro para satisfacer las grandes expectativas que se le han dado, apunta Graf. Sin embargo, probablemente un reto todavía mayor sea el de continuar atrayendo a investigadores talentosos, desde a alumnos de postgrado hasta a jefes de equipo, independientemente de su nacionalidad, y el de lograr fomentar la movilidad del personal. "Sólo esto le permitirá convertirse en un nuevo centro europeo de excelencia", concluye.



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