|
Son casi las once
de la noche. Aunque el resto de mi familia
ya duerme como un tronco, yo todavía
acabo de llegar de mis clases nocturnas.
Acabaron a las diez, pero me ha llevado
una hora llegar a casa. Cuando esté
preparada para meterme en cama, sé
que estaré completamente exhausta.
La gente siempre
me dice: "¿Por qué
te complicas tanto la vida? Deberías
estar disfrutando más". Entiendo
su punto de vista. Después de todo,
ya tengo una licenciatura básica
de la prestigiosa Nanyang
Technological University. Para muchos,
esto debería ser suficiente, y
especialmente para una mujer. Una mujer
no debe tener aspiraciones demasiado altas,
dicen, o se quedará para vestir
santos. Hasta mi madre comparte esta opinión.
Sin embargo, no estoy
de acuerdo. Los tiempos han cambiado y
debo pensar de un modo más realista.
Singapur está
avanzando hacia una economía basada
en el conocimiento y la demanda de individuos
con múltiples habilidades está
en alza. Nunca ha sido más cierta
la afirmación de que con una simple
licenciatura no llegas a ningún
lado. Realmente, la licenciatura es sólo
el punto de partida: a partir de él,
uno tiene que seguir formándose
para adaptarse a los tiempos y no quedarse
obsoleto. Pero es duro, porque significa
que, a pesar de destinar dos décadas
de la vida a estudiar para finalmente
obtener el preciado título universitario,
uno tiene que continuar aprendiendo sin
parar hasta la jubilación.
Nadie nos obliga
a seguir estudiando después de
graduarnos. Sin embargo, muchos de los
jóvenes licenciados de mi generación
se dan cuenta, antes o después,
cuando comienzan a trabajar, que es mucho
lo que les queda por aprender para adecuarse
a las crecientes exigencias de sus respectivas
profesiones. Por esta razón, muchos
de nosotros, los que podemos permitírnoslo,
optamos por seguir formándonos
a través de cursos a tiempo parcial
o a distancia, incluso mientras seguimos
devolviendo al banco los préstamos
de nuestros años universitarios.
Está claro que no es divertido
compaginar trabajo y estudio en la mejor
etapa de tu carrera profesional, una etapa
en la que continuamente sientes que necesitas
trabajar mejor que los demás para
demostrar lo que vales.
Personalmente, he
tenido que hacer verdaderas locuras para
poder proseguir con mi formación
de posgrado. Tres días a la semana,
tengo que correr a las clases nocturnas
tan pronto salgo de trabajar a las cinco
y media de la tarde. Por supuesto, me
olvido de la cena. Como mucho me tomo
un trozo de sandwich, que compro al salir
de la oficina, y un poco de agua mineral,
mientras me enfrento al tráfico
de la hora punta. Sin embargo, el llegar
puntual a las clases no es, en absoluto,
mi único desafío. Después
de las clases tenemos trabajos que requieren
investigación y trabajo en grupo.
Esto supone el alargar la noche todavía
más y el pasar la mayor parte de
los fines de semana con mis compañeros
de equipo, explorando bibliotecas y colecciones
de investigación para poder cumplir
con las diversas obligaciones académicas.
Mis amigos a menudo
me preguntan cómo hago para compatibilizar
el estrés que acompaña al
estudio con las exigencias de mi trabajo
de tecnóloga a tiempo completo.
Sin lugar a dudas, la gestión del
tiempo es clave. Continuamente calculo
el tiempo que necesito para llevar a cabo
determinadas tareas esenciales, hago listas,
y decido qué es lo prioritario.
Mi agenda personal, en la que detallo
todas las actividades que tengo que realizar
cada hora del día, es la herramienta
que empleo para ayudarme a ser fiel a
mi horario y no olvidar nada que tengo
que hacer. Aparte de eso, valoro mis tareas
con perspectiva y exploro maneras de trabajar
con una mayor efectividad.
Sin embargo, a mi
familia y a mis amigos a menudo les cuesta
aceptar mi tan ocupada rutina. Para ellos,
¡no tengo ni vida privada! Mis padres
están siempre preocupados. ¡Creen
que un día me voy a desplomar!
Es cierto: el problema del agotamiento
es muy real. Pero, desafortunadamente,
esto es algo que muchos jóvenes
de mi generación tenemos que soportar
si queremos que progrese nuestra carrera
profesional. Nos enfrentamos a la necesidad
de actualizar sin parar nuestras destrezas
y conocimientos para poder ir avanzando
en los ámbitos laborales que hemos
escogido. No hay otro modo de hacerlo.
Por supuesto, estudiar mientras trabajas
a jornada completa exige mucho e incluso
intimida. Pero si enfocas tu objetivo
de un modo sistemático, debería
ser posible compaginar los dos roles de
empleado y estudiante.
A menudo, el apoyo de tu jefe resulta
crucial. Me considero afortunada porque
hasta ahora siempre he podido salirme
con la mía. Los días que
tengo clase por la noche, generalmente
consigo salir del trabajo a las cinco
y media en punto, para poder llegar a
la facultad a tiempo. Por supuesto, también
surgen problemas de vez en cuando. Por
ejemplo, durante los periodos de exámenes,
no siempre consigo la baja que solicito
para preparar mis trabajos tranquilamente.
Las prioridades de la empresa siempre
están por encima de lo demás.
A pesar de que trabajo diligentemente
y de que me aseguro de que cumplo mis
objetivos, hay veces que mi jefe piensa
que podría haber hecho las cosas
mejor si no estuviese presionada por mis
otras obligaciones. Por lo tanto, mis
objetivos personales pueden volverse verdaderas
manzanas de la discordia, incluso con
mis colegas de trabajo.
Para los que desean
proseguir con sus estudios a la vez que
trabajan a jornada completa, el contar
con colegas de trabajo comprensivos es
realmente esencial. La indiferencia y
la presión de jefes o de colegas
de oficina puede ejercer un impacto tremendamente
negativo en tu esfuerzo: una compañera
de clase tuvo que dejar sus estudios a
mitad de curso debido a una falta de apoyo
e interés por parte de su empresa.
Cuando los esfuerzos personales son esclavos
de tensiones de este tipo, resulta difícil
alcanzar el éxito. Y en estos casos,
el empeño por mejorar la propia
formación puede incluso repercutir
negativamente en las perspectivas profesionales
del individuo en cuestión.
Lamentablemente,
la cultura de trabajo que impera en la
actualidad no siempre facilita el desarrollo
académico de los trabajadores.
Se requieren algunos cambios en la estructura
corporativa para ayudar a los estudiantes
que trabajan a enfrentarse con éxito
a sus dos grandes responsabilidades. Sin
embargo, hasta que esto suceda, uno tendrá
que seguir haciendo malabarismos para
compaginar trabajo y estudio. Pero si
estás dispuesto a superar todos
los obstáculos, la recompensa final
hará que hayan valido la pena todos
los esfuerzos y sacrificios.
|